El Sionismo, el Judaísmo y la Teología

Viernes Santo. 2013

Israel sigue siendo un pueblo fracasado. Este mensaje resuena una y otra vez en el Antiguo Testamento, piedra angular del Judaísmo. Desde un punto de vista teológico Israel ha traicionado su Alianza fundacional con Dios debido a sus múltiples e innumerables pecados; por ello es un pueblo condenado a un éxodo simbólico y a una diáspora exculpatoria. Juan el Bautista vuelve a recordarlo en el Nuevo Testamento: Israel solo podrá rehabilitarse cuando limpie la mancha de sus crímenes y para ello deberá nacer de nuevo como pueblo universal desde el perdón, la humildad, el arrepentimiento, la absoluta renuncia a la violencia y el amor incondicional a todos sus semejantes. El pueblo necesita una purificación total para restablecer su alianza rota con Dios y para ello, siguiendo este relato teológico, Juan el Bautista ofrece un nuevo rito de conversión radical mediante el bautismo en el Jordán, abriendo un nuevo camino individual y colectivo para la reconstrucción del pacto con Dios.

Sin embargo a fecha de hoy, Viernes Santo de 2013, el llamamiento del Bautista (que simboliza toda la fuerza carismática del profeta judaico Elías) sigue sin ser escuchado. Las circunstancias necesarias para la ansiada reconciliación entre Dios y su pueblo no se han producido. Los crímenes de Israel siguen añadiendo sangre a la sangre derramada. No ha habido perdón, humildad, arrepentimiento ni renuncia a la violencia. La idolatría y el culto a los falsos dioses (entre los que destaca Mammon, el becerro de oro) no paran de acrecentarse en esta postmodernidad capitalista. El amor incondicional a los semejantes, es decir, la llegada de ese día en que ya no levantará la espada nación contra nación y los pueblos vivirán en paz bajo la vid y la higuera (Miq. 4,3-4), parece estar muy lejano. La Alianza sigue destruída y la Tierra Prometida aún no puede otearse en el horizonte.

La ocupación de Palestina es, por tanto, radicalmente ilegítima desde el punto de vista religioso y por ello el Sionismo puede considerarse una escandalosa usurpación y una sanguinaria traición al propio Judaísmo. El gran pueblo de Israel (que es un forma alegórica de referirse a toda la humanidad) sigue abocado al éxodo y a la diáspora, condenado a vagar presa de su propio egoísmo y proverbial desorientación.

Una Palestina libre y completamente desmilitarizada, en la que todos los pueblos puedan vivir en paz, igualdad y fraternidad, es el horizonte que el Dios de todas las creencias sigue aguardando para nosotr@s. Es esa nuestra Tierra Prometida, nuestro Otro Mundo Posible que hoy se reclama desde el FSM de Túnez-2013.

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