Archive for junio, 2013

junio 23, 2013

Brasil grita: ¡Menos circo y más pan!

Sanidad, Educación, Vivienda… No Olimpiadas, ni mundiales, ni grandes eventos deportivos que solo sirven para adormecer a las masas y seguir engordando los bolsillos de los de siempre. Brasil grita, el mundo grita: ¡No somos mercancía en manos de banqueros, megaempresarios y políticos profesionales corruptos a su servicio!.

junio 19, 2013

Plebiscito Ciudadano

La MareaCiudadana convoca plebiscito ciudadano a realizar del 23 al 30 de Junio. Infórmate y participa:

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junio 18, 2013

La insuficiencia de #laizquierda como ariete contra el poder

Marcos que estrechan nuestras mentes y nos impiden inventar una nueva realidad

Marcos que estrechan nuestras mentes y nos impiden inventar una nueva realidad

El campo de la lingüística cognitiva aplicado a la política ha sido estudiado por diversos autores a lo largo de las últimas décadas. Uno de ellos es el  estadounidense George Lakoff, que publicó en 2004 su famoso libro “No pienses en un elefante“. En ese texto podemos leer:

Los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. En política nuestros marcos conforman nuestras políticas sociales y las instituciones que creamos para llevar a cabo dichas políticas. Cambiar nuestros marcos es cambiar todo esto (…) El cambio de marco es cambio social. Los marcos de referencia no pueden verse ni oírse. Forman parte de lo que los científicos cognitivos llaman el «inconsciente cognitivo» —estructuras de nuestro cerebro a las que no podemos acceder conscientemente, pero que conocemos por sus consecuencias: nuestro modo de razonar y lo que se entiende por sentido común. Todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales. Cuando se oye una palabra, se activa en el cerebro su marco (o su colección de marcos). Cambiar de marco es cambiar el modo que tiene la gente de ver el mundo. Es cambiar lo que se entiende por sentido común. Puesto que el lenguaje activa los marcos, los nuevos marcos requieren un nuevo lenguaje. Pensar de modo diferente requiere hablar de modo diferente.

Lakoff cita en su libro algunos ejemplos de marcos (frames), como el del “padre estricto que debe inculcar disciplina a sus hijos despilfarradores”. El “amor a la patria”, el “alivio fiscal” y la “ineficiencia de lo público” o “la guerra contra el terror” podrían ser otros ejemplos de estos marcos. Los marcos eficaces deben ser potentes y totalizadores, sin dejar resquicios ni espacios para dudas o malinterpretaciones. Los marcos apelan a la dimensión más emocional y menos racional del pensamiento humano. Lo más inquietante de los marcos cognitivos es que condicionan una gran cantidad de nuestras acciones políticas hasta tal punto que unos marcos inadecuados conseguirán que optemos incluso por propuestas ideológicas que van en contra de nuestros intereses individuales o colectivos, llegando a inducir ciertas formas de autoagresión. Será muy difícil convencer a un rival político ofreciéndoles datos o hechos, como tendemos a intentar una y otra vez, porque cuando entren en confrontación con sus marcos cognitivos dichos datos serán repelidos de manera refleja al no poder ser integrados en su estructura previa de pensamiento. Los datos se eliminan, los marcos permanencen. Es como si los marcos cognitivos “impermeabilizaran” nuestra mente, de ahí su enorme trascendencia y utilidad como estrategia de control social. Por supuesto el fabricar o desmontar estos marcos de pensamiento no es una tarea fácil ni rápida. Se necesitan décadas de concienzudo trabajo en una lucha que debe ser librada en todos los frentes. Los gramscianos Joaquín Miras y Joan Tafalla lo explican bien en su artículo “la_izquierda_como_problema“, recientemente publicado en la web sinpermiso, llegando a la grave conclusión de que casi todo está por hacer.

Pensamos que tanto Lakoff como Miras y Tafalla están en lo cierto. Nosotros añadimos que el marco que nos hace contemplar el debate político en términos de izquierdas contra derechas no nos permite seguir avanzando porque introduce confusión en lugar de claridad a la hora de formular unos objetivos estratégicos que nos ayuden a garantizar la sostenibilidad de nuestra especie. Vaya por delante nuestro absoluto respeto hacia la inmensa mayoría de las ideas que suelen ser consideradas “de izquierdas” como la igualdad, la justicia, la fraternidad universal o el respeto a la diversidad, las cuales siempre hemos defendido en esta bitácora. Sin embargo a partir de este punto todo se enturbia y nos vemos poco a poco sumergidos en un terreno ambiguo y pantanoso. No en vano solemos escuchar términos como “verdadera izquierda” para ponernos en alerta contra las “falsas izquierdas”. Pero incluso dentro de eso que llaman “verdadera izquierda” también encontraremos una gran cantidad de planteamientos que pueden llegar a resultar incluso antagónicos. Da la sensación de que el sistema ha descubierto que hay algo mucho más eficaz que quemar la bandera del enemigo: parasitarla, cooptarla y apropiarse de su patrimonio sin destruir el símbolo. Y,en gran parte, es justamente eso lo que ha hecho el sistema con esa manoseada etiqueta sociológica llamada “la izquierda”.

