¿A quién beneficia la existencia de Al Qaeda?

¿Quién ha pagado el sueldo de este hombre y el de todo su inmenso equipo de trabajo?

Las élites dirigentes de EEUU y Arabia Saudita han tenido un buen acuerdo durante casi 80 años: los saudíes garantizan el suministro ilimitado de petróleo a EEUU a cambio de seguridad militar, impunidad política y certeza jurídica de que los beneficios lleguen directamente a la familia gobernante, en sus múltiples ramas. La familia saudí recibe todo tipo de protección por parte de los gobiernos estadounidenses pese a la represión interna, la falta de libertades y la ideología extremista en que se sustenta. Por dar unos datos, sin entrar en profundidades, Arabia Saudita no tiene Constitución, ni gobierno representativo, ni libertad de prensa, ni de reunión. Las iglesias y sinagogas están prohibidas y los shíies son tratados como apóstatas (es frecuente referirse a ellos con el término peyorativo de “rafiditas”, que se vendría a traducir como “los que rechazan” –rafad-) si hacen manifestación pública de su fe. El 23 de abril se convocaron una especie de elecciones municipales (las primeras de su historia fueron en 2005) en las que las mujeres no han podido votar… Se podría seguir, pero con estos datos basta para entender de qué país se está hablando. No sería excesivo afirmar que estamos ante el estado más totalitario y aberrante de todo el orbe planetario. La única forma de mantener la existencia de un régimen tan despiadadamente tiránico es la creación artifical de una “amenaza fantasma” que pueda seguir legitimando el uso de todo este tsunami de violencia represiva. No cabe duda de que para ellos la marca Al-Qaeda es un negocio estratégico, con unos altísimos niveles de rentabilidad.

En noviembre de 2009 el Ejército de Arabia Saudí entra en  Yemen en apoyo de las fuerzas yemenitas que combatían a los rebeldes houtis. Aquí Arabia Saudita aplicó la misma estrategia que Israel contra los palestinos: operó en aguas internacionales, bombardeó bastiones rebeldes dentro del territorio yemenita (utilizando bombas de fósforo, como Israel en Gaza) y desplazó a centenares de pobladores de aldeas fronterizas para “crear una zona de seguridad” (sic) que pusiese fin “al flujo de terroristas, contrabandistas e inmigrantes ilegales”. La nula reacción internacional a ambas operaciones, debido a “la amenaza terrorista”, indicó a los gobiernos de Arabia Saudí e Israel que seguían teniendo “luz verde” para implementar estos ataques indiscriminados contra civiles indefensos.

Arabia Saudí cuenta con el visto bueno de EEUU, que considera a Yemen una base de operaciones de Al-Qaeda –y así hay que interpretar que sean los saudíes quienes han impuesto, utilizando al Consejo de Cooperación del Golfo, una “solución” a las revueltas populares en Yemen, promoviendo a su candidato, el general Ali Moshen Al Ahmar, un amigo corrupto enriquecido por el contrabando de petróleo en el país más pobre del mundo árabe, como el sustituto del actual presidente en una etapa “de transición”. En Bahréin el ejército saudí también ha intervenido en apoyo de la dictadura amiga reinante.

La única forma de legitimar la represión más brutal, como la que ejercen los gobiernos saudí e israelí contra decenas de millones de habitantes en su zona de influencia es alegar la existencia de una amenza aún mayor. En este punto Al Qaeda juega un papel decisivo. También será necesario agudizar hasta el extremo los odios interétnicos entra suníes y shíies,  otro rol asignado a este grupo cuya financiación no puede provenir de una fuente distinta a la estos ricos y abiertamente criminales regímenes. Las élites israelíes obtienen un beneficio añadido de la existencia de Al Qaeda: Además de legitimar su política de represión, apartheid y asesinatos selectivos contra los palestinos (supuestos amigos de Al Qaeda) consigue estimular enormemente las ventas en su principal sector productivo nacional, que es la industria del armamento y los “sistemas de seguridad” contra amenazas terroristas. El triángulo de intereses EEUU-Arabia Saudí-Israel aparece como el principal beneficiado en la escena del crimen.

Algunos datos para esta entrada han sido tomados de: El declive de EEUU en Oriente Medio

3 comentarios to “¿A quién beneficia la existencia de Al Qaeda?”

  1. Al Qaeda es la coartada esgrimida por el poder norteamericano para cometer todo tipo de tropelías. Invasiones, masacres, expolios y opresión son el resultado de su funesto proceder. Terrorismo teledirigido que señala en la misma dirección, se trata de provocar el problema para después ofrecerle al mundo la falsa solución. Hace décadas se le llamaba a eso “atentados de bandera falsa”.

    Apesta a “autoatentado” en alguna ciudad europea en próximas fechas con al etiqueta de Al Qaeda para seguir manteniendo viva la multimillonaria industria bélica de los EE.UU. Así es como pretenden frenar el cada vez más presente escepticismo entre la ciudadanía.
    Tiempo al tiempo.

  2. Hola P★S:

    Bienvenido a la bitácora.

    Desgraciadamente es posible que sea como dices. Solidaridad, denuncia y apoyo mutuo es nuestro camino.

    Un saludo cordial.

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