Posts tagged ‘ecologismo’

octubre 16, 2014

“Frente de Izquierdas”: Una marca política ineficiente

En el pasado mes de Mayo del presente año se celebraron elecciones al Parlamento Europeo, con unos resultados que merecen un análisis sosegado. Tanto en España (Izquierda Plural -10%), como en Alemania (Die Linke – 7%), Francia (Front de Gauche – 6%), como  en Portugal (Bloco de Esquerda – 4%), las coaliciones que decidieron utilizar la etiqueta “LaIzquierda” en su identificación electoral obtuvieron unos resultados bastante limitados. En otros países como Italia (Lista Tsipras – 4%), Bélgica, Holanda, Reino Unido y países del Este también pudo observarse como las formaciones autodenominadas “De izquierda” o bien repitieron los resultados conseguidos 5 años antes (cuando aún estábamos en el inicio de la crisis) o bien perdieron votos y escaños. (Elordi, C. Cuadernos de eldiario.es #06 – pg.80). Solo la Grecia de Syriza (26%) supuso una excepción a esta regla general.

Por otro lado salta a la vista el hecho de que fueron los movimientos con fuertes tintes identitarios y localistas los que más subieron en estos comicios. Buenos ejemplos podrían ser los de Francia (Front National – 25%), Reino Unido (UKIP – 26% ), Irlanda (Sinn Fein – 17%), Euskadi (Bildu – 23%), Bélgica (Vlaamse), Escocia (SNP), , …

Los hechos demuestran una vez más de forma clara que en contextos de fuerte crisis capitalista las organizaciones expresamente  autodefinidas como “de izquierdas” no son capaces de rentabilizar electoralmente el desencanto social mientras que otros grupos políticos que se agarran a la especificidad lingüística-cultural, al euroescepticismo económico y a la defensa de su propia soberanía política anclada en lo local (dejando en segundo plano su hipotética adscripción izquierdista o derechista), multiplican sus apoyos. Para entender este fenómeno resulta muy conveniente acudir a autores contrastados como Karl Polanyi que ya en 1948 (“La Gran Transformación”) nos explicaba como el grado de violencia estructural necesario para imponer un mercado internacional desregulado genera inevitablemente una reacción defensiva de igual o parecida fuerza por parte de los pueblos que se niegan a aceptar su sumisión a poderes despóticos externa y minoritariamente controlados. La historia demuestra que esta resistencia siempre tiende a hacerse más fuerte y operativa a través del énfasis en lo local e identitario, muy por delante de enfoques con débil aceptación popular que postulan el internacionalismo obrero como estrategia de defensa ante la agresión. Analizar este fenómeno en términos de “izquierdas buenas y perdedoras” frente a  “derechas malas y ganadoras” no deja de ser, cuanto menos, un planteamiento simplista, melancólico e ineficiente desde el punto de vista de la búsqueda de la necesaria superación del sistema imperante. Este esquema de análisis, además, no permite explicar la realidad ya que algunas de las opciones nacionalistas a las que antes hemos hecho alusión son progresistas en sus planteamientos sociales (Bildu, Sinn Féin), mientras otras son conservadoras (FN, UKIP). Si bien es cierto que el fantasma de la xenofobia (provocado por la fuerte carga de miedo difuso que nos inocula el sistema) siempre acecha amenazante, hay un punto de conexión entre todas ellas en la defensa de lo autóctono, la soberanía identitaria y la lucha tenaz contra un capitalismo globalizado y unos mercados inequívocamente depredadores. Insistir en esa estrategia de comunicación política que levanta la bandera del abstracto “Frente de Izquierdas” a pesar de que los resultados históricos cuestionan su validez de forma tozuda, equivale a pretender que la realidad sociológica se acomode a nuestros esquemas en lugar de construir una estrategia política que parta del conocimiento profundo de dicha realidad como punto de arranque para intentar transformarla. Los electores tomarán partido por aquellos grupos que logren ser percibidos como sólidos garantes de sus derechos culturales, sociales y laborales. Su autodefinición explícita como izquierdistas o derechistas no supone ningún valor añadido para esas organizaciones, sino más bien al contrario, una fuente de sospecha y escepticismo para el potencial elector.

Nuestras conclusiones personales, a raíz de la reflexión acerca de los resultados de las últimas elecciones europeas son:

- Por regla general las candidaturas electorales que opten por autoetiquetarse expresamente como “Frente de Izquierda” o “Bloque de Izquierda” tendrán un techo electoral muy limitado, a no ser que se asocien expresamente con una opción soberanista, como es el caso de ERC en Catalunya.

- Los movimientos políticos más prometedores estarán asociados a opciones que se decantan por la horizontalidad, la regeneración ética de la sociedad, el uso decidido de las nuevas tecnologías para la profundización democrática, la transversalidad, la búsqueda valiente del bien común frente a los oligopolios empresariales, la participación directa de la ciudadanía como fuente de poder y la lucha decidida contra la corrupción. (M5S en Italia, Podemos en España…).

- El internacionalismo, siendo completamente necesario como vía definitiva para la superación del funesto capitalismo que nos asola, debe ser introducido mediante nuevas herramientas y estrategias de comunicación política, mucho mejor coordinadas entre los movimientos sociales de diferentes países.

- Los movimientos ecologistas críticos con el sistema (Partidos “Verde” alternativos) de carácter transversal, bien asentados en todos los países de la Europa del norte, también suponen una importante fuente de legitimidad política que debe ser potenciada en la construcción de nuevas marcas electorales con vocación transformadora.

- Los planteamientos del libertarismo social y autogestionario podrían constituir una buena fuente de fundamenación política para la construcción de alternativas presentadas bajo la forma de una nueva centralidad humanista y post-capitalista.

- Frente a una política tradicional que ha huído del establecimiento de límites y controles (en la economía financiera, en la producción material, en la acumulación de riqueza, cargos o poder institucional, en la generación de impactos sobre los ecosistemas…) comenzarán a gozar de mucho mayor prestigio las marcas electorales que planteen abiertamente la necesidad de la limitación y el control en todos los aspectos anteriores, así como en el reparto efectivo del poder realmente existente.

- Las opciones políticas exitosas parten del apego al terreno, se anclan en lo local, para (a partir de ahí) elevarse progresivamente hacia lo global. Etiquetar esto como izquierda o derecha resulta, cuanto menos, ineficiente como estrategia de comunicación orientada al crecimiento significativo en el número de apoyos y en el respaldo popular que pudiera llegar a alcanzar una determinada marca electoral. La variable fundamental se sitúa en la credibilidad del proyecto y sus candidat@s, en la capacidad de empatizar con la gente común y, sobre todo, en la carga de ilusión que puedan llegar a generar las propuestas de acción que se lanzan a la ciudadanía. Dejar que cada cual decida que etiqueta usar para definir el perfil ideológico implícito en dicha propuesta parecer ser la estrategia más inteligente. En donde algunos verán una peligrosa radicalidad izquierdista otr@s veremos una nueva racionalidad centrista sólidamente asentada en el más diáfano sentido común.

julio 7, 2014

Última llamada

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Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

Web “Última llamada”

manifiesto-ultima-llamada-2014-julio

(Pdf con el texto y la lista con los primeros 249 firmantes entre los que destacan:

Ada Colau, Alberto Garzón, Arcadi Oliveres, Belén Gopegui, Enric Duran, Esther Vivas, Florent Marcellesi, Joan Martínez Alier, Joaquín Araujo, Jorge Riechman, José Manuel Naredo, Juan Carlos Monedero, Juantxo López de Uralde, Marina Albiol, Olga Rodríguez, Pablo Iglesias Turrión, Teresa Forcades, Teresa Rodríguez, Xosé Manuel Beiras, Yayo Herrero…)

enero 12, 2014

Los comunes: ¿tragedia o modelo de futuro?

