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mayo 9, 2011

La lucha contra la desigualdad genera sociedades más felices

Cada vez existe más evidencia científica acerca del hecho de que la desigualdad en la distribución del ingreso tiende a generar sociedades más enfermas, convulsas, violentas, frustradas, crispadas, contaminadas, deprimidas y éticamente empobrecidas. Mucha gente se muestra muy preocupada por la inexplicable deriva pauperizante a la que se enfrentan las sociedades con mayor riqueza material del planeta sin darse cuenta que una buena parte de estos inquietantes e indeseables efectos sociales están directamente asociados al aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso y del poder dentro de los países más hipotéticamente desarrollados.

La lucha contra la desigualdad no es una simple cuestión de ética sino de eficiencia, equilibrio y felicidad nacional

La lucha contra la desigualdad se constituye en un objetivo político de primera magnitud para conseguir sociedades más sanas, educadas y pacíficas, menos violentas y crispadas, más felices, en definitiva. Existen múltiples formas y recetas para combatir la desigualdad que podrían agruparse esquemáticamente en dos tipos de estrategias: La búsqueda de la igualdad a través de políticas fiscales potentes y progresivas, con un importante papel del estado como agente redistributivo (modelo escandinavo) y la búsqueda de la equidad a través de políticas salariales equilibradoras y de participación progresiva de los trabajadores en la gestión empresarial (modelo japonés). En un caso estaríamos ante un modelo pro-activo y redistributivo, que actúa una vez que los ciudadanos ya han obtenido sus ingresos. En el otro caso se trataría de un modelo más preventivo que intenta evitar las acumulaciones de ingreso y poder desde la propia organización empresarial y la gestión de los salarios. Por supuesto ambos modelos pueden ser combinados, en un enfoque que ya se conoce como Democracia Económica.

En cualquier caso no se trataría tanto de las recetas concretas para conseguir la igualdad como del hecho de plantear dicha búsqueda como un objetivo político fundamental que, con toda seguridad, redundará en beneficios para todo el conjunto de la sociedad.  Ante el fracaso rotundo del modelo neoliberal como doctrina política capaz de reducir la desigualdad y a modo de ejemplo podría plantearse una propuesta transicional de inspiración keynesiana. En este caso viene facilitada por el prestigioso economista Vicenç Navarro, con el objetivo de aproximarnos en el corto plazo a ese objetivo tan incuestionablemente deseable para el bien común, como es la reducción de las desigualdades sociales en la distribución del ingreso:

1.    Aumentar la inversión pública como motor en la creación de emplo.
2.    Reforzar a los sindicatos para poder restablecer pactos sociales más favorables al mundo del trabajo.
3.    Hacer reformas fiscales profundas que determinen una redistribución de la renta orientada hacia la amplia cobertura de servicios y necesidades básicas para las clases populares.
4.    Combatir decididamente contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales
5.    Establecer Bancas Públicas, exigiendo además, como condición de ayudas a la banca privada, que tales ayudas estén asociadas a la provisión de crédito.
6.    Eliminar la independencia del BCE y de los Bancos Centrales respecto a los parlamentos y a los órganos donde reside la soberanía política de los estados.
7.    Coordinar las políticas económicas, fiscales y sociales a nivel europeo, estableciendo unos mínimos obligatorios de recaudación.
8.    Establecer convenios colectivos a nivel de toda la Eurozona y a ser posible de toda la UE.
9.    Imposibilitar el movimiento de capitales para fines especulativos
10.    Establecer un presupuesto de la UE que alcance (como sus fundadores exigieron) un mínimo de un 7% del PIB europeo. Y que tal presupuesto sea aprobado por el Parlamento Europeo.

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