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febrero 6, 2010

Teologías de la Liberación: Pasión, Muerte y Resurrección (I)

La Iglesia más retrógrada intenta silenciar a la Iglesia liberadora

Aunque pueda parecer sorprendente dentro de la institución de la Iglesia Católica han coexistido diferentes tendencias políticas. El Concilio Vaticano II  y la posterior eclosión de la Teología de la Liberación en los años 60 y 70 marcó un hito en la lucha por la justicia y la libertad de los pueblos explotados, sobre todo en SurAmérica. Un nutrido grupo de teólogos hicieron una apuesta claramente aperturista para poner a la Iglesia a la altura de los tiempos y de su misión evangélica. Sin embargo esta línea fue duramente reprimida tanto desde dentro de la Iglesia (Ratzinger, Juan Pablo II, Opues Dei) como desde fuera (CIA, dictaduras criminales) en una estrategia combinada. Un documento llamado “Informe Rockefeller” (1969) elaborado por la CIA establecía las bases sobre las que se debía reprimir a los teólogos de la liberación:

* No se debe atacar a la Iglesia como institución y aún menos a los obispos en su totalidad, pero sí al sector más avanzado de ella; los ataques deben ser de forma personal. Sus actividades deben ser presentadas como relacionadas con la guerrilla. Hay que mostrar que predican la lucha armada, que están ligados con el comunismo internacional y que han sido enviados con el único propósito de desviar a la Iglesia hacia el comunismo.
* Se debe controlar de un modo especial a algunas congregaciones religiosas. La CIA se compromete a colaborar para dar información completa acerca de sacerdotes y religiosos/as sospechosos.
* En principio, se tratará de evitar allanar las casas religiosas porque estos casos producen demasiada publicidad. Los sacerdotes que están en la lista oficial, deben ser detenidos con agentes vestidos de civil y utilizando autos sin matrícula.
* Las expulsiones del país se comunicarán a los obispos como hechos consumados.
* Los arrestos se harán preferentemente en lugares descampados, en calles poco frecuentadas, sin que haya testigos durante la noche. Una vez arrestado el sacerdote o religioso/a se introducirá en su cartera y en su ropa propaganda subversiva y un arma (de preferencia un revólver de gran calibre). Se investigará su pasado de manera que se lo pueda presentar como sospechoso ante el obispo y la opinión pública.
* Algunos medios de comunicación social publicarán cartas que presenten de manera negativa a algunos obispos, sacerdotes y religiosos/as identificándolos como pertenecientes a la línea progresista de la Iglesia. Por otra parte, se deberá acentuar la intimidación ejercida sobre otros medios de comunicación o periodísticos para que no publiquen demasiados detalles de arrestos.
* Se deberán mantener relaciones de amistad con algunos obispos y con algunos sacerdotes nacionales de modo que la opinión pública no pueda sospechar que hay alguna represión sistemática contra la Iglesia, sino contra algunos de sus miembros. Se debe más bien insistir sobre la Iglesia nacional.

Fruto de la esta política sistemática de represión se llega a la eliminación física de Pereira Neto, Tito de Alencar, R. Luberhcin, J.B. Penido, Buernier (Brasil), Rutilo Grande (El Salvador), Juan Alsina (Chile), Héctor Gallego (Panamá), Iván Betancourt (Colombia), Raimundo Hermann Lefebvre, Luis Espinal (Bolivia) y Carlos Mugica, Enrique Angelelli, Mauricio Silva, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville, Léonie Duquet, Alice Dumont, Oscar Romero o Ignacio Ellacuría, entre otros muchos.

Para un análisis completo de la cuestión puede descargarse este excelente y actual estudio, en donde se aborda el pasado, presente y futuro de este apasionante movimiento espiritualista:

teologia_liberacion

Esta entrada tiene su continuación en Teologías de la Liberación: Pasión, Muerte y Resurreción (II).

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