(Texto-resumen inspirado en la primera parte de la conferencia de David BollierThe Commons, Political Transformation and Cities”)

commonsLos comunes (procomún) son, en esencia, un muy antiguo sistema de gobernanza para la administración de los recursos y, a la vez, una propuesta actual y potencialmente transformadora para la política, la economía y la cultura . En su sentido más amplio los bienes comunes nos hablan sobre la gestión compartida y democrática de las cosas que tod@s necesitamos para vivir, como agua, aire, bosques, pesca, agricultura o conocimiento entre otras. Se trata de asegurar que protegemos estos recursos y los transmitimos en unas condiciones que posibiliten la vida de las generaciones futuras. Los bienes comunes se extienden desde el ciberespacio hasta el subsuelo, alcanzando los campos, los parques, los vastos repositorios de información, las plazas de las ciudades del mundo que son las cunas de la comunidad o la creación de obras culturales que deben ser compartidas para que puedan dotarse de sentido.

Sin embargo, a mucha gente, la mención del término “bienes comunes”  le evoca de inmediato la idea de un modelo inaplicable. La mayoría de los economistas del sistema nos dirán que los comunes terminan resultando una tragedia. El ejemplo clásico es que si tenemos un prado comunitario sobre el que muchos pastores pueden dejar comer a sus rebaños, ninguno de ellos tendrá un incentivo racional para limitar su consumo por lo que el prado terminará inevitablemente sobreexplotado y arruinado. Este dogma ha prevalecido en la mente popular y entre los economistas desde 1968, cuando el biólogo Garrett Hardin escribió un famoso ensayo titulado “La tragedia de los comunes”. Fue una parábola conveniente para el sistema, ya que da a entender que es necesario un régimen de derechos de propiedad privada, junto con mercados liberalizados, para resolver la tragedia de los comunes. En su interesada filosofía solo si las personas disfrutan de un régimen cerrado y fuertemente exclusivo en el disfrute de los bienes estarán motivadas para protegerlos (en este caso sus tierras de pastoreo).

Pero Hardin nos hacía trampas con su razonamiento ya que, de hecho, lo que el describía no era el modelo del procomún. Él más bien dibujaba un escenario en el que no había límites al usufructo del bien compartido, no había reglas racionales para su gestión y mantenimiento ni comunidad de usuarios. Sencillamente los comunes no son eso. Se trata de una manipulación interesada ya que lo que él  y los economistas del sistema intentaban hacernos ver como procomún no era más que un régimen de acceso desregulado a los recursos de tod@s, con depredación, rapiña y explotación de los mismos, en un caos descontrolado que nada tiene que ver con la propuesta del procomún. Los comunes (commons) tienen límites, reglas, seguimiento de uso , mantenimiento, cuidados, penalizaciones para los que van por libre y normas sociales . Un bien común exige que haya una comunidad responsable dispuesta a actuar como administradora del recurso. El procomún, por tanto, no solo hace alusión al recurso en si, sino que incluye además de forma obligatoria un modelo colectivo y racional de gestión, junto a una comunidad de usuarios, en un todo integrado. Wikipedia podría ser un buen ejemplo.

La tergiversación que Hardin realizó del concepto de bienes comunes quedó instalada en la mente de mucha gente y se convirtió en un artículo de la sabiduría convencional gracias a los economistas, ideólogos y “expertos” neoliberales. Temporalmente tuvieron éxito ya que durante las últimas dos generaciones los bienes comunes fueron considerados como un paradigma fallido de gobierno. Los manuales universitarios de introducción a la economía líderes en los EE.UU. ni siquiera mencionaban los bienes comunes como modelo de gestión.

Pero recientemente las cosas han comenzado a cambiar. La profesora Elinor Ostrom, de la Universidad de Indiana ha sido la académica más prominente en la tarea de resituar el modelo de los bienes comunes y refutar a Hardin. Tras largos años de investigación y trabajo de campo con múltiples comunidades humanas, Ostrom identificó algunos principios básicos para el diseño de una gestión exitosa del procomún. Durante las últimas décadas muchos colegas han demostrado en cientos de estudios que las colectividades humanas, conscientes de su responsabilidad, pueden hacer y gestionar con éxito la tierra, el agua, los bosques y la pesca como un bien común. Algunas lo han hecho durante cientos de años, como los pueblos indígenas, los aldeanos suizos que manejan altos prados de montaña o las comunidades de regantes, entre otros muchos. El gran logro de Ostrom ha sido ir contra el prejuicio establecido por la teoría economica convencional mientras generaba un campo fértil de estudio que combina la ciencia política, la sociología, la economía y otras ciencias sociales, llegando a ganar por ello el Premio Nobel de Economía en 2009. Por supuesto este modelo de gestión, nos recordaba la autora, no debe ser contemplado en ningún caso como una panacea o “solución mágica” a nuestros problemas políticos y socioeconómicos ya que su implementación requiere invariablemente buenas dosis de trabajo, formación y compromiso.

David-BollierEvidentemente la economía convencional tiene una gran dificultad para comprender los bienes comunes. No quiere entender que la comunidad, en lugar del individuo o el mercado, ha sido a lo largo de la historia el más eficiente agente regulador para el cuidado de las cosas que a tod@s atañen. Los bienes comunes asumen una perspectiva holística, no fragmenada, que contempla lo individual y lo colectivo como procesos anidados. Estamos, claro está, ante un paradigma muy alejado del individualismo de mercado. Los bienes comunes son también una amenaza para la economía convencional ya que nos propone una definición amplia del valor, como concepto no equiparable a precio en dinero. Porque, al fin y al cabo… ¿Cuál es el precio de la atmósfera?, ¿Cuánto vale el genoma humano? ¿y los suministros de agua dulce?, ¿Cuánto vale internet?. La falta de un precio por lo general significa que estas cosas existen fuera del mercado. El filósofo John Locke llamaba a tales cosas “res nullius”, es decir, Nulidades . Según su filosofía liberal la toma de estos bienes no está sujeta a reglas porque nadie tiene ningún derecho de propiedad exclusiva y no hay un precio para ellos. (¿No recuerda esto, en su resultado final destructivo, al modelo que describía el citado Garret Hardin, con la única diferencia de que en lugar de ser varios los pastores depredadores aquí se impone un único pastor que intentará acabar con el resto para explotar el recuso en solitario?). Según Locke, y su escuela de pensamiento, todo lo que tiene que hacer el hombre es “agregar su propio trabajo” para ganar el derecho a disfrutar ilimitadamente el bien natural codiciado. Esa es básicamente la justificación filosófica que los conquistadores y colonizadores han utilizado históricamente para reclamar la propiedad de las tierras arrancadas a pueblos ancestrales y, en nuestro tiempo, para reclamar la propiedad de los conocimientos etnobotánicos de las comunidades indígenas, de los códigos genéticos o de formas de vida microscópica con interés comercial. Es también el tipo de lógica utilizada por los arrastreros industriales que esquilman la vida en los espacios marinos. Es por eso que la tragedia de los comunes realmente debería llamarse “la tragedia del mercado”. El mercado / Estado es en gran medida incapaz de establecer límites a sí mismo o declarar que ciertos elementos de la naturaleza, la cultura o la comunidad deben permanecer inalienables para poder garantizar la supervivencia de la especie.

