Ratzinger, rey de los mercaderes

Tras la finalización de las Jornadas Madrileñas Ratzinguerianas es obligada una pequeña reseña del evento. El primer dato a destacar es que la indisimulada alianza entre la cúpula vaticana y los portavoces del fasciocapitalismo que hoy asfixia al planeta, ha cubierto de vergüenza a muchísimos cristianos. Botín, Aznar, Rato y tantos otros terroristas financieros, responsables directos de la epidemia mortal que estrangula hoy la vida de millones de seres humanos, se presentaron como patrocinadores de los actos convocados por la secta vaticana. Ellos son los grandes fariseos del siglo XXI, ellos son los mismos mercaderes a los que Jesús expulsó del templo,  ellos son sus asesinos.

Ya se sabe que el politburó vaticano es lo más parecido que existe en la actualidad al gobierno totalitario y piramidal de la peor época estalinista, en donde una pequeña nomenklatura dirigía con mano de hierro los designios de una gran institución. El partido único endogámico del gran episcopado, formado por no más del 0.01% de la comunidad de creyentes, designa a sus sucesores, dicta unilateralmente las consignas ideológicas de la organización y goza en exclusividad del poder para imponer normas y manipular a su antojo el mensaje evangélico. Por supuesto Mr. Ratzinger ni siquiera representa, hoy por hoy, a una exígua minoría de los cristianos del mundo. Sólo es el lider de la facción más minúscula, arcaica y retrógrada de la extensa comunidad católica. Si la Iglesia fuera democrática, si sus jefes fueran designados mediante elecciones limpias en libre debete con personas valientes y comprometidas con el pensamiento cristiano, este señor no conseguiría ni el 5% de los votos. Muchos creyentes de nuestro tiempo están más próximos al obispo Casaldáliga o al libertario Tolstoi que al inquisidor alemán, acérrimo enemigo histórico de aquellos sacerdortes que defendieron la opción por los pobres. El auténtico cristianismo, con su comunismo primitivo, el feminismo, el sindicalismo, el indigenismo, los movimientos libertarios, el ecologismo e incluso la visión marxista de la economía, están en el mismo lado de la trinchera. Enfrente de ellos, en el otro lado, está el capitalismo. La igualdad y la dignidad, por mucho que pese a los amos del dinero, son aspiraciones presentes en toda la historia de la humanidad. Estas metas inquebrantables emergen siempre en todos los pueblos oprimidos por la tiranía de los grandes propietarios desde el principio de los tiempos. La lucha por la igualdad y la dignidad, por tanto, no son patrimonio de nadie, ya que está inserta en el mismo devenir de la historia del ser humano. Usted, Mr. Ratzinger y todos sus amigos fasciocapitalistas van de la mano en el bando de los opresores, de los explotadores y de los que luchan precisamente para que la igualdad y la dignidad no lleguen a materializarse.

Respecto a su afirmación de que sin Iglesia no hay Cristo cabría decirle de nuevo que vd. y su jerarquía no son la Iglesia. Por supuesto si su idea hace referencia a la cúpula eclesial, a su politburó vaticano, estaríamos de nuevo ante otra más de sus torpes mentiras, que demuestran un profundo desprecio hacia el mensaje evangélico. Recuerda Mr. Ratzinger: “Si tú no hablas de mí, hasta las piedras llevaran mi mensaje” y “Donde esté uno de vosotros reunido en mi nombre allí estará mi espíritu”. ¿Para qué te queremos a ti y a tus amigos?.

6 Responses to “Ratzinger, rey de los mercaderes”

  1. En realidad quien “separa” a la verdadera Iglesia , que somos todos los que creemos en Cristo Jesús, es la Iglesia de Roma, quien abiertamente afirma que “fuera de ella no hay salvación” (Catecismo 846) y que además cataloga de hereje a todo fiel que no acate sus disposiciones doctrinales [*]. Y si de la Iglesia de Cristo hablamos, más bien los “separados” son quienes han decidido seguir mandamientos y tradiciones de hombres antes que obedecer lo revelado por Dios en la Escritura.

    [*] “Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma…” (Catecismo 2089)

  2. CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO AMIGO SANCHO…

    Efectivamente, con una Institución de largo recorrido, que se toma los tiempos con otra medida, quizá esto y el ansia de creerse de otro mundo permiten a la Iglesia Católica, soportar con estoicismo los sucesivos desgastes que va sufriendo a lo largo de su historia terrenal.

