Posts tagged ‘desigualdad’

abril 19, 2014

Piketty: La brecha creciente entre ricos y pobres amenaza con destruirnos

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Capitalism simply isn’t working and here are the reasons why. Thomas Piketty.

Parece que ya hasta los liberales están indignados con la dinámica destructiva que el capitalismo ultradepredador de la actualidad está desatando. Es el caso del reputado economista Thomas Piketty, que en su último y exitoso libro “El capital en el siglo XXI” llega a importantes conclusiones, tras un exhaustivo análisis de datos históricos:

Cualquier persona con capacidad de compra en una época en que el aumento de los rendimientos del capital rentista especulativo es muy superior a los del capital productivo y al de los salarios se convertirá rápidamente y en forma desproporcionada en más y más rica. El incentivo en ser un especulador es muy superior al de convertirse en una persona que toma riesgos empresariales. Nuestros ricos y millonarios no tienen por qué respaldar la innovación o invertir para producir porque es mucho más facil y seguro recoger los beneficios de sus rentas y bonos garantizados. Las exenciones de impuestos, los paraísos fiscales y el interés compuesto se encargará del resto. Es revelador que el duque de Westminster y el conde de Cadogan sean dos de los hombres más ricos de Gran Bretaña. Esto se produce en virtud de los campos en Mayfair y Chelsea que sus familias poseen hace siglos en propiedad y en la falta de voluntad política para poner freno a los vacíos legales que permiten que las propiedades de la familia no dejen de aumentar. Nada que ver con el planteamiento liberal originario que defendía el aumento de riqueza y salario en proporción al mérito y al trabajo y no a la estirpe o al nivel previo de patrimonio acumulado en generaciones anteriores.

El propio dinamismo capitalista se ve así socavado. Piketty señala que los ricos son eficaces en la protección de su riqueza frente a impuestos y que progresivamente la proporción de la carga fiscal total asumida por las personas con rentas medias ha aumentado. Como resultado, la obligación de pagar por bienes públicos, constitucionalmente garantizados como la educación, la salud y la vivienda, es asumida cada vez más por los contribuyentes de la clase media empobrecida, que no tienen los medios para sostenerlos. Los modelos fiscales que tienden a aumentar los impuestos indirectos como el IVA mientras disminuyen los impuesto directos sobre los patrimonios, no hacen sino echar aún más leña al fuego de la desigualdad.

Por lo tanto el propio modelo se convierte en una receta para la desaceleración del dinamismo empresarial, el crecimiento de las economías rentistas, el endurecimiento de las condiciones de trabajo de los asalariados, el freno a la innovación y la degradación de los servicios públicos. Mientras tanto, los ricos se hacen cada vez más ricos y se desconectan más y más de las sociedades de las que forman parte, así como de las obligaciones inherentes a su matenimiento. Su riqueza poco tiene que ver con el mérito o el trabajo duro, sino con la suerte de estar al mando del capital y de recibir rendimientos más altos que los salarios y que las inversiones productivas. Así vemos como la desigualdad de la riqueza en Europa y EE.UU supone ya el doble de la desigualdad de ingresos el 10% superior ya ha conseguido acumular entre el 60% y 70% de toda la riqueza, mientras concentra “solo” de un 25% a 35% de todos los ingresos-. Esta concentración de la riqueza ya se encuentra en los niveles previos a la Primera Guerra Mundial, y se aproxima de nuevo a los de finales del siglo XIX. Hay un perverso efecto de retroalimentación entre la riqueza y los ingresos: En última instancia, una gran riqueza añade ingresos no trabajados a los ingresos ya obtenidos, acelerando aún más el aumento de la desigualdad.

El proceso desbocado por el cual el capital se multiplica más rápido para concentrarse en cada vez menos manos está en marcha otra vez y en una escala global, como sucedió en el periodo previo a la primera guerra mundial. Las consecuencias, escribe Piketty, son “potencialmente aterradores”.