diciembre 17, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (y IV)

Se precisan reformas estructurales frente a modelos de pensamiento ya primitivos

Se precisan reformas estructurales frente a modelos de pensamiento ya primitivos

En entradas anteriores hemos enumerado de forma sintética los distintos problemas y las posibles vías de solución que pueden explorarse ante las fallas estructurales de un modo de pensamiento anticuado que pretende contemplar el mundo con la visión trasnochada propia de la soberbia liberal y mecanicista de siglos pretéritos. Se defendía también que solo mediante el establecimiento de nuevas preguntas podremos llegar a soluciones viables de futuro ya que las antiguas preguntas que nos planteaba el viejo sistema solo pueden llevarnos a “callejones” sin salida humana ni ecológica en el medio plazo. Los principios mencionados eran el principio de gestión racional de la demanda, el principio de biomímesis, el principio de ecoeficiencia, el principio de precaución y el principio de igualdad. En esta última entrada hacemos una breve alusión explicativa a los tres últimos:

3. Principio de ecoeficiencia

La pregunta clásica, en este campo, viene siendo ¿cómo sacar todo el rendimiento posible a las materias primas y a la energía disponible para maximizar la producción y la venta de mercancías?. Esta lógica lo reduce todo a un problema de eficiencia. La nueva pregunta, en este caso, debe ser ¿cómo planificar la tecnosfera humana, en cuanto al consumo de la energía y los materiales, de manera que encaje armoniosamente dentro de la biosfera?. Cuando se habla de cantidad y calidad, esta cultura bulímica nuestra tiende como siempre a la acumulación: Queremos calidad a la vez que sigue aumentando la cantidad. Pero de lo que se trata, quizá, es de que la creciente calidad compense la cantidad que ha de menguar. “La economía moderna –escribió hace más de treinta años Ernst F. Schumacher en ese clásico del pensamiento ecologista titulado Small is Beautiful— procura elevar al máximo el consumo para poder mantener al máximo la producción. En vez de ello, deberíamos maximizar las satisfacciones humanas mediante un modelo de consumo óptimo (no máximo). El esfuerzo –social y ecológico— para mantener una forma de vida basada en un modelo óptimo de consumo es mucho menor que el necesario para mantener un consumo máximo.” ¿Verdaderamente nuestros gobernantes y nuestros conciudadanos son incapaces de comprender la diferencia entre óptimos y máximos?. Sostenibilidad no es, de forma general, hacer más (aunque en algunos ámbitos haya que hacer más como en energías renovables o tecnologías limpias, por ejemplo). Se trata, sobre todo, de hacer distinto, de hacer menos y de hacer con mayor ecoeficiencia.

4. Principio de precaución

La pregunta habitual en este campo sería ¿Hay evidencia científica incuestionable que establezca que el uso de una determinada tecnología entraña un riesgo para la salud humana?. El sistema asume que si esa evidencia no existe la tecnología puede y debe ser utilizada. Este tipo de pensamiento nos coloca directamente ante lo que puede denominarse el “problema faústico”, es decir, el del “aprendiz de brujo” que termina viéndose engullido por su propio delirio de omnipotencia en el control sobre los fenómenos de la naturaleza. La nueva pregunta debería ser ¿Hay una evidencia científica que establezca que el uso de esa tecnología no implica riesgos evidentes para la salud y el medio ambiente?. El principio de precaución o principio de cautela es un concepto que respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo. Para apartarnos de los “modelos” de la naturaleza necesitamos razones mucho más fuertes, y conocimiento mucho más fiable, que para seguirlos.

 5. Principio de Igualdad social

Vivimos una situación histórcia en la que el problema de la desigualdad socio-económica adquiere tintes cada vez más dramáticos. Los cuatro principios anteriores, por si solos, no son capaces de garantizar que el mundo no pueda caer en una forma de gobierno autoritario y vertical, en el que las personas dejen de ser meros sujetos pacientes de unas políticas diseñadas desde las élites. La pregunta tradicional que la retórica del sistema nos ha planteado en este campo, ha sido ¿Cómo podemos conseguir que todas las personas acumulen riquezas materiales y propiedades con una holgura tal que le proporcione una plena garantía de seguridad ante los vaivenes del destino?. La nueva pregunta que deberemos contestar en el siglo XXI será ¿Cómo podemos construir un sistema equlibrado de poder político y económico que pueda constituir un contrapeso funcional contra los excesos egoistas de ciertos grupos de presión?. El principio de igualdad social es el corolario necesario para la construcción de sociedades sostenibles ya que introduce el complemento indispensable para que la libertad, la responsabilidad y el equilibrio de poder entre los seres humanos se convierta en una salvaguarda efectiva de los posibles excesos. El humanismo, la ciencia y la inteligencia colectiva solo podrán articular soluciones viables en el largo plazo, para nuestros problemas como especie que debe vivir de manera armónica con su entorno, a través del principio de igualdad en el reparto de las responsabilidades y los beneficios que la vida nos proporciona. Cualquier otra tentativa de solución nos llevará, con una alta probabilidad, a la explosión de conflictos de escala progresiva con el medio y con nuestros congéneres.

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diciembre 11, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (III)

En una entrada anterior comentamos la necesidad inaplazable de construir un nuevo marco de pensamiento que supere la visión decimonónica de la economía basada en la idea de la conquista de un “mundo vacío” que debe ser dominado y explotado por el hombre hacia un planteamiento de “mundo lleno” que debe ser conservado y mejorado con citerios de racionalidad, partiendo del conocimiento profundo de su funcionamiento y de sus límites.

Ante la encrucijada actual de la crisis sistémica se enumeraban cinco problemas y cinco vías de solución:

problemasEl diseño de un futuro sostenible pasa por cambiar las antiguas preguntas (pensadas por Locke, Smith, Benthan, Mill o incluso Marx en un contexto histórico-filosófico de “mundo vacío”, propio de los siglos XVIII y XIX) por nuevas preguntas, adaptadas al muy diferente contexto actual de “mundo lleno”. Solo así podremos hallar las respuestas apropiadas a la realidad presente del siglo XXI. Las nuevas preguntas deben ser articuladas dentro de los principios que nos permitirán afrontar los cinco grandes problemas formulados anteriormente, que pasamos a analizar:

 huella_ecologica_pies11. Principio de gestión racional de la demanda:

