Posts tagged ‘decrecimiento’

julio 7, 2014

Última llamada

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Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

Web “Última llamada”

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(Pdf con el texto y la lista con los primeros 249 firmantes entre los que destacan:

Ada Colau, Alberto Garzón, Arcadi Oliveres, Belén Gopegui, Enric Duran, Esther Vivas, Florent Marcellesi, Joan Martínez Alier, Joaquín Araujo, Jorge Riechman, José Manuel Naredo, Juan Carlos Monedero, Juantxo López de Uralde, Marina Albiol, Olga Rodríguez, Pablo Iglesias Turrión, Teresa Forcades, Teresa Rodríguez, Xosé Manuel Beiras, Yayo Herrero…)

diciembre 17, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (y IV)

Se precisan reformas estructurales frente a modelos de pensamiento ya primitivos

Se precisan reformas estructurales frente a modelos de pensamiento ya primitivos

En entradas anteriores hemos enumerado de forma sintética los distintos problemas y las posibles vías de solución que pueden explorarse ante las fallas estructurales de un modo de pensamiento anticuado que pretende contemplar el mundo con la visión trasnochada propia de la soberbia liberal y mecanicista de siglos pretéritos. Se defendía también que solo mediante el establecimiento de nuevas preguntas podremos llegar a soluciones viables de futuro ya que las antiguas preguntas que nos planteaba el viejo sistema solo pueden llevarnos a “callejones” sin salida humana ni ecológica en el medio plazo. Los principios mencionados eran el principio de gestión racional de la demanda, el principio de biomímesis, el principio de ecoeficiencia, el principio de precaución y el principio de igualdad. En esta última entrada hacemos una breve alusión explicativa a los tres últimos:

3. Principio de ecoeficiencia

La pregunta clásica, en este campo, viene siendo ¿cómo sacar todo el rendimiento posible a las materias primas y a la energía disponible para maximizar la producción y la venta de mercancías?. Esta lógica lo reduce todo a un problema de eficiencia. La nueva pregunta, en este caso, debe ser ¿cómo planificar la tecnosfera humana, en cuanto al consumo de la energía y los materiales, de manera que encaje armoniosamente dentro de la biosfera?. Cuando se habla de cantidad y calidad, esta cultura bulímica nuestra tiende como siempre a la acumulación: Queremos calidad a la vez que sigue aumentando la cantidad. Pero de lo que se trata, quizá, es de que la creciente calidad compense la cantidad que ha de menguar. “La economía moderna –escribió hace más de treinta años Ernst F. Schumacher en ese clásico del pensamiento ecologista titulado Small is Beautiful— procura elevar al máximo el consumo para poder mantener al máximo la producción. En vez de ello, deberíamos maximizar las satisfacciones humanas mediante un modelo de consumo óptimo (no máximo). El esfuerzo –social y ecológico— para mantener una forma de vida basada en un modelo óptimo de consumo es mucho menor que el necesario para mantener un consumo máximo.” ¿Verdaderamente nuestros gobernantes y nuestros conciudadanos son incapaces de comprender la diferencia entre óptimos y máximos?. Sostenibilidad no es, de forma general, hacer más (aunque en algunos ámbitos haya que hacer más como en energías renovables o tecnologías limpias, por ejemplo). Se trata, sobre todo, de hacer distinto, de hacer menos y de hacer con mayor ecoeficiencia.

4. Principio de precaución

La pregunta habitual en este campo sería ¿Hay evidencia científica incuestionable que establezca que el uso de una determinada tecnología entraña un riesgo para la salud humana?. El sistema asume que si esa evidencia no existe la tecnología puede y debe ser utilizada. Este tipo de pensamiento nos coloca directamente ante lo que puede denominarse el “problema faústico”, es decir, el del “aprendiz de brujo” que termina viéndose engullido por su propio delirio de omnipotencia en el control sobre los fenómenos de la naturaleza. La nueva pregunta debería ser ¿Hay una evidencia científica que establezca que el uso de esa tecnología no implica riesgos evidentes para la salud y el medio ambiente?. El principio de precaución o principio de cautela es un concepto que respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo. Para apartarnos de los “modelos” de la naturaleza necesitamos razones mucho más fuertes, y conocimiento mucho más fiable, que para seguirlos.

 5. Principio de Igualdad social

Vivimos una situación histórcia en la que el problema de la desigualdad socio-económica adquiere tintes cada vez más dramáticos. Los cuatro principios anteriores, por si solos, no son capaces de garantizar que el mundo no pueda caer en una forma de gobierno autoritario y vertical, en el que las personas dejen de ser meros sujetos pacientes de unas políticas diseñadas desde las élites. La pregunta tradicional que la retórica del sistema nos ha planteado en este campo, ha sido ¿Cómo podemos conseguir que todas las personas acumulen riquezas materiales y propiedades con una holgura tal que le proporcione una plena garantía de seguridad ante los vaivenes del destino?. La nueva pregunta que deberemos contestar en el siglo XXI será ¿Cómo podemos construir un sistema equlibrado de poder político y económico que pueda constituir un contrapeso funcional contra los excesos egoistas de ciertos grupos de presión?. El principio de igualdad social es el corolario necesario para la construcción de sociedades sostenibles ya que introduce el complemento indispensable para que la libertad, la responsabilidad y el equilibrio de poder entre los seres humanos se convierta en una salvaguarda efectiva de los posibles excesos. El humanismo, la ciencia y la inteligencia colectiva solo podrán articular soluciones viables en el largo plazo, para nuestros problemas como especie que debe vivir de manera armónica con su entorno, a través del principio de igualdad en el reparto de las responsabilidades y los beneficios que la vida nos proporciona. Cualquier otra tentativa de solución nos llevará, con una alta probabilidad, a la explosión de conflictos de escala progresiva con el medio y con nuestros congéneres.

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diciembre 11, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (III)

En una entrada anterior comentamos la necesidad inaplazable de construir un nuevo marco de pensamiento que supere la visión decimonónica de la economía basada en la idea de la conquista de un “mundo vacío” que debe ser dominado y explotado por el hombre hacia un planteamiento de “mundo lleno” que debe ser conservado y mejorado con citerios de racionalidad, partiendo del conocimiento profundo de su funcionamiento y de sus límites.

