Posts tagged ‘acumulación’

diciembre 3, 2011

El mercado mata

La especulación consiste en la acumulación de un bien escaso con objeto de obtener un alto lucro monetario. A veces la expectativa de beneficio viene determinada por una escasez originada a partir de causas naturales (por ejemplo una catástrofe climatológica). En la mayoría de ocasiones se tratará de una escasez inducida, provocada  y/o estimulada por los propios especuladores de manera artificial. Estamos ante una de las herramientas favoritas del mercado para conseguir sus ansiados réditos económicos. Este mecanismo, carente de ética, puede resultar relativamente inocuo cuando se aplica sobre productos secundarios, no relacionados con necesidades básicas para la vida (entradas para un espectáculo deportivo, diamantes, cotizadas obras de arte, amapolas holandesas…). La cosa empieza a ser claramente inmoral y siniestra cuando afecta a la vivienda, porque aleja un derecho fundamental de grandes masas de población con poder adquisitivo bajo o medio, como ha sucedido en el estado español en los últimos años de salvaje burbuja inmobiliaria. Por último estamos claramente ante una práctica criminal cuando el objeto de la especulación son los alimentos, la tierra fértil, las semillas o el agua. Ni que decir tiene que los suministros de estos productos deberían estar garantizados para todos los seres humanos y, por tanto, los correspondientes mercados deberían estar abolidos o, en todo caso, severamente intervenidos. Si no se hace así, como desgraciadamente sucede en la actualidad, el mercado mata. El capitalismo que lo bendice y lo posibilita a través de sus bolsas de cotización de materias primas alimentarias, se convierte en un enorme generador de crímenes contra la humanidad, en una herramienta genocida responsable del asesinato de cientos de millones de personas, aún peor que lo sucedido en las peores décadas del más oscuro totalitarismo estalinista. El libro negro del capitalismo es, sin lugar a dudas, el más negro de todo los libros jamás escritos.

junio 22, 2011

E.Coli, transgénicos y transnacionales

Por Silvia Ribeiro,  investigadora del Grupo ETC.

La manipulación genética agroindustrial, factor oculto tras las pandemias

“El surgimiento de una nueva cepa letal de la bacteria Escherichia coli (E. coli) en los alimentos en Europa pone de manifiesto, nuevamente, el desastre sanitario en que nos ha metido el sistema agroalimentario industrial.  Lo tratan como accidente, pero en realidad es algo cada vez más frecuente, porque es una consecuencia sistémica. Era lo esperable, al igual que el surgimiento de la gripe porcina y la gripe aviar.

Las autoridades sanitarias del gobierno alemán, donde primero se identificó el brote, acusaron como causantes de contaminación a los pepinos orgánicos españoles. Lo tuvieron que rectificar porque era falso, pero ya habían causando grandes pérdidas. Acusan también a tomates y lechugas, se especula con leche, carnes y agua embotellada. Según el Instituto Robert Koch de Alemania, se trata de una cepa desconocida, producto de recombinación de otras, que dio la nueva E. coli enterohemorrágica O104:H4. Al principio sospechaban de la E.coli O157:H7, la que se encontró en carne molida de grandes empresas como Cargill y que en 2008 motivó el retiro de 64 millones de toneladas de carne de Estados Unidos y miles de afectados.

En este caso dicen no saber de dónde salió ni cuánto va a durar, pero se ha extendido a varios países europeos y ha causado 18 muertes y más de 2000 internaciones que pueden tener consecuencias graves. Se podría agregar una larga lista de accidentes graves del sistema alimentario industrial (carnes contaminadas, melamina, dioxinas, aditivos y envases de plástico tóxicos, adulteraciones). Lo cierto es que gracias a la industria agroalimentaria controlada por una veintena de trasnacionales globales, la comida pasó de ser necesidad, placer y cultura, a convertirse en una permanente amenaza a la salud.

En el caso de las bacterias E.coli, de las que hay muchas diferentes cepas, éstas son usadas y manipuladas en forma intensiva y masiva por la industria, por lo que están favoreciendo todo el tiempo la creación de nuevas cepas. Por ejemplo, son un elemento importante en la construcción de transgénicos (agro-alimentarios, farmacéuticos y veterinarios), son el vector de fermentación de la biología sintética (manipulando con genes artificiales bacterias E. coli y levaduras, por que son rápidas y fáciles de usar), son el vector para fabricar hormonas transgénicas (hormona de crecimiento bovino) para que las vacas produzcan absurdas cantidades de leche que las enferman y nos enferman. En la mayoría de los casos, para probar si la transgenia fue exitosa, les aplican antibióticos, por lo que además de la transferencia horizontal de material genético entre diferentes bacterias (que de por sí promueven los transgénicos), aumentan también la resistencia a antibióticos.

Como las E.coli están presentes en todas partes pero aumentan con ciertas condiciones (almacenamiento, transporte, temperaturas, etc) , en las grandes instalaciones se las combate con bactericidas lo cual promueve aún más mutación y resistencia.

