Nada es nuestro, todo es prestado

El carbono que nos presta la naturaleza de forma temporal permite que la vida nos habite

La propiedad privada es una ficción, una creación ideológica. Nada es nuestro ya que todo cuanto tenemos es un préstamo que la naturaleza nos hace. El carbono es el ladrillo de la vida. Gaia nos ha prestado millones de estos pequeños tesoros inmortales con la única condición de que solo dispongamos de ellos por un tiempo limitado. Procedentes de otros entes deben continuar en breve su infinito viaje hacia nuevos e insospechados lugares. El judío Primo Levi nos deja la historia de uno de estos átomos quizás alojado hoy en una recóndita neurona dentro de tu cerebro.

Nuestro átomo de carbono, yace durante millones de años unido a tres átomos de oxígeno y uno de calcio, en forma de piedra caliza no lejos de la superficie de la tierra. En cierto momento un golpe de pico lo separa y lo envía al horno de cal, introduciéndolo en el mundo de las cosas que cambian. Es calcinado, y todavía colgado de sus compañeros de molécula, es expulsado por la chimenea y sale al aire. Su historia, antes inmóvil, se vuelve ahora tumultuosa. Llevado por el viento, precipitado hacia la tierra, y elevado diez kilómetros, es respirado por un halcón, bajando hasta sus pulmones. No penetra en su sangre y es expelido. Se disuelve tres veces en el agua del mar, una en el agua de un torrente, y nuevamente es forzado a viajar. Transita con el viento durante ocho años: ahora arriba, ahora abajo, sobre el mar o entre las nubes, sobre bosques, desiertos e ilimitadas extensiones de hielo… y entonces pasa a ser capturado para la aventura orgánica.
El átomo del que estamos hablando fue llevado por el viento a lo largo de una fila de vides. Tuvo la buena suerte de rozar a una hoja, penetrarla y ser cosido allí por un rayo de sol. Ahora nuestro átomo forma parte de una molécula de glucosa. Viaja de la hoja al tronco, y desde allí es bombeado hacia un racimo casi maduro que es cosechado por el agricultor para, posteriormente, ser ingerido en forma de uva por una mujer gestante que lo guardará en su seno.

Lo público, lo común, lo compartido es el estado natural de todo cuanto somos y vemos. Lo demás son construcciones ideológicas al servicio de las élites. Nada es realmente nuestro excepto, en todo caso, ese soplo de vida inmaterial que algunos sabios bautizaron como alma.

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