Jesús y el Judaísmo

Jesús, el palestino, inasible objeto de deseo para los ideólogos del choque de civilizaciones

En la última década hemos asistido a la llegada de una multitud de publicaciones cuyo único objetivo es afirmar, de manera compulsiva, que Jesús de Nazaret era incuestionablemente judío. Punto final, asunto concluído, no se admiten preguntas. (Ni siquiera la pregunta … vale, bien, pero … ¿qué es un judío?). Parece evidente que las élites que detentan el poder económico mundial están tremendamente interesadas en fijar de manera indisoluble un pacto o alianza entre los lobbys sionistas y los fundamentalismos cristianos, tratando de apropiarse del icono “Jesús de Nazaret”, como patrimonio exclusivo, como nexo estratégico ideal para ser  utilizado de ariete contra el Islám, en su interesada ideología del “choque de civilizaciones”. El sionismo agresor, completamente deslegitimado en el plano popular internacional, precisa para su supervivencia a corto plazo secuestrar este tipo de símbolos, con la connivencia del fundamentalismo cristiano neoliberal.

A pesar del enorme esfuerzo económico, mediático e intelectual invertido en fabricar “verdades históricas” para dar soporte ideológico a esta alianza neo-colonial, la realidad es tozuda y no siempre se deja domesticar. La relación entre Jesús y el Judaísmo es mucho más compleja, ambigua y contradictoria de lo que, de manera insistente e hiperreduccionista, se nos intenta hacer entender. Basta una breve revisión del tema para darnos cuenta de las realidades escondidas tras el discurso burdamente simplista y lleno de trampas que la cultura del imperio intenta colocarnos:

1. En la época de Jesús el término judío tenía un sentido completamente diferente al que tiene en la actualidad. Judío era entendido, desde un punto de vista religioso, como “creyente en la unicidad de Dios” (monoteísta), en contraposición de los gentiles/paganos que, o bien no creían o bien tenían otros dioses relacionados con tradiciones helenísticas (politeístas) o cultos panteístas. En este sentido amplio Jesús era judío… al igual que lo serían todos los seguidores de cualquiera de las tres grandes religiones abrahámicas en la actualidad, incluídos los cientos de millones de musulmanes que habitan la Tierra. No debemos olvidar que el Islám rinde culto a las enseñanzas de Jesús de Nazaret, así como a los profetas del Antiguo Testamento que es el libro fundacional del Judaísmo. ¿Habrá sitio en el “hogar nacional judío” para tanta gente?.

2. El término judío en la actualidad tiene un sentido muy diferente al original ya que sólo incluye a los seguidores de la tradición talmúdica (menos de un par de decenas de millones de personas en el mundo, es decir menos del 1% de la población mundial). A diferencia de los musulmanes,  los judíos de la actualidad no aceptan la figura de Jesús de Nazaret como un referente de autoridad religiosa. (¿Serán los judíos actuales  menos “judíos” que los propios musulmanes, que sí creen en las enseñanzas de Jesús de Nazaret?). La trampa que nos tienden los “think tanks” sionistas es crear una sensación de identidad entre el judaísmo abierto, inclusivo y pacifista de Jesús (que abarcaría actualmente a casi el 60% de la población mundial, creyentes en las tres grandes religiones abrahámicas) con el actual judaísmo sionista israelí que es cerrado, exclusivista, violento y pseudofascista (menos del 0,1% de la población mundial, un pequeño porcentaje sobre el total de los judíos, ya de por sí un grupo muy minoritario a escala mundial). Cualquier parecido entre ambos conceptos es pura coincidencia, exceptuando la utilización manipuladora del adjetivo “judío”.  El pensamiento único al servicio de las élites tendría una supuesta potestad para manejar el concepto en un sentido abierto,  inclusivo y universalista o profundamente excluyente,  etnocrático y nacionalista según la conveniencia en cada momento y situación.

3. Ni siquiera en la época de Jesús de Nazaret el término “judío” tenía un sentido unívoco. Una vez superado el punto de acuerdo sobre la unicidad de Dios se abrían enormes brechas entre el protocomunismo esenio (corriente en la que, muy posiblemente, estaba encuadrado Jesús de Nazaret), el dogmatismo farisaico o el legalismo saduceo. Hasta tal punto llega la ambigüedad del término que en el propio evangelio se refleja una visión negativa de los judíos como “asesinos de Jesús” y otra visión más positiva como pueblo depositario del mensaje revelado a Moises. La propia prédica de Jesús es una crítica continua a la visión del judaísmo defendida en su época por las autoridades políticas y religiosas, críticas que afectan a núcleos esenciales de la creencia judaica y que, en último extremo, le cuestan la vida acusado de blasfemia. Lo que olvidan decir los intelectuales a sueldo de Israel es que si usamos la acepción restringida del término judío (esa que maneja el sionismo para definir lo que ellos llaman “hogar nacional”), como seguidor de las tradiciones y preceptos talmúdicos… Jesús no era judío.

