Carta al Papa Francisco de un iraquí sobre la Mezquita-Catedral de Córdoba

El pasado 8 de Abril una familia musulmana culta procedente de Iraq disfrutaba de una estancia vacacional en la ciudad de Córdoba. Llevaban ya varios días por estas tierras preñadas de historia multicultural y de herencias cruzadas, gozando de una experiencia serena y enriquecedora. Mientras visitaban la Mezquita-Catedral  y, de una forma sencilla y espontánea, el iraquí Luay comenzó a rezar al Dios único de los cristianos, judíos y musulmanes, el Dios de Abraham. Su sorpresa fue mayúscula cuando de pronto se vio asedidado por un guardia de seguridad que, de malos modos, le obligó a él y a su familia a abandornar el recinto.

Luay Al-Khatteb, escritor, periodista y conferenciante iraquí.

Luay Al-Khatteb, escritor, periodista y conferenciante iraquí.

A raíz de este penoso acontecimiento se decidió a publicar, en el importante periódico estadounidense con el que colabora, una “Carta abierta al Papa Francisco”, invocando al jefe espiritual del catolicismo a tender un puente invisible a todas las personas hermanas del mundo, mediante un sencillo gesto de apertura, complicidad y generosidad hacia muchos seres humanos que están siendo perseguidos y marginados por motivos religiosos y étnicos. Algunas de las ideas contenidas en esa carta pueden ser resumidas en estos párrafos:

* La tolerancia religiosa está siendo brutalmente acosada por una pequeña minoría de extremistas. Sus métodos violentos tienen como objetivo provocar la segregación social y el choque de comunidades. Ellos secuestran e instrumentalizan el sentimiento religioso en un intento por magnificar su movimiento totalitario mediante la propaganda mediática.

* El terrorismo del Daesh nos propone una narrativa muy simplista de lucha, polarización y salvaje enfrentamiento de cristianos contra musulmanes, chiítas contra sunitas y musulmanes frente a judíos. Todo ello mientras toman partido por la supremacía de una secta (el salafismo-wahabismo) agresiva, minoritaria y muy poco representativa del Islam en su conjunto. Esta secta considera como enemigos a exterminar a todas aquellas visiones de la religión diferentes a la suya, incluyendo (quizás incluso de forma prioritaria) a las islámicas no salafistas.

* A menos que luchemos activamente contra esta narrativa, los extremistas pueden generar división en nuestras sociedades, desafiando a la misma esencia de la democracia. Son estas semillas criminales de confrontación las que pueden manifestarse no sólo en la violencia, sino también en actitudes de abierta hostilidad contra musulmanes y cristianos por igual, en aquellos lugares donde estas comunidades son poblacionalmente minoritarias.

* Algunas personas están decididas a borrar la herencia multiconfesional de ciertos enclaves simbólicos existentes en muchos lugares del mundo. Uno de ellos es la Mezquita-Catedral de Córdoba. La familia de Luay tuvo un encuentro desagradable con algunas de estas personas, empeñadas en mantener una severa prohibición sobre la oración islámica allí. Su experiencia y la de otras personas, no suficientemente difundida, puede constituir una oportunidad positiva para que Su Santidad pueda defender y promocionar las relaciones interreligiosas. Ahora es el momento de actuar con decisión sobre la cuestión de la autorización para orar en todos los lugares de culto. A tal fin, el permitir la oración islámica en la Mezquita-Catedral de Córdoba, sería altamente simbólico, algo que los extremistas de todo el espectro político temen profundamente. En este momento crítico de nuestra historia colectiva sería, indudablemente, una importante victoria para la causa de la paz y la convivencia.

* Efectivamente hay pocos símbolos más potentes que los credos unidos en un lugar de oración. Cuando las religiones muestran tolerancia mutua se sitúan en una narrativa diametralmente opuesta a la que Daesh nos propone. También debilita la causa de las propuestas políticas xenófobas en Europa y América del Norte encarnadas, en este último caso, en personajes como el de Donald Trump. Sin la escalada verbal filofascista que se produce después de cada atrocidad, ya sea en París, Bruselas o Londres, el trabajo de los yihadistas solo estaría a medio hacer ya que la segregación, el odio, la desconfianza mutua y la supuesta inevitabilidad de una guerra entre comunidades religiosas constituye su más anhelado objetivo. Así que cuando la iglesia de San Juan en Aberdeen abrió sus puertas a la comunidad musulmana local en 2013 o cuando al menos 80 mezquitas en el Reino Unido abrieron sus puertas al público británico se hizo mayor daño a la causa terrorista que con la detención de alguno de sus aislados integrantes.