¿Por qué pensamos, modestamente, que la etiqueta #laizquierda ya no resulta útil como palanca eficaz para la superación del orden social existente?

  • La etiqueta política #laizquierda se ha quedado pequeña para dar cabida a la enorme envergadura del proyecto y el desafío que supone actualmente la indispensable superación del capitalismo como sistema totalitario para el control, organización y explotación de los recursos planetarios.
  • La etiqueta política #laizquierda se ha revelado insuficiente para movilizar e ilusionar a toda una pléyade de nuevos actores sociales que emergen en múltiples ámbitos de la vida cultural, política, económica e intelectual de la sociedad global en el S XXI.
  • La etiqueta política #laizquierda no ha sido capaz de proporcionar nuevas respuestas a los viejos dilemas que siguen campeando aún imbatidos sobre la arena del pensamiento político y filosófico del tiempo presente. No ha sido capaz, ni en cuanto a la fijación de los objetivos (¿reformar el capitalismo o derruirlo?, ¿fortalecer el estado o disolver al estado?, ¿potenciar nacionalismos identitarios o internacionalismos obreros?, ¿levantar barreras arancelarias o comerciar sin trabas ni fronteras?, ¿subir impuestos o eliminar impuestos?, ¿producir o decrecer?) ni en cuanto al establecimiento de los métodos organizativos (¿horizontalismo o verticalismo?, ¿bases o vanguardias?, ¿partidos políticos o movimientos sociales?, ¿voto electoral o acción ciudadana?, ¿pacifismo o barricada?, ¿autoridad o libertarismo?)…
  • La etiqueta política #laizquierda introduce división en la sociedad, marasmo en el pensamiento y ambigüedad en la estrategia. ¿Cómo es posible apelar a la unidad desde un concepto tan tremendamente difuso?

brieva_700Entendemos que superar el marco de análisis izquierdas-derechas nos llevará dećadas ya que de lo que se trata es, nada más y nada menos, que de construir un nuevo sujeto político, un nuevo soberano a partir de un pueblo empoderado que tome en sus manos de manera directa el control político de la sociedad y que defienda la democracia de manera radical. Es ese el gigantesco reto que nos plantean Miras y Tafalla en el artículo anteriormente citado. Pensamos que para abordar esta hercúlea tarea debemos dotarnos de nuevos marcos de análisis del tipo libertarismo vs autoritarismo, horizontalismo vs verticalismo, humanismo vs capitalismo, reparto vs acumulación , feminismo vs patriarcado, ecologismo frente a productivismo ecocida, conciencia vs alienación o incluso espiritualidad vs nihilismo. Los ejemplos podrían ser innumerables, siempre por supuesto desde el más absoluto respeto y agradecimiento al legado de los grandes pensadores libertarios de todos los tiempos y de las voces altermundistas más contemporáneas. Búsqueda de unidad política, por supuesto que sí, pero desde nuevas etiquetas y nuevos marcos para la acción que muestren objetivos y métodos más claros, inequívocos y pacíficamente revolucionarios.

junio 11, 2013

Sociedad vertical, modelo autoritario

En la cúspide los grandes propietarios, directivos de multinacionales y terratenientes. Debajo los políticos profesionales, más abajo l@s trabajadores remunerados y por últimos, la clase más numerosa, l@s trabajador@s precarizad@s, invisibles o esclavizad@s precarizados.

En la cúspide los grandes propietarios, directivos de multinacionales y terratenientes. Debajo los políticos profesionales y burocracias de gestión a su servicio, más abajo l@s trabajadores remunerados y por último, la clase más numerosa e importante: l@s trabajador@s precarizad@s, invisibilizad@s o esclavizad@s sobre cuyos hombros descansa todo el sistema.