Ante la encrucijada actual de la crisis sistémica se enumeraban cinco problemas y cinco vías de solución:

problemasEl diseño de un futuro sostenible pasa por cambiar las antiguas preguntas (pensadas por Locke, Smith, Benthan, Mill o incluso Marx en un contexto histórico-filosófico de “mundo vacío”, propio de los siglos XVIII y XIX) por nuevas preguntas, adaptadas al muy diferente contexto actual de “mundo lleno”. Solo así podremos hallar las respuestas apropiadas a la realidad presente del siglo XXI. Las nuevas preguntas deben ser articuladas dentro de los principios que nos permitirán afrontar los cinco grandes problemas formulados anteriormente, que pasamos a analizar:

 huella_ecologica_pies11. Principio de gestión racional de la demanda:

Ante el “problema de escala”, es decir, de haber “llenado” el mundo de personas y de objetos artificiales, la pregunta ahora ya no es “¿cómo satisfacer una demanda de recursos naturales siempre en aumento?”, sino más bien: ¿cuáles son los límites biosféricos en lo que se refiere a fuentes –de recursos naturales y energía— y a sumideros –de residuos y contaminación–, y cómo ajustamos el impacto humano de manera que permanezcamos dentro de esos límites?. Como se ve, la inversión de perspectiva es completa: en un “mundo lleno”, la idea de soberanía del consumidor es anacrónica. En lugar de ello, los poderes públicos democráticos deben diseñar estrategias de gestión racional de la demanda en campos tan diversos como consumo de energía, consumo de agua, transportes, consumo de carne y pescado, uso de recursos minerales, etc., para no superar los límites de sustentabilidad. El término “racionamiento” aún asusta porque nos remite a momentos históricos de miseria y guerra. Sin embargo un afrontamiento responsable de nuestro presente y nuestro futuro nos coloca inevitablemente ante la idea de autorregulación individual y colectiva, o de limitación cuantitativa en aspectos tales como población, tecnología, prácticas sociales, acumulación de posesiones materiales de uso individual y, en general, imaginario cultural sobre qué entendemos por “vida buena”. Lejos de hallarnos ante los problemas “ingenieriles” de conseguir siempre más agua, energía, alimentos, sistemas de eliminación de residuos, etc., en realidad tenemos sobre todo que resolver problemas filosóficos, políticos y económicos que se refieren a la autogestión colectiva de las necesidades y los medios para su satisfacción. En un “mundo lleno”, no se trata ya de un (imposible) aumento indefinido de la oferta, sino de gestionar de manera global, equilibrada, racional y equitativa la demanda.

2. Principio de Biomímesis:

El cambio de pregunta aquí iría desde el ¿Cómo dar solución a una determinada necesidad humana de manera que sea susceptible de generar un rédito monetario? a ¿Cómo la naturaleza y los ecosistemas darían solución a este problema?. Esta nueva perspectiva nos ayudará a afrontar el “problema de diseño” de nuestro actual sistema sociopolítico. Desde hace decenios, ecólogos como Ramón Margalef, H. T. Odum o Barry Commoner han propuesto que la economía humana debería imitar la “economía natural” de los ecosistemas. El concepto de biomímesis hace referencia a esta idea de imitar a la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera. No es que exista ninguna agricultura, industria o economía “natural” sino que, al tener que reintegrar la tecnosfera en la biosfera, el hecho de estudiar cómo funciona la segunda nos orientará sobre el tipo de cambios que necesita la primera. La biomímesis es pues una estrategia de reinserción de los sistemas humanos dentro de los sistemas naturales. Estos sistemas, orientados siempre a la compensación de los desequilibrios, podrían describirse en base a diez propiedades básicas:

1. Funcionan a partir de la luz solar. + 2. Usan solamente la energía imprescindible. + 3. Adecúan forma y función. + 4. Lo reciclan todo. + 5. Recompensan la cooperación. + 6. Acumulan diversidad. + 7. Contrarrestan los excesos desde el interior.  + 8. Utilizan la fuerza de los límites. + 9. Aprenden de su contexto. + 10. Cuidan de las generaciones futuras.

Y la naturaleza es la única empresa que nunca ha quebrado en sus 4.000 millones de años de existencia . Esta empresa se basa en un tipo de “economía” cíclica, totalmente renovable y autorreproductiva, sin residuos, y cuya fuente de energía es inagotable en términos humanos: la energía solar en sus diversas manifestaciones (que incluye, por ejemplo, el viento y las olas). En esta economía cíclica natural cada residuo de un proceso se convierte en la materia prima de otro: los ciclos se cierran. Por el contrario, la economía industrial capitalista desarrollada en los últimos dos siglos, considerada en relación con los flujos de materia y de energía, es de ejecución lineal: los recursos quedan desconectados de los residuos, los ciclos no se cierran. No se trata de que lo natural supere moral o metafísicamente a lo artificial: es que exhibe un funcionamiento más ajustado a los límites de la realidad porque lleva bastante más tiempo de rodaje.

 (Basado en ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación. de Jorge Riechmann.)

[Continúa y finaliza aquí: ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (y IV)]

diciembre 9, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (II)

mundo-llenoEn la entrada anterior intentamos contraponer la visión primitiva del “mundo vacío”, sobre la cual se construyó todo el edificio teórico y filosófico del liberalismo económico que aún pervive, frente a la visión del “mundo lleno”, mucho más propia y adaptada al mundo del Siglo XXI. La visión del “mundo vacío” trae inevitablemente aparejada una serie de profundos problemas, para los cuales el propio modelo del pensamiento económico decimonónico carece de respuestas viables. Enumeremos algunos de ellos:

1. Hemos “llenado” el mundo no solo en términos de número de personas sino también en términos materiales, saturando el espacio ecológico (como nos ha hecho ver el economista ecológico Herman E. Daly desde hace más de dos decenios). A esto podemos denominarlo el problema de escala.

2. Nuestra tecnosfera está mal diseñada, y por eso –como nos enseñó el biólogo Barry Commoner hace más de treinta años— se halla “en guerra” con la biosfera. A esto lo llamaremos el problema de diseño.

3. Además, somos terriblemente ineficientes en nuestro uso de las materias primas y la energía como han mostrado, entre otros, Lovins y Ernst Ulrich. Denominaremos a esto el problema de eficiencia.

