Posts tagged ‘derecha’

octubre 16, 2014

“Frente de Izquierdas”: Una marca política ineficiente

En el pasado mes de Mayo del presente año se celebraron elecciones al Parlamento Europeo, con unos resultados que merecen un análisis sosegado. Tanto en España (Izquierda Plural -10%), como en Alemania (Die Linke – 7%), Francia (Front de Gauche – 6%), como  en Portugal (Bloco de Esquerda – 4%), las coaliciones que decidieron utilizar la etiqueta “LaIzquierda” en su identificación electoral obtuvieron unos resultados bastante limitados. En otros países como Italia, Bélgica, Holanda, Reino Unido y países del Este también pudo observarse como las formaciones autodenominadas “De izquierda” o bien repitieron los resultados conseguidos 5 años antes (cuando aún estábamos en el inicio de la crisis) o bien perdieron votos y escaños. (Elordi, C. Cuadernos de eldiario.es #06 – pg.80). Solo la Grecia de Syriza (26%) supuso una excepción a esta regla general.

Por otro lado salta a la vista el hecho de que fueron los movimientos con fuertes tintes identitarios y localistas los que más subieron en estos comicios. Buenos ejemplos podrían ser los de Francia (Front National – 25%), Reino Unido (UKIP – 26% ), Irlanda (Sinn Fein – 17%), Euskadi (Bildu – 23%), Bélgica (Vlaamse), Escocia (SNP), , …

Los hechos demuestran una vez más de forma clara que en contextos de fuerte crisis capitalista las organizaciones expresamente  autodefinidas como “de izquierdas” no son capaces de rentabilizar electoralmente el desencanto social mientras que otros grupos políticos que se agarran a la especificidad lingüística-cultural, al euroescepticismo económico y a la defensa de su propia soberanía política anclada en lo local (dejando en segundo plano su hipotética adscripción izquierdista o derechista), multiplican sus apoyos. Para entender este fenómeno resulta muy conveniente acudir a autores contrastados como Karl Polanyi que ya en 1948 (“La Gran Transformación”) nos explicaba como el grado de violencia estructural necesario para imponer un mercado internacional desregulado genera inevitablemente una reacción defensiva de igual o parecida fuerza por parte de los pueblos que se niegan a aceptar su sumisión a poderes despóticos externa y minoritariamente controlados. La historia demuestra que esta resistencia siempre tiende a hacerse más fuerte y operativa a través del énfasis en lo local e identitario, muy por delante de enfoques con débil aceptación popular que postulan el internacionalismo obrero como estrategia de defensa ante la agresión. Analizar este fenómeno en términos de “izquierdas buenas y perdedoras” frente a  “derechas malas y ganadoras” no deja de ser, cuanto menos, un planteamiento simplista, melancólico e ineficiente desde el punto de vista de la búsqueda de la necesaria superación del sistema imperante. Este esquema de análisis, además, no permite explicar la realidad ya que algunas de las opciones nacionalistas a las que antes hemos hecho alusión son progresistas en sus planteamientos sociales (Bildu, Sinn Féin), mientras otras son conservadoras (FN, UKIP). Si bien es cierto que el fantasma amenazador de la xenofobia (provocado por la fuerte carga de miedo difuso hacia el diferente que nos inocula el sistema) siempre acecha, hay un punto de conexión entre todas esas marcas electorales en la defensa de lo autóctono, la soberanía identitaria y la lucha tenaz contra un capitalismo globalizado y unos mercados inequívocamente depredadores. Insistir en esa estrategia de comunicación política que levanta la bandera del abstracto “Frente de Izquierdas” a pesar de que los resultados históricos cuestionan su validez de forma tozuda, equivale a pretender que la realidad sociológica se acomode a nuestros esquemas en lugar de construir una estrategia política que parta del conocimiento profundo de dicha realidad como punto de arranque para intentar transformarla. Los electores tomarán partido por aquellos grupos que logren ser percibidos como sólidos garantes de sus derechos culturales, sociales y laborales. Su autodefinición explícita como izquierdistas o derechistas no supone ningún valor añadido para esas organizaciones, sino más bien al contrario, una fuente de sospecha y escepticismo para el potencial elector.

Nuestras conclusiones personales, a raíz de la reflexión acerca de los resultados de las últimas elecciones europeas son:

– Por regla general las candidaturas electorales que opten por autoetiquetarse expresamente como “Frente de Izquierda” o “Bloque de Izquierda” tendrán un techo electoral muy limitado, a no ser que se asocien expresamente con una opción soberanista, como es el caso de ERC en Catalunya.

