Economía jonky

¿Cuál es el límite de resistencia del sistema ante la deuda?

Nuestra economía necesita sus periódicos y cada vez más frecuentes chutes de deuda. El decorado bursátil está hoy que se sale, se le ha suministrado una nueva dosis de “polvo blanco” en sus venas financieras. Estas inyecciones provocan su euforia, de la misma forma que el paciente psicótico drogodependiente tiene un fuerte subidón en la fase maníaca de su trastorno bipolar. Quizás mañana o dentro de una semana pasará a sumirse en la más absoluta de las miserias cuando los efectos del jaco hayan desparecido por completo. El bulímico come para calmar su ansiedad, pero después no puede evitar sentirse abatido ante su imparable y patológica obesidad. Las inyecciones de liquidez generan deuda y pasivo en las cuentas de las entidades financieras y, posteriormente, en las de las administraciones públicas. Lo malo de las juergas es que pronto se acaban, queda después la tristeza amarga de la resaca, los vómitos y los vasos rotos. El enfermo sólo escapará de su miseria mediante un nuevo vuelo virtual a través de la ensoñación del crecimiento perpetuo, ese infantil e imposible pacto con el diablo que le mantendría eternamente joven.

El desdoblamiento esquizoide del capitalismo fabuló, hace ya muchos años, la “personalidad jurídica” en contraste con la “personalidad física”. Fue un gran invento para cargar los déficits en balances contables que nunca serán imputados al patrimonio del propietario. La doctrina que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias necesitaba su coartada legal que sirviera de blindaje para su estafa permanente a la sociedad. La personalidad física se reservó los placeres obscenos de las más jugosas ganancias a costa de los trabajadores y de sus medios de subsistencia. Para terminar de redondear el crimen el capitalismo creó los paraísos fiscales, donde los psicópatas de cuello blanco esconden el fruto de su expolio.

Pero la economía jonky y sus príncipes están condenados a correr agónicamente para escapar del espectro que amenaza con presentarse al amanecer con intención de cobrar su inmenso tributo. El jonky  cava su fosa autodestructiva. Su escape desesparado sólo le sumerge cada vez más en el tunel de su propio e imparable declive.

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