4. Nuestro poderoso sistema ciencia/técnica (que ahora podemos cabalmente llamar tecnociencia, tal y como insiste Javier Echeverría) anda demasiado descontrolado porque está pilotado por intereses particulares y no por intereses generales. Cabe referirnos a ello como el problema fáustico.

5. Iniciar soluciones para los cuatro problemas anteriores podría bastar para pacificar nuestras relaciones con la naturaleza, pero no para lograr un espacio humano convivencial y habitable. Una sociedad que fuera capaz de solucionar los cuatro problemas anteriores podría mantener, sin embargo, grados extremos de desigualdad social o de opresión sobre las mujeres. Podrían existir, por tanto, sociedades ecológicamente sustentables que fuesen al mismo tiempo ecofascistas y/o ecomachistas. El grado de desigualdad social que hoy prevalece en el mundo es históricamente inaudito, sigue en aumento y conduce a un terrible desastre. No es tolerable –ni tampoco viable a la larga– que más del 80% de los recursos del mundo estén en manos de menos del 20% de la población. A este último lo llamaremos el problema de la desigualdad.

Para explorar un camino de sostenibilidad debemos partir de un diagnóstico general de la enfermedad, que está ya esbozado. A partir de ahí se trataría de proponer un tratamiento que podríamos resumir en 5 principios básicos, cada uno de ellos preferentemente vinculado a uno de los problemas enumerados:

1. Problema de escala: Hemos “llenado” el mundo de personas, objetos, residuos, construcciones, fábricas, etc. –> Vía de solución: Principio de gestión de la demanda.

2. Problema de diseño: Nuestros mecanismos de tecnoproducción están mal planteados –> Vía de solución: Principio de biomímesis

3. Problema de eficiencia: Somos energéticamente ineficientes –> Vía de solución: Principio de ecoeficiencia

4. Problema fáustico: Nuestra poderosa tecnociencia está descontrolada –> Vía de solución: Principio de precaución

5. Problema de la desigualdad: El modelo económico imperante conduce inevitablemente a una desigualdad socio-económica entre individuos disparada –> Vía de solución: Principio de igualdad social

(Basado en ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación. de Jorge Riechmann.)

(Continúa aquí – Parte III)

diciembre 8, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (I)

(Esta entrada está basada en un artículo publicado por el ecologista Jorge Riechmann hace algún tiempo en la revista del CSIC Isegoría. El texto original “¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación“.)

Para entender la necesidad imperiosa de realizar una reforma estructural en nuestro modelo de desarrollo globalizado podríamos acudir a la  la metáfora que plantea la disyuntiva entre habitar un chalé aislado (opción “la casa de la pradera”, digamos), o un piso de un bloque de viviendas. En el primer caso, (visión del “mundo vacío”) puede uno hacerse la ilusión de que su forma de vivir no afecta a los demás, y –si cuenta con recursos suficientes— organizarse básicamente sin tener en cuenta a los otros. En el segundo caso (visión del “mundo lleno”), ello es manifiestamente imposible. Ahora bien: para generalizar en nuestra biosfera la manera de vivir que metaforiza “la casa de la pradera”, tendríamos que ser muy pocos y muy ricos, y sabemos que ése no es el caso. A comienzos del siglo XXI somos 7.000 millones de habitantes, con cientos de millones de pobres de solemnidad y un nivel aberrante de desigualdad social. Estamos abocados entonces a un modelo de convivencia que, a escala planetaria, se parecerá más a la de la comunidad de vecinos en el bloque de viviendas, es decir, a la visión del “mundo lleno”. Sin embargo a cualquiera que haya vivido las aburridas y muchas veces difíciles reuniones de los vecinos de la escalera, donde hay que aguantar las excentricidades de la del tercero derecha, las inaguantables pretensiones del morador del ático y el aburrido tostón que nos endilga el del segundo izquierda, la perspectiva podrá parecerle descorazonadora. No obstante ésa es la situación en que nos hallamos, y no va a modificarse ni un ápice por intentar ignorarla practicando la política del proverbial avestruz. Tendremos que mejorar la calidad de la convivencia con los vecinos de nuestra escalera, darnos buenas reglas para el aprovechamiento compartido de lo que poseemos en común, y educarnos mutuamente con grandes dosis de paciencia, tolerancia y liberalidad. Estamos obligados a llegar a entendernos con esos vecinos, so pena de una degradación catastrófica de nuestra calidad de vida… o quizá, incluso, de la desaparición de esa gran comunidad de vecinos que es la humanidad, cuya supervivencia a medio plazo en el planeta Tierra no está ni mucho menos asegurada.

Somos muchas y muchos viviendo dentro de un espacio ambiental limitado. Las reglas de convivencia que resultan adecuadas para esta situación son diferentes, sin duda, de aquellas que hemos desarrollado en el pasado, cuando éramos pocos seres humanos viviendo dentro de un espacio ambiental que nos parecía ilimitado.  Pensemos por ejemplo en que, todavía hoy, las subvenciones para actividades que destruyen el medio ambiente (como la quema de combustibles fósiles, la tala de los bosques, la sobreexplotación de acuíferos o la pesca esquilmadora) alcanzan en todo el mundo la increíble cifra de 700.000 millones de dólares cada año: se trata, evidentemente, de una situación heredada de tiempos pasados, cuando en un “mundo vacío” podía tener sentido incentivar económicamente semejantes actividades extractivas. En el caso concreto del estado español las petroleras consiguen beneficios extraordinarios en detrimento de las renovables gracias a la sumisión de los diferentes gobiernos a estos lobbys. En un “mundo lleno” todo esto resulta suicida: hacen falta nuevas reglas de convivencia (para empezar dejar de subvecionar tales actividades para pasar a gravarlas con ecoimpuestos o tasas ambientales, por ejemplo). Un asunto que en la nueva situación se torna imperioso es la necesidad de incrementar la cantidad y la calidad de la cooperación. Somos muchos, y estamos destinados a vivir cerca unos de otros. Tal situación no es necesariamente una condena: podemos y debemos transformarla en una ocasión para mejorar juntos. Pero eso nos exige pensar de otra manera sobre los valores de lo individual y lo colectivo, y en cierta forma nos convoca a reinventar la política, más allá del Mercado y del Estado, mediante el cuidado de lo común, como queda perfectamente expresado en el bellísimo texto La Carta de los Comunes.

