Política, Socialismo y Religión

Un conjunto variado de instintos, tendencias, pulsiones y herramientas cognitivas conforman nuestro ser social e individual

Entendemos la Política como el relato de las luchas de los seres humanos por intentar organizar la sociedad en la que viven de manera que les resulte lo más soportable y segura posible. Desde este punto de vista sería muy difícil desligar la historia de la Religión de la historia de la Política. La religión se convirtió en una de las primeras herramientas políticas de la que dispusieron nuestros antepasados al proporcionarles colectivamente un bastón intelectual con el que enfrentarse a los insoportables niveles de incertidumbre vital que se desprendían de su extremada vulnerabilidad. No hay cultura antigua que no disponga de un sistema de símbolos y creencias asociado a la perdurabilidad del alma más allá de los límites y miserias materiales del cuerpo. La religiosidad sería pues algo casi instintivo en el ser humano, estando grabada en la propia memoria genética de la especie, de la misma forma que su pulsión política e inseparablemente unida a ésta.

Cuando las primeras mujeres y hombres se encomiendan a aquellos dioses primitivos, invocando su protección contra los enemigos naturales o implorando a la lluvia, al sol o al viento sus favores, estaban haciendo política. No sólo buscaban seguridad y certidumbre sino que además conseguían cohesión, identidad y vínculación social entre los miembros de sus pequeñas y desvalidas comunidades. Sin saberlo estaban construyendo un destino compartido en torno a unos potentes símbolos comunes.

El uso político de la religión se imprime, por tanto, en su mismo certificado de nacimiento. Aunque estamos aún ante una religiosidad multiforme, animista y claramente vinculada con los fenómenos cotidianos de la naturaleza, constituye ya un potente e indispensable puntal de comunión social y, por tanto, un incuestionable factor político. La utilidad del sentimiento religioso era enorme para aquellas primeras mujeres y hombres, tanto en el plano individual como en el colectivo, ya que en torno a él comienzan a tejerse redes de vinculación afectiva y apoyo mutuo en las luchas contra las múltiples adversidades que el entorno les depara de manera cotidiana.

En algún momento evolutivo de nuestra historia esta religiosidad politeísta, expandida y desbordante comienza a ser encauzada por determinados grupos humanos en un nuevo sentido: ¿Si los dioses y sus símbolos pueden ser tan fuertes y útiles como elementos políticos porqué no concentrarlos, unificándolos y multiplicando así su valor y su potencia social?. Va gestándose así el nacimiento del monoteísmo, una nueva fuerza política arrolladora que poco a poco se impondrá, empujando y arrinconando al antiguo y disperso desfile de divinidades múltiples.

Las culturas semíticas de la antigüedad desarrollan este enfoque político monoteísta con resultados muy positivos desde el punto de vista de la supervivencia de sus primitivas comunidades. Encuentran, en torno a su concepción religiosa de nuevo cuño, un factor aglutinante de resistencia contra grupos rivales muchas veces superiores en fuerza o número. Se dibujan así los primitivos relatos bíblicos en torno a las luchas contra la pétrea y politeísta cultura imperial egipcia por parte de tribus nómadas del desierto o, de manera muy posterior, contra la sólida cultura imperial romana. La herramienta del monoteísmo queda validada históricamente con triunfos parciales sobre enemigos que, a simple vista, pudieran haber parecido invencibles. Comienza a dibujarse un mundo aparentemente configurado en torno a dos opciones: creyentes monoteístas y creyentes politeístas, denominados genéricamente como paganos.

Con la aparación del palestino Jesús de Nazaret y las primeras comunidades cristianas la historia de las religiones toma un nuevo giro. La potencia del monoteísmo deja de asociarse a un determinado movimiento de liberación nacional para reclamar una visión universalista que trasciende a grupos culturales concretos. El mensaje religioso aspira ahora a convertirse en un factor de cohesión dirigido a la humanidad en su conjunto, en lugar de utilizarse en clave de “consumo interno”. Este es un cambio copernicano que, aún en nuestros días, sigue pugnando frente  al enfoque restringido, nacionalista, esencialista y estructuralmente violento defendido por influyentes sectores del poder realmente existente. Daría la impresión de que la religión, alcanzado este punto de inflexión histórico que coincide con el alumbramiento del cristianismo, intentara liberarse del lazo indisoluble que la vincula con la política. Sin embargo, tras este intento, emerge (nada más y nada menos) que la aspiración de hacer política en una nueva y diferente dirección, más internacionalista, igualitarista, pacifista y anclada en la búsqueda de una justicia universal. No podría ser de otra forma porque la religión es intrínsecamente política y, por tanto, nunca podrá desprenderse de su otro yo.

