Capialismo oriental gana, capitalismo occidental pierde

Capitalismo oriental, la fórmula del trabajo sin derechos, capitalismo perfecto

En el sustrato de esta crisis sistémica que nos toca experimentar podemos observar un choque entre modelos capitalistas que solo han conseguido imponer unas muy distintas tasas de explotación al trabajo asalariado en sus diferentes contextos geográficos. El capitalismo occidental no ha sido capaz aún de alcanzar unas condiciones máximas de rentabilización de su fuerza laboral debido a las luchas históricas, políticas y sindicales, protagonizadas por sus clases trabajadoras. La acumulación del beneficio necesario para la perpetuación del modelo se ha realizado aquí, durante las últimas décadas, en base a un altísimo nivel de endeudamiento privado (instituciones financieras, empresas y particulares) y a las guerras coloniales de rapiña en zonas periféricas (Iraq, Afganistán, África…), cimentadas en su poder mediático y  militar. El capitalismo oriental, sin embargo, ha crecido fundamentalmente en base a una explotación altísima de su fuerza laboral y a un alto índice de degradación medioambiental. Este segundo modelo se ajusta de una forma muy superior a la auténtica naturaleza del sistema que, en última instancia y salvados todos los fuegos de artificio de la economía virtual, solo es capaz de generar valor a partir del “ordeñamiento intensivo” del trabajo humano. Nuestros hermanos de SurAmérica conocen muy bien como el capital aprieta el tornillo sobre poblaciones desprotegidas, buscando siempre el máximo nivel posible de rendimientos monetarios sin detenerse ante nada.

La crisis de la deuda que atenaza a Europa y EEUU es, en última instancia, una consecuencia del “ajuste de cuentas” en el enfrentamiento de los dos modelos. Son esos los ajustes estructurales que se nos venden como inevitables, son esos los deberes y tareas ineludiblemente pendientes que nuestras “clases coordinadoras” (*) deben implementar con angustiosa urgencia. El nuevo equilibrio global, a corto plazo, solo puede imponerse a través de dos vías posibles: O bien la occidentalización de las condiciones laborales chinas o bien la precarización asiática de las condiciones laborales en Occidente. Es esta última la solución que la lógica intrínseca al sistema capitalista globalizado tratará de imponer mediante su conocida “doctrina del shock”, a menos que la estrategia de revueltas, huelgas, contestación social y batalla ideológica, planteada por las clases trabajadoras (fundamental, aunque no exclusivamente asiáticas) sea capaz de ganar el pulso a las élites, forzando un cambio sistémico en las actuales reglas del juego (**). En este contexto resulta crucial para la conservación a corto plazo de las conquistas sociales en Europa, empoderar a los sindicatos asiáticos para que alcancen pronto significativos progresos en materia de derechos humanos y laborales, ya que sus éxitos serán también los nuestros, creando sinergias de oposición contra la tendencia depredadora del gran capital a nivel global. Haríamos bien, desde Occidente, en apoyar por todas las vías posibles (económicas, mediáticas, logísticas, cibernéticas, subversivas…) a las organizaciones de trabajadores en estos países en lugar de gastar energías absurdas en financiar a organizaciones reaccionarias como los grupos salafistas saudíes, organizaciones paramilitares centroamericanas,  la ultraderecha cubana o al sionismo fundamentalista infiltrado en diferentes lugares del planeta.

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(*) Albert, Michael (EEUU) en entrevista publicada por el periódico mensual de la CNT, nº 383 de Noviembre-2011, expone que la dicotomía entre clase capitalista y clase trabjadora es excesivamente esquemática para interpretar la realidad actual. Existe, al menos, una tercera clase, muy importante para comprender el funcionamiento de la sociedad de hoy: la clase coordinadora. Esta clase puede incluso convertirse en la clase dominante, como llega a suceder en el socialismo estatalizado. En las sociedades más occidentalizadas la clase coordinadora está constituida por políticos profesionales y directivos de empresas, que suelen trabajar en conexión directa con la clase capitalista y, habitualmente, bajo su supervisión.

(**) La teoría económica convencional parte de unos apriorismos que se consideran dogmas innegociables: la propiedad privada, la existencia de mercados financieros que pueden funcionar sobre bases especulativas o la organización fuertemente jerarquizada de la sociedad. Todos los demás postulados deben respetar esas bases fijadas previamente, constituyéndose en principios rectores que condicionan la generación de cualquier nuevo “conocimiento” económico. Los dogmas previos son realmente una coraza idelógica cuya función principal es blindar y expandir los privilegios de ese estrato minoritario de la sociedad que acapara la mayor parte de recursos materiales y el control del poder coercitivo. Michael Albert nos propone un nuevo modelo económico post-capitalista, basado en principios libertarios, conocido como “Economía Participativa“.

3 comentarios to “Capialismo oriental gana, capitalismo occidental pierde”

  1. En México, el Sindicato Mexicano de Electricistas Constituyo la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores su lema es,” Por la liberación nacional y la emancipación social.” http://www.opnmex.org

  2. Todo nuestro apoyo desde SurEuropa al valiente pueblo trabajador de México y a sus sindicatos combativos en su lucha contra el terrorismo capitalista.

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