Una tendencia histórica del capitalismo industrial ha sido producir cantidades crecientes de bienes y servicios con cantidades decrecientes de trabajo humano. En el “mundo vacío” de los comienzos de la industrialización, donde el factor trabajo escaseaba y el factor naturaleza abundaba, tenía sentido concentrarse en la productividad humana; en un “mundo lleno” en términos ecológicos, donde la situación es inversa (el factor trabajo abunda y el factor naturaleza escasea), hay que invertir en protección y restauración de la naturaleza, a la vez que hacemos disminuir las jornadas de trabajo. La jornada de trabajo de 8 horas fue una conquista de finales del siglo XIX que en siglo XXI ya debería ser actualizada. Hace un par de siglos, podíamos pensar que el mundo estaba lleno de naturaleza y vacío de gente; hoy está lleno de gente y cada vez más vacío de naturaleza. Observamos con claridad cómo, desde el momento en que se ha “llenado” o saturado ecológicamente el mundo, han de cambiar las reglas básicas de juego (en este caso, las estrategias de producción de bienes y servicios, así como el reparto del trabajo y sus jornadas) .

 En un “mundo lleno”, no quedan ya tierras vírgenes por explotar, y caen las bases de la teoría liberal de la apropiación justa. En un “mundo lleno” como el nuestro la filosofía de John Locke, Adam Smith, Jeremy Bentahn o  Stuart Mill ha dejado de tener sentido, porque esas teorías fueron formuladas hace siglos en un contexto en el que la naturaleza era concebida como un inmenso e inagotable cofre del que debíamos apropiarnos. En un planeta finito, cuyos límites se han alcanzado, ya no es posible desembarazarse de los efectos indeseados de nuestras acciones (por ejemplo, la contaminación) desplazándolos a otra parte: ya no hay “otra parte”. Una vez hemos “llenado el mundo”, volvemos a hallarnos de repente delante de nosotros mismos: recuperamos de alguna forma la idea kantiana de que en un mundo redondo nos acabamos encontrando. Por eso, en la era de la crisis ecológica global, la filosofía, las ciencias sociales y la política entran en una nueva fase de acrecentada reflexividad. Desde mañana, la humanidad debe ser diferente de lo que era ayer, del mismo modo que el hombre adulto se diferencia del niño.

(Continúa en ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (II) ).

marzo 12, 2012

La propiedad privada no tiene futuro

Eficiencia energética y propiedad privada tenderán a convertirse en conceptos incompatibles

En un sistema cerrado, como es nuestro planeta, con incrementos sostenidos de población, la propiedad privada se vuelve cada vez más ineficiente. Dificultades para el acceso a la vivienda, energía cada vez más cara, residuos y contaminación que no dejan de acumularse, materias primas de cada vez más difícil acceso, salarios cada vez más ajustados. Todas estas circunstancias dibujan un cuadro en el que la propiedad privada se irá convirtiendo en un sistema cada vez más ineficaz de cara a la sostenibilidad de la economía. Al igual que sucede en Internet, donde no tiene sentido que cada usuario tenga un servidor exclusivo para publicar sus contenidos, la propiedad individual deberá ir mutando hacia los usos compartidos, inclusivos y comunitarios, mucho más lógicos y racionales para funcionar en entornos finitos y con recursos limitados, como es nuestro caso. En futuras épocas de austeridad, como las que se avecinan de manera irreversible, no será eficiente energéticamente que tengamos coches particulares, en lugar de usar transportes grupales, o piscinas de uso familiar en entornos de sequías endémicas. Los servicios de alquiler público de bicicletas, vivienda, aparatos costosos o prendas de vestir para ocasiones especiales,  (por poner algunos ejemplos) irán ganando adeptos de manera progresiva. De esta manera se reducirá el consumo de energía y la generación de residuos. Tampoco tiene mucho sentido mantener posesiones inmobiliarias que apenas se usan unos pocos días al año, en lugar de utilizar fórmulas colectivas de propiedad. Los países nórdicos saben mucho de todo esto desde hace décadas y por ello tienen potentes servicios públicos que optimizan los consumos y los costes medioambientales. En los países del Sur cada vez son más los jóvenes que recurren a fórmulas de pisos y coches compartidos o la economía de trueque para ganar en eficiencia, sostenibilidad y aprovechamiento de las opciones disponibles. En un reciente artículo aparecido en prensa podemos leer:
Las páginas de trueque como www.truequi.com se han multiplicado. Intercambiar servicios además de productos está en auge. La red CouchSurfing aglutina a personas de todo el mundo que ofrecen nuevas fórmulas para disfrutar de ciertos bienes. Otros optan por los bancos de tiempo, en los que la unidad de transacción no es el dinero sino los minutos. Entre los servicios que más se ofertan están los formativos: tú me das una hora de clase de alemán y yo a ti una de fotografía. Gente que antes gastaba 120 euros en gasolina al mes en ir al trabajo han reclutado a otras tres personas para compartir coche y minimizar costes (y emisiones contaminantes), una práctica muy extendida, en torno a la que han surgido páginas como www.blablacar.es o www.comparteviaje.es. Porque la Red acumula miles de espacios con información para ayudar a rentabilizar la riqueza de manera inteligente. Desde que la crisis estalló en 2008 se nota que la gente es cada vez más ingeniosa y busca alternativas, como puede comprobarse en la web Sindinero.org.

