El dogma capitalista vuelve a estrellarse una vez más contra un muro llamado realidad. Aunque los neoliberales siempre actúan según esa máxima que dice “No dejes que los hechos te estropeen una buena historia” o también “Si los datos no cuadran con tu argumento ignóralos. Si eso tampoco es posible no dudes en manipularlos. Si te descubren niégalo todo o échale la culpa a tu socio”.
Esto se comprueba bien con las gráficas comparativas de los costes de distintos servicios médicos en diferentes países.
La realidad es incuestionable: En EEUU los costes se disparan en todos los casos. La explicación no es otra que la privatización/desregulación de los servicios, lo que lleva implícito fáciles y tentadores márgenes de beneficio para los grandes proveedores, altos grados de connivencia político-empresarial, oligopolios de facto, y en última instancia indefensión del consumidor ante los oscuros manejos de los grandes lobbys que encargan leyes a su medida al legislador. Una vez más lo privado empobrece y extorsiona al ciudadano medio, genera deuda, y por supesto enriquece hasta el paroxismo a las grandes corporaciones y a los políticos profesionales a su servicio, es decir a una fracción extremadamente pequeña de la sociedad.
Tomas Iglesias es un economista tremendamente sensato que suele explicar las cosas con claridad y sencillez. En su última entrada (¿A la séptima se dará alguien por enterado?) nos cuenta que ninguna reforma laboral (y esta es ya la séptima) ha perseguido realmente crear empleo sino que, en todos los casos, se ha buscado facilitar el despido y precarizar las condiciones de trabajo.
Tras la falsa retórica de todos los gobiernos las reformas laborales solo han buscado un único objetivo que es someter a la fuerza de trabajo activa a mayores condiciones de explotación. Para ello es necesario diseñar un marco en el que el trabajador se sienta constantemente amenazado ante un horizonte de precarización, bajada de salarios o el fácil y fatal despido. Este marco le ayudará a recordar quien manda y quien obedece, le preparará psicológicamente para aceptar resignadamente más horas de trabajo y más intensas con menores retribuciones y menos periodos de descanso. Todo está inventado ya, desde que un economista barbudo explicó hace mucho aquello de que la acumulación de renta y beneficio solo puede conseguirse mediante la explotación de la fuerza de trabajo, que es en realidad la única fuente elástica de valor.
A los grandes empresarios y a sus gobiernos serviles no les interesa en absoluto acabar con el paro porque esto les colocaría en una posición de debilidad ante su antagonista que es la fuerza laboral. Es por ello que, a pesar de todas las reformas laborales que nos juraban combatir el desempleo, la base estructural de los dos millones de parados en el estado español no solo no se ha roto nunca sino que, muy al contrario, va camino de triplicarse, estando actualmente situada en más de cinco millones, como muestra el siguiente gráfico:
El "suelo" de parados le resulta muy útil al sistema como arma privilegiada para el sometimiento del trabajador en activo (Gráfico de Javier Sevillano)
¿Para qué han servido, pués, las reformas laborales?. La realidad es que las reformas laborales solo pretenden ayudar a los dueños a explotar más fácilmente la única fuente real de creación de valor, que es el trabajo. Como hemos comentado en otra entrada el endeudamiento del sector privado español es de los más altos del mundo desarrollado. La deuda privada, que es el auténtico cáncer de la economía española, solo podrá disminuir mediante la venta de activos/participaciones a inversores extranjeros, la disminución de gastos corrientes y el aumento de beneficios empresariales. Para conseguir cualquiera de esas tres metas resulta básico el aumento de la tasa de explotación de la fuerza de trabajo y la disminución de los costes laborales. Alguién podría pensar … pero … si sube el paro los actuales gobernantes ¡perderán las próximas elecciones!. La casta política encargada de la gestión de gobierno sabe que eso no dependerá realmente de ellos sino de la coyuntura económica. Sencillamente no les preocupa algo que ellos no pueden controlar. El gráfico anterior nos muestra que el desempleo disminuyó en el periodo 2004-2007, en la primera legislatura de Zapatero, lo cual desmonta el argumento del fasciocapitalismo españolista de que “Zapatero creó el Paro”. Cualquiera puede ver que el paro no lo crea Zapatero sino la crisis sistémica originada por el terrorismo financiero internacional. Es absurdo pensar que Zapatero fuera muy bueno en la primera legislatura y muy malo en la segunda.
¿Y si la crisis no se arregla y sigue subiendo el paro tres años más?. Eso tampoco le quita el sueño a nuestros dirigentes. En el caso de no salir reelegidos en las próximas elecciones… ¿a quién le importa dejar el gobierno, una vez succionado su jugo?, ¿Qué más les da si ya están conectados con el corazón del sistema, con toda una agenda de contactos y redes de influencia cuidadosamente tejidas que les permitirán vivir con comodidad el resto de sus vidas, a través del canallesco sistema de las “puertas giratorias”?.