– Los movimientos políticos más prometedores estarán asociados a opciones que se decantan por la horizontalidad, la regeneración ética de la sociedad, el uso decidido de las nuevas tecnologías para la profundización democrática, la transversalidad, la búsqueda valiente del bien común frente a los oligopolios empresariales, la participación directa de la ciudadanía como fuente de poder y la lucha decidida contra la corrupción. (M5S en Italia, Podemos en España…).

– El internacionalismo, siendo completamente necesario como vía definitiva para la superación del funesto capitalismo que nos asola, debe ser introducido mediante nuevas herramientas y estrategias de comunicación política, mucho mejor coordinadas entre los movimientos sociales de diferentes países.

– Los movimientos ecologistas críticos con el sistema (Partidos “Verde” alternativos) de carácter transversal, bien asentados en todos los países de la Europa del norte, también suponen una importante fuente de legitimidad política que debe ser potenciada en la construcción de nuevas marcas electorales con vocación transformadora.

– Los planteamientos del libertarismo social y autogestionario podrían constituir una buena fuente de fundamenación política para la construcción de alternativas presentadas bajo la forma de una nueva centralidad humanista y post-capitalista.

– Frente a una política tradicional que ha huído del establecimiento de límites y controles (en la economía financiera, en la producción material, en la acumulación de riqueza, cargos o poder institucional, en la generación de impactos sobre los ecosistemas…) comenzarán a gozar de mucho mayor prestigio las marcas electorales que planteen abiertamente la necesidad de la limitación y el control en todos los aspectos anteriores, así como en el reparto efectivo del poder realmente existente.

– Las opciones políticas exitosas parten del apego al terreno, se anclan en lo local, para (a partir de ahí) elevarse progresivamente hacia lo global. Etiquetar esto como izquierda o derecha resulta, cuanto menos, ineficiente como estrategia de comunicación orientada al crecimiento significativo en el número de apoyos y en el respaldo popular que pudiera llegar a alcanzar una determinada marca electoral. La variable fundamental para predecir su éxito en las urnas vendrá determinada por la credibilidad del proyecto y sus candidat@s, por la capacidad de empatizar con la gente corriente y, sobre todo, por la carga de ilusión por el cambio que puedan llegar a generar las propuestas de acción que se lanzan a la ciudadanía. Dejar que cada cual decida que etiqueta usar para definir el perfil ideológico implícito en dicha propuesta parecer ser la estrategia más inteligente. Ahora mismo no son “frentes de izquierda” lo que necesitamos. Desde el punto de vista de la comunicación política nos serán mucho más útiles las “alianzas ciudadanas”, frentes del 99% generadores de nuevos imaginarios colectivos y nuevos modelos de sociedad que tengan en el reparto efectivo y horizontal del poder su principal brújula ideológica. En donde algunos verán una peligrosa radicalidad izquierdista otr@s veremos una nueva racionalidad centrista, humanista y post-capitalista sólidamente asentada en el más diáfano sentido común.

abril 16, 2014

Izquierdas y derechas en la centralidad capitalista (II)

00-we-are-the-99-percentLas dinámicas de crisis globales interconectadas (laboral, financiera, ecológica, migratoria, democrática, energética…) siguen avanzando en el actual 2014 con rumbos erráticos y poco predecibles. Aunque no siempre de una manera evidente podemos comprobar que, conforme el proceso discurre, los contornos que dibujan los mapas y las fronteras de los conflictos reales desbordan los aparentes esquemas de confrontación entre supuestas izquierdas y derechas políticas. Los vendavales que hacen crujir los mástiles de nuestras sociedades decadentes, en forma de paro, deuda, violencia y exclusión social, se compadecen mal con simplificaciones y polaridades políticas forzadamente encorsetadas en izquierdas y derechas por la retórica predecible del poder dominante. Las cuestiones medulares que vertebran la política (y por tanto el conflicto social entre lo que es y lo que debería ser) interpelan a las comunidades humanas y desdibujan por completo los contornos de una división simétrica inducida entre frentes ideológicos empaquetados y artificialmente presentados. Nos referimos a retos tales como las demandas identitarias de los pueblos que aspiran a escribir su propia historia, las luchas contra el capitalismo depredador y antidemocrático realmente existente, articuladas en múltiples plataformas tanto internacionalistas como patrióticas, la espiritualidad de la resistencia ante el retroceso de los derechos humanos en muchos lugares del planeta o incluso la composición orgánica de los movimientos obreros y sindicales a lo largo del tiempo. No será dificil encontrar evidencias que nos ayuden a entender que cualquiera de estos frentes de confrontación contra el modelo económico impuesto por el poder de las élites se ha nutrido de elementos culturales que beben en distintas tradiciones de haceres y saberes, constituyendo finalmente tejidos de oposición difícilmente etiquetables en izquierdas o derechas.