marzo 9, 2012

29M: Reinventando y amplificando la Huelga General

El trabajo no asalariado sostiene la producción

La convocatoria de una nueva Huelga General en todo el estado español es tan justa como necesaria. Desde aquí nuestro apoyo incondicional. Dicho esto nos parece necesario añadir que, en un mundo en el que todo debe reinventarse, la Huelga no debe ser un hecho aislado, ni mucho menos un fin en si misma. Las nuevas huelgas del siglo XXI deben ser masivas, inclusivas y totalizadoras, no ciñiéndose al cerrado y engañoso marco del trabajo asalariado. Como nos recuerdan Yayo Herrero y Luis González Reyes en su artículo “Decrecimiento justo o Barbarie” las élites pretenden que nuestra sociedad asocie trabajo exclusivamente con el empleo remunerado. Se invisibilizan así los trabajos que se centran en la sostenibilidad de la vida (crianza, alimentación, cuidados a personas mayores o enfermas…) que, siendo imprescindibles, no siguen la lógica capitalista. El sistema no quiere pagar los costes de reproducción social, ni tampoco puede subsistir sin ella, por eso esa inmensa cantidad de trabajo permanece oculta y cargada sobre las mujeres. Una huelga de mujeres no asalariadas paralizaría el mundo porque sin reproducción no hay producción. Es por ello que todos y todas podemos participar en esta nueva e imprescindible Huelga General simplemente dejando de hacer las cosas habituales que hacemos a diario incluyendo a estudiantes, amas de casa, parados, jubilados, autónomos y, por supesto, trabajadores asalariados. Aunque el sistema intente engañarte con su lenguaje manipulado no dudes en que tú también produces. Seas quien seas, hagas lo que hagas. Sin tu acción diaria algo se detendría, algo dejaría de funcionar, alguien dejaría de acumular. Todxs consumimos, todxs producimos porque sin economía reproductiva la economía productiva no podría existir. Aunque no tengas un empleo remunerado tu acción diaria contribuye en alguna manera a facilitar que otros y otras produzcan. Dentro de los trabajos habituales (remunerados y no remunerados) sólo lo imprescindible para no poner en riesgo la salud, la seguridad o la vida de otros seres humanos debe ser hecho en ese día tan especial. El 29M deja de estudiar, deja de planchar, deja de comprar, deja de buscar empleo, deja de ir a la fábrica, al hospital, al colegio o a la oficina. Cambiemos ese día y hagamos algo nuevo y distinto. Paseemos, respiremos, dibujemos, escribamos, promovamos acciones o inacciones de boicot e insumisión, tomemos las calles, salgamos a manifestarnos unidos, pacíficos, conscientes, concentrados y dispuestos a conquistar la dignidad que desde siempre llevan intentando arrebatarnos.

Algunos lo han llamado Huelga Social. El 29M hay que ir más alla y plantearnos, en todos los órdenes comunitarios,  un nuevo concepto de Huelga General contra el pensamiento único.

noviembre 3, 2011

DesPIBizar la economía

Nunca habrá salida a la crisis sistémica si partimos de premisas equivocadas e instrumentos de medición averiados para chequear nuestro progreso. Mientras sigamos pensando que el PIB es la unidad de medida de una “buena economía” seguiremos caminando como zombis desnortados por el tablero de la historia. Basta darse cuenta de qué tipos de actividades pueden hacer aumentar nuestro PIB para entender que esa ruta lleva a Occidente hacia un destino completamente equivocado, rumbo a un futuro aún peor que el actual. ¿Qué cosas pueden hacer crecer nuestro PIB?:

Aumento de las guerras, la violencia y los conflictos armados: Este escenario hará aumentar la facturación por venta de armamento, “sistemas de seguridad”, la inversión tecnológica en industria militar y se creará empleo relacionado con ejércitos, policías y fuerzas privadas de vigilancia, control o agresión contra supuestos individuos sospechosos. Reducir los conflictos violentos locales e internacionales implicaría una importante reducción del PIB de los países “desarrollados”, mientras que la activación de dichos conflictos se convierte en fuente de crecimiento económico capitalista.

Aumento del cáncer o el SIDA: Este escenario hará aumentar la venta de todo tipo de pruebas y herramientas diagnósticas, mamografías, tomografías, scáneres, medicamentos específicos, retrovirales, etc. La industria farmacéutica se frota las manos. Reducir los niveles de enfermedad implicaría una importante reducción del PIB de los países “avanzados”.

Aumento de las adicciones y la prostitución legal: Este escenario hará aumentar la facturación de empresas relacionadas con los juegos de azar, industria del alcohol, industrias tabaqueras y todo tipo de negocios destinados a la distribución, venta y consumo de estos productos. Reducir las ludopatías sociales, el tabaquismo, la alcoholemia o la adicción al sexo de pago conllevaría importantes descensos en el PIB mundial.

Privatización de los servicios de sanidad y educación: Al ser bienes básicos que todos tendremos que seguir consumiendo su trasvase a la economía mercantilizada hará aumentar los niveles de facturación de muchas empresas del sector y la creación de nuevas empresas, aunque eso conlleve un mayor nivel de empobrecimiento y endeudamiento de enormes estratos de la sociedad. Garantizar escuelas y hospitales como bienes públicos y universales conlleva una importante merma de “oportunidades de negocio” para el sector privado que mueve la mayor parte del PIB de los países.

El PIB no nos dice nada sobre cobertura de derechos y necesidades básicas de la población, ni sobre el grado de soberanía política o libertad de los ciudadanos, ni sobre desigualdades obscenas en la distribución de la renta. ¿Tiene sentido que las agresiones a los derechos humanos puntúen de manera positiva en nuestros balances económicos?, ¿Tiene algún sentido seguir midiendo la bondad de un proyecto político en función del PIB?

octubre 28, 2011

Humanismo: La necesidad agónica de alcanzar un nuevo paradigma

“En un mundo en el que el dinero se ha convertido en el valor central de la existencia, no debieran sorprendernos las consecuencias de semejante negación del sentido de la vida humana. No puede sorprendernos la creciente inequidad en la distribución de la riqueza, ya que se trata de una competencia individualista en la que necesariamente debe haber ganadores y perdedores. No pueden sorprendernos las sucesivas crisis financieras y su correlato de recesión, en un sistema que solo puede sostenerse mediante el endeudamiento creciente. No pueden sorprendernos las guerras por los recursos naturales escasos, en un mundo depredado por el consumismo de los más beneficiados. No puede sorprendernos la violencia social, cuando cada vez más gente se siente marginada y fracasada, al contrastarse con ese mundo paradisíaco ofrecido por la publicidad consumista y no puede sorprendernos el nihilismo, la locura y el suicidio, cuando se ha perdido el sentido de la existencia, al pretender cambiarlo por el exitismo materialista.

Hay quienes creen que, por el solo hecho de que las crisis económicas afectan a mucha
gente, habrá entonces mayorías convencidas de cambiar al sistema económico. Y eso no es así, porque el individualismo ha calado hondo, y el hecho de que ante una crisis generalizada muchas individualidades converjan en una protesta, no significa que se haya trascendido el individualismo, y por eso no es tan sencillo pasar a otras instancias organizativas que realmente puedan reemplazar al sistema. De modo que la propuesta de una transformación en el sistema económico, no puede plantearse solamente en términos de factibilidad técnica, ni en términos de conveniencias mayoritarias. Debe ser planteada desde una mística social que tenga como bandera la ética de la coherencia, que en lo económico significa anteponer la resolución de las necesidades básicas de todos los habitantes del mundo, antes de cualquier otro interés sectorial o individual”.

