El origen de las células durmientes yihadistas

Andreas Von Bülow no es ningún patán. Se trata, nada más y nada menos, que de un ex-ministro de Ciencia y Tecnología del poderoso gobierno alemán, entre 1980 y 1982, así como Secretario de Estado en el Ministerio de Defensa alemán entre 1976 y 1980. Sabe muy bien de lo que habla porque ha conocido desde dentro el funcionamiento de los servicios secretos de los estados. En diversas entrevistas, artículos y libros nos ha explicado el fenómeno del terrorismo islamista de manera que todos podamos entenderlo mejor:

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Usted estaba en el gabinete de Helmut Schmidt, cuando los soldados soviéticos entraron en Afganistán. ¿Cómo fueron las cosas en aquel entonces?

Los estadounidenses presionaron para que se impusieran sanciones comerciales, exigieron el boicot de los Juegos Olímpicos en Moscú… en el que participó el Gobierno alemán… y hoy lo sabemos: Fue una estrategia del Consejero de Seguridad estadounidense, Brzezinski, la desestabilización de la Unión Soviética a partir de los Estados musulmanes vecinos: Se atrae a los rusos a Afganistán y se les crea un infierno, su propio Vietnam. Con un importante apoyo de los servicios secretos de EE.UU. se entrenó en Afganistán y Pakistán a por lo menos 30.000 combatientes, procedentes de los más bajos y desestructurados nichos sociales, dispuestos a todo a cambio de dinero. Estamos hablando de personas psíquicamente traumatizadas por el odio y por la violencia que posiblemente ha sido ejercida contra ellas de forma previa, no de personas religiosas. Es como si una potencia extranjera con grandes recursos monetarios organizara a través de influyentes mediadores locales a los más ultras de los clubs de fútbol europeo para que iniciaran una cruzada contra el islam. Descerebrados a los que se ofrece dinero fácil y excitantes aventuras a cambio de perseguir y matar a sucios extranjeros. Osama Bin Laden fue uno de los principales organizadores de estas campañas de reclutamiento, siempre en coordinación directa con los servicios secretos de EEUU, Arabia Saudí y Pakistán. Escribí hace años: “Provenientes de esa gentuza aparecieron en Afganistán los talibán criados en las escuelas coránicas wahabíes y financiadas por dinero occidental y saudí, que ahora aterrorizan y destruyen el país”. [Muchos de esos fanáticos han sido después convenientemente dispersados por el mundo, con la connivencia de los servicios secretos británicos, saudíes, israelíes, pakistaníes y estadounidenses, para seguir extendiendo una red de terror difuso que ayude a fabricar un enemigo necesario para mantener el control social en Occidente, una excusa perfecta para la represión de todo tipo de movimientos sociales de protesta, un vector para legitimar el establecimiento de bases militares estadounidenses en Oriente Medio y, sobre todo, una fabulosa oportunidad de negocio para grandes empresas transnacionales dedicadas al sector de la energía y del armamento militar. Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que las grandes cúpulas empresariales de EEUU, Europa y los países del Golfo han estado incubando con enorme cuidado y esmero el germen de un nuevo fascismo, ahora con retórica islamista, en Oriente Próximo desde hace décadas para exportarlo posteriormente en las dosis adecuadas al resto del mundo].

¿Quiénes están detrás del terrorismo?

Especule un poco. Con ayuda de horrendos atentados, mediáticamente amplificados, las sociedades occidentales están siendo sometidas a una forma suave pero persistente de manipulación psicológica. Ya no aparece el concepto del enemigo comunista, ahora hay que reemplazarlo por los pueblos musulmanes. Se les imputa que engendran el terror suicida. ¿Lavado de cerebro? ¡Es duro de tragar! ¿Es así?. La idea del concepto del enemigo necesario no es mía. Proviene de Zbigniew Brzezinsky y de Samuel Huntington, dos precursores de la política de inteligencia y de política exterior de EE.UU. Huntington pensaba ya a mediados de los años 90, que la gente en Europa y EE.UU. necesitaba a alguien a quien odiar ­ para fortalecer su identificación con su propia sociedad. Y Brzezinski ya propugnaba, cuando era consejero del Presidente Jimmy Carter, que EE.UU. debía tener acceso exclusivo a todas las materias primas del mundo, sobre todo al petróleo y al gas. Los atentados yihadistas convienen exactamente al modelo de negocio de las grandes compañías energéticas, de todo el complejo militar-industrial-académico y subsidiariamente de los servicios secretos. Llama la atención. Las grandes reservas de materias primas están ahora a disposición de los países de la OTAN, también los caminos para los oleoductos, y… eso lo describió exhaustivamente Erich Follath en Der Spiegel: “Se trata de bases militares, de drogas, de reservas de petróleo y gas natural”… Compruebo que la planificación de los atentados del 11S fue una realización magistral desde el punto de vista técnico y organizativo. ¡Secuestrar en cosa de minutos cuatro aviones de gran capacidad y pilotarlos hasta su objetivo en una hora mediante complicadas maniobras! Es inconcebible sin muchos años de apoyo y experimentación con recursos logísticos, tecnológicos y militares altamente especializados. ¿Quién puede disponer de algo así?.

Si nos remontamos al primer atentado contra el WTC en 1993 podremos ver como se atrapó a todo el grupo terrorista que llevó a cabo la operación. Se ha sabido que la CIA y el FBI se habían infiltrado en la organización mucho tiempo antes de los atentados. El fabricante de la bomba fue un agente provocador del FBI. Su superior se comprometió a sustituir los explosivos por sustancias químicas inocuas para poder capturar a los atacantes con las manos en la masa y prevenir cualquier daño. Sin embargo la cúpula del FBI no cumplió su compromiso. El resultado fueron varias víctimas mortales y mil heridos. Otro hecho extraño: los miembros del grupo terrorista tenían vetado el acceso a EEUU y figuraban en una lista del FBI y del Departamento de Estado. Curiosamente, la CIA se encargó de que se hiciera la vista gorda ante la prohibición de entrada al país. [La conclusión es que parece ser que la utilidad política de un atentado real es muy superior a la utilidad policial de una captura de agentes criminales con intención de cometer un atentado, en el cálculo de costes y beneficios que las cúpulas dirigentes se hacen en torno al fenómeno del terrorismo. Para ellos resulta infinitamente más útil dejar que suceda o incluso hacer que suceda].

Fuentes:

ingenieria_social

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