Ante el “problema de escala”, es decir, de haber “llenado” el mundo de personas y de objetos artificiales, la pregunta ahora ya no es “¿cómo satisfacer una demanda de recursos naturales siempre en aumento?”, sino más bien: ¿cuáles son los límites biosféricos en lo que se refiere a fuentes –de recursos naturales y energía— y a sumideros –de residuos y contaminación–, y cómo ajustamos el impacto humano de manera que permanezcamos dentro de esos límites?. Como se ve, la inversión de perspectiva es completa: en un “mundo lleno”, la idea de soberanía del consumidor es anacrónica. En lugar de ello, los poderes públicos democráticos deben diseñar estrategias de gestión racional de la demanda en campos tan diversos como consumo de energía, consumo de agua, transportes, consumo de carne y pescado, uso de recursos minerales, etc., para no superar los límites de sustentabilidad. El término “racionamiento” aún asusta porque nos remite a momentos históricos de miseria y guerra. Sin embargo un afrontamiento responsable de nuestro presente y nuestro futuro nos coloca inevitablemente ante la idea de autorregulación individual y colectiva, o de limitación cuantitativa en aspectos tales como población, tecnología, prácticas sociales, acumulación de posesiones materiales de uso individual y, en general, imaginario cultural sobre qué entendemos por “vida buena”. Lejos de hallarnos ante los problemas “ingenieriles” de conseguir siempre más agua, energía, alimentos, sistemas de eliminación de residuos, etc., en realidad tenemos sobre todo que resolver problemas filosóficos, políticos y económicos que se refieren a la autogestión colectiva de las necesidades y los medios para su satisfacción. En un “mundo lleno”, no se trata ya de un (imposible) aumento indefinido de la oferta, sino de gestionar de manera global, equilibrada, racional y equitativa la demanda.

2. Principio de Biomímesis:

El cambio de pregunta aquí iría desde el ¿Cómo dar solución a una determinada necesidad humana de manera que sea susceptible de generar un rédito monetario? a ¿Cómo la naturaleza y los ecosistemas darían solución a este problema?. Esta nueva perspectiva nos ayudará a afrontar el “problema de diseño” de nuestro actual sistema sociopolítico. Desde hace decenios, ecólogos como Ramón Margalef, H. T. Odum o Barry Commoner han propuesto que la economía humana debería imitar la “economía natural” de los ecosistemas. El concepto de biomímesis hace referencia a esta idea de imitar a la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera. No es que exista ninguna agricultura, industria o economía “natural” sino que, al tener que reintegrar la tecnosfera en la biosfera, el hecho de estudiar cómo funciona la segunda nos orientará sobre el tipo de cambios que necesita la primera. La biomímesis es pues una estrategia de reinserción de los sistemas humanos dentro de los sistemas naturales. Estos sistemas, orientados siempre a la compensación de los desequilibrios, podrían describirse en base a diez propiedades básicas:

1. Funcionan a partir de la luz solar. + 2. Usan solamente la energía imprescindible. + 3. Adecúan forma y función. + 4. Lo reciclan todo. + 5. Recompensan la cooperación. + 6. Acumulan diversidad. + 7. Contrarrestan los excesos desde el interior.  + 8. Utilizan la fuerza de los límites. + 9. Aprenden de su contexto. + 10. Cuidan de las generaciones futuras.

Y la naturaleza es la única empresa que nunca ha quebrado en sus 4.000 millones de años de existencia . Esta empresa se basa en un tipo de “economía” cíclica, totalmente renovable y autorreproductiva, sin residuos, y cuya fuente de energía es inagotable en términos humanos: la energía solar en sus diversas manifestaciones (que incluye, por ejemplo, el viento y las olas). En esta economía cíclica natural cada residuo de un proceso se convierte en la materia prima de otro: los ciclos se cierran. Por el contrario, la economía industrial capitalista desarrollada en los últimos dos siglos, considerada en relación con los flujos de materia y de energía, es de ejecución lineal: los recursos quedan desconectados de los residuos, los ciclos no se cierran. No se trata de que lo natural supere moral o metafísicamente a lo artificial: es que exhibe un funcionamiento más ajustado a los límites de la realidad porque lleva bastante más tiempo de rodaje.

 (Basado en ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación. de Jorge Riechmann.)

[Continúa y finaliza aquí: ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (y IV)]

diciembre 9, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (II)

mundo-llenoEn la entrada anterior intentamos contraponer la visión primitiva del “mundo vacío”, sobre la cual se construyó todo el edificio teórico y filosófico del liberalismo económico que aún pervive, frente a la visión del “mundo lleno”, mucho más propia y adaptada al mundo del Siglo XXI. La visión del “mundo vacío” trae inevitablemente aparejada una serie de profundos problemas, para los cuales el propio modelo del pensamiento económico decimonónico carece de respuestas viables. Enumeremos algunos de ellos:

1. Hemos “llenado” el mundo no solo en términos de número de personas sino también en términos materiales, saturando el espacio ecológico (como nos ha hecho ver el economista ecológico Herman E. Daly desde hace más de dos decenios). A esto podemos denominarlo el problema de escala.

2. Nuestra tecnosfera está mal diseñada, y por eso –como nos enseñó el biólogo Barry Commoner hace más de treinta años— se halla “en guerra” con la biosfera. A esto lo llamaremos el problema de diseño.

3. Además, somos terriblemente ineficientes en nuestro uso de las materias primas y la energía como han mostrado, entre otros, Lovins y Ernst Ulrich. Denominaremos a esto el problema de eficiencia.

4. Nuestro poderoso sistema ciencia/técnica (que ahora podemos cabalmente llamar tecnociencia, tal y como insiste Javier Echeverría) anda demasiado descontrolado porque está pilotado por intereses particulares y no por intereses generales. Cabe referirnos a ello como el problema fáustico.

5. Iniciar soluciones para los cuatro problemas anteriores podría bastar para pacificar nuestras relaciones con la naturaleza, pero no para lograr un espacio humano convivencial y habitable. Una sociedad que fuera capaz de solucionar los cuatro problemas anteriores podría mantener, sin embargo, grados extremos de desigualdad social o de opresión sobre las mujeres. Podrían existir, por tanto, sociedades ecológicamente sustentables que fuesen al mismo tiempo ecofascistas y/o ecomachistas. El grado de desigualdad social que hoy prevalece en el mundo es históricamente inaudito, sigue en aumento y conduce a un terrible desastre. No es tolerable –ni tampoco viable a la larga– que más del 80% de los recursos del mundo estén en manos de menos del 20% de la población. A este último lo llamaremos el problema de la desigualdad.

Para explorar un camino de sostenibilidad debemos partir de un diagnóstico general de la enfermedad, que está ya esbozado. A partir de ahí se trataría de proponer un tratamiento que podríamos resumir en 5 principios básicos, cada uno de ellos preferentemente vinculado a uno de los problemas enumerados:

1. Problema de escala: Hemos “llenado” el mundo de personas, objetos, residuos, construcciones, fábricas, etc. –> Vía de solución: Principio de gestión de la demanda.

2. Problema de diseño: Nuestros mecanismos de tecnoproducción están mal planteados –> Vía de solución: Principio de biomímesis

3. Problema de eficiencia: Somos energéticamente ineficientes –> Vía de solución: Principio de ecoeficiencia

4. Problema fáustico: Nuestra poderosa tecnociencia está descontrolada –> Vía de solución: Principio de precaución

5. Problema de la desigualdad: El modelo económico imperante conduce inevitablemente a una desigualdad socio-económica entre individuos disparada –> Vía de solución: Principio de igualdad social

(Basado en ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación. de Jorge Riechmann.)