Siglos después será la figura de Mahoma en la península arábiga quien transmitirá un nuevo impulso al desarrollo de una visión transcultural e interétnica de la religión. El Islám incorporará al palestino Jesús como uno de sus profetas y, en gran parte, integrará su doctrina social dentro de su propio cuerpo filosófico. Frente a una visión esencialista de la religión, destinada a un hipotético “pueblo elegido” el Islám y el Cristianismo pretenden dirigir su mensaje a toda la comunidad humana en su conjunto, como única nación, como familia planetaria fraterna. También dentro del judaísmo se erigen voces que defienden una nueva interpretación de ese controvertido sujeto histórico conocido como “Casa de Israel” en un sentido inclusivo, humanista y totalizador.

Sin embargo los poderes políticos instaurados, llámense reyes, papas o banqueros, siempre han aspirado a domesticar este fuerza telúrica, como es el instinto religioso intrínseco al ser humano, en beneficio propio. En gran medida lo consiguieron cuando el imperio romano adopta el cristianismo como religión oficial, comprando a sus líderes jerárquicos con todo tipo de prebendas y privilegios. De la misma forma el imperio económico de nuestros días sigue aspirando a cooptar esta fuerza y a sus supuestos representantes en el golfo pérsico, norte de África, Europa o Norteamérica fomentando enfoques religiosos abiertamente dogmáticos y estructuralmente violentos que sirven de coartada para implementar estrategias decididamente represivas como el terrorismo de estado contra las aspiraciones libertarias de los pueblos.

Bajo nuestro punto de vista los sectores más influyentes del socialismo anticapitalista (tanto marxista como libertario) han cometido un importante error estratégico en las últimas décadas al interpretar la relación entre política y religión de una manera desenfocada. El pretender desentenderse de la dimensión intrínsecamente religiosa del ser humano, conceptualizándola en ocasiones como algo que debe ser extirpado, sólo ha conseguido alejarla de enormes masas de  trabajadores, potenciales receptores de su mensaje. Su visión excesivamente intelectualizada de la realidad no ha sabido o querido entender que el ser humano es consustancialmente religioso, de la misma forma que es instintivamente político y materialmente débil, desvalido y limitado. Su visión de la religiosidad como un factor incapacitante para el desarrollo humano en lugar de como una herramienta psicológica evolutivamente valiosa para su ser social e individual, le ha empujado a ceder un enorme terreno en la batalla política, replegándose y entregando a sus rivales ideológicos enormes extensiones de “tierra fertil” a cambio de nada. Haría bien, bajo nuestro parecer, el nuevo socialismo anticapitalista, en enderezar el rumbo de su discurso entendiendo que el componente religioso de la psique humana está aquí para quedarse (al menos durante algunos cientos de años más) y que no es posible construir un relato político sin incorporar adecuadamente elementos que apunten a una cierta trascendencia mística de nuestros actos, decisiones y pensamientos.

La solución podría venir a través de una apuesta decidida por las visiones universalistas del hecho religioso, existentes en todas las grandes religiones, frente a las versiones esencialistas, agresivas y castradoras de la alteridad del cristianismo, judaísmo, hinduísmo o islamismo. Esas visiones estrechas y sesgadas no son más que la apuesta política de los grandes grupos de poder económico, alimentada con sus propios dólares y euros, por llevar el agua religiosa al molino de sus intereses de clase, es decir, intentos por construir teologías de la dominación. Pero frente a estas visiones existen también las correspondientes teologías de la liberación, ancladas en los conceptos de justicia, equidad, reparto, soberanía respeto o convivencia. El socialismo no debe de tener miedo ni complejos de usar todo este imaginario conceptual en lugar de negarlo. Los miles de millones de musulmanes, cristianos, judíos, hindúes o budistas no van a dejar de serlo, de repente, por mucho que ciertos sectores muy influyentes dentro de eso que algunos llaman “la Izquierda política” europea o norteamericana lo deseen.