En el ámbito del estado español es posible citar diversos ejemplos de estas amalgamas sólidas de resistencia y contrataque. En el campo de las luchas contra el capitalismo depredador podríamos citar estructuras transversales tales como las Plataformas de Afectados por la Hipoteca, las Mareas Ciudadanas que luchan exitosamente por la salvaguarda de los servicios públicos o en general al fenómeno ciudadano de las multitudes indignadas que exigen una democracial real. En el campo identitario, nunca exento de potentes controversias y paradojas, podemos fijarnos en la Asamblea Nacional Catalana que promueve un referéndum soberanista por la autodeterminación, con sustento político en muy amplias capas de población pertenecientes a supuestas derechas, centros e izquierdas. En el campo de la espiritualidad encontramos la existencia de importantes corrientes religiosas y humanistas, provenientes de distintas familias y tradiciones políticas que defienden la centralidad del ser humano y su liberación frente a la mercantilización de la vida. La historia nos demuestra que el anticapitalismo es una poderosa pulsión de resistencia de los pueblos contra la distopía de un mercado omnipotente capaz de engullir los más básicos derechos político-laborales de las comunidades y de las personas, comenzando por su derecho a la soberanía democrática e identitaria y terminando por su elemental derecho a subsistir físicamente ante la miseria creciente. Este anticapitalismo ha bebido tanto de las hipotéticas derechas como de las izquierdas o de los centros. En el lado contrario también hemos contemplado a supuestas izquierdas y derechas convirtiéndose en puntales muy gruesos que han salido escandalosamente en defensa del sostenimiento de un sistema enormemente injusto en sus momentos de debilidad, como sucedió con la reforma del artículo 135 de la Constitución española. De igual forma podemos encontrar a supuestas izquierdas y derechas que colaboran, de manera combinada, en el sostenimiento de un nacionalismo esencialista y exclusivista construído sobre el menosprecio al extranjero y su puesta bajo sospecha, como está sucediendo actualmente en Francia y en otros muchos lugares.

Pero… si las líneas de los conflictos sociales y políticos realmente existentes no se dejan cartografiar con rigor en términos de polaridad izquierdas-derechas… ¿dónde situar las fronteras entre lo que es y lo que debería ser para entender el presente y construir un futuro de convivencia, paz y justicia entre los pueblos?. ¿No será la propia concepción de la sociedad como una estructura vertical, donde el poder se ejerce desde arriba hacia abajo, de una manera intrínsecamente autoritaria en menoscabo de la participación colectiva en la toma de decisiones, frente a un modelo horizontal donde el poder nace desde la base, configurando de manera directa todas las decisiones políticas que afectan a nuestra vida en común?. Por supuesto ese conflicto entre dos concepciones estructuralmente diferentes de la vida en sociedad es, de manera integral, un conflicto ideológico con raíces filosóficas y políticas muy profundas. El verticalismo, un sistema de pensamiento y organización que no confía en la capacidad del ser humano para gestionar de manera auténticamente democrática y colectiva su presente y su futuro contra el horizontalismo, un proyecto que parte de la idea de que la humanidad como conjunto y como constelación de pueblos diversos, está capacitada para autogobernarse de manera adaptativa e inteligente. El futuro, que se hace presente a cada instante, nos interpela a cada una de nosotras para que tomemos partido en este conflicto ideológico. ¿Entregar el poder a “los que saben” o conservarlo para redistribuirlo con equidad?. ¿Confiar en la inteligencia de la multitud o en el pragmatismo brutalmente egoísta de las élites?. Cada camino exige su precio, su coste de oportunidad y sus peajes. Aunque parezca sencillo no es una decisión fácil de tomar.

