La iglesia verdadera.

Los jerarcas del Vaticano y la Conferencia Episcopal española no dudan en seguir virando el timón ideológico hacia la derecha poniendo rumbo directo hacia su propio naufragio. Todos sus nombramientos y decisiones políticas van en la misma dirección decrépita. Mientras esto sucede contemplamos otras realidades: Teologías feministas, movimientos homosexuales cristianos o comunidades crisitanas populares podrían ser tres ejemplos. La iglesia real, la iglesia del pueblo, la de la gente anónima, la iglesia de base, no piensa como su cúpula en gran cantidad de temas y sigue viendo a la Teología de la Liberación como un horizonte de autenticidad, verdad y esperanza. Las balas disparadas por los poderosos contra Romero, Ellacuria y tantos otros no sólo no han consegido apagar el testimonio de esta otra iglesia sino que, muy al contrario, amplifican su voz hasta hacerla retumbar por toda América. La etiqueta “Teología de la Liberación” mueve a las masas y se ha convertido en sinónimo de éxito electoral por todo el continente. En esta línea se enmarca el último ejemplo de Perú, con el sacerdote Marco Arana. Ratzinger y sus acólitos no representan a casi nadie, han perdido su legitimidad, a fuerza de intentar silenciar y censurar a todos aquellos que pretenden alinearse de manera auténtica con el mensaje profético del palestino Jesús de Nazaret.
Casi todos los Teólogos de la Liberación han sido reprendidos por el Vaticano, pero su intento de amordazarlos siempre suele resultar fallido a la larga. Sus voces son imposibles de acallar ni a fuerza de balas. En la imagen vemos a Jon Sobrino. Colaboró con el arzobispo Óscar Romero, asesinado en 1980, y escapó de sufrir tal suerte en 1989 cuando los Escuadrones de la Muerte mataron a Ignacio Ellacuría y a otros compañeros jesuitas. En 2006, la Congregación para la Doctrina de la Fe condenó su obra por dar una visión “demasiado humana de Jesucristo”.

“La palabra globalización es hoy una mentira manifiesta porque un globo es aquella forma en la que cualquier punto de su contorno es equidistante del centro. Así que un mundo globalizado sólo será posible cuando todos los seres humanos estemos equidistantes del centro, seamos iguales de verdad. El capitalismo no ofrece soluciones a los problemas éticos. El socialismo, en principio y con sus limitaciones, pudiera ofrecer más vías de humanización”. Entrevista a Jon Sobrino

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