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febrero 25, 2011

El problema no está en los dictadores sino en el fasciocapitalismo neoliberal

¿Origen del mal o engranajes del sistema?

Los dictadores no son el origen de la enfermedad, solamente uno de sus síntomas. Los dictadores del Norte de África y Oriente Medio no son la causa de la miseria de sus pueblos sino el resultado de un sistema fasciocapitalista que los crea y los mantiene. Nadie debe olvidar que Mubarak y su régimen eran la plasmación del neoliberalismo económico en estado perfecto. El FMI alababa las políticas “liberalizadoras” de Mubarak hasta unos días antes de la rebelión y jamás puso ni pone reparos al doble juego de los gobernantes que superponen sus decisiones políticas con sus ingresos privados.

Esto no es nada nuevo, ya que la mayoría de los tiranos de las últimas décadas adoptaron el fasciocapitalismo neoliberal como sistema de distribución y explotación de los recursos materiales y humanos disponibles, empezando por Pinochet y terminando por Ben Alí. Todas las élites corruptas que florecieron a su alrededor fueron una inevitable consecuencia del sistema; si no hubiesen sido ellos hubiesen sido otros porque el “bussines as usual” neoliberal tiene implícito en su ADN el soborno, el tráfico de influencias y las comisiones como métodos usuales para conseguir los contratos. ¿Si dispones de capital y contactos que te permiten comprar voluntades para que molestarse en ofrecer buenos servicios a un precio justo?. Mubarak privatizó todo lo que pudo y ofreció el país por trozos a aquellas transnacionales que le garantizaron las más jugosas comisiones. Es el mismo juego de Mohamed VI en Marruecos, de Obiang Nguema en Guinea, de Gadafi en Libia y de prácticamente todos los dictadores. Pero… ¿Es muy diferente a lo que hicieron Aznar o González en España?. ¿Es que acaso ellos no han amasado importantes fortunas personales gracias a los favores prestados en los procesos de privatización de las empresas públicas españolas durante las últimas décadas?.

Todo esto es bien sabido desde hace tiempo. Lo que suele silenciarse es que el corruptor es, al menos, tan culpable como el corrompido. Las transnacionales que han alcanzado contratos mediante transferencias directas a las cuentas del dictador de turno en paraísos fiscales también son culpables de sus crímenes, los gobernantes que han engrasado estas relaciones corruptas también son culpables de las atrocidades cometidas por esos déspotas sanguinarios.

Los parecidos entre los dictadores africanos y los gobernantes neoliberales de los países ricos no acaban aquí: Tanto unos como otros agitan el espantajo de Al-Queda como método para contener el afán libertario de sus pueblos. Hoy han sido el propio Gadafi y el presidente de Iraq los que amenazaban con que el terrorismo islamista cometería atentados si la gente seguía pidiendo reformas en las calles. Exactamente lo mismo que hicieron en su momento Bush, Blair o Aznar para justificar sus inútiles y falaces “guerras preventivas”. ¿Conocerán todos estos dirigentes los movimientos futuros de Al-Queda antes incluso que los propios descerebrados que ejecutan los atentados?.

Para entender mejor las relaciones estructurales entre neoliberalismo, miseria y dictaduras militares es muy recomendable este artículo de Abu Atris aparecido en Aljazeera. Se analizan, entre otras cuestiones, paralelismos y diferencias entre la “caida del muro” a finales de los 80 en Europa del Este y la actual “caida del muro” en el Magreb. En aquella ocasión un pseudocomunismo esclerótico fue sustituído por un “moderno” capitalismo neoliberal. Lo que estamos contemplando ahora es la sustitución de un neoliberalismo fasciocapitalista por un … ¿neoliberalismo islámico postmoderno?. El futuro no está escrito. Lo que sí intuímos es que será más difícil engañar a los ciudadanos magrebíes y arábigos con las hipotéticas bondades de un sistema neoliberal que ya han conocido y padecido, por mucho que ahora los “magos del poder” pretendan pilotar el proceso para que cambien sus apellidos sin que se altere su esencia. Será necesario, por tanto, desmontar las bases del neoliberalismo en estos países para que los tumores dictatoriales no vuelvan a reproducirse con otros nombres o apariencias. No es imposible de conseguir; hay inmensos depósitos de rebeldía insurgente en estos ciudadanos del Magreb y el Medio Oriente para sentar las bases de algo nuevo, de algo mejor.

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