(Continúa aquí – Parte III)

diciembre 8, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (I)

(Esta entrada está basada en un artículo publicado por el ecologista Jorge Riechmann hace algún tiempo en la revista del CSIC Isegoría. El texto original “¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación“.)

Para entender la necesidad imperiosa de realizar una reforma estructural en nuestro modelo de desarrollo globalizado podríamos acudir a la  la metáfora que plantea la disyuntiva entre habitar un chalé aislado (opción “la casa de la pradera”, digamos), o un piso de un bloque de viviendas. En el primer caso, (visión del “mundo vacío”) puede uno hacerse la ilusión de que su forma de vivir no afecta a los demás, y –si cuenta con recursos suficientes— organizarse básicamente sin tener en cuenta a los otros. En el segundo caso (visión del “mundo lleno”), ello es manifiestamente imposible. Ahora bien: para generalizar en nuestra biosfera la manera de vivir que metaforiza “la casa de la pradera”, tendríamos que ser muy pocos y muy ricos, y sabemos que ése no es el caso. A comienzos del siglo XXI somos 7.000 millones de habitantes, con cientos de millones de pobres de solemnidad y un nivel aberrante de desigualdad social. Estamos abocados entonces a un modelo de convivencia que, a escala planetaria, se parecerá más a la de la comunidad de vecinos en el bloque de viviendas, es decir, a la visión del “mundo lleno”. Sin embargo a cualquiera que haya vivido las aburridas y muchas veces difíciles reuniones de los vecinos de la escalera, donde hay que aguantar las excentricidades de la del tercero derecha, las inaguantables pretensiones del morador del ático y el aburrido tostón que nos endilga el del segundo izquierda, la perspectiva podrá parecerle descorazonadora. No obstante ésa es la situación en que nos hallamos, y no va a modificarse ni un ápice por intentar ignorarla practicando la política del proverbial avestruz. Tendremos que mejorar la calidad de la convivencia con los vecinos de nuestra escalera, darnos buenas reglas para el aprovechamiento compartido de lo que poseemos en común, y educarnos mutuamente con grandes dosis de paciencia, tolerancia y liberalidad. Estamos obligados a llegar a entendernos con esos vecinos, so pena de una degradación catastrófica de nuestra calidad de vida… o quizá, incluso, de la desaparición de esa gran comunidad de vecinos que es la humanidad, cuya supervivencia a medio plazo en el planeta Tierra no está ni mucho menos asegurada.

Somos muchas y muchos viviendo dentro de un espacio ambiental limitado. Las reglas de convivencia que resultan adecuadas para esta situación son diferentes, sin duda, de aquellas que hemos desarrollado en el pasado, cuando éramos pocos seres humanos viviendo dentro de un espacio ambiental que nos parecía ilimitado.  Pensemos por ejemplo en que, todavía hoy, las subvenciones para actividades que destruyen el medio ambiente (como la quema de combustibles fósiles, la tala de los bosques, la sobreexplotación de acuíferos o la pesca esquilmadora) alcanzan en todo el mundo la increíble cifra de 700.000 millones de dólares cada año: se trata, evidentemente, de una situación heredada de tiempos pasados, cuando en un “mundo vacío” podía tener sentido incentivar económicamente semejantes actividades extractivas. En el caso concreto del estado español las petroleras consiguen beneficios extraordinarios en detrimento de las renovables gracias a la sumisión de los diferentes gobiernos a estos lobbys. En un “mundo lleno” todo esto resulta suicida: hacen falta nuevas reglas de convivencia (para empezar dejar de subvecionar tales actividades para pasar a gravarlas con ecoimpuestos o tasas ambientales, por ejemplo). Un asunto que en la nueva situación se torna imperioso es la necesidad de incrementar la cantidad y la calidad de la cooperación. Somos muchos, y estamos destinados a vivir cerca unos de otros. Tal situación no es necesariamente una condena: podemos y debemos transformarla en una ocasión para mejorar juntos. Pero eso nos exige pensar de otra manera sobre los valores de lo individual y lo colectivo, y en cierta forma nos convoca a reinventar la política, más allá del Mercado y del Estado, mediante el cuidado de lo común, como queda perfectamente expresado en el bellísimo texto La Carta de los Comunes.

Una tendencia histórica del capitalismo industrial ha sido producir cantidades crecientes de bienes y servicios con cantidades decrecientes de trabajo humano. En el “mundo vacío” de los comienzos de la industrialización, donde el factor trabajo escaseaba y el factor naturaleza abundaba, tenía sentido concentrarse en la productividad humana; en un “mundo lleno” en términos ecológicos, donde la situación es inversa (el factor trabajo abunda y el factor naturaleza escasea), hay que invertir en protección y restauración de la naturaleza, a la vez que hacemos disminuir las jornadas de trabajo. La jornada de trabajo de 8 horas fue una conquista de finales del siglo XIX que en siglo XXI ya debería ser actualizada. Hace un par de siglos, podíamos pensar que el mundo estaba lleno de naturaleza y vacío de gente; hoy está lleno de gente y cada vez más vacío de naturaleza. Observamos con claridad cómo, desde el momento en que se ha “llenado” o saturado ecológicamente el mundo, han de cambiar las reglas básicas de juego (en este caso, las estrategias de producción de bienes y servicios, así como el reparto del trabajo y sus jornadas) .

 En un “mundo lleno”, no quedan ya tierras vírgenes por explotar, y caen las bases de la teoría liberal de la apropiación justa. En un “mundo lleno” como el nuestro la filosofía de John Locke, Adam Smith, Jeremy Bentahn o  Stuart Mill ha dejado de tener sentido, porque esas teorías fueron formuladas hace siglos en un contexto en el que la naturaleza era concebida como un inmenso e inagotable cofre del que debíamos apropiarnos. En un planeta finito, cuyos límites se han alcanzado, ya no es posible desembarazarse de los efectos indeseados de nuestras acciones (por ejemplo, la contaminación) desplazándolos a otra parte: ya no hay “otra parte”. Una vez hemos “llenado el mundo”, volvemos a hallarnos de repente delante de nosotros mismos: recuperamos de alguna forma la idea kantiana de que en un mundo redondo nos acabamos encontrando. Por eso, en la era de la crisis ecológica global, la filosofía, las ciencias sociales y la política entran en una nueva fase de acrecentada reflexividad. Desde mañana, la humanidad debe ser diferente de lo que era ayer, del mismo modo que el hombre adulto se diferencia del niño.

