Por una ley electoral algo menos injusta

Una democracia real, una utopía indispensable

Señorías parlamentarias:

Me dirijo a ustedes con el fin de hacerles patente mi preocupación por algo que por enésima vez, han rechazado en el Congreso.

Al parecer, próximamente van a aprobar cambios sobre la LOREG (Ley Orgánica del Régimen Electoral General de 1985), modificaciones a las que no niego su importancia, pero que, sin embargo, olvidan lo que debería acercarnos a un principio democrático por excelencia, el de: “una persona, un voto”.
Aproximarse a ese principio debería ser para ustedes –representantes del pueblo— una obligación ética, si es que, como supongo, creen ustedes en la democracia.

El hecho de que quieran mantener la falta de proporcionalidad y las disfunciones en la asignación de escaños a los distintos grupos políticos que se presentan a las elecciones, no dice mucho en su favor y sí de sus propios intereses partidistas, creando desconfianza en la opinión pública que, como ustedes saben, no tienen a la clase política, precisamente, muy bien valorada.

¿Cómo se puede entender que se mantenga esa falsa proporcionalidad que hace que algunos partidos políticos necesiten unos 66.000 votos para obtener un diputado y otro (el caso extremo de IU/ICV) necesite casi 500.000? ¿Acaso les parece democrática una ley que hace que un voto de unos partidos valga siete veces más de lo que vale el voto de otro?

Como ustedes bien saben, lo ideal para corregir este defecto sería cambiar la circunscripción electoral, pero ésta está recogida en la Constitución y no parece que ustedes estén dispuestos a cambiarla. Sin embargo, hay otras fórmulas que permiten, si no una proporcionalidad total, que haya una aproximación mucho mayor sin modificar la Constitución. De hecho una de las fórmulas sería la que, a petición del gobierno, ha sugerido el Consejo de Estado. Recomendación que ustedes han rechazado.

No es lícito que quien tiene el derecho de defender los principios democráticos elementales se opongan a que la proporcionalidad de “una persona, un voto” se pueda conseguir. No hay ninguna razón, salvo la de sus intereses partidistas para que no se acepte la reforma que ha aconsejado el Consejo de Estado. Así es que todavía están a tiempo, Basta que se pongan de acuerdo y sean capaces de anteponer una representación justa a sus propios intereses.

Si lo hacen, como ciudadanía nos daremos cuenta de que cumplen con su obligación. Porque, señorías, para que sean democráticos los acuerdos que ustedes toman, lo primero que debería ocurrir, es que la representación de la voluntad popular fuera lo más fiel posible a los votos que emite. Hoy no es así. En sus manos queda rectificar algo que parece tan obvio.

También suscriben esta carta los siguientes blogs:

Kabila: La reforma de la ley electoral , Arraio Sound Sistem: La reforma de la ley electoral , Ventanas del Falcón: La reforma de la ley electoral , Henar Moreno: La reforma de la ley electoral , La tercera utopía: La reforma de la ley electoral , Desde la cantera: La reforma de la ley electoral , Moscas en la sopa: Ante la farsa de la reforma de la ley electoral , Punts de vista: La reforma de la Ley Electoral , Enchufe: Ley electoral y encuestas , La rueda del tiempo:Un demócrata, es quien no desprecia al electorado, Enrique Vicente Ciberculturalia, Viramundeando, Noeraaixo, Tiburón blanco, Hacia el Sudoeste, Lagos de Pokara, El Sr. M, Deportado en Siberia, Quien mucho abarca, Agua Va!!, Ceronegativo, Músico Poeta y Loco, Cuando murió el vino, Relatando desde el bajo Llobregat, Esquerra Unida de Cornellá, Des de l’esquerra, Flosofar, A sueldo de Moscú, Groucho

PD: Añado por mi cuenta, fuera del post colectivo, que para seguir acercándonos al ideal democrático la abstención, o al menos los votos en blanco, también deberían ser visibles en el Congreso y en el Senado en forma de ESCAÑOS VACANTES.

4 Responses to “Por una ley electoral algo menos injusta”

  1. Estoy de acuerdo con la carta, aunque también te digo ya de antemano, como politólogo, que es complicado manejar un sistema político proporcional al 100%. Si no, díselo a los italianos, que si no me equivoco, lo tienen o tenían más proporcional.

    Un sistema proporcional puro puede conducir al desgobierno dada la cultura política de este país en que todos queremos ser protagonistas. Si supuesto interés general no funciona ni con los grandes, menos aún con los partidos pequeños. Si ya tenemos ejemplos de partidos supuestamente minoritarios (a escala estatal) que hacen de bisagra, cuántos partidos bisagra habría en uno proporcional.

    Lo de los votos en blanco, suscribo al 100% y no estaría mal que los políticos vieran las consecuencias de sus acciones en su misma casa (el parlamento).

    Por cierto, cambiando de tercio, este viernes hemos reservado sala en el Centro Cívico a las 6. El tema será el mismo que no se tocó el otro día. Para el próximo estaría muy bien hablar de la cultura política.

    Un abrazo.

  2. “una persona, un voto” eso suena tan justo que les asusta la idea tan sólo con imaginársela.
    En cuanto a los escaños vacíos creo que es una buena idea aunque me temo que nuestros políticos están más que acostumbrados a ver escaños vacíos a su alrededor.

  3. Hola quebrantandoelsilencio.

    La diferencia es que ahora muchos cobran por no ir y de esta nueva manera ni van ni cobran. Aparte de los juegos de palabras pienso que la principal virtualidad sería simbólica y mediática (que no es poco) ya que se haría perfectamente visible la profunda escisión que se está produciendo entre los intereses del pueblo y los intereses de estos que dicen representarnos. El cambio en la manera de hacer política sería radical ya que habría que gobernar mucho más para que las personas se sintieran agentes activos de la política y no simples espectadores pasivos como sucede en la actualidad.

    Hola Alfredo.

    El bipartidismo es un completo camelo que solo sirve para dar un barniz democrático al absolutismo de la monarquía financiera. Toda medida tendente a desconcentrar el poder va en la buena dirección, siendo una condición necesaria pero no suficiente para aproximarnos al ideal de la auténtica democracia.

    Saludos a los dos.

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