(Extracto tomado del documento elaborado por Equipo de Coordinación Internacional del PHI).

¿Cómo sorprendernos del aumento del desempleo cuando los beneficios monetarios de las grandes empresas y sus cotizaciones en bolsa aumentan en consonancia a las reducciones de plantilla?. No son los malos gobiernos sino las reglas intrínsecas al propio sistema quien nos conduce a la situación de crisis estructural en la que nos encontramos. Humanismo y Capitalismo son ideologías y paradigmas conceptuales completamente irreconciliables. Como nos dice Leonardo Boff “El capital financiero se desenganchó de la economía real; la economía en su conjunto, de la sociedad; y la sociedad en general de la naturaleza”. El cambio debe ser profundo, radical y debe empezar por aquellos que se consideran más revolucionarios o comprometidos ya que, como muy bien nos recuerda el movimiento decrecentista con sus verdades incómodas, gran parte de nuestros estándares de confort propios del estado del bienestar occidental solo son posibles en un contexto de explotación brutal de la naturaleza y de los trabajadores de otras zonas del planeta. Que nadie dude de que el modelo que defendemos y anhelamos implicará profundas renuncias en cuanto a ciertas comodidades materiales en las que necesariamente nosotros y nosotras deberemos ser punta de lanza.

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(Encontré la foto aquí: http://elladonaranja.blogspot.com/2010/04/andamos-full.html)

mayo 10, 2011

15Mayo: ¡Democracia Real Ya!

El 15 de Mayo muchos saldrán para pedir libertad, justicia y democracia real. La Naturaleza y el Trabajo Humano (la mayor parte de él No remunerado) son la única fuente de la riqueza existente. Todo lo demás son engaños, manipulaciones ideológicas y juegos de artificio. El poder de los banqueros y los especuladores pretende imponerse a la soberanía popular y a la democracia en un nuevo totalitarismo que solo es capaz de engendrar violencia, desigualdad y destrucción de los recursos naturales. Los grandes políticos se han puesto al servicio de los grandes propietarios y han sido cegados por sus aspiraciones personales de poder, prestigio y riqueza. Ya no nos sirven porque han perdido todo su crédito. Es hora de empezar a revertir la situación por el bien de la humanidad, del planeta y, sobre todo, de las generaciones futuras.

Reseña de Jordi Calvo sobre esta convocatoria: Nuestra propia revuelta

marzo 6, 2011

La ficción del crecimiento como génesis del colapso

Mucho se ha escrito sobre la crisis financiera con ayuda de complicados tecnicismos bancarios. Tras la jerga habitual, plagada de términos en inglés, la gente apenas alcanza a entender la magnitud y gravedad del problema con el que nos enfrentamos. La alegre inconsciencia de muchas personas desinformadas les hace vociferar continuamente de manera pueril, siendo incapaces de establecer cadenas de causas y efectos que tengan más de dos eslabones interconectados.

La explicación más certera de la crisis vendría dada por el desacoplamiento entre la economía real y la economía virtual en las últimas décadas. Le emisión descontrolada de activos financieros no guarda una correlación con la cantidad disponible de bienes materiales en circulación, produciendo una profunda confusión entre lo real y lo imaginario en lo que muy bien podríamos denominar la “ensoñación del crecimiento perpetuo”. (*)

El desacoplamiento entre activos financieros y bienes naturales, génesis del colapso

La desmesurada pendiente de la línea roja cabalga sobre la expectativa de crecimiento de la línea azul, pero la materialización de los activos financieros en productos reales requiere un lapso de tiempo futuro cada vez mayor. De esta forma vemos como los bancos, por poner un simple ejemplo, necesitan alargar los plazos hipotecarios para que la gente pueda mantener la aspiración de finalizar los pagos. Y es que nuestra capacidad de trabajo y la capacidad del planeta para producir bienes materiales asciende a una velocidad mucho menor que la creación de activos financieros. La ficción de que los inmensos capitales, bonos y valores que se crean de la nada podrán ser reembolsados con intereses en el futuro no puede seguir manteniéndose por más tiempo. Esta certeza se hace especialmente dramática ante el agotamiento de los recursos naturales, el peak-oil y la crisis medioambiental. La línea azul se irá acercando a la pendiente cero para posteriormente comenzar a caer y la línea roja se quedará “colgando de la brocha”. El colapso está asegurado porque la expectativa de un crecimiento firme y robusto de la línea azul es la “clave de bóveda” sobre la que descansa todo el sistema de pensamiento capitalista. La simple percepción de que este crecimiento no será físicamente posible provocará en pocos años la implosión del sistema. Ante este panorama las medidas de choque pasan por edificar las bases para una economía estacionaria:

1. Los nuevos bancos tendrán que organizarse para prestar sin interés. Las entidades financieras tendrán que pasar a proporcionar  un servicio social sin ánimo de lucro, bajo control público. El dinero, por tanto, no podrá ser emitido como deuda sino exclusivamente como medio de pago, es decir, como moneda social.

2. Habrá que volver a correlacionar la economía real y la economía virtual, de manera que esta última solo sea un fiel reflejo de la primera y esté siempre subordinada a ella. Ello exigirá la destrucción del 90% de los activos financieros disponibles en la actualidad.

3. Las bolsas de valores, junto con los juegos de azar, han desempeñado un papel fundamental como iconos máximos de la ensoñación del crecimiento perpetuo (*) y del lujo ilimitado que tan dañinos están resultando para nuestro presente y nuestro futuro colectivos. En consecuencia deberán cerrar porque sólo sirven para catapultar aún más el crecimiento acelerado de la línea roja y, con ello, para acelerar las crisis energéticas y medioambiental. A estas alturas está claro que han sido el paradigma de la concentración de enormes cantidades de recursos en manos de muy pocos, derrochados en beneficio de esos pocos, y no han dotado a la mayoría de la humanidad de ventaja alguna.

