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diciembre 26, 2011

Ateísmo, Dios y Religión

Dios está en el otro: Religión frente a pseudoreligión

Por sus actos los conoceréis no por sus palabras. Aquel que promueve la agresión contra el otro, contra el diferente, contra la naturaleza, aquel que siembra el odio contra otro ser humano, está volviendo a cometer el pecado original y, por tanto, está matando a la Religión. Cuando la religión es violenta deja de ser religión para convertirse en herramienta terrenal de dominación al servicio de un grupo de poder, de una clase. El ateísmo es la negación de Dios, pero … ¿de qué dios?. La historia de la humanidad ha estado llena de dioses y profetas, portadores de todo tipo de mensajes y representaciones.

Los primeros cristianos fueron unos auténticos ateos, según los parámetros de su época. Locos fanáticos, (unos “perroflautas”, según cierta terminología modernista), que se atrevieron a cuestionar al dios de su momento histórico, el dios imperial, la divinidad del César y de todo su panteón. Esos locos defendían que Dios estaba ahí para salvarnos, no para someternos; que Dios habitaba en el otro, en la naturaleza, en la creación, en la anciana, en el extranjero, en el enfermo, en el pobre  y que su autoridad no era terrenal, no tenía ejércitos, no era ningún rey, no tenía Estado y además carecía de poder material. Por todo ello fueron humillados, ridiculizados, considerados gente peligrosa, herejes, terroristas, enemigos de Roma que debían ser aniquilados sin compasión.

Algunos antiguos profetas ya reclamaban un ateísmo del ídolo, del rey, del poder terrenal, del orden injusto. El nuevo dios cristiano, que desafiaba al dios imperial dominante, representaba a la alteridad, es decir “al otro”, a lo que está fuera de nuestro estrecho horizonte individual de ambiciones y egoísmos. El pecado original no es otra cosa que la negación del otro para encumbrar nuestro yo por encima de todos y todo. Caín mata a su hermano, negándolo, Adán juega a conquistar la omnipotencia, autocoronándose simbólicamente como dios, e instaurando el reíno de la idolatría, el fetichismo y la soberbia. El César es Adán y Caín y el cristianismo primitivo aspira a desenmascar su impostura. Eran, por tanto, ateos del poder imperial, ateos del sistema.

Las tres religiones monoteístas son, en realidad, una sola ya que parten y beben de un tronco común. Las tres originariamente están del lado de la alteridad, de los profetas ateos del falso dios, descreídos del poder material de los reyes, los ejércitos, los faraones, emperadores y becerros de oro. Son religiones ateas de la idolatría, ateas de los fetiches que rinden culto a la guerra, ateas del sistema de dominación que el hombre intenta instaurar en la Tierra para desafiar a todo lo que está fuera de él y ante lo que se siente temeroso, inferior, desvalido.

Conforme la religión se arrima al poder terrenal de reyes, príncipes y banqueros se aleja del dios-amor, del dios-bondad, instaurando una pesudoreligión que intenta matar a ese dios para encumbrar en su lugar al dios-guerrero sediento de sangre y riquezas,  a Moloch, Mammon, al ídolo, al fetiche, al capital. Esta es la pesudoreligión del cainismo sionista israelí que levanta la mano contra su hermano musulmán y contra el propio Judaísmo, es la pseudoreligión del wahhabismo saudí, que levanta el puñal contra el hermano cristiano y, por tanto contra el propio Islám, es la pseudoreligión del colonialismo genocida de la Cruz, que levanta la mano contra el indígena, el judío o el musulmán y, por tanto, contra el propio Cristianismo.

Cuando la religión se convierte en arma asesina contra el otro, contra el diferente o contra la naturaleza vuelve a cometer el pecado original contra el dios-bondad, vuelve a adorar a los dioses del panteón del egoísmo y la soberbia, faltando a su esencia y convirtiéndose en fetiche.

Piensa en tu dios, intenta explicitarlo y podrás saber si eres religioso o no. El ejercicio promete sorpresas porque podrá llevarnos a descubrir Papas y cardenales, supuestamente cristianos, que son en realidad adoradores del dios de la conquista y el exterminio, encontraremos a supuestos judíos que organizan actos terroristas para extender el poder del sionismo, a piadosos jeques árabes, supuestamente musulmanes, que torturan sin piedad a hombres y mujeres pacifistas que piden libertad, y encontrarás a supuestos ateos que hacen auténtica religión ayudando al desconocido y luchando por la instauración del Reino de la Paz en la Tierra.

También Dios puede ser libertario, también Dios puede ser anarquista.

(En homenaje a Leon Tolstoi)

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