La presencia de bacterias y virus, normales o por falta de higiene y otras condiciones, puede suceder tanto en pequeñas producciones locales, como en grandes. Pero en las pequeñas y descentralizadas, sea desde la cría animal a los cultivos, intercambio y procesamiento de alimentos, mercados locales, queda focalizada o diluida entre muchas otras fuentes de diversidad animal y vegetal.

Es justamente el carácter masivo y uniforme de los cultivos y animales que los hace más vulnerables, al tiempo que los ataques continuos con químicos que todo el tiempo crean más resistencia, agregado a largos transportes y diversos empaques que exigen los grandes supermercados, lo que converge para crear las cepas más peligrosas. Ya en la espiral destructiva, para controlar todo esta debacle de enfermedad que crean –las que se destapan y las muchas sobre las que no toman estadísticas– aplican más químicos como conservadores, aplican irradiaciación de alimentos y empaques con nanotecnología para que los alimentos parezcan frescos; aunque sean nocivos.

Igual que con la gripe porcina, no es verdad que las autoridades no sepan de dónde salió la nueva cepa. Incluso, desde ya, les podemos decir de dónde vendrán muchas de las próximas bacterias y virus patógenos.

El verdadero origen del desastre es que el sistema agroalimentario haya sido secuestrado por las trasnacionales y que para que ganen más, nuestra comida sea transgénica, nos haga obesos, tenga menos nutrientes y esté llena de venenos, sean químicos o nanotecnológicos. Tan brutal ha sido el secuestro en los mercados, que en lugar de tener que advertir los que tienen tóxicos, se etiqueta –con alto costo para productor y consumidor– los productos orgánicos, los que no tienen tóxicos. Y de pasada, afirman que son el origen de cepas patógenas.

Consecuentemente, el control de la inocuidad alimentaria se ha transformado en una máquina comercial que lejos de favorecer la salud pública y prevenir enfermedades, es un sistema selectivo de privilegios para las grandes empresas, para desplazar e impedir la producción y consumo de productos campesinos, de pequeños productores y de muchos países del Sur. (Recomiendo ver informe de Grain, Food Safety for Whom: Corporate Wealth vs. Peoples’s Health www.grain.org)

Pese a todo eso, 70 por ciento del planeta aún se alimenta de la producción campesina, comunitaria, familiar. Por la salud de todos y la del planeta, es lo que tenemos que rescatar y apoyar, contra la voracidad homicida de las trasnacionales”.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4211

febrero 4, 2010

Nada es nuestro, todo es prestado

El carbono que nos presta la naturaleza de forma temporal permite que la vida nos habite

La propiedad privada es una ficción, una creación ideológica. Nada es nuestro ya que todo cuanto tenemos es un préstamo que la naturaleza nos hace. El carbono es el ladrillo de la vida. Gaia nos ha prestado millones de estos pequeños tesoros inmortales con la única condición de que solo dispongamos de ellos por un tiempo limitado. Procedentes de otros entes deben continuar en breve su infinito viaje hacia nuevos e insospechados lugares. El judío Primo Levi nos deja la historia de uno de estos átomos quizás alojado hoy en una recóndita neurona dentro de tu cerebro.

Nuestro átomo de carbono, yace durante millones de años unido a tres átomos de oxígeno y uno de calcio, en forma de piedra caliza no lejos de la superficie de la tierra. En cierto momento un golpe de pico lo separa y lo envía al horno de cal, introduciéndolo en el mundo de las cosas que cambian. Es calcinado, y todavía colgado de sus compañeros de molécula, es expulsado por la chimenea y sale al aire. Su historia, antes inmóvil, se vuelve ahora tumultuosa. Llevado por el viento, precipitado hacia la tierra, y elevado diez kilómetros, es respirado por un halcón, bajando hasta sus pulmones. No penetra en su sangre y es expelido. Se disuelve tres veces en el agua del mar, una en el agua de un torrente, y nuevamente es forzado a viajar. Transita con el viento durante ocho años: ahora arriba, ahora abajo, sobre el mar o entre las nubes, sobre bosques, desiertos e ilimitadas extensiones de hielo… y entonces pasa a ser capturado para la aventura orgánica.
El átomo del que estamos hablando fue llevado por el viento a lo largo de una fila de vides. Tuvo la buena suerte de rozar a una hoja, penetrarla y ser cosido allí por un rayo de sol. Ahora nuestro átomo forma parte de una molécula de glucosa. Viaja de la hoja al tronco, y desde allí es bombeado hacia un racimo casi maduro que es cosechado por el agricultor para, posteriormente, ser ingerido en forma de uva por una mujer gestante que lo guardará en su seno.

Lo público, lo común, lo compartido es el estado natural de todo cuanto somos y vemos. Lo demás son construcciones ideológicas al servicio de las élites. Nada es realmente nuestro excepto, en todo caso, ese soplo de vida inmaterial que algunos sabios bautizaron como alma.

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