(Continúa en ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (II) ).

marzo 12, 2012

La propiedad privada no tiene futuro

Eficiencia energética y propiedad privada tenderán a convertirse en conceptos incompatibles

En un sistema cerrado, como es nuestro planeta, con incrementos sostenidos de población, la propiedad privada se vuelve cada vez más ineficiente. Dificultades para el acceso a la vivienda, energía cada vez más cara, residuos y contaminación que no dejan de acumularse, materias primas de cada vez más difícil acceso, salarios cada vez más ajustados. Todas estas circunstancias dibujan un cuadro en el que la propiedad privada se irá convirtiendo en un sistema cada vez más ineficaz de cara a la sostenibilidad de la economía. Al igual que sucede en Internet, donde no tiene sentido que cada usuario tenga un servidor exclusivo para publicar sus contenidos, la propiedad individual deberá ir mutando hacia los usos compartidos, inclusivos y comunitarios, mucho más lógicos y racionales para funcionar en entornos finitos y con recursos limitados, como es nuestro caso. En futuras épocas de austeridad, como las que se avecinan de manera irreversible, no será eficiente energéticamente que tengamos coches particulares, en lugar de usar transportes grupales, o piscinas de uso familiar en entornos de sequías endémicas. Los servicios de alquiler público de bicicletas, vivienda, aparatos costosos o prendas de vestir para ocasiones especiales,  (por poner algunos ejemplos) irán ganando adeptos de manera progresiva. De esta manera se reducirá el consumo de energía y la generación de residuos. Tampoco tiene mucho sentido mantener posesiones inmobiliarias que apenas se usan unos pocos días al año, en lugar de utilizar fórmulas colectivas de propiedad. Los países nórdicos saben mucho de todo esto desde hace décadas y por ello tienen potentes servicios públicos que optimizan los consumos y los costes medioambientales. En los países del Sur cada vez son más los jóvenes que recurren a fórmulas de pisos y coches compartidos o la economía de trueque para ganar en eficiencia, sostenibilidad y aprovechamiento de las opciones disponibles. En un reciente artículo aparecido en prensa podemos leer:
Las páginas de trueque como www.truequi.com se han multiplicado. Intercambiar servicios además de productos está en auge. La red CouchSurfing aglutina a personas de todo el mundo que ofrecen nuevas fórmulas para disfrutar de ciertos bienes. Otros optan por los bancos de tiempo, en los que la unidad de transacción no es el dinero sino los minutos. Entre los servicios que más se ofertan están los formativos: tú me das una hora de clase de alemán y yo a ti una de fotografía. Gente que antes gastaba 120 euros en gasolina al mes en ir al trabajo han reclutado a otras tres personas para compartir coche y minimizar costes (y emisiones contaminantes), una práctica muy extendida, en torno a la que han surgido páginas como www.blablacar.es o www.comparteviaje.es. Porque la Red acumula miles de espacios con información para ayudar a rentabilizar la riqueza de manera inteligente. Desde que la crisis estalló en 2008 se nota que la gente es cada vez más ingeniosa y busca alternativas, como puede comprobarse en la web Sindinero.org.

marzo 27, 2011

Alemania, Japón, Europa: El futuro apunta al Verde

Movimiento Ecologista, una fuerza racional imparable

La  sonada victoria de los verdes en algunos landers alemanes puede marcar una nueva tendencia en la manera de votar de los europeos. Bien es cierto que no se trata aún de un movimiento netamente post-capitalista, ni que sus victorias no dependan de coaliciones con los socialdemócratas para alcanzar mayorías claras de gobierno, pero aún así estos resultados pueden marcar un punto de inflexión en la manera de percibir los problemas sistémicos y sus solucione por parte de la ciudadanía europea y japonesa.

La gente está empezando a cansarse de mentiras neoliberales, descomunales estafas financieras y falsas soluciones que se limitan a criminalizar a los empleados públicos, a los sindicatos y, en general, a los trabajadores. Así ha quedado demostrado también en las recientes y multitudinarias protestas vividas en Inglaterra contra los cobardes recortes del gasto social promovidos por Cameron. Al igual que el mundo árabe y magrebí la gente quiere auténtica democracia, auténtica libertad y soberanía popular a la hora de tomar las decisiones políticas necesarias para atajar las causas de la crisis sistémica. Mientras en el estado español el sumiso empleado Zapatero se reunía con sus jefes para recibir instrucciones, la gente se pregunta… ¿Para cuándo empezamos con los referendums?: Referéndum para saber que piensa el pueblo sobre la energía nuclear, referéndum para saber qué piensa el pueblo sobre los transgénicos, sobre la dación en pago para saldar deudas con las mafias bancarias, referendums para saber qué piensa el pueblo sobre el voto blanco computable o sobre la conveniencia de crear una banca pública que haga el necesario contrapeso a la banca privada, al igual que sucede con la sanidad o la educación. ¿Para cuándo DEMOCRACIA, señores cardenales de la teocracia financiera europea?

marzo 21, 2011

¿Nucleares?, No Gracias. Referéndum ya

La historia, una vez más, vuelve a dar toda la razón al movimiento ecologista

El compañero Luis Ángel Aguilar Montero nos envía esta imprescindible noticia y campaña:

Bienvenidos al club…Antinuclear. ¡Ni aquí, ni en Japón! Referéndum Ya.

El pasado jueves, en treinta y cinco ciudades españolas, pudo escucharse un grito unánime de ecologistas y gentes de paz que corearon el “¡Nucleares no, ni aquí ni en Japón!” El “aquí” en cada plaza tenía un nombre propio. Cofrentes, Almaraz, Garoña… Y lo que se pedía, el cierre de nuestras centrales nucleares ya, toda vez que el desastre de Japón ha puesto de manifiesto que las mentiras de los lobbys nucleares, con el cómplice apoyo de la mayoría de los políticos y la difusión de sus medios afines o propios, ya no se sostienen mas. Hay que poner fin a la aventura nuclear, ya.Anuncio Único

Hasta Angela Merkel ha dado un giro copernicano en su apuesta nuclear después de la catástrofe japonesa y eso que no tiene ninguna central en tan mal estado como algunas de las que se propone prorrogar Zapatero, ni en ninguna tiene los vetustos y anunciados como inseguros hace 30 años, sistemas de seguridad como los españoles de Garoña, la misma que ahora ha fallado en Fukushima, o en Cofrentes, muy parecida a la japonesa, donde 4 de sus 6 reactores están dañados y ya se han confesado los escapes radiactivos producidos.

Pero el gobierno socialista del señor Zapatero, que en su programa electoral prometió lo contrario, en la víspera del tsunami/terremoto japonés, prorroga unos años más la central de Garoña que ya cumple sus 40 años y autoriza a la de Cofrentes a operar otros 10 años más. Eso si, Iberdrola -propietaria de esta última- ya se ha forrado con la concesión acordada, y aún quiere más aunque sea vieja e insegura la central.

Rajoy, por su parte, que como todo el PP y desde siempre ha hecho gala de su apuesta pro-nuclear, nos dice que ésta energía “es mas barata, límpia y hasta segura”. Y se queda tan pancho. Ya sabíamos que lo de barata era mentira, pues en los costos nunca incluyen los residuos radioactivos, ni lo que cuesta la seguridad, ni las repercusiones por accidentes; lo de limpia, que nos lo cuelen ahora que estamos calientes con la instalación del ATC o basurero nuclear radiactivo que igual nos clavan en Zarra y por lo que también nos manifestamos este jueves;  y segura, después de lo de Chernobil en 1986 o ahora en Japón, ya va a ser que no.

Bienvenidos al club en el que llevamos tanto tiempo clamando por el cierre de las centrales nucleares y por el replanteamiento de este tipo de energía a favor de las renovables. Ahora ya no va a quedar más remedio. Pero si este gobierno tiene dudas que haga un referéndum como la hicieron en Italia, Suecia, Austria o Suiza y que sea el pueblo -a quien dicen representar- el que decida. De lo contrario se lo tendremos que pedir con las 500.000 firmas que no se lograron en el 91 con la Iniciativa Legislativa Popular pero que ahora, en caliente como dicen ellos que no se aborde el tema, se ganaría de calle.