4. Es muy posible que en la versión original del Evangelio se estuviera apelando a un gentilicio con el término “judío” como natural de Judea, al igual que se usan otros muchos gentilicios en las Escrituras (samaritano, galileo, idumeo, nabateo…). En este sentido hubiese sido menos ambigua la traducción “judeano”. Basta ojear este pasaje de Jn 11, 7-8: “Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. Le replicaron: “Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y otra vez quieres ir allí” para comprender el valor gentilicio del término. En este sentido Jesús tampoco sería judeano (judío) ya que está más que atestiguado que su matriz social, familiar y cultural era Galilea, no Judea. En Jn 7, 52: “Estudia mejor las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas” o en Jn 7, 41: ¿…acaso puede el Mesías venir de Galilea?.

5. A pesar de que continuamente se intenta deslizar interesadamente la idea contraria no hay nada de étnico en la condición de judío. Hay judíos etíopes, sudafricanos, neozelandeses, argentinos, rusos, austríacos… Como ha sucedido en cualquiera de las otras religiones ha habido históricamente una “captación de adeptos”,  que se traduce en “conversiones” realizadas en multiplicidad de nichos étnicos y geográficos, muy diferentes entre si. No en vano la gran mayoría de los judíos que habitan actualmente en Israel no son étnicamente semitas ya que proceden de centro-europa y Europa del Este, constituyendo lo que se conoce como la “nación yiddish”. Los yiddish o judíos askenazíes (el 80% sobre el total de los judíos) son convertidos a lo largo de la historia y por tanto carecen de ningún tipo de vínculo étnico con los originarios judíos semitas. Nunca, jamás los tatarabuelos de estos askenazíes vivieron en Palestina. Si consideramos que, desde un punto de vista étnico y teniendo en cuenta su abrumadora superioridad demográfica, son los askenazíes los que controlan de manera casi completa el manejo, el concepto y el destino del pueblo judío también podría afirmarse que Jesús no es un yiddish (judío). En este sentido el historiador judío contemporáneo Shlomo Sand, antes citado, llega a afirmar que desde el punto de vita étnico los actuales palestinos serían descendientes mucho más directos de los judíos que vivían en Canaán en el siglo I que los que actualmente ocupan Palestina, procedentes originariamente de Europa Oriental.

Canaán, cuna del multicultural pueblo palestino

6. Aún aceptando un lejano y dudoso parentesco entre la mayoría yiddish y la minoría hebrea es necesario recordar que el origen del pueblo hebreo es Mesopotamia, actual Iraq. Los hebreos invaden Canaán (la actual Palestina) entrando en guerra con los habitantes de aquella tierra, que ya venía siendo habitada por los cananeos (ascendientes de los palestinos) desde al menos 10 siglos antes. Las tribus hebreas se organizan en una alianza militar que recibirá el nombre de Israel. Canaán es rebautizada como “Palestina” por los romanos, en honor de los filisteos (Palestina=Tierra de los filisteos), otro pueblo invasor procedente del Mar Egeo y enemigo de los israelitas. Hay pobladores cananeos previos a las invasiones filisteas y hebreas,  que siguen viviendo allí durante milenios, durante la época de Jesús (Mt. 15, 21-28),  tras siglos de dominación romana y hasta la actualidad.

7. En calidad de invasores temporales los israelitas tendrían los mismos derechos sobre tierra cananea que los egipcios, los sirios, los iraníes, los turcos o incluso los británicos, como podemos comprobar en esta sinópsis cronológica. Los habitantes más legitimados para vivir en esa tierra serían los cananeos, es decir los palestinos y sus descendientes. El nombre de ese país no tendría que ser otro que Palestina o Canaán. Dentro de ese país, en justicia histórica, deberían convivir palestinos ateos, palestinos musulmanes, palestinos judíos, palestinos cristianos y palestinos panteístas. Como cuna de religiones debería ser una nación de paz, completamente desmilitarizada.

Respecto a la cuestión ¿Jesús judío, Jesús Galileo o Jesús Palestino? y sus implicaciones existe una discusión abierta en la entrada de la wikipedia sobre Jesús de Nazaret.

6 Responses to “Jesús y el Judaísmo”

  1. Esto es lo que opina hoy en día una buena parte del sionismo realmente existente sobre la figura histórica de Jesús: “Jesús es un mono” –> http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-4276802,00.html ¿Lo considerarán como un mono judío, un mono musulmán, un mono cristiano o un mono extraterrestre?

  2. SU COMENTARIO ES MUCHA LETRA, MUCHA FILOSOFÍA. – SI USTED SE PREGUNTA QUIEN ES JESÚS DÉJEME DECIRLE QUE “EL ES DIOS” Y NO TIENE NACIONALIDAD. ES DIOS SOBRE TODO Y SOBRE TODOS. ESO ES LO IMPORTANTE. “La letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6)

    • Hola Adolfo.

      Ese es un juicio que mucha gente no va a compartir. En cualquier caso en esta entrada hablamos fundamentalmente del Jesús histórico-antropológico, sin entrar en juicios de valor estríctamente teológicos. Saludos.

  3. Excelente aclaración. Digno de un estudio más profundo.

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