La lección del pasado es que las sociedades, bajo estas circunstancias, tratan de protegerse a sí mismas mediante el cierre de sus fronteras, a través de revoluciones o en última instancia a través de la guerra. Piketty teme que se repita. Tampoco parece probable que el sentido de la justicia inherente a los seres humanos haya quedado suspendido. Por supuesto, la reacción juega de manera diferente en diferentes épocas.  Hay sospechas más que fundadas de que la energía escondida tras el nacionalismo escocés, catalán, vasco o tras muchos otros brota del deseo de construir un país donde las desigualdades de riqueza sean menos consentidas que en sus Estados matrices (Inglaterra o España en los ejemplos citados).

Las soluciones, para el autor, pasan por una tasa impositiva sobre los ingresos altos de hasta el 80%, de un impuesto sobre sucesiones efectivo, por los correspondientes impuestos sobre la propiedad y, debido a que el problema es global, un impuesto sobre el patrimonio mundial, actualmente inconcebible. Pero como dice Piketty, la tarea de los economistas es que todo esto sea más concebible. Su libro, sin duda, contribuye a ello y los de nuestra doctora en Economía Miren Etxezarreta también.

marzo 1, 2014

Promover limitaciones a la concentración individual de riqueza

Cada vez son más las personas que comienzan a ver con claridad que la desigualdad económica extrema es un grave y creciente problema para nuestro futuro común. Cada vez son más las personas que comienzan a entender que es indispensable compartir con más equidad los recursos limitados del planeta para garantizar un horizonte de progreso, estabilidad social y sostenibilidad.

La desigualdad está alcanzando cotas escandalosas, y aún así continúa aumentando aceleradamente ante la pasividad de los gobiernos. Según datos recientes, quienes poseen más de un millón de dólares de patrimonio son sólo el 0,7% de la población mundial, pero acumulan el 41% de la riqueza del planeta. Por contra, la mitad de la población mundial ni tan siquiera reúne el 1% de la riqueza.

Ese reparto extremadamente desigual fomenta la pobreza y promueve que una élite de multimillonarios controle, directa o indirectamente -a través de consejeros y directivos con remuneraciones asombrosas-, las grandes empresas estratégicas, los gobiernos y los medios masivos de comunicación, a la par que impone su agenda, que básicamente consiste en abaratar la mano de obra y facilitar indefinidamente su propio enriquecimiento personal. Quienes disponen de riquezas exageradas pueden comprar voluntades políticas, desvirtuando la democracia y manipulando “los mercados” en su propio y exclusivo provecho. Debemos corregir ese riesgo innecesario poniendo un límite a nuestra propia ambición y también, democrática y pacíficamente, a la de tod@s.

Por ello creemos que sería una buena idea proponer una limitación legal a la posibilidad de enriquecerse estableciendo la cantidad tope, igual para todos, de 1 millón de dólares. ¿Acaso hace falta tanto para ser feliz?. El Parlamento Europeo está obligado a defender el bienestar de la ciudadanía, asumiendo su responsabilidad sobre el control de la escandalosa cota de desigualdad que nos invade.

Ahora bien. Deberíamos empezar por nosotr@s mismos para dar ejemplo. Imponernos una autolimitación en nuestros propios patrimonios personales es un paso indispensable si queremos disponer de la legitimidad necesaria para proponer esa limitación a otr@s. Por ello la creación de un registro público y oficial de autolimitación de la riqueza en una cuantía determinada sería necesaria. La cifra del millón de dólares hace referencia al punto de corte aproximado en el que se sitúa la élite del 1% mundial que más dinero (y por tanto poder) acumula. Esta es la casta que impone sus intereses de manera totalitaria al 99% restante. No podemos criticarlos con auténtica coherencia si previamente no declaramos de manera pública y verificable que nos negamos a formar parte de ese club.