14 Responses to “Política, Socialismo y Religión”

  1. Perdona que no esté de acuerdo contigo, respeto la necesidad y libertad personal de cualquier creyente en cualquier religión, su seguramente buen corazón e ilusión en sus buenos actos y pensamientos.
    Pero para mí, las religiones y la cristiana en particular, ha sido una barrera para el pensamiento y la evolución humana. Desde los tiempos de la antigua Grecia, con sus grandes pensadores y la posterior romanización, esta era de gran pensamiento sucumbió al oscurantismo del cristianismo que mantuvo a occidente en una era de letargo hasta el nuevo renacimiento, por medio del dogma y el terror, tanto terrenal como espiritual, con manipulación e hipocresía usando la buena fe y necesidad de creer de la desgraciada población en beneficio propio. ¿Cuántas guerras, cuántas muertes pesan sobre la cristiandad y su evangelización desde Constantino hasta nuestros días?. Arrianos, brujería, cátaros, etc todos fueron barridos por la intransigencia de la religión; luchas internas por el poder, cruzadas, evangelización de américa, etc. Los crímenes son tantos que no se pueden comentar todos en unas líneas, así que yo personalmente nunca le perdonaré a la religión todo el mal que ha hecho a la humanidad, y si realmente hubiera Dios creo que no hubiera permitido toda la maldad habida y por haber el este mundo. Al igual que no le perdono al catolicismo sobre todo sus pecados, tampoco al capitalismo todo el mal que está haciendo en nuestros días al planeta.
    En fin, tan solo es una humilde opinión de mi forma de ver la religión y su efecto en este mundo. Elos me han quitado la fe en lo que predican, siendo un fervoroso agnóstico.

  2. Hola jose.

    ¿es el problema la religión o el uso manipulador que reyes, papas y banqueros han echo de ella a lo largo de la historia?. Pienso que afirmar que la religión es intrínsecamente negativa equivale a decir que la política es intrínsecamente negativa.

    Salud.

  3. Tal vez deberíamos distinguir entre religión y espiritualidad (o como se quiera llamar) para evitar las argumentaciones de tipo absoluto. Comprendo lo que explica jose pero entiendo que existen ciertos valores universales asociados a la espiritualidad como son la solidaridad, el amor fraterno, el respeto mutuo,… que son los que unen irremediablemente la religión y la política en su sentido más puro.
    Un saludo.

  4. Hola quebrantandoelsilencio.

    Gracias por tu aportación mediadora. Sin embargo, aún siendo consciente de que mi posición es minoritaria dentro del heterogéneo panorama del pensamiento libertario, permíteme romper una lanza de nuevo a favor del concepto “religión”. Me resisto a entregar esta campo ideológico a los reaccionarios. La religión aglutina a miles de millones de personas en el mundo. Algo me dice que renunciando a integrar ese concepto en el discurso del socialismo anticapitalista nos estamos autocondenando a seguir recorriendo una larguísima travesía del desierto durante décadas. No nos podemos permitir ese lujo. Hay que tomar una posición de avance, no de repliegue. Cuanto más nos repleguemos más difícil será reconquistar toda la extensión de terreno que va ocupando el poder neoconservador. Creo que el socialismo latinoamericano ha entendido perfectamente esta cuestión, solo tienes que ver a Chávez defendiendo con desparpajo que Jesús fue el primer socialista y el primer revolucionario. Ese descaro, impensable para los hiper-intelectualizados líderes del progresismo europeo, le catapulta y le hace creíble ante los ciudadanos. Alguién dijo que en América podría hacerse una revolución sin los cristianos pero nunca contra los cristianos que no en vano son la gran mayoría de la población. Por mucho que nos neguemos a reconocerlo y salvando todas las distancias que se quieran en Europa sucede algo similar. ¿Por qué el socialismo anticapitalista europeo no decide hacer las paces de una vez por todas con las distintas teologías de la liberación que pugnan en solitario contra las jearquías conservadoras y capitalistas de medio mundo?

  5. La izquierda europea hace ya tiempo que debería haber tomado muchas decisiones pero su inmovilismo la ha dejado fuera de juego y ahora se ve relegada a un papel marginal dentro de la política.
    Tienes razón cuando dices que no hay que cerrarse puertas e intentar aglutinar a toda la gente que comparte inquietudes independientemente de la fé que profese cada uno.
    Un saludo.

  6. El problema no es la religión, sé que hay buena intención en muchos creyentes, muchos de ellos consagrados a la ayuda de los demás, como la mayoría de los misioneros, auténticos santos y no la alta alcurnia del vaticano. Históricamente la izquierda explotada siempre ha sentido odio y recelo por los abusos del poder, incluyendo a la iglesia, y la culpa de este sentimiento no es de los pobres, si no de los abusadores. Para mí como te digo la iglesia está deslegitimada sobre la espiritualidad de las personas, tendría que haber una reconversión importante en su institución, pedir perdón por sus errores y volver a los pasos que predicó el primer socialista como tú dices, sobre todo con el voto de pobreza, entonces tal vez habría una reconciliación. El problema es que esta visión generalizada y arraigada de desprestigio llega a todas las clases de la institución, desde la cúpula a las bases, y no debería de ser así, porque debajo del todo en las bases están los que realmente hacen una gran labor humanitaria, algo encomiable y admirador.