    Tengo el gusto, por tanto, y el reto, de cuestionar a una Institución que no sólo sobrevive a sus críticos, si no también a sus cuestionamientos, ¡qué osadía la mía!. Y aunque el abordaje podría realizarse por la popa, y al atardecer, no me voy a privar de iniciarlo con todo el riesgo que supone, de frente, con las velas henchidas, a plena luz del día, y con el viento en contra. Porque a instituciones con la tradición y el ideario de la Iglesia se le puede exigir autenticidad, fidelidad a los valores de sus libros de cabecera, como entendemos es el Evangelio, -una oda a la liberación del hombre, a la justicia-, y a promover el Amor entre los hombres en pie de igualdad, porque todos somos Hijos de Dios. Y es que resulta demoledor observar como las jerarquías eclesiales, (léase obispos y gerontocracia vaticana), olvidan el objeto mismo de su Ser, es decir: la construcción del Reino de Dios en la Tierra, promoviendo tiempos de esperanza.

    La imagen del señor Rouco Varela, rodeado de los primeros espadas del capitalismo patrio (los dueños del IBEX 35)1, dejándose querer y lo que es peor dejándose pagar la visita de su jefe el señor Ratzinger, (amén de los cuartos que aportan las Instituciones Públicas de los dineros de todos los españoles), no parece muy coherente con los principios evangélicos, menos aún con las bienaventuranzas y demás principios que parece que ellos predican. No son tiempos de justicia terrena, menos aún social, no son momentos para confraternizar con los que hacen sufrir a los sencillos y a los pobres. Quizá estemos a la puerta de tiempos más proféticos en los que la denuncia y la revuelta contra la injusticia y la estafa del sistema económico resuenen con más fuerza y ayuden a construir el Reino de Justicia, de Igualdad, de Paz, que los cristianos parece que anhelan, al menos así viene reflejado en sus textos, y vive Dios que espero que sus anhelos no se queden en mera literatura sagrada. El Reino de Dios en la Tierra, no es otra cosa que el esfuerzo cotidiano por la construcción de un mundo en el que todos los Hijos de Dios tengan su lugar en pie de Igualdad.

    Con franqueza y dolor, no percibo esos anhelos en señores como Rouco Varela o Gil Hellín, más bien me duele sentir como utilizan su grey para los intereses de los que les pagan. Larga es la tradición/traición de la Iglesia en este sentido, y es que la tentación del poder, fue tan fuerte que arrastró a Ambrosio de Milán a los brazos del emperador Constantino en el lejano siglo IV, hasta que logró imponer la oficialidad de sus creencias, por encima de las personas, sin embargo esto alejó la construcción del Reino de Dios durante mucho tiempo. Desde entonces los príncipes de la Iglesia han preferido codearse en pie de igualdad -solo ellos- con los más poderosos de la tierra, e incluso han querido superarlos. Muchos de los obispos actuales, entre los que se encuentra Rouco Varela son excelentes epítomes de esta execrable tradición. En su versión local burgalesa contamos con Gil Hellín2, que recupera símbolos y formas de poder en proceso de superación. Retorna al Palacio Arzobispal de Burgos, como su residencia principesca, tras invertir la considerable cifra de 2.400.000 euros. No contento con ello es amigo de formas autoritarias, castigando a los críticos y premiando con dádivas y prebendas a los fieles, gobierna con oscurantismo y obviamente sin ninguna rendición de cuentas, apartando a las escasas instancias de participación existentes en su diócesis.

    Me reconforta, ya desde la distancia, saber de la militancia de otras iglesias, que desde dentro luchan por mantener otra llama prendida, por ejemplo saber de la existencia de “Iglesia Viva” en Burgos, que saca a relucir los excesivos gastos del Arzobispado y cuestiona su silencio ante la injusticia inoperante. ¿Dónde están los obispos cuando se producen desahucios de los protagonistas de sus Bienavenuranzas? ¿Dónde están cuando los beneficios empresariales crecen un 22% en pocos años, disminuyendo las rentas de trabajo en el mismo periodo? ¿organizan manifestaciones clamando contra la injusticia, contra el abuso, contra la estafa continua de las élites político-económicas? ¿Acaso protestan colectivamente o proponen jornadas de oración en las que reflexionan sobre un sistema construido para que una minoría exprima a la mayoría? ¿Se rasgan el alba cuando celebran la eucaristía lamentando el sufrimiento de su pueblo? ¿Proponen medidas de resistencia pacífica cuando observan como se dispone de crédito para salvar a la banca mundial, mientras que se escatiman recursos para evitar la muerte de personas de hambre en un mundo en el que se producen suficientes alimentos para todos? Los jerarcas cristianos dicen que defienden la vida, pero sólo lo hacen cuando tocan temas como el aborto, o la eutanasia, cuando temen perder el control sobre la sexualidad de sus abonados, jamás cuestionan o critican con decisión las estructuras que generan tanto dolor, por tanto, podemos afirmar, con una gran decepción, que una vez más son cómplices, en sus juegos y flirteos con las élites de poder. Cierto es que se justifican a través de algunas encíclicas o textos que recogen crípticamente algunas de estas cuestiones, pero que sólo pregonan en círculos restringidos para que sus “amigos del Gran Capital” no les saquen los colores.