NoMasDeUnMillon: Petición a los miembros del nuevo Parlamento Europeo

nomasdeunmillon

diciembre 17, 2013

¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? (y IV)

Se precisan reformas estructurales frente a modelos de pensamiento ya primitivos

Se precisan reformas estructurales frente a modelos de pensamiento ya primitivos

En entradas anteriores hemos enumerado de forma sintética los distintos problemas y las posibles vías de solución que pueden explorarse ante las fallas estructurales de un modo de pensamiento anticuado que pretende contemplar el mundo con la visión trasnochada propia de la soberbia liberal y mecanicista de siglos pretéritos. Se defendía también que solo mediante el establecimiento de nuevas preguntas podremos llegar a soluciones viables de futuro ya que las antiguas preguntas que nos planteaba el viejo sistema solo pueden llevarnos a “callejones” sin salida humana ni ecológica en el medio plazo. Los principios mencionados eran el principio de gestión racional de la demanda, el principio de biomímesis, el principio de ecoeficiencia, el principio de precaución y el principio de igualdad. En esta última entrada hacemos una breve alusión explicativa a los tres últimos:

3. Principio de ecoeficiencia

La pregunta clásica, en este campo, viene siendo ¿cómo sacar todo el rendimiento posible a las materias primas y a la energía disponible para maximizar la producción y la venta de mercancías?. Esta lógica lo reduce todo a un problema de eficiencia. La nueva pregunta, en este caso, debe ser ¿cómo planificar la tecnosfera humana, en cuanto al consumo de la energía y los materiales, de manera que encaje armoniosamente dentro de la biosfera?. Cuando se habla de cantidad y calidad, esta cultura bulímica nuestra tiende como siempre a la acumulación: Queremos calidad a la vez que sigue aumentando la cantidad. Pero de lo que se trata, quizá, es de que la creciente calidad compense la cantidad que ha de menguar. “La economía moderna –escribió hace más de treinta años Ernst F. Schumacher en ese clásico del pensamiento ecologista titulado Small is Beautiful— procura elevar al máximo el consumo para poder mantener al máximo la producción. En vez de ello, deberíamos maximizar las satisfacciones humanas mediante un modelo de consumo óptimo (no máximo). El esfuerzo –social y ecológico— para mantener una forma de vida basada en un modelo óptimo de consumo es mucho menor que el necesario para mantener un consumo máximo.” ¿Verdaderamente nuestros gobernantes y nuestros conciudadanos son incapaces de comprender la diferencia entre óptimos y máximos?. Sostenibilidad no es, de forma general, hacer más (aunque en algunos ámbitos haya que hacer más como en energías renovables o tecnologías limpias, por ejemplo). Se trata, sobre todo, de hacer distinto, de hacer menos y de hacer con mayor ecoeficiencia.

4. Principio de precaución

La pregunta habitual en este campo sería ¿Hay evidencia científica incuestionable que establezca que el uso de una determinada tecnología entraña un riesgo para la salud humana?. El sistema asume que si esa evidencia no existe la tecnología puede y debe ser utilizada. Este tipo de pensamiento nos coloca directamente ante lo que puede denominarse el “problema faústico”, es decir, el del “aprendiz de brujo” que termina viéndose engullido por su propio delirio de omnipotencia en el control sobre los fenómenos de la naturaleza. La nueva pregunta debería ser ¿Hay una evidencia científica que establezca que el uso de esa tecnología no implica riesgos evidentes para la salud y el medio ambiente?. El principio de precaución o principio de cautela es un concepto que respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo. Para apartarnos de los “modelos” de la naturaleza necesitamos razones mucho más fuertes, y conocimiento mucho más fiable, que para seguirlos.