La sociedad vertical hace alusión a un modelo organizativo en donde los seres humanos se dividen en clases, capas o estratos que se van apilando estructuralmente unos sobre otros. Es fuertemente piramidal y jerárquica, de manera que los estratos superiores incluyen cada vez a un menor número de individuos que, a su vez, ejercen un cada vez mayor control político y económico sobre las capas sociales inferiores. Su hilo conductor es la explotación y la posición de dominio que las clases altas ejercen sobre todas las capas o clases sociales que van quedando por debajo de la suya. Una característica definitoria de este modelo es la legitimación social de la desigualdad como algo lógico, natural e inevitable, y el autoritarismo que las élites ejercen sobre los subordinados para mantener la estabilidad del sistema y, por consiguiente, su propia matriz de privilegios. La sociedad vertical no es de izquierdas ni derechas, ya que en la historia podemos contemplar numerosos ejemplos de este tipo de sociedades bajo unos supuestos parámetros de búsqueda de la igualdad o, incluso, de una hipotética eliminación del control de los medios de producción por parte de la plutocracia. También existen numerosos ejemplos de sociedades verticales construidas a partir de unas premisas de supremacía étnica, cultural, patriótica o religiosa de unas clases sociales o grupos identitarios, en detrimento de otros. La sociedad en la que vivimos se compadece bien con una sociedad vertical, en nuestro caso ordenada en base a una dimensión básicamente monetaria y de propiedad privada de bienes materiales. Conceptos tales como jerarquía de mando, competitividad, liderazgo, control, autoridad o hegemonía cultural son ideas-fuerza que impregnan, a veces de manera implícita y otras de forma completamente explícita, toda esta cosmovisión. En la sociedad vertical el fin justifica los medios, medios que pueden llegar a presentar una total ausencia de ética, siempre que nos permitan ejercer el control funcional sobre las clases inferiores. En cierta forma podríamos hablar de una sociedad empalada por el eje vertical del dinero, la riqueza y el poder privado, ejercido por parte de una élite, clase, nomenklatura, comité, familia, clan o individuo.

Como contrapunto a esta forma de organización social podríamos hablar de sociedad horizontal, construida bajo unas líneas maestras de carácter social, político, jurídico, económico y discursivo completamente diferentes. Los principios básicos, en este caso, son la toma de decisiones abierta y participativa, el apoyo mutuo, el respeto, la transparencia, la distribución y reparto escrupuloso del poder, la sólida fundamentación ética de las leyes, la salvaguarda a los derechos de todos los individuos como seres dotados de dignidad, y sobre todo, la supremacía moral absoluta de los medios sobre los fines. Ningún fin, por muy loable que pudiera parecer, puede justificarse si para su consecución hubiera que acudir a métodos que colisionen con la dignidad inalienable de los seres humanos más vulnerables. La sociedad horizontal tampoco es de izquierdas ni de derechas. Es simplemente un proyecto altermundista, humanista y libertario, un proyecto postcapitalista de emancipación respecto a todo tipo de derivas autoritarias o formas de explotación y dominación de unas clases, capas o estratos sociales sobre los demás. No se trata de decidir entre izquierdas o derechas. Se trata, más bien, de elegir entre una democracia que emerge frente al sueño distópico y totalitario de un poder opresor, entre un presente corrupto y decadente anclado en el pasado o un futuro sostenible y humanista para nuestra especie.

junio 2, 2013

OccupyGezi, primavera turca

Podría ser Egipto, podría ser Atenas, podría ser Barcelona, Madrid o Lisboa. Podría ser Italia, Chile, Bahréin, Marruecos, México o incluso EEUU. En este caso es Turquía hoy. Es la primavera turca, una más que añadir a las primaveras griega, española o portuguesa. El motivo de la concentración siempre es el mismo en todas partes: La lucha de una inmensa mayoría social contra el poder totalitario de una minúscula élite económica y gubernamental que se empeña en expoliar a la gente. En este caso hablamos sobre la indignación popular contra el autócrata Erdogan pero podría ser contra otro cualquiera de los capataces puestos por los grandes capitales, en cualquier otro lugar, para velar por su intereses privados. Simplemente los pueblos están decidiendo ya no callarse. Información ahora en #occupyGezi

occupyGezi

Esto es lo que ellos entienden por “democracia”. Nosotros solo vemos un contexto de brutal y asesina represión policial, a través de los videos e imágenes que nos llegan por las redes.

impunidad_policial

A los mass-media no les gusta que utilicemos la etiqueta “primavera” en estos casos porque se supone que la cámara parlamentaria es el fin de trayecto de los anhelos políticos de los pueblos y Turquía, Grecia, Portugal o España ya han llegado a ese punto de destino. La realidad es que seguimos estando dentro de sistemas cuasi-totalitarios, en este caso perfeccionados respecto a las dictaduras tradicionales. La foto inferior, tomada en la primavera turca (2 de Junio en Estambul), describe la “normalidad democrática” que ellos han fabricado para nosotr@s.

normalidad_democratica

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