* En Irak, país de origen de quien escribe la carta, también se producen gestos positivos de estas características. Cuando decenas de miles de cristianos huyeron de la ofensiva de Daesh en junio de 2014, pudieron encontrar refugio seguro en el santuario del Imam Ali en Nayaf, uno de los lugares más sagrados del Islam chiíta. Este es el polo opuesto de lo que quiere Daesh. Delegaciones de los sunitas iraquíes también han sido bien recibidas en estos lugares sagrados, una imagen muy perjudicial para Daesh y Al Qaeda.

* Sería históricamente apropiado permitir la oración islámica en la Mezquita-Catedral. Ciertamente Córdoba en el siglo X disfrutó de un periodo cultural fascinante, en el que el diplomático judío Hasday Ibn Shaprut establece una relación duradera con el califa Abd al-Rahman III. Este tiempo fue testigo de un asombroso enriquecimiento mutuo entre la literatura hebrea y árabe. Es este el mismo tipo de solapamiento religioso que anteriormente se había visto en Irak en el siglo V, con ejemplos como el de “Esdras el escriba” (Uzair en el Corán), el viajero judío que tiene un santuario hoy en al-Amara en Irak. Por supuesto Córdoba es más famosa que la tumba de Esdras, al ser reconocida como Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1984. Construida en el año 784 dC, la Mezquita alcanzó su apogeo en el siglo X, cuando el califato omeya se extendía por toda la mitad sur de España. Posteriormente ya en el S XIII Fernando III transformó la mezquita en una catedral, preservando su magnífica arquitectura árabe, con un impresionante  bosque conformado por cientos de arcos y columnas.

* En la Mezquita-Catedral de Córdoba la familia de Luay se encontró con gente empeñada en borrar algo de la historia. No había pasado mucho tiempo desde que, en noviembre, un grupo local extremista llamado Vox llevó a cabo una manifestación con el argumento de que el no eliminar la palabra “Mezquita” del nombre de la Catedral de Córdoba, sería una “victoria para el yihadismo.” Sin embargo la realidad es justo la contraria. Es el “borrado” de esa palabra la que se alinea con los objetivos propagandísticos del fundamentalismo salafista que sirve de combustible ideológico a Daesh y Al-Qaeda. Simplemente pensemos… ¿Qué molestará más a los terroristas, que permitamos la denominación Mezquita-Catedral o que prohibamos el uso (para ellos herético e intolerable) de ese concepto intercultural?.

Es triste que las cosas hayan llegado a este punto, pero quizás los resultados de una campaña internacional para preservar el status intercultural del lugar, la cual ha conseguido ya casi 400.000 firmas en Change.org, es un paso positivo en la buena dirección. Por otra parte, se está litigando en la actualidad a favor de la propiedad pública del sitio, afirmando su condición de Patrimonio Mundial como un legado histórico de incalculable valor, más allá de la explotación privada y libre de impuestos ostentada actualmente por una determinada jerarquía eclesial.

Los tiempos de la discriminación religiosa deben quedar definitivamente superados. Lo que esta familia vivió en Córdoba no era un reflejo de la Europa de la libertad que muchos pregonan. Las religiones abrahámicas comparten un mismo Dios, por lo que la oración en cualquier lugar de culto seguramente debería ser considerado como un derecho humano fundamental. En la Constitución Española de 1978, artículo 16.3, se establece que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones “.

Tal vez es por esta razón por la que las autoridades no exhiben ningún panel prohibiendo a los musulmanes rezar en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Los administradores privados del lugar no tienen ningún respaldo legal para impedirle rezar a nadie en virtud del derecho de admisión. De hecho, los únicos tres “NO” en las condiciones de la visita son: “No llevar ropa indecorosa, no ir acompañado de mascotas, y no ingerir alimentos o bebidas en el interior del templo”.  Así que lo que está prohibido es un acto de libertad individual que no implica ningún tipo de daño contra nadie. Afortunadamente el delito de pensamiento pertenece a un oscuro lugar del pasado de Europa. Mantegámoslo de esa manera y hagamos de Europa una sociedad abierta y tolerante, conviertiendo a Córdoba no sólo en un símbolo de la convivencia intercultural, sino también en un ejemplo mundial del nuevo tiempo que se abre ante nosotros. Luay y su familia esperan poder regresar algún día a Córdoba y completar la oración inconclusa, la cual pedía a Dios por cierto, por la paz en la Tierra y por una mayor comprensión entre los seres humanos.

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