 5. Principio de Igualdad social

Vivimos una situación histórcia en la que el problema de la desigualdad socio-económica adquiere tintes cada vez más dramáticos. Los cuatro principios anteriores, por si solos, no son capaces de garantizar que el mundo no pueda caer en una forma de gobierno autoritario y vertical, en el que las personas dejen de ser meros sujetos pacientes de unas políticas diseñadas desde las élites. La pregunta tradicional que la retórica del sistema nos ha planteado en este campo, ha sido ¿Cómo podemos conseguir que todas las personas acumulen riquezas materiales y propiedades con una holgura tal que le proporcione una plena garantía de seguridad ante los vaivenes del destino?. La nueva pregunta que deberemos contestar en el siglo XXI será ¿Cómo podemos construir un sistema equlibrado de poder político y económico que pueda constituir un contrapeso funcional contra los excesos egoistas de ciertos grupos de presión?. El principio de igualdad social es el corolario necesario para la construcción de sociedades sostenibles ya que introduce el complemento indispensable para que la libertad, la responsabilidad y el equilibrio de poder entre los seres humanos se convierta en una salvaguarda efectiva de los posibles excesos. El humanismo, la ciencia y la inteligencia colectiva solo podrán articular soluciones viables en el largo plazo, para nuestros problemas como especie que debe vivir de manera armónica con su entorno, a través del principio de igualdad en el reparto de las responsabilidades y los beneficios que la vida nos proporciona. Cualquier otra tentativa de solución nos llevará, con una alta probabilidad, a la explosión de conflictos de escala progresiva con el medio y con nuestros congéneres.

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octubre 13, 2013

Carta a un ser humano sin empleo

José Ibarrola

José Ibarrola

Durante décadas han intentando, y en muchas ocasiones conseguido, convencerte de que la culpa de tu situación es solo tuya y de que el empobrecimiento de la gente no es más que el lógico castigo a su ineficiencia o a su falta de productividad. Han inyectado la culpa en tu pensamiento, diciéndote que lo que te pasa es la consecuencia de no haberte formado lo suficiente, de no haber tenido todo el interés necesario en progresar, de ser algo perezos@, de conformarte con poco y ahora incluso de ser un defraudador/a o un pequeño ladrón. Han intentado, y en muchas ocasiones han conseguido, convencerte de que la solución a tus problemas no pasa por asociarte y estrechar vínculos comunitarios con otras millones de personas que se ven como tú sino en aceptar de forma inevitable la realidad opresiva que te envuelve, en confiar en los juegos de azar como sueño dorado que pondrá fin a tu pesadilla cualquier buena mañana, en ahogar tus penas con los deportes de masas que se muestran por las pantallas, con las drogas legales o en la telebasura. Han intentado, y en muchas ocasiones han conseguido, convencerte de que has fracasado como persona, de que debes avergonzarte de tu condición y de no mostrarla demasiado en público porque así solo vas a encontrar el desprecio social y la agudización de tu infelicidad. Durante décadas han intentado, y en muchas ocasiones han conseguido, convencerte de que ser un des-salariado como tú equivale a no trabajar. Sin embargo tu sabes que trabajas en el hogar, que trabajas realizando labores básicas de cuidado y mantenimiento en el seno de tu familia, que trabajas duro buscando empleo o en tareas relacionadas con la economía de subsistencia, que trabajas duro para formarte si eres estudiante, que trabajas duro ayudando y dando soporte a personas que te rodean y te necesitan. Tú en el fondo sabes que no es trabajo lo que te falta sino salario.