Entrada relacionada: Izquierdas y Derechas en la centralidad capitalista (I)

junio 18, 2013

La insuficiencia de #laizquierda como ariete contra el poder

Marcos que estrechan nuestras mentes y nos impiden inventar una nueva realidad

Marcos que estrechan nuestras mentes y nos impiden inventar una nueva realidad

El campo de la lingüística cognitiva aplicado a la política ha sido estudiado por diversos autores a lo largo de las últimas décadas. Uno de ellos es el  estadounidense George Lakoff, que publicó en 2004 su famoso libro “No pienses en un elefante“. En ese texto podemos leer:

Los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. En política nuestros marcos conforman nuestras políticas sociales y las instituciones que creamos para llevar a cabo dichas políticas. Cambiar nuestros marcos es cambiar todo esto (…) El cambio de marco es cambio social. Los marcos de referencia no pueden verse ni oírse. Forman parte de lo que los científicos cognitivos llaman el «inconsciente cognitivo» —estructuras de nuestro cerebro a las que no podemos acceder conscientemente, pero que conocemos por sus consecuencias: nuestro modo de razonar y lo que se entiende por sentido común. Todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales. Cuando se oye una palabra, se activa en el cerebro su marco (o su colección de marcos). Cambiar de marco es cambiar el modo que tiene la gente de ver el mundo. Es cambiar lo que se entiende por sentido común. Puesto que el lenguaje activa los marcos, los nuevos marcos requieren un nuevo lenguaje. Pensar de modo diferente requiere hablar de modo diferente.

Lakoff cita en su libro algunos ejemplos de marcos (frames), como el del “padre estricto que debe inculcar disciplina a sus hijos despilfarradores”. El “amor a la patria”, el “alivio fiscal” y la “ineficiencia de lo público” o “la guerra contra el terror” podrían ser otros ejemplos de estos marcos. Los marcos eficaces deben ser potentes y totalizadores, sin dejar resquicios ni espacios para dudas o malinterpretaciones. Los marcos apelan a la dimensión más emocional y menos racional del pensamiento humano. Lo más inquietante de los marcos cognitivos es que condicionan una gran cantidad de nuestras acciones políticas hasta tal punto que unos marcos inadecuados conseguirán que optemos incluso por propuestas ideológicas que van en contra de nuestros intereses individuales o colectivos, llegando a inducir ciertas formas de autoagresión. Será muy difícil convencer a un rival político ofreciéndoles datos o hechos, como tendemos a intentar una y otra vez, porque cuando entren en confrontación con sus marcos cognitivos dichos datos serán repelidos de manera refleja al no poder ser integrados en su estructura previa de pensamiento. Los datos se eliminan, los marcos permanencen. Es como si los marcos cognitivos “impermeabilizaran” nuestra mente, de ahí su enorme trascendencia y utilidad como estrategia de control social. Por supuesto el fabricar o desmontar estos marcos de pensamiento no es una tarea fácil ni rápida. Se necesitan décadas de concienzudo trabajo en una lucha que debe ser librada en todos los frentes. Los gramscianos Joaquín Miras y Joan Tafalla lo explican bien en su artículo “la_izquierda_como_problema“, recientemente publicado en la web sinpermiso, llegando a la grave conclusión de que casi todo está por hacer.

Pensamos que tanto Lakoff como Miras y Tafalla están en lo cierto. Nosotros añadimos que el marco que nos hace contemplar el debate político en términos de izquierdas contra derechas no nos permite seguir avanzando porque introduce confusión en lugar de claridad a la hora de formular unos objetivos estratégicos que nos ayuden a garantizar la sostenibilidad de nuestra especie. Vaya por delante nuestro absoluto respeto hacia la inmensa mayoría de las ideas que suelen ser consideradas “de izquierdas” como la igualdad, la justicia, la fraternidad universal o el respeto a la diversidad, las cuales siempre hemos defendido en esta bitácora. Sin embargo a partir de este punto todo se enturbia y nos vemos poco a poco sumergidos en un terreno ambiguo y pantanoso. No en vano solemos escuchar términos como “verdadera izquierda” para ponernos en alerta contra las “falsas izquierdas”. Pero incluso dentro de eso que llaman “verdadera izquierda” también encontraremos una gran cantidad de planteamientos que pueden llegar a resultar incluso antagónicos. Da la sensación de que el sistema ha descubierto que hay algo mucho más eficaz que quemar la bandera del enemigo: parasitarla, cooptarla y apropiarse de su patrimonio sin destruir el símbolo. Y,en gran parte, es justamente eso lo que ha hecho el sistema con esa manoseada etiqueta sociológica llamada “la izquierda”.

¿Por qué pensamos, modestamente, que la etiqueta #laizquierda ya no resulta útil como palanca eficaz para la superación del orden social existente?

