Posts tagged ‘China’

julio 20, 2011

Seguridad para los inversores significa angustia para los trabajadores

Gallinas ponedoras de plusvalía en una fábrica fasciocapitalista china, el sueño dorado de los especuladores y banqueros para EuroAmérica

Cada día se nos explica desde los mass-media que los mercados y los inversores necesitan ambientes políticos estables y predecibles para desarrollar todo su potencial. La contrapartida de esta estabilidad es un entorno social cada vez más incierto y precario para el trabajador y la trabajadora. Parece ser que la molesta carga asociada con el miedo al futuro, con la imposibilidad de fijar unas expectativas vitales, un lugar estable de residencia o a los riesgos existenciales crecientes debe ser asumida en exclusiva por aquellos/as que verdaderamente generan la riqueza y no por los que están destinados a parasitarla. Es evidente que la estabilidad de unos se consigue a costa de la inseguridad de los otros y las otras. Miedo y angustia inoculadas al trabajador/a serían hipotéticamente positivas para su rendimiento, mientras seguridad, estabilidad y predictibilidad deben estar reservadas para los grandes propietarios. Todo muy coherente, equilibrado y racional según la lógica capitalista. Dar estabilidad a la minoría especuladora, cuyos intereses siempre irán en contra de la mayoría trabajadora, significa que los Estados deben competir entre ellos para generar entornos cada vez más represivos, más policiales, menos democráticos y más restrictivos en cuanto a derechos laborales, sindicales y de participación política efectiva. Esto es lo que ellos llaman “entornos políticamente estables y predecibles”, con garantías para el inversor. Estas son las “reformas necesarias” de las que nos hablan cada día nuestros grandes líderes políticos. Solo de esta forma podrán someter a la fuerza trabajadora a las nuevas condiciones de incertidumbre que exigen los amos para conseguir ellos su óptimo estado de sosiego y estabilidad “inversora”. Como muy bien nos apuntaba Zygmunt Bauman (1), en el cabaret de la globalización capitalista el Estado realiza un strip-tease y al final de la función sólo le queda lo mínimo: El poder de la represión, la coerción y la imposición del dogmatismo ideológico sobre la ciudadanía, en una nueva forma de dictadura.

 En este contexto debemos entender el alzamiento de China, como nueva gran potencia capitalista, en detrimento de EEUU y Europa, sumidas en el profundo pozo de la deuda y el descrédito institucional. El Estado que más eficazmente reprime, somete y esclaviza a sus trabajadores y trabajadoras es el ganador del juego bajo estas reglas, ofreciendo el máximo nivel de atracción para aquellos que viven exclusivamente de hacer dinero a partir del dinero. El fasciocapitalismo oriental se impone claramente al sociocapitalismo occidental, como una simple consecuencia lógica de la dinámica de funcionamiento inherente al sistema político vigente a nivel mundial.

La respuesta ante este panorama no puede ser otra que la rebelión, la insumisión y la disidencia por parte de las mayorías sometidas frente al poder de la minoría explotadora. No hay otro camino. Discrepamos con las tesis originales del marxismo en los métodos más apropiados para desarrollar esta confrontación (no así con la mayor parte de sus estudios analíticos sobre los mecanismos internos que rigen el sistema), ya que la violencia directa, que sus padres fundadores defendieron históricamente, sitúa hoy a la mayoría explotada en una clara posición de inferioridad frente a la minoria explotadora, la cual detenta un control absoluto de todos los mecanismos represivos directos (ejércitos, policías, terrorismo inducido, fuerzas paramilitares y empresas privadas de seguridad). Es en el plano de los mecanismos de represión indirectos (medios de comunicación, medios económicos, medios culturales, medios de ocio) donde podemos librar la batalla más efectiva ya que es ahí donde el sistema empieza a mostrarse más vulnerable y donde las grietas se están haciéndo más visibles y evidentes. El pulso ideológico tenaz, la indignación, la reivindicación de nuestras soluciones, el boicot, la toma pacífica de la calle y del espacio publico, y el establecimiento de redes para el desarrollo de acciones  colectivas intercomunitarias (con un especial énfasis en el apoyo a las luchas de los trabajadores asiáticos) se revelan hoy en día, bajo nuestro punto de vista, como las estrategias de acción con grandes posibilidades de éxito en el medio plazo.

