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febrero 6, 2011

Tres opciones para el futuro del altermundismo

FSM, propuestas rebeldes para un mundo que quiere Justicia, Pan y Libertad

Repitiendo lo que es ya una metodología habitual de los Foros, la Edición 2011 del Foro Social Mundial se inaugurará hoy con una manifestación ciudadana. En este caso, recorrerá las calles principales del centro de Dakar desde el Puerto y la mezquita central hacia los barrios populares del sur de la ciudad. Los recientes acontecimientos en Túnez y Egipto aportarán un nuevo e inesperado estímulo que estará presente en el espíritu agitador de este nuevo Foro. Países, aficanos también, que enseñan estos días al mundo como se pelea (aún a riesgo de la propia vida) por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

Souleyname Bassoun, dirigente social senegalés, que coordina varios proyectos con doce organizaciones campesinas, urbanas y dedicadas a la economía social y solidaria en nueve localidades del país, considera que esta edición del FSM, “no sólo es histórica sino que tiene una potencialidad particular de reforzar los movimientos sociales, ONG y las redes de todo África”. Abriendo, además, nuevos vasos comunicantes con la “sociedad civil planetaria. Demostrando que no estamos solos, que somos muchos en todo el mundo los que apostamos a un cambio de paradigma, de perspectiva, de sistema”.

Por su parte Manoel Santos plantea que, en la coyuntura actual, se abren tres posibilidades de evolución para el movimiento altermundialista que, a buen seguro, se debatirán estos días en la capital senegalesa.

La primera, que fue lanzada por gente como Bernard Cassen, Cristophe Ventura o Ignacio Ramonet, es la del postaltermundialismo –algo así como la apuesta por revoluciones democráticas de izquierdas–, que postula que hay que trabajar, como en América latina, mano con mano con gobiernos progresistas que asuman las propuestas del FSM. Bolivia, Ecuador, Venezuela, o Paraguay y Brasil en menor medida, pueden ser ejemplos de esto. Sin embargo trasladar esta opción a una Europa sin izquierdas alternativas poderosas parece por el momento una quimera.

La segunda vía, defendida por activistas como Susan George, corresponde al famoso “Green New Deal”, o nuevo contrato verde en el que los gobiernos asumirían, además del control del mundo financiero y emprenderían la nacionalización de la banca, una reconversión hacia una nueva economía de bajo carbono, con eficiencia energética, energías renovables, trabajos “verdes”, etc. Se trata, al fin y a la postre, de un nuevo keynesianismo ecológico que sus defensores consideran posible y realista, por cuanto no confían en que se pueda dar una revolución que nos saque del capitalismo –o a lo mejor hablan sólo del neoliberalismo–, cuando menos a corto plazo. Queda por saber si con los niveles de degradación ambiental conseguidos en el planeta –y sus inercias aún no detectadas– hay tiempo para esto y, sobre todo, quien lideraría esta reconversión, pues difícilmente podremos mudar nuestro modelo de sociedad si mandan los mismos, pero con disfraces verdes, y la democracia no se radicaliza.

La tercera vía, defendida por los movimientos más antisistémicos, habla de romper explícitamente con el capitalismo, intensificando el rechazo social y desarrollando el camino hacia la autogestión de nuestras sociedades, la autoproducción, la economía solidaria, el ecologismo comprometido, la democracia radical, el decrecimiento económico planificado, etc. Un modelo que a fe que sería el más efectivo para salvar el binomio planeta-humanidad y alcanzar esa tan añorada justicia global, ese otro mundo posible.

Sea cómo fuere, cada sociedad debe escoger su camino, y Dakar será un buen lugar para fijar conceptos, programas, alternativas… y acciones concretas.

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