    Algunos de los exégetas más conspicuos de la jerarquía católica claman contra el abandono de Dios, afirman con soberbia que en esta sociedad no hay espacio para Dios, y acusan al laicismo reinante de su fracaso, de sus templos vacíos, de los pocos que pretenden llaman a sus centros de formación, de la deserción masiva de una juventud y del envejecimiento de sus fieles, todo ello para ocultar las responsabilidades propias de una traición secular que ha oscurecido el mensaje de esperanza del evangelio y sólo habla de culpa, de obediencia ciega a un sistema injusto, de negación y pánico ante la sexualidad, que relega a las mujeres… ¿cómo pueden si quiera plantear que sus propuestas son atractivas? ¿de qué pueden extrañarse? A pesar de todo, quedan auténticos cristianos que tratan de vivir con pasión y entereza el mensaje de Amor para todos, no sólo para algunos potentados -como bien seleccionan organizaciones como el Opus Dei-, que tratan de abrir la Asamblea al pueblo de Dios, participando en pie de igualdad. Porque el significado etimológico de la palabra Iglesia, no es otro que “ecclesia”, que viene a decir: Asamblea.

    La jerarquía de la Iglesia, más aún la española, incluido el obispo opusiano de Burgos, está enferma de soberbia y nacionalcatolicismo mal digerido, de machismo, de autoritarismo y de ansias de poder, que nos retrotraen a unos tiempos en los que la presencia de la religión sólo infundía temor, muy alejados del amor, que según cuentan quería transmitir Jesús de Nazaret.

    Desde hace algunas décadas, la Iglesia Católica ha sufrido una cooptación por parte de algunos de sus personajes más obscuros, facilitada por el difunto señor Wojtila (Juan Pablo II), así han escalado a los puestos de máximo poder personajes opuestos a lo que significó el Concilio Vaticano II, en cuanto a apertura, renovación y retorno a las fuentes del Evangelio. Personajes como Ratizger, Rouco Varela y tantos obispos, sienten sarpullidos ante las fórmulas participativas que representan concilios, sínodos, ellos prefieren las bambalinas del poder vaticano, y el ejercicio de la jerarquía autoritaria, apropiándose del patrimonio intangible no sólo de los cristianos si no de la humanidad entera. Su deseo de poder empuja a los auténticos cristianos a las catacumbas de la fe y la resistencia, mientras las élites eclesiales que se seleccionan a sí mismas en oscuros procesos de elección tratan de asentarse en los solios de su poder, fundamentándose en una doctrina a su medida y a la de sus “mecenas” económicos. Un viejo binomio, unos se apropian de la riqueza y otros se encargan de bendecir estos procesos de apropiación indebida. ¿Es este el mensaje de Jesús de Nazaret?.

    El valor que le falta a la jerarquía, tienen que aportarlo algunos de los cristianos para seguir promoviendo la igualdad de los hombres y las mujeres en la Iglesia, el respeto a otras creencias u otras opciones, la participación de los creyentes, el cuestionamiento de una autoridad que recurre, no tanto a las fuentes sino al derecho canónico, y en el fondo recuperando los valores de solidaridad, justicia, amor y lucha contra las injusticias de los que rebosan los Evangelios.

    Tras los cascotes de los fuegos de artificio que organizan las jerarquías en Madrid, quedará, una vez más el lento y callado, -cada vez menos-, trabajo de unos cuantos que aún creen que merece la pena el mensaje de Jesús de Nazaret, en el que todos, según él, somos Hijos de Dios, y debemos tener las mismas oportunidades, y sobre todo debemos arrimar el hombro para construir el Reino de Dios en la Tierra. ¿Llegarán estas palabras a los encerados oídos de la jerarquía?

  3. Hola Raúl.

    He tomado parte del texto de tu comentario para elaborar una nueva entrada: https://alterglobalizacion.wordpress.com/2011/09/14/otra-iglesia-es-posible/

    Por supuesto quedas citado en la cabecera del post como autor.

    Si no te parece bien házmelo saber y lo eliminamos.

    Un saludo fraterno.

    • Fraternidad, comunión de los santos, caridad: Invitan a compartir el pan que alimenta el cierpo y ese otro pan mas sutil que alimenta el espíritu.
      Nada de lo que poseemos es nuestro, se nos dió gratuitamente, así de forma graciable y fraternalmente hemos de compartirlo.
      Toma de mi, todo lo que precises.

  4. Gracias, Raúl. Un enorme placer volverte a leer por aquí. Espero que estés bien. Abrazos.

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