Exijamos un Referéndum que apueste por el cierre paulatino de las centrales nucleares en España.

marzo 12, 2011

Japón: La Pachamama nos explica cual es nuestro lugar

La Naturaleza, una vez más, nos da a todos una inmensa cura de humildad y nos recuerda de una manera aplastante la enormidad de nuestra insignificancia. Los hermanos japoneses están sufriendo un drama indecible, de proporciones difíciles de imaginar. El mar y la tierra se agitaron al unísono devorando de un solo bocado una ciudad completa y sumiendo a millones de personas en una angustia e incertidumbre que lo abarca todo. Nuestros pensamientos, nuestra solidaridad y todo nuestro cariño para estos seres humanos que buscan la trascendencia como única forma de dar sentido al gigantesco desastre. Todos somos uno. La soberbia de unos hombres que quieren jugar a ser dioses se vuelve contra nosotros, ¿Cómo si no puede explicarse la construcción de tantas centrales nucleares en una de las zonas del planeta con mayor actividad sísmica?.

La egolatría del sistema nos induce a pensar que el poder humano no tiene límites, que somos capaces de ir siempre más rápido, más alto y más lejos. Nos creemos con derecho a esquilmar los recursos como si fueran inagotables, a dictar leyes que protegen la propiedad privada de unos pocos en detrimento de los derechos de muchos, a desafiar irracionalmente los riesgos, a confiar la solución de nuestros problemas a recetas técnicas sin cuestionar en absoluto nuestras formas de organizar la sociedad y de relacionarnos con el entorno. Olvidamos que casi todo lo que tenemos nos es regalado, olvidamos que solos no somos nada, olvidamos que el apoyo mutuo es la única herramienta de las especies para sobrevivir, olvidamos que la acumulación es una forma de robo y que la Pachamama es la única propietaria de todo lo que es. Ella nos exige respeto, reparto y humildad, mucha humildad.  Las reglas están escritas desde el principio de los tiempos: Todo está interconectado en un frágil equilibrio; vuestros crímenes se vuelven contra vosotros, Asesinato es suicidio, lo que hacéis a cada uno de mis hijos me lo hacéis a mi y sin mi vosotros no sois. Estais orgullosos de vuestras casas, vuestros coches, vuestros barcos, vuestros aviones, vuestras fábricas… despertad, son bien poca cosa.

marzo 6, 2011

La ficción del crecimiento como génesis del colapso

Mucho se ha escrito sobre la crisis financiera con ayuda de complicados tecnicismos bancarios. Tras la jerga habitual, plagada de términos en inglés, la gente apenas alcanza a entender la magnitud y gravedad del problema con el que nos enfrentamos. La alegre inconsciencia de muchas personas desinformadas les hace vociferar continuamente de manera pueril, siendo incapaces de establecer cadenas de causas y efectos que tengan más de dos eslabones interconectados.

La explicación más certera de la crisis vendría dada por el desacoplamiento entre la economía real y la economía virtual en las últimas décadas. Le emisión descontrolada de activos financieros no guarda una correlación con la cantidad disponible de bienes materiales en circulación, produciendo una profunda confusión entre lo real y lo imaginario en lo que muy bien podríamos denominar la “ensoñación del crecimiento perpetuo”. (*)

El desacoplamiento entre activos financieros y bienes naturales, génesis del colapso

La desmesurada pendiente de la línea roja cabalga sobre la expectativa de crecimiento de la línea azul, pero la materialización de los activos financieros en productos reales requiere un lapso de tiempo futuro cada vez mayor. De esta forma vemos como los bancos, por poner un simple ejemplo, necesitan alargar los plazos hipotecarios para que la gente pueda mantener la aspiración de finalizar los pagos. Y es que nuestra capacidad de trabajo y la capacidad del planeta para producir bienes materiales asciende a una velocidad mucho menor que la creación de activos financieros. La ficción de que los inmensos capitales, bonos y valores que se crean de la nada podrán ser reembolsados con intereses en el futuro no puede seguir manteniéndose por más tiempo. Esta certeza se hace especialmente dramática ante el agotamiento de los recursos naturales, el peak-oil y la crisis medioambiental. La línea azul se irá acercando a la pendiente cero para posteriormente comenzar a caer y la línea roja se quedará “colgando de la brocha”. El colapso está asegurado porque la expectativa de un crecimiento firme y robusto de la línea azul es la “clave de bóveda” sobre la que descansa todo el sistema de pensamiento capitalista. La simple percepción de que este crecimiento no será físicamente posible provocará en pocos años la implosión del sistema. Ante este panorama las medidas de choque pasan por edificar las bases para una economía estacionaria:

1. Los nuevos bancos tendrán que organizarse para prestar sin interés. Las entidades financieras tendrán que pasar a proporcionar  un servicio social sin ánimo de lucro, bajo control público. El dinero, por tanto, no podrá ser emitido como deuda sino exclusivamente como medio de pago, es decir, como moneda social.

2. Habrá que volver a correlacionar la economía real y la economía virtual, de manera que esta última solo sea un fiel reflejo de la primera y esté siempre subordinada a ella. Ello exigirá la destrucción del 90% de los activos financieros disponibles en la actualidad.

3. Las bolsas de valores, junto con los juegos de azar, han desempeñado un papel fundamental como iconos máximos de la ensoñación del crecimiento perpetuo (*) y del lujo ilimitado que tan dañinos están resultando para nuestro presente y nuestro futuro colectivos. En consecuencia deberán cerrar porque sólo sirven para catapultar aún más el crecimiento acelerado de la línea roja y, con ello, para acelerar las crisis energéticas y medioambiental. A estas alturas está claro que han sido el paradigma de la concentración de enormes cantidades de recursos en manos de muy pocos, derrochados en beneficio de esos pocos, y no han dotado a la mayoría de la humanidad de ventaja alguna.

4. La acumulación de dinero, valores, productos financieros e incluso propiedades físicas tiene que estar limitada por individuo y unidad empresarial. Para mantener una economía sostenible el correcto reparto y distribución de los bienes existentes cobra una importancia vital.

5. La producción de bienes deberá acoplarse a la disponibilidad menguante de la energía que los puede poner a disposición de la sociedad. Se acabará el derroche, pues no va a haber cada vez más energía, sino menos. Las distancias que podrán recorrer las mercancías y las personas serán mucho menores y los desplazamientos físicos se realizarán a velocidades muy inferiores a las actuales.

