¿Déficit o Deuda?: Así te estafa el poder

Engaño, mentira y manipulación, armas fundamentales del terrorismo financiero

La crisis capitalista en España sigue su curso previsible. El sentido común nos indica claramente  que un sistema que lleva inscrito en su código genético la ausencia de responsabilidad individual por los ataques económicos perpetrados contra la colectividad y la constante generación de cotas crecientes de desigualdad, no puede tener otro fin que el hundimiento. Las cúpulas que dirigen el negocio hicieron girar todos los focos mediáticos hacia el déficit público (diferencia entre los ingresos y los gastos que generan las administraciones públicas de un Estado en un año). Se escogía así, entre todos los posibles, el parámetro más conveniente para los fines políticos deseados por dichas cúpulas, que no eran otros que el desmantelamiento de las garantías de la cohesión social y el sometimiento de la ciudadanía al poder de las élites económicas. Mientras tanto restaban importancia a otros parámetros, mucho más decisivos para entender el funcionamiento general del sistema y su sostenibilidad futura, como son la deuda total, la deuda privada (diferencia acumulada entre ingresos y gastos, generados por empresas, bancos y particulares) y la deuda pública (diferencia acumulada entre los ingresos y gastos generados por el conjunto de las administraciones públicas).  Dicho de otra forma, la deuda sería la resultante final de los déficits acumulados y de los “proyectos” aún no rentabilizados (y posiblemente nunca). Se contrae deuda con objeto de cubrir los déficits y/o inciar nuevos proyectos para los que no se disponen de ahorros. El sistema es un gigantesco cuento de la lechera en el que la leche derramada suele ser pagada por el que la pisó y no por quién rompió el cántaro. Otros también lo podrían llamar “estafa piramidal”.

Aprovechando la falta de formación de gran parte de la población se nos introduce la absurda idea de que el montante total de la deuda acumulada por todos los agentes económicos es mucho menos importante que los números concretos de la deuda anualizada (déficit) de las administraciones públicas. La teocracia bancaria pretende hacerle creer al pueblo que la hipotética correción de un problema insignificante en tamaño será la palanca de salvación para todo un sistema quebrado y corrupto, es decir, algo equivalente a pretender convencernos de que es posible curar un cáncer con una mezcla de aspirinas y espiritismo. El sistema ya no tiene credibilidad porque no tiene ningún plan de futuro que ofrecer. Corre despavorido, como pollo sin cabeza y sin destino. Simplemente nos exige fe y sumisión para que lo acompañemos en un viaje, que ya todos intuímos, a ninguna parte.

Los secuestradores de Bankia han pedido 18.000 millones de euros más por el rescate de la entidad a los pueblos que configuran el estado español, a añadir a los 4.500 millones de extorsión que ya fueron entregados en un primer pago. El gobierno cleptocrático, al cuidado de los intereses de sus amos, no ha tardado en garantizarles miles de maletas llenas de dinero caliente, recién robado de nuestras carteras y salarios. Ante la opinión pública no tardarán en contarnos que el dinero pagado no aumentará el déficit, sino la deuda y se quedarán tan panchos. Como el país tiene una baja deuda pública, en comparación con sus socios, no habrá problema en subirla varios dígitos de una vez. La contbilidad mágica y creativa del “birli birloque” puede aumentar la deuda mientras baja el déficit, en una descomunal burla a la ciudadanía.

La deuda es la más antigua forma de esclavitud

La esclavitud por deuda (algo que está sucediendo a Grecia y que pronto nos sucederá a nosotros, en el momento del inevitable “rescate”) es uno de los problemas más antiguos de la humanidad. Los países de África, Asia y América Latina lo conocen muy bien, de la misma forma que lo conocían los habitantes de Palestina y de todo el Oriente Medio en la época del Antiguo Testamento. La solución a esta cuestión clave, propuesta desde aquellos lejanos días por nuestros antepasados, por los profetas y, para los creyentes, por el propio Dios, no era otra que el Jubileo: Condonación total o parcial de la deuda  (“Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”) y liberación de los esclavos.  La doctrina bíblica al respecto puede encontrarse en múltiples textos, entre los cuales exponemos algunos ejemplos: Éxodo 22:24-26; Levítico 25:35-37 y Deuteronomio 23:20.  Una y otra vez se insiste en la prohibición de los préstamos de dinero o alimentos con interés a un hermano o hermana necesitados  ó incluso a un residente extranjero. Otros libros de la Biblia subrayan la importancia de ésta prohibición sobre los intereses.  Por ejemplo, Salmo 15:5 caracteriza a un hombre justo, como uno que, entre otras cosas, “presta su dinero sin interés”. Tanto Ezequiel 22:12 como Nehemías 5:1-11 condenan prestar dinero con interés, especialmente para los pobres.  Ezequiel 18:13 señala incluso al préstamo de dinero con intereses como uno de los pecados dignos de muerte. ¿Cómo y por qué llegaron los antiguos a esta conclusión?, ¿Qué conexión guardan esas recomendaciones “proféticas” con el rabiosamente actual problema de los deshaucios a familias con todos sus miembros en el paro e hijos pequeños a su cargo?.

