¿Es el conocimiento científico ideológicamente neutral?

Quizás la mayoría de la gente tendería a responder de una manera afirmativa a esta cuestión, sin necesidad de mayores reflexiones. Sin embargo un estudio algo más profundo de la pregunta nos revelará perspectivas discrepantes. Se trata sin duda de un problema largamente debatido desde hace décadas que suele zanjarse, en el mejor de los casos, con afirmaciones del tipo “Debe distinguirse entre ciencia, que siempre será neutra desde el punto de vista político, y aplicaciones del conocimiento científico que sí pueden ser susceptibles de uso perverso por los grupos de poder dominante”. Pero aún esta afirmación, aparentemente juiciosa, sigue siendo muy discutible.

No es raro encontrar, incluso dentro de la izquierda marxista, quienes defienden la creencia de que hay una contradicción intrínseca entre ciencia e ideología. Bajo este punto de vista el desarrollo científico nos hará cada vez más libres al acercarnos al conocimiento de la verdad. Los que así piensan pasan de largo sobre el hecho de que el relato científico de cada época se pone al servicio del sistema ideológico y político dominante en ese momento histórico, de manera que no solo no existe contradicción entre ambos sino que se establece una relación de dependencia entre ellos, como muy bien puede comprobarse  a través de famosos trabajos que figuran en la Historia de la Ciencia, como On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida) de Charles Darwin, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations de Adam Smith, Social Statics de Herbert Spencer o An Essay on the Principle of Population de Thomas Robert Malthus, por citar solo algunos. La influencia de estas obras en todo el desarrollo posterior de la política y en sus correspondientes justificaciones basadas en argumentos científicos y religiosos ha sido enorme y aún pervive de manera muy potente en la ctualidad.

Un indudable componente clasista y legitimador de la desigualdad subyace en la ciencia creada por Darwin

Entendemos que la ciencia no es neutra respecto a los problemas que analiza. Algunos temas acumularán cientos y miles de horas de investigacion mientras otros apenas obtendrán financiación para un puñado de estudios. Por supuesto tenderán a seleccionarse tópicos y desarrollos tecnológicos susceptibles de ser rentabilizados por grandes compañías, especialmente en Medicina, Química, Biología o Farmacia, cuyo beneficio irá destinado principalmente a sus directivos y accionistas, mientras otros hallazgos no inmediatamente orientados a una explotación económica privada serán relegados. Todo el conocimiento que pueda servir para perpetuar el dominio de las élites sobre las mayorías será favorecido, incluido el desarollo de técnicas para manipular los deseos, opiniones y emociones de la población.

La supuesta “comunidad científica”, entendida como algo neutral y objetivo, suele ser otro mito ideológico más: Ahí está la jerarquía, la división del trabajo, las férreas luchas de ego en el seno de departamentos y universidades, las guerras de autoría o los criterios editoriales en las revistas y periódicos con mayor prestigio y audiencia a la hora de seleccionar qué debe ser publicado y qué grado de difusión deben recibir las distintas producciones. No son raros los “estudios por encargo” en Economía, Sociología o Historia, con el único objeto de reunir evidencia científica que dé sustento y legitimidad a una tesis fijada de antemano, con una orientación claramente política. Si las conclusiones se ajustan a la tesis inicial apoyada por los financiadores la retribución para los investigadores será mucho mayor y los encargos de nuevos proyectos estarán garantizados. Desgraciadamente el conocimiento científico se ha utilizado a lo largo de la historia como excusa para la legitimación de la desigualdad, para devaluar el conocimiento popular o los saberes ancestrales o para dotar de una aureola de infalibilidad a grupos e ideas predeterminadas por el poder económico en función de sus intereses particulares. Los depositarios de la verdad revelada se reservan siempre la última palabra para marcar las tendencias sobre nuestros hábitos y comportamientos deseables o, por el contrario, para sancionar lo ineficiente, lo antiguo o lo irrelavante.

Al igual que podemos hablar de teologías al servicio de la dominación y teologías al servicio de la liberación también es posible hablar de ciencia al servicio de la explotación y ciencia al servicio del humanismo. Ningún conocimiento permanece neutral ni completamente objetivo cuando el ser humano lo sitúa bajo la lupa de sus siempre limitados instrumentos intelectuales de análisis. Dios o el diablo nos libren, por tanto, de esos seres celestiales e hipotéticamente neutrales conocidos como “técnicos” a la hora de planificar políticas económicas, culturales, energéticas o medioambientales ya que tras ellos, seguramente, solo se esconderá la ideología de las élites oculta tras un manto de impunidad.

(Esta entrada es deudora de Adolfo Olea, Máximo Sandín y quintaesencia)

Para un análisis más detallado de la cuestión puede consultarse este artículo de Adolfo Olea publicado hace ya décadas pero aún plenamente vigente:

¿Es la Biología un discurso de dominación?-Adolfo Olea

2 comentarios to “¿Es el conocimiento científico ideológicamente neutral?”

  1. quintaesencia nos dejó, en un comentario a la entrada sobre los mecanismos de legitimación de la desigualdad socal, estos enlaces relacionados con la teoría darwiniana de la selección de las especies:

    + Mauricio Abdalla, http://www.decrecimiento.info/2009/02/por-que-celebrar-darwin.html
    + Máximo Sandín, profesor de la UAM (jubilado recientemente) http://www.somosbacteriasyvirus.com/
    + Guillermo Agudelo http://www.iieh.com/
    + Emilio Cervantes, investigador del C.S.I.C. http://www.madrimasd.org/blogs/biologia_pensamiento/.
    + Fernando Vallejo en su libro “la tautología darwinista”

  2. Altamente recomendable el libro “Darwin, el sapo y la charca” (2009) de Abdalla, A; Agudelo, G y Sandín, M. Puede obtenerse fácilmente a través de internet. ( http://www.casadellibro.com/libro-darwin-el-sapo-y-la-charca/9788493514198/1651901 y otros portales de venta online.)

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