¿El Estado, las autonomías, los ayuntamientos….? NOOOOO. Fueron las grandes empresas privadas y sus pésimos gestores. Son ellos y ellas las que nos han conducido hasta nuestro actual estado de ruina. La solución: Auditoría de la Deuda y Banca Pública. Solo el control público de los recursos (mediante fiscalización ciudadana) puede garantizar su correcta gestión. En España lo privado nos ha llevado al pozo de las miserias. Analicen esta tabla de datos estáticos y podrán entenderlo. En ella puede apreciarse la deuda actual de los países de la OCDE, expresada en porcentaje de PIB y desglosada en deuda de las administraciones públicas (gobiernos), deuda de las empresas y deuda de los hogares.(*)
Las administraciones públicas españolas (con un 72% de deuda acumulada) hicieron las cosas razonablemente bien, en comparación con los demás países de nuestro entono. Solo las hicieron mejor que nosotros las administraciones públicas de los países escandinavos y Australia. Los grandes empresarios españoles (esos mismos que ahora nos exigen sacrificios) fueron los que nos llevaron a la quiebra, con 193% de deuda. ¿Quién debe ahora pagar los platos rotos?
Otro dato interesante de la tabla anterior es el umbral de deuda sostenible (“Threshold”). Según el estudio del Banco de Inversiones (BIS) existen unos umbrales, a partir de los cuales la deuda deja de funcionar como un motor de desarrollo para pasar a convertirse progresivamente en una soga en el cuello de los endeudados. El estudio establece este umbral en 85% del PIB para la deuda pública (España está por debajo), 85% para la deuda de los hogares (España estaba ligeramente por encima) y de 90% para la deuda de las corporaciones privadas. Ojo al dato porque la deuda privada es nuestro país estaba ya en 193%, ¡Más de 100 puntos porcentuales por encima del umbral máximo establecido por los expertos para que una deuda pueda considerarse sana!. ¿Quién ha tenido la culpa de nuestra crisis?, ¿El sector público quizás, ¿Quién debe pagarla pués?. Incluso las propias empresas del IBEX-35 (cuyos prestigiosos dueños son convocados como un oráculo de sabios para iluminar a nuestros perdidos presidentes de gobierno) acumulan una deuda muy superior a su capitalización bursátil:
En cuanto a datos evolutivos, la deuda de las empresas privadas en la década transcurrida entre el 2000 y el 2010 fue escalofriante, muy por encima de la de cualquier otro país. Esto ha supuesto una cuchillada directa a la femoral de nuestra posición económica global como Nación:
Mientras esto sucedía nuestro siempre odiado, vilipendiado y escarnecido (por parte del mainstream neoliberal) sector público, hacía sus deberes, llegando prácticamente a detener cualquier tipo de incremento en sus niveles de endeudamiento, como demuestra esta tercera tabla:
¡60% de incremento de la deuda empresarial frente a 1% de incremento de la deuda pública en la última década!
¿Quién tiene la culpa de la actual situación de la economía española?. ¿Las cuentas públicas, la clase trabajadora o la corrupta, inepta y codiciosa gran clase empresarial española?, ¿Quién debe pagar ahora la factura?. Viendo estos datos es perfectamente comprensible el movimiento social conocido con el nombre #yonopago. Nada como ir entendiendo la deuda para actuar colectivamente en consecuencia
Aunque no es el déficit público el mayor problema de Europa, (sino la deuda acumulada por instituciones financieras privadas, empresas privadas y particulares) hoy nos permitiremos dar unos brevísimos consejos a los políticos profesionales para disminuir también el déficit público. Por supuesto el desequilibrio entre gastos e ingresos también puede ser corregido mediante el aumento de la recaudación y no exclusivamente mediante recortes, una obviedad que misteriosamente suele olvidarse.
Algunas rápidas ideas (a corto plazo) para reducir el déficit público en la U.E:
- Recortar drásticamente los gastos militares de todos los países.
- Gravar fuertemente con aranceles las importaciones procedentes de países que sobreexplotan a su clase trabajadora.
- No aportar ni un euro más de financiación a la banca privada. Si necesitan fondos que vendan sus activos (inmobiliarios, industriales, etc.) y que dejen caer el precio de sus acciones. Después que convoquen concurso de acreedores, como hace cualquier empresa, poniendo a los pequeños impositores en el primer lugar de la fila.
- Activar un escalofriante plan de choque contra el fraude fiscal en Europa y el desvío de fondos a paraísos fiscales, con embargos inmediatos de las cuentas bancarias personales de los defraudadores, obligación prioritaria de devolver hasta el último euro robado y, por supuesto, larguísimas penas de prisión incondicional.