  • La etiqueta política #laizquierda se ha quedado pequeña para dar cabida a la enorme envergadura del proyecto y el desafío que supone actualmente la indispensable superación del capitalismo como sistema totalitario para el control, organización y explotación de los recursos planetarios.
  • La etiqueta política #laizquierda se ha revelado insuficiente para movilizar e ilusionar a toda una pléyade de nuevos actores sociales que emergen en múltiples ámbitos de la vida cultural, política, económica e intelectual de la sociedad global en el S XXI.
  • La etiqueta política #laizquierda no ha sido capaz de proporcionar nuevas respuestas a los viejos dilemas que siguen campeando aún imbatidos sobre la arena del pensamiento político y filosófico del tiempo presente. No ha sido capaz, ni en cuanto a la fijación de los objetivos (¿reformar el capitalismo o derruirlo?, ¿fortalecer el estado o disolver al estado?, ¿potenciar nacionalismos identitarios o internacionalismos obreros?, ¿levantar barreras arancelarias o comerciar sin trabas ni fronteras?, ¿subir impuestos o eliminar impuestos?, ¿producir o decrecer?) ni en cuanto al establecimiento de los métodos organizativos (¿horizontalismo o verticalismo?, ¿bases o vanguardias?, ¿partidos políticos o movimientos sociales?, ¿voto electoral o acción ciudadana?, ¿pacifismo o barricada?, ¿autoridad o libertarismo?)…
  • La etiqueta política #laizquierda introduce división en la sociedad, marasmo en el pensamiento y ambigüedad en la estrategia. ¿Cómo es posible apelar a la unidad desde un concepto tan tremendamente difuso?

brieva_700Entendemos que superar el marco de análisis izquierdas-derechas nos llevará dećadas ya que de lo que se trata es, nada más y nada menos, que de construir un nuevo sujeto político, un nuevo soberano a partir de un pueblo empoderado que tome en sus manos de manera directa el control político de la sociedad y que defienda la democracia de manera radical. Es ese el gigantesco reto que nos plantean Miras y Tafalla en el artículo anteriormente citado. Pensamos que para abordar esta hercúlea tarea debemos dotarnos de nuevos marcos de análisis del tipo libertarismo vs autoritarismo, horizontalismo vs verticalismo, humanismo vs capitalismo, reparto vs acumulación , feminismo vs patriarcado, ecologismo frente a productivismo ecocida, conciencia vs alienación o incluso espiritualidad vs nihilismo. Los ejemplos podrían ser innumerables, siempre por supuesto desde el más absoluto respeto y agradecimiento al legado de los grandes pensadores libertarios de todos los tiempos y de las voces altermundistas más contemporáneas. Búsqueda de unidad política, por supuesto que sí, pero desde nuevas etiquetas y nuevos marcos para la acción que muestren objetivos y métodos más claros, inequívocos y pacíficamente revolucionarios.

noviembre 7, 2012

Izquierdas y derechas en la centralidad capitalista

En repetidas ocasiones hemos tratado este tema que sigue resultando difícil y esquivo para la comprensión de muchísima gente. El mensaje del 15M y del movimiento occupy, “No somos de izquierdas ni de derechas”, ha podido ser interpretado por algunos como “antipolítico” cuando realmente es justo al contrario. En absoluto pretende hacer apología del ocaso de las ideologías, ni refugiarse en un nihilismo místico, ya que apela precisamente a su opuesto: el despertar ciudadano, la repolitización de la sociedad y el empoderamiento colectivo. Para entender esta filosofía y su colisión con los esquemas de anális político en los que hemos sido educados partiremos de un sencillo gráfico:

A una enorme masa de  población le resultará tan “lógica y natural” esta plantilla de anális, que casi no requeriría explicaciones adicionales. Parece equilibrada y pertinente. La hemos llamado “plantilla mental capitalista para el análisis político” y ha sido interiorizada incluso por muchos activistas comprometidos con el cambio y la mejora social. Evidentemente estamos ante una herramienta-trampa para entender las opciones disponibles y para la búsqueda de un posicionamiento personal reflexivo. Analicemos por qué:

– La centralidad y el equilibro está ocupado idealmente por algún planteamiento intermedio entre los defendidos  por los partidos mayoritarios de los países avanzados. Es decir, el punto medio entre PP y PSOE, entre republicanos y demócratas, entre tories y laboristas, entre conservadores y progresistas… . Izquierdas y derechas se funden en el punto representado implícitamente por … ¡el capitalismo perfecto!. La pirámide del bipartidismo queda asumida como una estructura completamente natural, inamovible, eterna.

