La naturaleza trabaja gratis

La protección, conservación y regeneración del medio ambiente es la inversión más rentable que existe. La naturaleza trabaja gratis para nosotros, sólo tenemos que ayudarla y facilitarle la tarea, en lugar de destruirla. Las fuerzas productivas más potentes no están en las transnacionales privadas ni muchos menos en el casino especulativo de la ingeniería financiera. Si quieren encontrarlas sólo tienen que buscar en los bosques, en la selva o en los fondos marinos. Ah!, son gratis. Son un regalo de Gaia, la Pachamama, Dios, Alá, Yahvé, Brahma o el Big Bang. (El nombre del gran benefactor lo dejamos a gusto del lector). El capitalismo se encarga de usurpar el uso y disfrute de este regalo, privando del mismo al 80% de los habitantes de la Tierra.

La contabilidad ambiental es desconocida e ignorada por el mercado, y “estamos acabando con el capital natural sin entender siquiera el valor de lo que estamos perdiendo”, advierte el informe La Economía de los ecosistemas y la biodiversidad, coordinado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Los ecosistemas proporcionan servicios valorados en billones de dólares anuales, y según el informe es más barato mantener el equilibrio natural que actuar con infraestructuras artificiales. Así, la protección de 12.000 hectáreas de manglares en Vietnam supone un coste anual de un millón de dólares, pero evita un coste de siete millones de dólares que serían necesarios para el mantenimiento de los diques si no existieran los manglares. La organización ecologista WWF destacó que, por cada euro invertido en la reducción de desastres naturales, se ahorran siete euros en pérdidas tras el desastre. El director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, apostó por “pagar a los países en desarrollo por la reducción de emisiones por deforestación evitada, y así situar en el centro de la actividad económica la importancia financiera de los ecosistemas y la biodiversidad”.

En el informe han participado más de 100 especialistas que proponen un decálogo para que los políticos actúen: inversión en infraestructuras naturales ya existentes y no más artificiales; pago a comunidades locales por la conservación de ecosistemas; reformar los subsidios dañinos (un tercio de las ayudas que se destinan a agricultura y pesca van a la compra de carburantes); poner precio a la pérdida de biodiversidad; reconocer que las áreas protegidas proporcionan beneficios (un sexto de la población mundial depende de ellas); detener la deforestación; proteger las barreras de coral tropical; recuperar las pesquerías; reconocer el vínculo entre degradación de los ecosistemas y pobreza; y llegar a un acuerdo en la Cumbre del Clima de Copenhague.

Dos pequeños ejemplos de buenas prácticas son las que están teniendo lugar en Venezuela (inversión en sedimentación en el sistema nacional de áreas protegidas que ha ahorrado a los granjeros 4,5 millones de dólares al año para mantener sus fincas) o Guatemala (inversiones en protección de la Reserva de la Biosfera Maya que generan unos ingresos anuales de 50 millones de dólares y crean 7.000 empleos).

Esta entrada está basada en la noticia publicada recientemente en el Diario Público, La naturalez trabaja gratis. Para saber más consultar en la Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad (TEEB).

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