- Aumentar los impuestos a todas las grandes transnacionales que quieran vender aquí. No aplicar dichos incrementos a empresas de tamaño medio y pequeño.
- Recortar por ley los sueldos a todos a todos los políticos profesionales europeos y suprimir todos los gastos asociados a las numerosas casas reales.
Capitalismo oriental, la fórmula del trabajo sin derechos, capitalismo perfecto
En el sustrato de esta crisis sistémica que nos toca experimentar podemos observar un choque entre modelos capitalistas que solo han conseguido imponer unas muy distintas tasas de explotación al trabajo asalariado en sus diferentes contextos geográficos. El capitalismo occidental no ha sido capaz aún de alcanzar unas condiciones máximas de rentabilización de su fuerza laboral debido a las luchas históricas, políticas y sindicales, protagonizadas por sus clases trabajadoras. La acumulación del beneficio necesario para la perpetuación del modelo se ha realizado aquí, durante las últimas décadas, en base a un altísimo nivel de endeudamiento privado (instituciones financieras, empresas y particulares) y a las guerras coloniales de rapiña en zonas periféricas (Iraq, Afganistán, África…), cimentadas en su poder mediático y militar. El capitalismo oriental, sin embargo, ha crecido fundamentalmente en base a una explotación altísima de su fuerza laboral y a un alto índice de degradación medioambiental. Este segundo modelo se ajusta de una forma muy superior a la auténtica naturaleza del sistema que, en última instancia y salvados todos los fuegos de artificio de la economía virtual, solo es capaz de generar valor a partir del “ordeñamiento intensivo” del trabajo humano. Nuestros hermanos de SurAmérica conocen muy bien como el capital aprieta el tornillo sobre poblaciones desprotegidas, buscando siempre el máximo nivel posible de rendimientos monetarios sin detenerse ante nada.
La crisis de la deuda que atenaza a Europa y EEUU es, en última instancia, una consecuencia del “ajuste de cuentas” en el enfrentamiento de los dos modelos. Son esos los ajustes estructurales que se nos venden como inevitables, son esos los deberes y tareas ineludiblemente pendientes que nuestras “clases coordinadoras” (*) deben implementar con angustiosa urgencia. El nuevo equilibrio global, a corto plazo, solo puede imponerse a través de dos vías posibles: O bien la occidentalización de las condiciones laborales chinas o bien la precarización asiática de las condiciones laborales en Occidente. Es esta última la solución que la lógica intrínseca al sistema capitalista globalizado tratará de imponer mediante su conocida “doctrina del shock”, a menos que la estrategia de revueltas, huelgas, contestación social y batalla ideológica, planteada por las clases trabajadoras (fundamental, aunque no exclusivamente asiáticas) sea capaz de ganar el pulso a las élites, forzando un cambio sistémico en las actuales reglas del juego (**). En este contexto resulta crucial para la conservación a corto plazo de las conquistas sociales en Europa, empoderar a los sindicatos asiáticos para que alcancen pronto significativos progresos en materia de derechos humanos y laborales, ya que sus éxitos serán también los nuestros, creando sinergias de oposición contra la tendencia depredadora del gran capital a nivel global. Haríamos bien, desde Occidente, en apoyar por todas las vías posibles (económicas, mediáticas, logísticas, cibernéticas, subversivas…) a las organizaciones de trabajadores en estos países en lugar de gastar energías absurdas en financiar a organizaciones reaccionarias como los grupos salafistas saudíes, organizaciones paramilitares centroamericanas, la ultraderecha cubana o al sionismo fundamentalista infiltrado en diferentes lugares del planeta.
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(*) Albert, Michael (EEUU) en entrevista publicada por el periódico mensual de la CNT, nº 383 de Noviembre-2011, expone que la dicotomía entre clase capitalista y clase trabjadora es excesivamente esquemática para interpretar la realidad actual. Existe, al menos, una tercera clase, muy importante para comprender el funcionamiento de la sociedad de hoy: la clase coordinadora. Esta clase puede incluso convertirse en la clase dominante, como llega a suceder en el socialismo estatalizado. En las sociedades más occidentalizadas la clase coordinadora está constituida por políticos profesionales y directivos de empresas, que suelen trabajar en conexión directa con la clase capitalista y, habitualmente, bajo su supervisión.