– El socialismo es empujado hacia los extremos del eje de coordenadas. El esfuerzo de la gente que se considera a si misma como “de izquierdas” debe consistir en huir del centro y buscar alguna posición más cercana a la periferia izquierda de la la línea, autoasumiendo una ubicación geométricamente marginal. La zona azulada, en la que siempre encontraremos el apoyo tácito de la mayoría estadística de la población, representa los valores de aquello que suele llamarse “la gente de bien”; sensata, respetable y equilibrada. Esa será siempre la zona sociológicamente cálida, cubierta bajo el manto protector del capitalismo pragmático, de la garantía del derecho y del libre mercado. En su retórica discursiva “cuánto más socialismo y menos competencia, más autoritaritarismo, menos libertad, menos seguridad jurídica. Tanto el socialismo de corte soviético (ultraizquierda) como el nacional-socialismo (ultraderecha nazi, falangista o musoliniana) son malos y peligrosos. Deben ser evitados por todos los medios, como demuestra la historia. Vente al centro porque ya sabes que en los extremos vas a pasar mucho, mucho frío”.

– Las fuerzas progresistas deben huir en dirección a uno de los polos, por tanto, en un proceso de exilio autoprovocado, en un éxodo por territorios inhóspitos, con muy pocos compañeros de viaje, en ruta hacia ninguna parte o, en todo caso, hacia el extremismo.

Desde el preciso instante en que las fuerzas insurgentes asumen e interiorizan esa plantilla de análisis ya han perdido la batalla. Jamás podrán ganar el combate de las ideas porque están jugando con una baraja marcada por su enemigo. El campo de juego y las reglas están diseñadas en beneficio exclusivo de uno de los contendientes.

¿Es esto inevitable?. En absoluto. Uno de los grandes méritos del movimineto internacional de los indignados y, particularmente del 15M, ha sido el de comenzar a explicitar esta trampa conceptual. La estrategia para vencer pasa necesariamente por diseñar una nueva plantilla de análisis, es decir, un nuevo campo de juego. Un campo en el que nostros ocupemos el centro y sea el rival el que pase frío en los extremos, fuera de la calidez de la zona intermedia, en este caso sonrosada:

– Ahora ya no hay izquierdas contra derechas, hay capitalismos extremistas, contra socialismos centrados, naturales y preocupados por nuestras necesidades básicas. Hay humanismo contra explotación, pacifismo contra militarismo, horizontalidad contra verticalidad, poder popular contra poder de las élites, democracias asamblearias contra dictaduras corporativas.

– La tarea de las fuerzas progresistas ya no sería desplazarse hacia el extremo, allí donde muy pocos quieren seguirte, sino viajar al centro, justo al corazón del ser humano, de los cuidados colectivos, del respeto al planeta, de la justicia social. Son los capitalismos los que están en los extremos, situados en el espectro de la guerra y la destrucción. Son ellos los que pasarán frío, bajo esta plantilla conceptual. Aquí ya no son las izquierdas y las derechas las que se unen en el punto de equilibro representado por el “capitalismo perfecto”. En su lugar son los socialismos los que buscan el punto de equilibro en torno al centro de gravedad constituido, en este caso, por el humanismo igualitarista, pacifista, ético y ecológicamene sostenible.

El ser humano, demasiado a menudo, es incapaz de ver las cosas como son. Tiene dificultades para desbordar la interpretación del mundo que otros han fabricado para él/ella, de una manera nada casual, a través de unas herramientas cognitivas muy concretas. Nuestras conclusiones no son nuestras porque están preformateadas, condicionadas por unos “forceps intelectuales” y una gramática generadora, en absoluto inocentes. Quién  impone sus esquemas previos, sus preconceptos, su propio “sistema operativo” de pensamiento,  condicionará, en buena medida, los productos políticos que puedan desarrollarse dentro del abanico de la acción probable. Es nuestro deber como seres libres proponer alternativas,  trazar nuevos mapas, esquemas y plantillas, intentando desbordar el universo psicolingüístico castrador y limitante que nos aprisiona.

¿Sois de izquierdas o derechas?. No. Somos de centro humanista, libertario y anticapitalista.

(Consultar en wikipedia articulo sobre socialismo libertario)

Para concluir insertamos una viñeta del excelente ilustrador y agitador político Miguel Brieva, publicada en el diario Diagonal en Marzo de 2013, en la misma línea de denuncia conceptual que nosotros hemos pretendido plantear en este artículo.

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Entrada relacionada: Izquierdas y Derechas en la centralidad capitalista (II)

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