Bahréin y el pánico de los dictadores al Islám shií

El shiísmo, una fuerza minoritaria históricamente rebelde e indomable

El 6 de Marzo de 2009 el régimen de Marruecos, liderado por su caudillo Mohamed VI, decidió romper relaciones diplomáticas con Irán. La razón principal para esta ruptura fue que el gobierno iraní criticó al Rey de Bahréin, un monarca afín, amigo y aliado del marroquí, que al igual que él somete y controla a sus ciudadanos mediante un aparato de seguridad dirigido por su familia. Sencillamente eso fue considerado inaceptable. Irán no cuestionaba la soberanía de Bahréin pero si ponía en entredicho implícitamente la legitimidad de los Al-Khalifa para gobernar sobre la base de políticas que excluyen la participación de una mayoría de sus ciudadanos. La larga mano de la familia Saud, una de las más sanguinarias e intolerantes dictaduras del planeta, se adivina tras las masacres contra los pacíficos manifestantes de Baheréin.

Pero… ¿De dónde procede el pavor de las monarquías saudita, alauita y de otros totalitarismos árabes ante los musulmanes shiíes?. La respuesta está en la historia moderna y antigua del Islám. Fue la Revolución de Irán de 1979 la que depuso a otro autócrata como ellos, el Shah Reza Pahlavi, proclamando la República. Por lo tanto se percibe que los musulmanes shiíes (siempre confundidos con iraníes), tienen una tendencia inherente a derrocar “el orden establecido”.

El shiismo antiimperialista desafía los tópicos eurocéntricos

La historia del shíismo, esa confesión minoritaria y ya casi mítica debido a su capacidad para sobreponerse ante ataques brutales de fuerzas superiores en número y recursos, está ciertamente repleta de actos de desafío contra califas percibidos como injustos. Una vez más, y haciendo honor a su fama rebelde y su fortaleza indomable, l@s ciudadan@s shiíes en Bahréin y Yemen dejan su sangre en las calles para denunciar la tiranía de sus corruptos dirigentes. Y lo más remarcable es que, con su sacrificio, se ganan la admiración de decenas de millones de musulmanes en todo el mundo, incluyendo ya a los propios trabajadores suníes que se están sumando a la corriente rebelde en Bahréin. Salvando las distancias y peculiaridades de cada país puede decirse que algo parecido sucede en Egipto, con la unión entre cristianos, islamistas y agnósticos reclamando Justicia y Libertad. Una vez más vuelve a evidenciarse que las guerras entre religiones o confesiones religiosas nunca parten de la gente del pueblo, creyentes sencillos y pacíficos, sino que más bien están prefabricadas por las élites económicas y cleptocráticas que promocionan a los dictadores del mundo.

La guerra de Israel contra Gaza, y la complicidad en ella de los monarcas y dictadores respaldados por EEUU en el mundo árabe (Egipto, Jordania, Marruecos, Arabia Saudí, Bahréin, Kuwait…), sacaron a la luz la profunda y tenebrosa brecha entre ellos y los pueblos que gobiernan. Pero las acciones represivas son características de una autoridad que se espanta ante su propia ilegitimidad. Al tomar medidas tan desesperadas como la agresión brutal contra compatriotas pacíficos esos dirigentes certifican su inexorable decadencia política.

Por qué Marruecos rompió relaciones con Irán

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