(**) La teoría económica convencional parte de unos apriorismos que se consideran dogmas innegociables: la propiedad privada, la existencia de mercados financieros que pueden funcionar sobre bases especulativas o la organización fuertemente jerarquizada de la sociedad. Todos los demás postulados deben respetar esas bases fijadas previamente, constituyéndose en principios rectores que condicionan la generación de cualquier nuevo “conocimiento” económico. Los dogmas previos son realmente una coraza idelógica cuya función principal es blindar y expandir los privilegios de ese estrato minoritario de la sociedad que acapara la mayor parte de recursos materiales y el control del poder coercitivo. Michael Albert nos propone un nuevo modelo económico post-capitalista, basado en principios libertarios, conocido como “Economía Participativa“.
En conversaciones informales suele ser habitual escuchar a muchísimas personas afirmar que la deuda de los bancos o las grandes empresas no les preocupa porque son deudas privadas. Esto denota el gran desconocimiento que el ciudadano común arrastra sobre las reglas del juego económico diseñado por las élites. Uno de los grandes engaños del sistema supone hacerle ver a la gente que la deuda pública (que ellos suelen llamar “gasto”) es muy negativa, pero que la deuda privada (que ellos denominan “inversión”) es positiva para “el dinamismo de la economía”. En realidad se trata de dos aspectos, completamente interconectados, de un mismo problema. De hecho se está produciendo de manera permanente un engorde de la deuda pública (que representa no más del 25% del total) como efecto del trasvase fecal de la deuda privada (que significa no menos del 75% del total de la deuda existente en España), aunque puntualmente puede darse algún proceso en sentido inverso. La baraja con la que nos hacen jugar está marcada y la gente lo va a ir entendiendo perfectamente en los próximos años. Muchos ya lo reclaman: Juguemos a la “deuda cero”, pero… ¡juguemos todos!, bancos, empresas, particulares y gobiernos. ¿Se hablará algo en la nueva Constitución fasciocapitalista de prohibir, de manera absoluta, esos enormes mecanismos de generación de deuda como son el rescate a bancos en apuros, la compra de “activos tóxicos” o las “inyecciones de líquidez” con dinero público para alimentar a los “mercados”?.
Por otra parte conviene saber que el nuevo artículo 135 que nos quieren colar significa cargarse de facto todos los demás artículos constitucionales, ya que pone condiciones de mercado a todos los derechos conquistados por la ciudadanía y reconocidos en el texto legal del 78. El establecer una prioridad absoluta en la devolución de capital e intereses a los bancos privados sobre cualquier otra consideración quiere decir que, en el caso de que un gobierno europeo presente suspensión de pagos (supuesto no muy lejano tras los rescates obligados a los bancos, como ya pudo verse en Irlanda o Islandia), no podrá realizar ningúna operación mientras no haya liquidado con los prestamistas la deuda e intereses pendientes. Y esto, a su vez, significa que ante la entrada en una situación de “default”, la propia constitución dictaría la paralización del funcionamiento del sistema educativo público, el pago de las pensiones, nóminas de funcionarios, prestaciones de desempleo, liquidación de facturas pendientes a todas las empresas que no sean entidades de crédito e incluso del sistema sanitario público. Esto equivale a imponer un blindaje, por vía parlamentaria, a los beneficios de los banqueros y los grandes especuladores a costa, llegados el caso, de la vida de los súbditos del Estado. El “mensaje” lanzado por este proyecto de reforma, por tanto, no tiene como única finalidad ofrecer garantías y tranquilidad a los especuladores sino también amenazar con una pérdida absoluta de derechos y un bloqueo legal a los que tengan la tentación de presionar a favor de una solución islandesa a nuestros problemas, mediante la negativa popular a reembolsar una deuda intrínsecamente odiosa. La Banca privada es la única beneficiada con esta iniciativa, todos los demás pierden. Estaríamos ante un “Papá Estado” que preferiría dejar morir de hambre a sus hijos antes que dejar de pagar los intereses de la deuda. Pretenden que el edificio legal de esta presunta “democracia” termine de doblarse genuflexo ante los cardenales de la teocracia bancaria y de sus sagrados intereses. Pero la gente se pregunta … ¿Tendrán también ellos, directivos de los bancos y corporaciones, que afrontar con sus patrimonios personales y sus derechos adquiridos, los impagos y agujeros de las grandes empresas que dirigen, de la misma forma que quieren obligar a hacer a los ciudadanos ordinarios?, ¿Acaso también ellos pasarán hambre cuando sus empresas declaren los habituales y rutinarios “concursos de acreedores”?.