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(1) BAUMAN, Z. “La globalización. Consecuencias humanas”. Fondo de Cultura Económica. México, 1999

abril 23, 2011

Capitalismo y desigualdad, una relación indisociable

Desde los años 80 el capitalismo, en su versión más letal, ha ido extendiendo su lógica depredadora en forma de pandemia globalizada. Con la caída del antiguo modelo de estatalización burocratizada de la vida política en la Europa oriental también desapareció un freno efectivo al desenfreno privatizador, a la voracidad especulativa y a la rapiña explotadora propia del neoliberalismo. El resultado de la aplicación de este nuevo enfoque político dominado por la teocracia bancaria y megaempresarial ha sido en primer lugar el aumento espectacular de la desigualdad en los ingresos entre ricos y pobres. Las evidencias son aplastantes:

* ) En 1976 el porcentaje sobre el total de los ingresos de los EEUU controlado por el 1% más rico de los hogares fue del 8.9%. En 2007 este porcentaje se elevaba al 23.5%. Los 400 estadounidenses más ricos habían llegado a acumular una riqueza combinada similar a la del 50% más pobre de la población. (Fuente: Grupo de Trabajo sobre desigualdad extrema-USA)

* ) El indicador más usado para medir la desigualdad en la distribución del ingreso es el coeficiente de Gini. Cero (“0”) sería la perfecta igualdad donde todos los ciudadanos poseen lo mismo y “1” la perfecta desigualdad, donde un solo ciudadano lo posee todo, mientras los demás no poseen nada. En el interior de los países, el aumento de la desigualdad de ingreso ha sido la norma: ahora hay más países con un coeficiente de Gini alto que en la década de 1980. Por cada país donde la desigualdad ha disminuido en los últimos 20 a 30 años, ésta aumentó en más de dos países. (Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidad del año 2010, pg. 81).

* ) Para la inmensa mayoría de los habitantes del mundo el componente más importante de sus ingresos es su salario. Los ingresos provenientes del capital, por el contrario, son la fuente de riqueza fundamental entre los más ricos. La participación relativa de los ingresos del trabajo y del capital es un punto que atañe a cualquier análisis sobre desigualdad. Las investigaciones llevadas a cabo para el citado Informe arrojan una caída de la participación del trabajo en 65 de los 110 países estudiados (casi 60%) en las últimas dos décadas. Algunos países de gran tamaño, en particular Estados Unidos, la Federación de Rusia e India, han registrado descensos considerables, de hasta 5 puntos porcentuales entre 1990 y 2008, lo que impulsó una caída de 2 puntos porcentuales en la participación mundial promedio del trabajo. Dichos descensos coinciden con la menor sindicalización y la mayor apertura comercial y financiera en buena parte de los países desarrollados desde 1970 . (Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidad del año 2010, pg. 82). Las rentas del trabajo (auténtica y primigenia fuente de la riqueza, junto con los recursos naturales) están cayendo mientras las rentas especulativas del capital explotador no dejan de aumentar.

* ) En las dos mayores economías capitalistas del mundo se ha comprobado durante las últimas décadas como el aumento del PIB (crecimiento económico bruto) ha ido aparejado al aumento de la desigualdad, medida por el índice de Gini. Los beneficios y costes de la explotación capitalista se reparten, por tanto, de manera extremadamente injusta y desigual:

En rosa el aumento del PIB y en azul el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso.

Los datos de China también demuestran que el aumento espectacular del PIB no sirve para atenuar las diferencias entre ricos y pobres sino justamente al contrario

La propia esencia del capitalismo se nutre de la desigualdad que es utilizada como motor de crecimiento económico. El mayor incentivo de las clases poseedoras del capital es seguir alejándose de la “plebe”. La conclusión inevitable es que su beneficio creciente solo puede ser obtenido de la explotación de la clase trabajadora (bajada de salarios/aumento de la jornada laboral), de la especulación creadora de miseria (aumento de los precios de los bienes básicos de consumo) y de la degradación acelerada de los recursos medioambientales.

