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marzo 18, 2012

PP, caballo de troya en el corazón del modelo social

Llegar al poder para dinamitar los derechos sociales desde dentro, gran ideal neoliberal

La pobreza es la lógica consecuencia de la ineficiencia y de la falta de competitividad. Los pobres son los principales culpables de su propia situación y, por tanto, su desatención y progresivo abandono por parte de los poderes públicos están plenamente justificados . Esta máxima (que parece desprenderse con claridad de los  exitosos libros de Friedman, Hayek y otros muchos discípulos) supone la derrota más aplastante y estrepitosa del ideal cristiano, 20 siglos después de su fundación por parte de Jesús de Nazaret. Desde ese punto de vista ayudar a los necesitados puede convertirse incluso en una conducta indeseable, ya que supone una interferencia anómala sobre las leyes naturales que rigen los mercados y que se encargan de colocar, de manera “científica”, a cada uno en el lugar que le corresponde. La potencia simple y letalmente contundente de esa ideología del egoísmo explica que fórmulas políticas como la del PP gocen de buena salud en el estado español. El PP ya no oculta su programa que no es otro que el desmantelamiento de los mecanismos que pueden ayudar a sostener, aunque sea por la mínima, una sociedad construida sobre presupuestos justos e igualitarios y sobre la garantía de derechos básicos. Una buena parte de la sociedad, que pretende aferrarse a un mundo que se descompone, fantasea con el sueño de que la ley del más fuerte les hará a ellos más ricos y felices, y que todo (más pronto que tarde) volverá a ser como antes, cuando sus posesiones se revalorizaban y sus salarios crecían. Se trata de esa parte de la sociedad que vendió su alma al diablo de la deuda privada con la secreta esperanza de ser más listo que él y escapar de sus garras.

La evidencia empírica demuestra que el mundo es cada vez más desigual, los ricos son cada vez más ricos, las clases medias se empobrecen y la mancha negra de la pobreza se extiende y se ensancha por todo el planeta, en medio de pequeños islotes de opulencia. Ese es el balance palpable de la aplicación planificada de las teorías de Friedman y Hayek, es decir, del modelo capitalista mundializado, sin oposición ni contrapeso por parte de ninguna otra ideología política. Los distintos partidos neoliberales que han ido entrando en los diferentes gobiernos europeos han aplicado las mismas políticas durante las últimas décadas y el resultado final siempre ha sido el mismo: Desigualdad, precarización y pérdida de derechos. Las democracias son vaciadas de contenido, los presidentes electos son sustituidos por otros designados por las élites financieras, los referéndums son prohibidos y los países que intentan desarrollar modelos y políticas independientes son castigados. El último caso es el de Hungría, cuyo primer ministro quiere promover una Banca bajo control parlamentario (una auténtica herejía, según se desprende del tratamiento concedido a la noticia por los grandes medios de comunicación) y que, de una forma no exenta de argumentos, ha comparado al directorio político-financiero de la UE con la antigua URSS.

Todo parece indicar que los derechos en Europa tendrán que seguir cayendo y que se le presentará al pueblo está caída como algo inevitable. Algo así como un tsunami liberalizador que avanza hacia nosotros para purificarnos y que, además, no es posible detener de ninguna manera. El bienestar es insostenible, nos repiten, algo antiguo y trasnochado. Lo moderno es trabajar como los chinos. El trabajo te hará libre. El caballo de troya en el corazón del modelo social de derecho seguirá haciendo su labor, desmantelando piedra a piedra las conquistas de décadas pasadas, hasta donde puedan y les dejemos.

La realidad es que nada de esto es inevitable y que el mundo en que vivimos es el fruto de decisiones ideológicas diseñadas por una élite que se ve tremendamente beneficiada por estas reglas de juego. Una parte de la ciudadanía, presa de sus adicciones, fantasias y debilidades, prefiere agredirse a si misma otorgándole su confianza a quien, a buen seguro, va a maltratarle. Renunciarán a su dignidad con la esperanza de que, al ponerse del lado de la mesa del rico,  les dejarán alimentarse de sus migajas.

Pero mientras eso sucede otros muchos irán construyendo un modelo nuevo, basado en la democracia inclusiva, un futuro post-capitalista del que podrán beneficiarse los hijos e hijas de los que ahora destruyen nuestro presente.

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