Parece que ya todos lo tenemos claro: La deuda es el problema, la deuda es el mal y debe ser combatida por aire, mar y tierra. Esta declaración de guerra contra el terrorismo de la deuda debe ser incluída en las constituciones de los países y en los tratados internacionales. Muy bien, juguemos. También las familias y las empresas debemos aplicar este mismo principio: Nunca, nadie, bajo ningún concepto debe endeudarse. Cuando tengamos que adquirir un bien, sea el que sea, deberemos ahorrar antes. Es simple cuestión de lógica y afortunadamente ya hemos iniciado ese camino. Las entidades de crédito son las instituciones encargadas de generar deuda y lo mejor para todos será acostumbrarnos a vivir sin ellas. Sólo vamos a necesitar entidades de ahorro, en ningún caso casas de crédito ni casinos financieros. Quizás estemos de enhorabuena y esto solo sea el primer paso para un mundo sin bancos privados. Nos bastará y nos sobrará con una red de cajas de ahorro y dispensadores de moneda, bajo control público.
Si están en los primeros años de hipoteca la gran mayoría de las familias harían bien en vender sus pisos, porque ahora mismo están demasiado endeudadas y la prioridad absoluta debe ser acabar con la deuda. De la misma forma que se predica que las administraciones públicas deben saldar sus deudas vendiendo (privatizando) su patrimonio también deberá aplicarse el mismo principio a las empresas, siempre orientados al loable objetivo de no gastar lo que no se tiene. Es menester que los bancos privados también apliquen la misma política de deuda cero. Esto va a ser maravilloso porque va a significar un decreto de autodisolución. Los bancos privados desaparecerán porque ellos se alimentan de la deuda, ellos venden deuda, la deuda es su negocio. Además, aunque el ciudadano medio no lo sepa, son bancos privados los más endeudados de la clase porque constantemente deben pedir dinero a otros bancos mayores en el exterior, fondos o grandes concentraciones de propiedad tangible, para poder prestarte a ti. Un mundo sin deuda, un mundo sin entidades de crédito, el principio de un mundo perfecto… ¿Jugamos?
Sólo más deuda te salva de la deuda, ¡Qué bien funciona la economía capitalista!
Confirmando una vez más la máxima de que “capitalismo es deuda” comprobamos estos días como los EEUU están al borde de la suspensión de pagos, debido justamente a la deuda recursiva que no para de crecer en su seno, de forma incontrolable cual metástasis cancerígena, justo en el corazón geográfico del sistema. Los amos del dinero no paran de explicarnos que el gasto privado desvocado e irracional debe ser llamado “inversión” o “consumo” y que el gasto público simplemente se llama “deuda”. Los magos de las palabras nos explican que cuando los bancos se endeudan prestando un dinero que no tienen están haciendo una “inversión crediticia”, que cuando las grandes empresas privadas se embarcan en proyectos faraónicos despilfarradores de recursos e imposibles de rentabilizar a largo plazo, se hace una “política de expansión comercial”, nos explican que ellos no tiene deuda sino “pérdidas temporales” o “problemas de liquidez” y que cuando realmente se apoya la vida de la gente, suministrándoles redes básicas de salud o educación se está incurriendo en un “gasto insostenible”. Fruto de toda esta gigantesca y grotesca carcajada intelectual los países que mejor representan al sistema capitalista se van hundiendo en las arenas movedizas de la quiebra, sin otra solución que aumentar aún más su ya descomunal Deuda Global. Italia, EEUU, Irlanda, Reino Unido… es lo mismo en todas partes. La deuda privada se transfiere a las arcas públicas y ya todo es deuda, una gran marea de inmundo chapapote que se extiende de manera impresionante, circulando hasta los últimos rincones por las cañerías económicas de nuestro “mundo libre”. Las lumbreras del neoliberalismo y los grandes partidos políticos, cuya principal y diaria obsesión es conseguir que nos odiemos mucho unos a otros para así mientras poder seguir robando, solo atinan a gritar enfervorecidos ante el incendio que ellos mismos han provocado en su delirio capitalista pidiendo ¡más gasolina!, ¡más gasolina por piedad para calmar este fuego que nos abrasa!. ¿Alguién puede dudar ya que de que el capitalismo no es más que un Esquema Ponzi, implementado a escala global?
Los pueblos europeos están sufriendo un golpe de estado por parte del terrorismo financiero que intenta transferir sus deudas privadas a las arcas públicas. Irlanda, Grecia, Portugal y pronto España, Italia, Bélgica … . Eric Toussaint, experto internacional en temas relacionadas con auditoría de deudas ilegítimas, ilegales u odiosas nos explica en esta breve entrevista el camino a seguir:
Fácil, claro e instructivo. La crisis explicada por una catedrática de economía en la Asamblea de Plaza de Catalunya en BCN. En esta breve conferencia para todos los públicos nos habla de una forma sencilla y comprensible sobre capitalismo y sobre deuda pública vs deuda privada, un tema clave y recurrente en esta bitácora, fundamental para entender la dinámica estructural de esta crisis sistémica.