Para una exposición más ampliada de la cuestión puede consultar se el texto de Pedro Prieto y Manuel Talens:

http://www.decrecimiento.info/2011/03/colapso-energetico-y-financiero.html
________________________
(*) La “ensoñación del crecimiento perpetuo” o “Pensamiento lechera” del tipo “Haz crecer tu dinero” , es la piedra angular sobre la que descansa toda la ideología capitalista. Esta forma de razonamiento, propio de un funcionamiento cognitivo fabulatorio e infantilizado, ha calado en importantes masas de la población y es asumido de manera acrítica por nuestros dirigentes políticos neoliberales. La confusión entre lo real y lo imaginario en la proyección a largo plazo de nuestra riqueza material, tan intrínseca a los juegos de azar y los mercados financieros, está en la misma esencia del engranaje intelectual capitalista. El crecimiento de los activos monetarios (dinero, acciones, bonos, letras, pagarés, obligaciones, promesas de pago…) es crecimiento virtual, en contraposición con el crecimiento real siempre limitado, modesto y asociado con las biocapacidades humanas y medioambientales.

febrero 27, 2011

Limitación de la velocidad: Una medida en la buena dirección

El "elogio de la lentitud", toda una filosofía de vida

Los cuadros medios encargados de gestionar los asuntos económicos en el estado español han acertado en esta ocasión. La reducción de la velocidad máxima a 110 km/h en autopistas y autovías es una propuesta acertada porque:

* Nuestro estilo de vida no es sostenible, hay que cambiarlo empezando por las pequeñas cosas. Esta nueva norma traslada a la ciudadanía el mensaje de que tenemos un problema con los recursos naturales y que es necesario modificar nuestros hábitos. Aunque no todos somos igual de responsables sí es una tarea y una obligación de tod@s el hacer frente común contra el shock medioambiental.

* Es una medida democratizadora e igualitaria.

* Bajarán el consumo, la contaminación, el ruído y los accidentes.

* Indirectamente desincentivará la compra de coches de gran potencia, lo cual siempre es una buena noticia.

Por supuesto la medida es completamente insuficiente pero no por ello deja de estar correctamente encaminada. Coincidimos en la valoración con Ecologistas en Acción y también con Greenpeace, a favor de la reducción. En cambio creemos que, en esta ocasión, Cayo Lara se equivoca.

noviembre 15, 2010

Quiebra del capitalismo: Una visión ecologista

Ramón Fernández Durán, autor del ensayo que nos ocupa

El profesor Ramón Fernández Durán, miembro destacado de Ecologistas en Acción, nos ha dejado su último texto que sería el extenso resumen de un nuevo libro, en preparación, sobre la “Quiebra del Capitalismo global“. Sintetizamos telegráficamente algunas de sus ideas principales:

* El capitalismo global, tal como lo conocemos, va a fracturarse en un breve lapso de tiempo empujado por oleadas de crisis financiera-monetarias dificilmente atajables. Lo próximo que vendrá será una constelación de capitalismos regionales, de carácter autoritario que tampoco podrán mantenerse. Posteriormente, en torno al 2030, comenzará a emerger algo completamente diferente: Una economía post-fosilística,  post-industrial, post-capitalista y neo-rural.

* La crisis sistémica actual tiene tres vertientes interconectadas que la hacen única en la historia y endiabladamente dificil de controlar: colapso energético, colapso medioambiental y colapso climático. El capitalismo se verá completamente desbordado para articular soluciones que contemplen las tres caras del problema simultáneamente. (No hay crecimiento infinito en un entorno biofísicamente finito)

* Otro componente muy importante para entender la situación actual es el abandono de los sistemas reproductivos, sostén básico de la humanidad, tanto en el ámbito laboral (trabajos relacionados con los cuidados, con el ámbito doméstico y familiar) como en el ámbito natural (capacidad de carga del entorno biológico para absorber la exigencia del metabolismo agro-industrial). El desarrollo capitalista, con un componente netamente autoritario y patriarcal, se ha edificado sobre un supuesto “coste 0″ del ámbito reproductivo que va a terminar minando  la propia posibilidad de mantenimiento de los actuales sistemas productivos. (No hay producción sin reproducción).

* El declive inexorable de los combustibles fósiles será el elemento clave desencadenante para el derrumbre definitivo del capitalismo, incluso en su fase última de regionalismos autoritarios enfrentados. Los picos de producción de gas, petróleo y carbón marcarán el fin de una era. (La energía barata se fue para no volver)

* La vieja izquierda se verá también desbordada por la necesidad de redefinir sus líneas programáticas ante el evidente agotamiento de los antiguos enfoques productivistas, extractivistas y tecnocráticos, como vías para construir su ideal de sociedad igualitaria.

Cada vez son más los autores que desde distintas perspectivas de análisis (biólogos, economistas, sociólogos, antropólogos, ambientalistas…) anuncian un irremediable fin de ciclo.

julio 27, 2010

¿Es el desempleo un hecho natural?

Jorge Riechmann, una voz destacada para entender y curar las patologías socio-ambientales de nuestro tiempo

A nadie escapa la circunstancia de que la mayoría de las colectividades humanas han padecido históricamente innumerables problemas sociales: enfermedad, tiranía, pobreza, esclavitud, injusticia… Sin embargo no resulta tan evidente observar que esas mismas sociedades no se enfrentaban al desempleo masivo y estructural propio de nuestro paisaje económico actual. Un análisis algo más detenido de la cuestión nos lleva a comprender que este nuevo tipo de desempleo endémico es un fenómeno propio de las sociedades capitalistas post-modernas. Se trata de un factor intrínsecamente unido al propio desarrollo del sistema, de una apuesta ideológica concreta sobre cómo deben hacerse los ajustes en el reparto de la riqueza entre las distintas clases sociales. La ley capitalista establece que  las clases dominantes deben mantener a toda costa sus tasas de beneficio y que esto requiere continuos ajustes sobre el número de empleos remunerados y/o sobre sus condiciones de desarrollo cotidiano. Por supuesto los ajustes estructurales necesarios para alcanzar un progreso real en las condiciones de vida de los seres humanos pasan por caminos completamente diferentes: Nuevo reparto de las tareas, nuevas definiciones de empleo, nuevos sistemas de retribuciones no necesariamente monetarizados y una disminución de las jornadas laborales. Lo único que sucede es que en este caso ya no podría garantizarse la acumulación de riqueza y poder por parte de las élites económicas que actualmente los detentan, un “pequeño problema”, para nada insalvable.

Por otro lado el temor a la pérdida del empleo constituye un poderoso mecanismo  (junto con el control privado sobre la distribución del dinero o el uso estratégico de la violencia) generador de conformismo y sumisión en las masas ciudadanas. El capitalismo, en su fase actual, necesita mantener un alto índice de desempleo y precariedad laboral para garantizar bajos niveles de protesta y conflictividad en las masas asalariadas que tenderán a percibir su explotación como un “privilegio”.

El siglo XXI comienza así alumbrando un nuevo fenómeno conocido como jobless growth, el “crecimiento” sin empleo. Se trataría de la fórmula perfecta para los detentadores de capital y para los mercados. Cabría preguntarse… ¿crecimiento de qué y para quién?. Las grandes empresas aumentan sus tasas de ganancia sin las “pesadas lacras” de los costes laborales. Nada de esto es casual, sino fruto de la aplicación de la lógica capitalista del reparto y de sus premisas ocultas para la manipulación de crédulos grupos de ciudadanos que tenderán a aceptar de una manera no consciente la degradación de sus condiciones de vida como algo inevitable.

El desempleo estructural y la pérdida de derechos de los trabajadores no es, en consecuencia, un hecho natural. Tan sólo se trata de una apuesta ideológica articulada por las élites económicas para mantener un sistema depredador que les beneficia pero que resulta manifiestamente insostenible a medio plazo.

Para una profundización en esta cuestión recomendamos los importantes y numerosos trabajos de Jorge Riechmann.

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