Yo hoy quiero decirte que casi todo lo que te han contado y te han hecho creer es mentira. Eres tan trabajador como cualquiera aunque hoy no tengas salario, eres tan digno como cualquiera aunque te hayan robado tu autoestima, no eres el culpable de lo que te pasa, no eres un vago, no eres un fracasado o fracasada, no eres un corrupto o corrupta, no eres un defraudador. Solo eres una persona que aspira a subsistir y a ser feliz, como cualquier otra, una persona que trabaja cada día, que es útil y que aspira a ser más útil aún. No es caridad lo que necesitas, simplemente justicia. El otro trabajador/a no es tu enemigo sino tu único aliado posible. No te dejes engañar por aquellos que te quieren hacer confiar en los juegos de azar como solución a tus problemas en lugar de buscar alianzas con otras millones de personas que al igual que tú solo aspiran a ser felices y útiles. No hay nada dentro de ti que esté mal o que funcione mal. Es el sistema el que está mal y el que funciona mal, un sistema que legitima y justifica la desigualdad económica extrema entre los seres humanos y el afán ilimitado de lucro privado como un fenómeno normal, natural y deseable, para así anular nuestra capacidad colectiva de resistencia. Un sistema que fomenta el aumento del paro como forma de sometar más a los que aún conservan un salario, un sistema que, en definitiva, utiliza el desempleo y la precarización del empleo como mecanismo de control social en favor de las élites. Es el sistema el culpable de tu situación y, particularmente, son las grandes oligarquías de banqueros, de grandes directivos de empresas cotizadas en bolsa que suben su valor conforme despiden a más trabajadores como tú y los políticos profesionales corrompidos por los anteriores los culpables de tu dolor.

asamblea_trabajadores_desalariadosSí hay un camino, sí hay un futuro, pero no soluciones mágicas, solo inteligencia y fuerza colectiva, trabajo cooperativo, trabajo en red, preocupaciones compartidas y apoyo mutuo como formas de construir una nueva realidad. Busca alianzas con otros trabajadores y trabajadoras (tengan o no tengan salarios), pelea contra la desigualdad y su legitimación social, exige una renta garantizada de ciudadanía que mereces de sobra por tu esfuerzo, reivindica el reparto del trabajo y el reparto del poder. La defensa de lo común es nuestra esperanza.

Entrada relacionada: Diez ideas para empezar a liberarnos del control social y la explotación

abril 3, 2013

Decálogo para ejercer el control y explotación de las masas

1. Estimula, tanto como sea posible, la rivalidad, la envidia e incluso el odio entre las razas, etnias, religiones, géneros e identidades nacionales. Así conseguirás que la gente descargue su frustración contra los económicamente iguales o los inferiores y tenderá a olvidarse de los robos perpetrados desde las élites de poder.

2. Ponle precio y propietario a todos los bienes, acostumbra a la gente a pagar por ellos y procura que el dinero sea el eje regulador de todas nuestras relaciones. Así conseguirás que los que tienen más o dispongan del poder arbitrario de crearlo mediante crédito puedan mantener siempre una posición absoluta de dominio.

3. Consigue que la gente se acostumbre a vivir a base de préstamos. Los ciudadanos endeudados tenderán a ser más dóciles, menos reivindicativos, más dependientes, más explotables y se sentirán culpables cuando tengan dificultades.

4. Inúndalos, a través de las pantallas y los emisores de radio, de entretenimiento vacío, con especial predilección por los espectáculos deportivos de masas, que le ayude a evadirse de sus problemas y a no pensar en los orígenes de los mismos.

5. Ofréceles una sobredosis de todo tipo de juegos de azar que ponga ante ellos un horizonte mágico, rápido e indoloro para salir de la jaula en la que día a día se van viendo más atrapados. Así conseguirás adultos socialmente irresponsables, egoístas, insolidarios y psicológicamente infantilizados, siempre fáciles de seducir  y dominar.

6. No dudes en implementar la estrategia de la tensión, el terrorismo inducido o los atentados de bandera falsa para inocular el miedo y la parálisis en la sociedad. Fabrica enemigos que te ayuden a justificar el recorte de libertades y la escalada de la represión de manera global, difusa e indiscriminada.

7. Precariza el empleo, baja los salarios y destruye puestos de trabajo. Así conseguirás que aquel que aún lo conserve sea más sumiso y complaciente con quien lo explota ante el temor a seguir los pasos de sus iguales.