La traducción a nuestros días de todo esto sería la auditoría exhaustiva de la deuda, condonación total de la deuda odiosa, pérdida de patrimonio de los accionistas y especuladores, recuperación de bienes y encarcelamiento de los banqueros, empresarios y políticos que se han lucrado obscenamente y han espoleado el problema con su avaricia criminal, creación de una banca pública ética y democrática que preste sin interés, reformulación profunda de todo el sistema monetario, reformulación de las leyes de propiedad sobre la tierra, los recursos naturales y los medios de distribución de manera que se imposibilite cuaquier forma de acumulación, armonización fiscal al alza y con fuerte progresividad, desmantelamiento de los paraísos fiscales y confiscación de los fondos allí depositados, renta básica de ciudadanía y establecimiento de un tope máximo de beneficio empresarial. Ayer, hoy y mañana puro sentido común.

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P.D.: Si las cúpulas vaticanas tuvieran la más mínima sensibilidad cristiana hace tiempo que estarían exigiendo cada día todo esto a gritos y, por supuesto, habrían condenado como profundamente antirreligiosa, antievangélica y anticristiana la reciente reforma de la Constitución española, en la que se establece la prioridad aberrante del pago de la deuda sobre la cobertura de las necesidades básicas de las personas. En el libro fundacional de las tres grandes religiones monoteístas podemos encontrar también interesantes reflexiones sobre el derecho de propiedad sobre la tierra (Levítico 25:23), sobre el disfrute de sus frutos, sobre la forma de trabajarla y sobre la obligación de cuidarla. Aunque estos libros han quedado completamente desfasados en sus prescripciones sobre moral sexual, papel de la mujer en la sociedad, castigos corporales o uso penal de la violencia, siguen conteniendo ideas importantes sobre otras muchas cuestiones relativas al bien común y a la perpetuación de la especie humana sobre la Tierra. Incluso para los no creyentes se trataría de lecturas enriquecedoras como tratados históricos de Antropología Social, Derecho y Filosofía.

8 Responses to “¿Déficit o Deuda?: Así te estafa el poder”

  1. ¡Ay!, amigo Javier, con las religiones hemos topado. La Católica -universal- es el invento de los vividores que cargan al pueblo con pesadas cargas económicas y dogmáticas. Amigos del poder que, como en los tiempos del cruel y despótico Herodes el Grande gravan con grandes impuestos que, se hacen insoportables
    Jesús -El Hungido- se encarnó para darnos a conocer al Padre Misericordioso, para inagurar la fraternidad y el amor del Reino de los Cielos aquí en la tierra Ese Reino de Justicia al que han declarado la guerra y pretenden enterrar los poderes fácticos.
    Una Iglesia sin religión, siempre es preferible a una religión sin Iglesia. No esperemos el apoyo de las víboras del Templo para clamar, donde sea menester, contra la injusticia.
    Apliquemos nuestra innata y verdadera Ley, que emana de la dignidad que nos dá el ser hijos de Dios, para juzgar y condenar a los impostores y falsarios que nos juzgan y esclavizan con sus perversas leyes.

  2. ¡Ya está bien de pancartas, protestas y humillaciones!. Con la AUTORIDAD que emana de la dignidad de todo hombre, por ser hijos de Dios, apliquemos el Código Penal para juzgar a los corruptos y usureros por el delito de lesa humanidad: Artículo 607bis1. Son reos de delitos de lesa humanidad quienes cometan los hechos previstos en el apartado siguiente como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil o contra una parte de ella ( Políticas antisociales – Legislación perversa – Robos sistémicos – Usura – Modificación de la Constitución sin referendun…).
    Los reos de delitos de lesa humanidad serán castigados: Con la pena de prisión de 12 a 15 años si produjeran alguna de las lesiones del artículo 149, y con la de ocho a 12 años de prisión si sometieran a las personas a condiciones de existencia que pongan en peligro su vida o perturben gravemente su salud.(Desahuciados atados con cadenas a deudas que no prescriben – Parados de larga duración sin ayudas sociales – Emigrantes sin prestaciones médicas).

  3. La deuda no es la suma de los déficits anuales, como mucha gente cree. Están metiendo en el capítulo de la deuda lo que a las élites le interesa potenciar y en capítulo del déficit lo que las élites quieren cargarse: http://www.fedeablogs.net/economia/?p=33794

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