4. La acumulación de dinero, valores, productos financieros e incluso propiedades físicas tiene que estar limitada por individuo y unidad empresarial. Para mantener una economía sostenible el correcto reparto y distribución de los bienes existentes cobra una importancia vital.

5. La producción de bienes deberá acoplarse a la disponibilidad menguante de la energía que los puede poner a disposición de la sociedad. Se acabará el derroche, pues no va a haber cada vez más energía, sino menos. Las distancias que podrán recorrer las mercancías y las personas serán mucho menores y los desplazamientos físicos se realizarán a velocidades muy inferiores a las actuales.

Para una exposición más ampliada de la cuestión puede consultar se el texto de Pedro Prieto y Manuel Talens:

http://www.decrecimiento.info/2011/03/colapso-energetico-y-financiero.html
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(*) La “ensoñación del crecimiento perpetuo” o “Pensamiento lechera” del tipo “Haz crecer tu dinero” , es la piedra angular sobre la que descansa toda la ideología capitalista. Esta forma de razonamiento, propio de un funcionamiento cognitivo fabulatorio e infantilizado, ha calado en importantes masas de la población y es asumido de manera acrítica por nuestros dirigentes políticos neoliberales. La confusión entre lo real y lo imaginario en la proyección a largo plazo de nuestra riqueza material, tan intrínseca a los juegos de azar y los mercados financieros, está en la misma esencia del engranaje intelectual capitalista. El crecimiento de los activos monetarios (dinero, acciones, bonos, letras, pagarés, obligaciones, promesas de pago…) es crecimiento virtual, en contraposición con el crecimiento real siempre limitado, modesto y asociado con las biocapacidades humanas y medioambientales.

marzo 4, 2011

Economía estacionaria

La economía del crecimiento, un callejón sin salida

Cada vez son más las asociaciones internacionales interesadas en el diseño político de un nuevo modelo alternativo al actual sistema capitalista, que cada día se revela más insostenible. Un ejemplo es el “casse” (Centro para la anticipación de una economía de estado estacionario) que ha publicado este interesante extracto de informe: EnoughIsEnough_Summary_ES.

Las dinámicas actuales de la globalización capitalista ponen de manifiesto, dramáticamente, la insuficiencia teórica del modelo ideológico dominante desde el punto de vista de la cobertura de necesidades básicas para la población mundial. Como ya hemos reseñado en otros textos las contradicciones y callejones sin salida del sistema basado en el crecimiento se hacen ya muy difíciles de ocultar. El progreso pasa obligatoriamente por la emergencia radical de un nuevo paradigma que se construya sobre la lógica del reparto y la distribución, en sustitución de la actual lógica de la concentración y la acumulación.

El indicador por antonomasia para medir la salud de la economía en el actual y decadente modelo ideológico es el PIB, es decir, la suma del valor (a menudo en dólares) de todos los productos y servicios generados/comercializados en un país durante el año. En el modelo emergente este indicador no será ya válido, debido a su demostrada insuficiencia para evaluar de manera mínimemente satisfactoria el conjunto de variables impicadas en el bienestar biosocial, desde una perspectiva global.

A partir de los desastres ecológicos provocados por el desfrenado crecimiento económico, surge una reflexión para mejor medir el progreso económico. El Índice de Progreso Genuino (IPG) es un concepto que se deriva de una fusión entre la economía ecológica y de la economía del bienestar. El IPG supone que el crecimiento del PIB tiene costos y beneficios. Supone, pues, que determinado crecimiento económico más allá de un punto puede ser dañino, o sea, antieconómico. El índice procura cuantificar tanto los beneficios como los costos. No hay crecimiento en el IPG si los costos de contaminación equiparan al crecimiento del PIB. Más allá hay un momento de inflexión donde el crecimiento económico se torna antieconómico. El concepto de IPG es políticamente más aceptable que el PIB ya que toma en cuenta más aspectos como la mayor o menor bio-capacidad así como la distribución más o menos desigual de los ingresos. De esta forma brinda información sobre el bienestar natural y humano. Estos aspectos apuntan mejor al bienestar real y su futuro.

Para medir el IPG se tomarán en cuenta una serie de factores que restan o suman valor al PIB. Cuando hay pérdida de recursos naturales o contaminación del agua y del aire se resta valor al PIB. El IPG contempla y cuantifica otros factores que se suman al PIB: El trabajo doméstico o el tiempo libre son valores que se suman al PIB; conforme aumenta la desigualdad del ingreso y alza el gasto de defensa se resta valor al PIB. Si disminuye en cambio la desigualdad se suma valor al PIB. Cuando aumenta la vida media de los productos de consumo y de la infraestructura se suma valor al PIB y se resta valor si sucede lo contrario, etc. Un producto con una vida larga suma valor al PIB ya que nos acompaña más tiempo y por lo tanto genera menos residuo. La evolución positiva del IPG sugiere un progreso genuino de la vida, la negativa más bien un deterioro.  El IPG muestra que mundialmente hubo un incremento en el bienestar hasta principios de los años setenta. A partir de entonces el IPG decrece, es decir hubo crecimiento antieconómico. Un fuerte crecimiento económico medido por el PIB, no garantiza para nada un aumento en el IPG.

Hacia_una_economia_estacionaria – Win Dierckxsens (Holanda)

febrero 27, 2011

Limitación de la velocidad: Una medida en la buena dirección

El "elogio de la lentitud", toda una filosofía de vida

Los cuadros medios encargados de gestionar los asuntos económicos en el estado español han acertado en esta ocasión. La reducción de la velocidad máxima a 110 km/h en autopistas y autovías es una propuesta acertada porque:

* Nuestro estilo de vida no es sostenible, hay que cambiarlo empezando por las pequeñas cosas. Esta nueva norma traslada a la ciudadanía el mensaje de que tenemos un problema con los recursos naturales y que es necesario modificar nuestros hábitos. Aunque no todos somos igual de responsables sí es una tarea y una obligación de tod@s el hacer frente común contra el shock medioambiental.

* Es una medida democratizadora e igualitaria.

* Bajarán el consumo, la contaminación, el ruído y los accidentes.

* Indirectamente desincentivará la compra de coches de gran potencia, lo cual siempre es una buena noticia.