8. Utiliza a las fuerzas y cuerpos represores del Estado para ahogar las reivindicaciones o protestas y sembrar las dudas sobre su utilidad y legalidad. Amenaza, multa o golpea según la necesidad planteada por cada situación. Así la gente, poco a poco, terminará por desgastarse en el esfuerzo hasta caer en el desánimo.

9. Genera el discurso que legitima la desigualdad como justo premio a los más capaces y lógico castigo para los vagos o los inútiles. Así los acostumbrarás a mirar con suficiencia y desprecio a los que tienen menos que ellos, mientras respetan, admiran y reverencian a los más ricos y poderosos.

10. Selecciona cuidadosamente la información que vas a difundir  y la que vas a velar. Después manipúlalo todo según mejor convenga a tus intereses particulares mediante las numerosas técnicas disponibles.

Si sigues estos consejos en unas pocas décadas podrás conseguir resultados tan espectaculares como estos:

(Esta entrada tiene su respuesta y adecuado contrapunto en.. 10 ideas para empezar a liberarnos del control y la explotación capitalista)

enero 22, 2013

El Poder de la Igualdad

Es un hecho completamente constatable que la polarización de las rentas está en la raíz de una amplia gama de patologías sociales y psicológicas, desde la obesidad a la delincuencia violenta; desde las enfermedades mentales a la muerte prematura; desde la tasa de homicidios a la mortandad infantil; desde la adicción al juego  a la dependencia de drogas, desde el índice de población reclusa hasta los embarazos en adolescentes; desde la baja autoestima a la falta de movilidad entre capas sociales. Los datos indican que no es la renta per cápita o el grado de austeridad material lo que ocasionan estas patologias, sino las diferencias entre los niveles de ingreso de los ricos y los pobres, es decir, la desigualdad dentro de cada sociedad. Una manera de medir el grado de equidad en la distribución del ingreso dentro de un país es el Índice de Gini. (Para disponer resumidamente de este índice y su evolución en muchos países del mundo puedes pulsar aquí.)

En el estado español dicha desigualdad, medida a través del índice de Gini, creció de forma desbocada en los últimos 5 años, fruto de las políticas cobardes, antisociales y profundamente sumisas con la plutocracia, de nuestros gobernantes. El dato no puede ser peor ya que es una antesala casi inevitable para la entrada creciente de las patologías sociales y psicológicas a las que antes aludíamos.

Por otro lado todo parece indicar que las sociedades más avanzadas en cuanto a bienestar material están alcanzando un tope de crecimiento que no será fácil rebasar, como muy bien nos muestra el ejemplo de Japón, un país en estado casi estacionario desde hace décadas. Parece claro que es el momento de que las políticas comiencen a centrarse en la justa distribución de los recursos disponibles, en la calidad de nuestras relaciones sociales y en el desarrollo armónico de nuestras interacciones con el resto de los organismos vivos, y no en el crecimiento imposible de nuestra producción de mercancías.

La lucha contra la desigualdad se convierte, desde un punto de vista científico, en la máxima prioridad política de cualquier gobierno que pretenda ayudar a construir una sociedad más fuerte y más sana. Este gran objetivo ha sido siempre el motor fundamental de los diversos socialismos que han existido en el pasado y el presente. Justo es decir que los caminos trazados y las fórmulas organizativas ensayadas han sido, en ocasiones, profundamente equivocadas porque algunos tuvieron la tentación de pensar que un fin loable podía justificar el uso de medios autoritarios. Pero la historia termina por enseñarnos que tanto el medio como el fin deben basarse en los principios irrenunciables de la justicia, la dignidad y los derechos para todos los seres humanos que forman los pueblos. El camino es muy difícil pero, desgraciadamente, los atajos nos conducen a destinos equivocados. La disminución de la desigualdad debe caminar siempre e indisociablemente unida a la disminución del autoritarismo, al aumento de la horizontalidad política y al máximo reparto de poder a la hora de trazar nuestro inevitable futuro común.