En este intereante documento se aporta más información, con datos comparados de todos los países de nuestro entorno, que demuestran que la situación de España es incluso mejor, en lo que a deuda se refiere, que la de ellos: http://www.scribd.com/fullscreen/59881310
¿QUIÉN ESTÁ HACIENDO AQUÍ MAL LAS COSAS, LOS GRANDES EMPRESARIOS O LOS TRABAJADORES?
Señores especuladores, la cuestión es muy simple: ESA DEUDA NO ES LA NUESTRA, ¿No será suya, por casualidad?
Tras el éxito de las protestas masivas que se han desarrollado hoy 19J por todo el estado español cabe plantearse una cuestión. ¿Es legal la firma de un crédito sin que una de las dos partes muestre su consentimiento inequívoco por escrito?. La respuesta, naturalmente, es NO. Sin embargo eso es lo que se está haciendo con Grecia, con Portugal, con Irlanda y pronto con España. Ese contrato puede ser perfectamente considerado como nulo de pleno derecho e ilegítimo ya que no se está pidiendo el consentimiento expreso de los que tendrán que cumplirlo, es decir, de los ciudadanos y ciudadanas de esos países. Los políticos que firman los papeles no son los que tendrán que devolver esos créditos, sino nosotros y nosotras. Ellos no tienen legitimidad para contraer deudas en nuestro nombre porque nadie les ha concedido esa potestad legal de manera explícita. Es así de simple. Sólo Islandia ha hecho las cosas conforme a a la lógica del Derecho y el resultado ha sido un NO abrumador al rescate de los banqueros y de los especuladores por dos veces consecutivas. En París los indignados gritaban hoy “Esa dedua no es la nuestra”. Esa frase resume a la perfección la realidad de la cuestión. Momentos después 127 manifestantes eran detenidos en la explanada de Notre Dame. Se ve que la frase coreada con firmeza no gustaba mucho a las autoridades económico-políticas del país.
La primera medida a tomar para comenzar a atajar esta crisis sistémica es una auditoría completa de la deuda y una suspensión inmedita de toda aquella que haya sido “suscrita” en contra de los intereses generales de la ciudadanía y sin su consentimiento expreso, la cual es un porcentaje bastante abultado de la misma. Ya hay precedentes en países de SurAmérica con gobiernos algo menos serviles a los intereses de los banqueros y los especuladores. Entérense bien señores especuladores, señores banqueros y señores políticos a sueldo de los anteriores: ESA DEUDA NO ES LA NUESTRA y nos vamos a negar a pagarla. Para terminar un mensaje especial a los banqueros: Tienen vds. un problema muy grave porque han “prestado” un dinero que no tenían. Eso se llama fraude y estafa, se comienza a pagar con sus patrimonios personales y si no hay suficiente se termina de compensar con PRIVACIÓN DE LIBERTAD en unas instalaciones especiales llamados RECINTOS PENITENCIARIOS.
Es la deuda privada la que hunde a los países, no la pública
Es muy curioso comprobar como el país con la deuda pública más baja de toda la tabla ha sido el primero en quebrar. ¿No se nos había “enseñado” que lo que lleva los países a la quiebra es su deuda pública? ¿Cómo pudo quebrar, en primer lugar, el que menos deuda pública tenía?.
El diccionario ideológico del capitalismo neoliberal establece que el gasto privado se llama “inversión” y el gasto público se llama “deuda”. Los irlandeses fueron alumnos aventajados en creer a pie juntillas este catecismo difundido por la teocracia bancaria. El resultado de asumir una premisa tan pueril, propia de mentes adoctrinadas, fue la implosión económica del país. ¿Cómo pudo suceder que un país con una deuda pública bajísima, que se situaba en torno al 5% de la deuda externa total (frente al 25% de Alemania o el 27% de Francia) , tuviera que ser “rescatado”? ¿No se nos había dicho siempre que era la deuda pública el origen de todos los males de los países?. Quisieron tapar el sol con la mano y no quisieron ver que era la deuda privada la que realmente estaba devorando a sus hijos. Pensaron que por no incluir el concepto en su diccionario este dejaría de existir. En el lenguaje capitalista a los bancos no se les rescata sino que se les “inyecta liquidez”, se les “recapitaliza” o se crean “fondos de contingencia para fortalecer su solvencia”. La palabra “rescate” solo se aplica a los ciudadanos que tendrán que pagar con su trabajo y sus ahorros esas inyecciones, recapitalizaciones o fondos de contingencia. La realidad es que fueron los banqueros que se balanceaban sobre la burbuja inmobiliaria los que hundieron el país. Como decía Galileo ante los ignorantes fanatizados que pretendían juzgarlo … “y sin embargo se mueve”.