Por supuesto la medida es completamente insuficiente pero no por ello deja de estar correctamente encaminada. Coincidimos en la valoración con Ecologistas en Acción y también con Greenpeace, a favor de la reducción. En cambio creemos que, en esta ocasión, Cayo Lara se equivoca.

febrero 5, 2011

Decrecimiento, PIB y Buen Vivir

El capitalismo y sus instrumentos de medida están construidos sobre una montaña de premisas falsas. Las consecuencias están a la vista.

Alternativas de attac a la globalizacion neoliberal y el poder de los mercados

Que baje el PIB para nada significa que se viva peor o se tenga menos. Si las prestaciones públicas fuesen universales e incluyesen un magnífico servicio de transporte, sanitario, educativo, de energía, de agua potable, etc. sin necesidad de ser facturados, no incrementaríamos nuestro PIB. Tampoco hoy figuran en el PIB las, imprescindibles para la sociedad, actividades de cuidados familiares y de mantenimiento del hogar, desarrolladas masivamente por mujeres y que no se facturan, y sin las cuales la llamada “economía productiva” quedaría completamente paralizada. Y es que no puede haber economía productiva sin economía reproductiva por mucho que la mentirosa contabilidad capitalista pretenda disociarlas. El PIB solo es un falso índice de progreso material, ni siquiera de bienestar. Por eso hay que hablar de “Buen vivir” en contraposición del “mal vivir” de ahora con la mercantilización de todos los aspectos de la Vida.

Al crecimiento medido en PIB, mal vivir del sistema del capitalismo financiero internacional, se le opone el Buen Vivir, el sistema de las personas por y para las personas y la Vida, con más bienestar, seguridad, tranquilidad y realización individual de ciudadanía integrada en sus colectividades, es decir, se le opone el sistema del capital social e institucional vinculado a las poblaciones y sus necesidades localizadas en territorios.

Este Buen Vivir supone un “decrecimiento” medido en PIB por tres motivos inmediatos y claros:

1. Si actualmente el capital financiero supone más del 40% del PIB mundial y debería significar sólo en torno al 5-6% (lo que representaba en 1971 con el sistema dólar-oro fijo de Bretton Woods) significa que si eliminamos la especulación el PIB tal y como se contabiliza ahora se reducirá en torno a un tercio (más o menos 40% – 6% = 34%) Viviremos mejor con menos

2. Si hacemos la imprescindible y urgente revolución energética con las energías renovables y lo que algunos llamamos la “democratización de la energía” que ya es técnicamente real en determinadas zonas-islas locales en base a solar y eólica, que suponen una inversión inicial pero después sólo el mantenimiento, se reduciría la factura de compra de petróleo y la de su transporte, bajando el PIB. A esto hay que añadir el desarrollo de la soberanía alimentaría y sus efectos añadidos.

3. Si desmontamos la sociedad de consumo y despilfarro del consume y tira (ejemplo de móviles que hay que tirar enteros en vez de cambiarles la pieza de actualización nada más porque las empresas necesitan facturar y crecer permanentemente para reproducir de forma ampliada su capital) por una sociedad de satisfacción y consumo responsable y verdaderamente sostenible, estaremos reduciendo las facturaciones de las empresas y el PIB, tal y como actualmente lo contabilizamos. Tendremos mejor cubiertas las necesidades sociales y habrá menos carencias que ahora. Tendremos más calidad de vida e incluso tendremos mejores servicios públicos con menos propiedad individual sobre ellos.

A los objetivos, motivaciones y valores del capital financiero internacional se le contraponen los objetivos, motivaciones y valores del capital social e institucional. Al crecimiento de la tasa de ganancia del capital, autonomía para sus gestores y supervivencia del sistema del capital financiero especulativo internacional, se le contrapone la supervivencia de la Vida, la humanidad y las personas, la seguridad y tranquilidad en el futuro sostenible y la participación en la determinación de sus vidas con la democracia participativa. Al deseo de acumular riquezas y poder en un individualismo competitivo irreal y suicida como motivación del sistema del capitalismo financiero internacional le contraponemos la motivación de una sociedad inclusiva e integradora de personas felices y cooperadoras que comparten la satisfacción de sus necesidades con bienes y servicios públicos gestionados y compartidos democráticamente. A los valores de egoísmo, avaricia y vanidad del sistema actual se le contraponen los de universalidad, solidaridad, cooperación y respeto.

noviembre 20, 2010

Cooperativa integral catalana: De la palabra a la acción

Con el sugerente título, “De la palabra a la acción”,  la CNT nos regaló hace unos días esta conferencia destinada a difundir de primera mano alternativas al sistema político decadente en el que nos encontramos.  Alguna de estas aplicaciones sociales ya están funcionando hoy impulsadas por una enorme carga de inteligencia, coherencia, dignidad, eficacia y trabajo colectivo.

El activista catalán Enric Durán, con su tono pausado y reflexivo, desgranó algunos de los principales ejes de ese precioso e ilusionante proyecto llamado Cooperativa Integral Catalana:

Uno de esos adelantados capaces de unir ya en la actualidad pensamiento y acción post-capitalista

– Creación de intercambios comerciales en monedas locales a través de las ecoxarxes. Se cambian euros por moneda social, en una proporción de 1 a 1, pero no se puede convertir moneda local a euros. Los miembros de la red se agrupan para realizar compras colectivas, potenciando la producción ecológica y el consumo de productos cooperativos que abarcan sectores estratégicos como alimentación, vivienda, salud, transporte y energía. Las monedas locales quedan interconectadas mediante un mecanismo internacional informatizado en red llamado Sistema de Intercambio Comunitario (CES).

–  El objetivo principal es construir un entramado de relaciones económicas, cooperativas y solidarias entre personas y empresas sociales, que salga de las reglas del mercado y que no pueda ser controlado ni por el Estado ni por los bancos. Se trata de llevar a la práctica muchas de las ideas y construcciones teóricas derivadas del movimiento por el decrecimiento y las ciudades en transición.

– Que sea un espacio para promocionar y hacer crecer productos ecológicos y locales, servicios realmente necesarios para nuestro día a día y nuevos proyectos de autoempleo vinculados a estas necesidades. Para ello se articulan espacios de encuentro entre productores y consumidores a través de centrales de compras autogestionadas y realmente comprometidas con la sostenibilidad ecohumana de nuestro hábitat. El trabajo cooperativo valorizado en moneda social sería la forma específica de impuesto en este modelo.

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