[Los gráficos han sido tomados de un trabajo de Ana Campo Sáenz, Sheila Martín Morillo y Luis Martín Rodríguez sobre “Crecimiento y Desigualdad”, Universidad de Salamanca]

septiembre 6, 2010

Las insalvables contradicciones del capitalismo

Un nuevo software político, condición indispensable para la correcta marcha de nuestro hardware planetario

Vivimos en tiempos de incertidumbres y crisis existenciales. Las grandes masas ciudadanas no consiguen visualizar una alternativa al sistema ideológico que nos envuelve. Sin embargo hay certezas que se perciben de una forma difícilmente cuestionable: el descrédito de los partidos políticos tradicionales, la insalubridad casi venenosa del medio ambiente, la escasa o nula trascendencia de la opinión del pueblo en las grandes decisiones internacionales, la irrelevancia de las leyes para controlar la conducta criminal de los grandes lobbys de poder, la hipnosis colectiva a la que estamos sometidos desde los mass-media, la propia insostenibilidad del sistema en el medio-largo plazo. Las descomunales contradicciones del capitalismo globalizado son cada vez más difíciles de ocultar por mucho que el problema no quiera somerterse al escrutinio público y prefiera encerrarse bajo mil candados en el inconsciente colectivo. De manera muy esquemática podríamos explicitar lo que, implícitamente, todo el mundo es capaz de comprender:

* La necesidad permanente de “crecimiento económico”, tal como lo entiende la ideología capitalista, choca contra la expansión de los derechos laborales e incluso de las libertades democráticas: Esta cuestión puede visualizarse con gran nitidez en la China actual. Todo el mundo puede intuir que una China democrática, con unos derechos laborales mínimamente dignos no crecería al 10% anual. La locomotora de la economía mundial puede seguir tirando mientras el régimen político siga en los parámetros totalitarios actuales. Es precisamente la estabilidad de este fasciocapitalismo represivo el que garantiza el beneficio del inversor que decide apostar por China. Dicho en otras palabras, la Democracia está reñida con el crecimiento económico y los “derechos del inversionista”. Por supuesto esta inmensa paradoja puede ser aplicada a Indonesia, Filipinas, Pakistán, Egipto o cualquier otro país.

* La necesidad permanente de “crecimiento económico”, tal como lo entiende la ideología capitalista, choca contra los límites físicos de la biosfera: La cantidad de agua dulce disponible, petróleo, recursos marinos y en general cualquier materia prima existente en nuestro planeta es limitada. Todo el mundo puede entender como el crecimiento perpétuo en un entorno finito es completamente inviable.

* El desarrollo de la lógica capitalista acumula cada vez más cantidad de poder y riqueza en cada vez menos manos: Es un hecho completamente constatable como la distancia entre ricos y pobres cada vez es mayor, como cada vez los beneficios se concentran más mientras  los costes se lanzan a las espaldas de las mayorías.

* La merma de salarios, derechos laborales o servicios públicos termina por constreñir la propia demanda consumista de los trabajadores, progresivamente incapacitados para afrontar nuevos gastos y contraer nuevos créditos. La aplicación de los fundamentos capitalistas de incremento de beneficios para las empresas a base de ajustes en el gasto público y en las condiciones de vida de los trabajadores termina por generar parálisis en el propio sistema en forma de crisis cada vez más agudas, profundas y recurrentes.

El sistema, encerrado en su propio autismo e impotencia para solucionar estas insalvables paradojas, se aferra a viejos conceptos económicos ya decrépitos acuñados por economistas que jamás pudieron aportar evidencia empírica en apoyo de sus fantásticas teorías tales como el “fin de la Historia”, la “ventaja comparativa” o la “mano invisible” que se vendieron, en su momento, como garantías universales de reparto justo, democracia y estabilidad social. Ni siquiera en los países ricos esta ideología tiene ya nada que ofrecer al pueblo, excepto la disyuntiva entre deuda galopante o paro masivo con merma de derechos laborales y salarios.

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