Tanto Irlanda como Islandia tenían una deuda pública bajísima y eso no salvó a sus ciudadanos de ver atacados gravemente sus derechos básicos. Todo el debate sobre la deuda pública de los países no es más que una cortina de humo, una estrategia del capital para que la gente no entienda realmente lo que pasa. Por mucho que los países consigan reducir su gasto público, a base de sangrantes sacrificios y humillaciones, seguirán desprotegidos contra el ataque de los especuladores y la voracidad cancerígena de la deuda privada inherente al sistema capitalista.
Los países más neoliberales del mundo son los más endeudados. El hedor de su decadencia es perceptible en todo el mundo
El modelo neoliberal que defienden los políticos gobernantes en la decadente Europa es el mismo sistema fracasado que lleva aplicándose en EEUU y Reino Unido desde hace, al menos 30 años. El resultado es que estamos justamente ante los dos países con la mayor deuda externa del mundo , al igual que sucede con las comunidades de Madrid y Valencia aquí, en el estado español.
El neoliberalismo no solo no dismiuye la deuda sino que, justo al contrario, la agrava hasta el paroxismo. La explicación es que los servicios privatizados terminan siempre por resultar más caros que los públicos. Además de pagar el coste del servicio tiene que haber “bonus” y montañas de dinero para el político lobbysta, para el intermediario, para los directivos de la empresa concesionaria y para sus accionistas. Y ya se sabe … ¡no hay pan para tanto chorizo!. Al subir el coste real del servicio el cliente-ciudadano no tiene para pagarlo y se ve obligado también a endeudarse. Esto hace que baje la demanda y, al final, termina por dejar de ser rentable con lo que incluso “los dueños” acaban perdiendo dinero. Un auténtico despropósito, de principio a fin. Si los bonos de EEUU y Reino Unido no son calificados ya hoy como “bonos basura” es simplemente porque las agencias de rating son suyas.
Sin ninguna duda en un plazo de unos pocos años todo este sistema basado en la deuda infinita y recursiva va a saltar por los aires porque es, simplemente, insostenible. La victoria de la libertad y la democracia está hoy más cerca que ayer. En un par de años el Gallardón, la Cospedal y compañía van a estar tan achicharrados como están hoy el Zapatero y sus mariachis. PPOE es un único partido bicéfalo y corrupto al servicio de la teocracia bancaria.
19J Todos a la Calle. El 80% de la deuda es privada, no pública. Saca los porcentajes y lo verás con toda claridad: (50% aproximadamente es deuda de las empresas, 30% deuda de los particulares y solo el 20% aproximadamente es deuda de las administraciones públicas). Con los datos en la mano y aunque parezca increíble debido a la irrespirable atmósfera de manipulación ideológica que padecemos, son precisamente los servicios públicos de las cosas que mejor funcionan y mejor gestionadas están en el estado español. Según el siguiente informe la deuda pública española es de las más bajas entre nuestros vecinos:
¿A qué intereses responden las calificaciones de las 3 agencias de rating que monopolizan todos los informes económicos “oficiales”?
Bomba de la deuda privada capitalista a punto de estallar
Partiendo de los datos disponibles aquí o también en esta reseña, publicada por la web cotizalia hace ya algunos meses, acerca de la evolución de la deuda española, pueden extraerse las siguientes ideas y conclusiones:
* En Junio de 2010 la deuda total española alcanzaba el 291% del PIB. Esto suponía 3,076 billones de euros. (Esto sin contar la deuda específica de las instituciones financieras)
* El montante de esos más de tres billones de deuda se repartía de la siguiente manera:
- 22% (64,3% del PIB) era deuda de las administraciones públicas. Si también incluimos como parte total de la deuda española a la deuda de las instituciones financieras privadas, el porcentaje de la deuda pública respecto al total de la deuda bajaría al 16%, según las fuentes citadas.
- 30% (86,5% del PIB) era deuda de los hogares, fundamentalmente inmobiliaria.
- 48% (140,3% del PIB) era deuda empresarial privada. (Instituciones corporativas no financieras)
Estos datos, que no incluyen la abultada deuda de las instituciones financieras, concuerdan con los de este otro estudio de McKinsey, que también expresa la deuda desglosada por sectores y en porcentaje sobre el PIB de los distintos países.
A partir de los datos anteriores puede concluirse que:
1) La principal responsabilidad de la crisis-deuda actual debe imputarse a los directivos de las empresas privadas (48% sobre el total de la deuda) embarcados en numerosas operaciones que pueden calificarse, en el mejor de los casos, como pésimamente planificadas o altamente riesgosas y en el peor como fraudulentas o corruptas. Este endeudamiento irresponsable y enfermizo de las instituciones privadas no podría haberse producido sin la existencia de un marco legal favorable o manipulado por una clase política al servicio de esas mismas élites empresariales, en su exclusivo beneficio.