  7. Bueno, mi opinión puede parecer simplista o lo es.

    En los albores de la raza humana, la humanidad utilizaba todo su tiempo para sobrevivir y alimentarse, principalmente.
    Cuando hubo algún descubrimiento “técnico”, alguna herramienta que permitía un cierto superávit. Imaginemos que de un quince por ciento. Alguien pensó: “¿Porqué he de trabajar yo? Pero si yo no laboro me van a señalar con el dedo, y tal vez me aparten de la tribu, o me eliminen físicamente” Tras discurrir un tiempo halló la solución. Del quince por ciento que podía estar ocioso, un diez por ciento estará compuesto por mi guardia personal (ejército) y el resto por la corte; completándose por el brujo o chaman y sus ayudantes.

    Con el ejército tenía suficiente para controlar o aniquilar a los descontentos. Y con el brujo, les imbuía el miedo, caso de no obedecer, con el fuego eterno.

    Y así hasta nuestros días, aunque la religión parece que se va sustituyendo por el dios mercado.

  8. Gracias jose, quebrantandoelsilencio y Vicent (bienvenido a este espacio) por vuestras intervenciones.

    Lo que intento transmitir es que, desde los albores de la humanidad, hacer religión no es otra cosa que hacer política. Y hacer política es defender unos determinados intereses de clase (que puede ser la tribu, la nación, la clase trabajadora, la clase capitalista o la clase humana).

    Fíjate, jose, en este párrafo que has escrito en tu primer comentario: “Los crímenes son tantos que no se pueden comentar todos en unas líneas, así que yo personalmente nunca le perdonaré a la religión todo el mal que ha hecho a la humanidad”. Hagamos un simple ejercicio, cambiando la palabra “religión” por la palabra “política”: “Los crímenes son tantos que no se pueden comentar todos en unas líneas, así que yo personalmente nunca le perdonaré a la política todo el mal que ha hecho a la humanidad”. También ese párrafo podría ser suscrito por mucha gente, sin embargo esa idea nos lleva a un callejón sin salida que sólo sirve para entregarle el poder en bandeja a la clase propietaria, a la clase capitalista que son los únicos que disponen de los medios para hacer política mientras transmiten la idea de que son apolíticos. Pero los mercados son muy, muy políticos porque nada es apolítico. La política no va a desaparecer por mucho que la neguemos y la denostemos, simplemente otros la harán por nosotros. Igualmente veo que la religión no va a desaparecer por mucho que la denostemos, simplemente otros la harán por nosotros. Peleemos pues en todos los frentes sin dar por perdido ni un metro de terreno, ni una munición, ni un arma, en esta gran guerra política/ideológica que tendremos que librar en las próximas décadas.

    Salud y gracias de nuevo a los tres.

  9. Excelente articulo!!
    lo he tomado prestado citandote y lo divulgo!

  10. Gracias, Oscar Soto y bienvenido a este espacio de debate.

    Me ha gustado mucho el concepto que has usado en tu blog de “teología de la liberación” Vs (o frente a) “teología de la dominación”. Creo que es muy explicativo y ayuda a entender la misma idea que yo he intentado desarrollar en mi pequeño artículo de opinión. Actualizo el último párrafo del texto para incorporarlo.

    Muchas gracias por la aportación.

  11. Ya has visto esto?
    esta btte bueno el articulo: http://alainet.org/active/44199
    Abrazo

  12. Gracias por el enlace, Oscar.

    El artículo ya estaba enlazado dentro del apartado “Teologías de la Liberación” en esta bitácora. Forcano es uno de los teólogos comprometidos con la otra Iglesia posible y aquí hace una excelente exposición de este apasionante enfoque religioso universalista.

    Un saludo cordial.

  13. Dejo un enlace a un largo, profundo y matizado artículo sobre el tema de esta entrada. Está escrito por un activista anticapitalista, de formación marxista llamado David Karvala. Me gusta mucho su aproximación al tema porque huye de simplismos y dogmatismos, para desmenuzar la cuestión desde un punto de vista reflexivo, dialéctico y lleno de contrastes:

    http://davidkarvala.blogspot.com/2011/06/la-izquierda-y-el-islam.html

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