2) El segundo grupo de responsabilidad (30%) puede imputarse a ciudadanos particulares que sucumbieron a los cantos de sirena difundidos por el grupo anterior. Mensajes tramposos como “la vivienda jamás baja de precio” o “no tires tu dinero en alquilar y contrata ya tu hipoteca” jugaron un papel fundamental en la psicología de las masas. La falta de análisis de la realidad y el “dejarse llevar” por ilusiones pueriles de crecimiento ilimitado o de “yo también me convertiré en un gran inversor y me haré rico como ellos” hizo el resto. Algunos de ellos, presos de la codicia y egolatría, suscribieron varias hipotecas en campo, playa y ciudad, aparte de los créditos correspondientes para vehículos de gran cilindrada.
3) En tercer lugar aparecen las administraciones públicas (22%) como responsables del endeudamiento del país. Normalmente los que acusan a la sanidad pública, a la educación pública, a los empleados públicos o a las prestaciones para los desempleados como principales causantes de la crisis-deuda faltan a la verdad. Muy posiblemente los que así hablan pertenecerán al segmento de los más codiciosos individuos, muchos de ellos con influencia mediática, encuadrados en el grupo 1 o en el grupo 2 y pretenden, una vez más, que el colectivo formado por el grueso de la clase trabajadora sea quien resuelva las consecuencias de sus pésimas decisiones económicas personales tomadas en el pasado.
Milllones de trabajadores de todo el mundo, la mayoría de ellos escasamente endeudados, simplemente afirman: NO ES NUESTRA DEUDA.
Para comprender todo esto de una manera gráfica podéis ver este magistral video de Aleix Saló titulado “Españistán”. Todo un éxito ya en Internet debido a su calidad divulgativa. Imprescindible para todos aquellos interesados en desentrañar las causas de por qué estamos como estamos y quienes son los auténticos responsables de lo que pasa.
PD. Este mismo análisis podría ser perfectamente extrapolable a Irlanda, EEUU, Reino Unido y otros muchos países. En el enlace siguiente pueden encontrarse gráficos de composición sectorial de la deuda (Instituciones financieras privadas, Instituciones No financieras privadas, Hogares y Administraciones Públicas) en diferentes países del “mundo desarrollado”. Como puede verse los problemas de base son similares en todas partes:
Servicio privatizado=Coste del servicio+Porcentaje de beneficio para banqueros, directivos y especuladores
La teocracia bancaria-neoliberal, que se nos pretende imponer como doctrina de fe, pontifica que privatizar los servicios públicos es la mejor forma de abaratarlos y hacerlos eficientes. Sin embargo no tienen empacho en comenzar pidiéndonos dinero bajo ese curioso epígrafe de “costes de transición a la competencia”. Pero… ¿no lo estamos liberalizando precisamente para ahorrarnos costes?. Los datos empíricos y la evidencia histórica contradicen una y otra vez esta gigantesca mentira del supuesto ahorro.
En primer lugar hay que observar que los países con más servicios privatizados, como EEUU o Reino Unido acumulan, una deuda-país enormemente alta. Esto sigue siendo igualmente cierto si realizamos el cálculo en porcentajes de PIB. ¿Cómo es posible acumular esta deuda si sus servicios de transporte, suministro de energía, educación y sanidad están altamente privatizados?, ¿Cómo es esto posible si los porcentajes de empleados públicos en Reino Unido son de los más bajos de toda Europa?, ¿Cómo es posible que en los países nórdicos, con abundantes servicios públicos y altos porcentajes de funcionarios, sea donde mejor se vive y donde tienen la deuda externa más controlada?. La respuesta es clara: La teoría neoliberal es una gigantesca estafa, un engaño que solo beneficia a las grandes empresas, sus directivos y sus accionistas en detrimento del bien común y de los intereses de la gran mayoría de los ciudadanos.
Numerosos ejemplos así lo atestiguan, siendo paradigmático el de los ferrocarriles británicos. Para profundizar en los dogmas del neoliberalismo criminal y los enormes agujeros que sus amadas privatizaciones terminan por provocar en las cuentas públicas de los países puede visitarse esta muy recomendable entrada del blog de Alejandro Pérez: Privatizar no es rentable.
La privatización añade al coste natural del servicio el porcentaje de beneficio del banquero prestamista, el sueldo del directivo megabonificado, el dividendo del accionista especulador, la comisión del gran político intermediario más los “costes de transición a la competencia”. Como es lógico la tarifa final será muy superior a la resultante del simple coste del servicio, ofrecido sin ánimo de lucro y gestionado para conseguir un simple equilibrio entre ingresos y gastos.