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Entrada relacionada: ¿Por qué es indispensable combatir la desigualdad?

septiembre 19, 2012

Desmontando Mentiras

(Compendio tomado de http://desmontandomentiras.tomalaplaza.net/)

Mentiras sobre política

Mentiras sobre economía general

Mentiras sobre bancos y cajas

Mentiras sobre el modelo productivo e infraestructuras

Mentiras sobre energías renovables y energías convencionales

Mentiras sobre Educación y Sanidad

Mentiras sobre gasto militar

julio 12, 2012

Adelson, un empresario psicópata en busca de carne fresca

Según palabras de Sheldon Adelson “las dos amenazas fundamentales de la sociedad son el Islam y los sindicatos”. El siniestro Adelson, octavo hombre más rico de EEUU, simboliza perfectamente la ideología fasciocapitalista y los intereses del 1% que se sitúa en la cúpula de la pirámide de poder, en esta lucha de clases que libran contra el resto de la población mundial desde tiempos inmemoriales.

Como nos recuerda la plataforma “Aturem EuroVegas”, la evidencia empírica demuestra que el negocio del juego y el modelo de ocio que comporta sólo genera riqueza a la multinacional propietaria, sin aportar beneficios reales en los territorios cercanos ni a sus empresas. El Estado de Nevada, donde se encuentra Las Vegas, es el primero en tasas de paro y el tercero en criminalidad violenta de todos los EE.UU.

La empresa de los casinos trae asociados inevitablemente graves efectos secundarios, como el aumento de la corrupción, las mafias, las drogas, la prostitución y las ludopatías. Reconocidos expertos en la materia (como Roberto Saviano) han alertado que Eurovegas supondrá un fuerte polo de atracción para la mafia internacional.

Financiador privilegiado del lobby sionista que sueña con esclavizar a los palestinos, ha puesto una serie de condiciones para la construcción de EuroVegas, condiciones que apuntan claramente hacia la consolidación de una mafia con apoyos institucionales. Las condiciones que Adelson pretende imponer a los sicarios políticos que controlan Madrid y Barcelona son:

  1. Que el Estatuto de los Trabajadores no tenga vigencia en EuroVegas.
  2. Cambio de la Ley de Extranjería en el territorio hipotético de Eurovegas.
  3. Garantías del Estado de cara a un préstamo comunitario.
  4. Derogación de la Ley Antitabaco en las instalaciones.
  5. Exenciones en los pagos a la Seguridad Social y otros beneficios fiscales.
  6. Cambios en la ley de prevención de blanqueo de capitales.
  7. Permitir la entrada de ludópatas y menores a los casinos.

Y, no lo olvidemos, los Juegos de Azar son un potente mecanismo de Ingeniería Social, al servicio del capitalismo criminal, orientado a validar, legitimar y santificar la desigualdad social en la psique colectiva e individual de las clases populares. Esa misma desigualdad que se agranda cada día y que podemos contemplar en los ingresos crecientes de los 534 consejeros y miembros de la alta dirección de las empresas del IBEX-35 (73.000 euros de sueldo medio mensual, 25 veces el salario medio de sus empleados), frente al 31.2% de población española, cuyos ingresos no llegan al salario mínimo.

mayo 9, 2011

La lucha contra la desigualdad genera sociedades más felices

Cada vez existe más evidencia científica acerca del hecho de que la desigualdad en la distribución del ingreso tiende a generar sociedades más enfermas, convulsas, violentas, frustradas, crispadas, contaminadas, deprimidas y éticamente empobrecidas. Mucha gente se muestra muy preocupada por la inexplicable deriva pauperizante a la que se enfrentan las sociedades con mayor riqueza material del planeta sin darse cuenta que una buena parte de estos inquietantes e indeseables efectos sociales están directamente asociados al aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso y del poder dentro de los países más hipotéticamente desarrollados.

La lucha contra la desigualdad no es una simple cuestión de ética sino de eficiencia, equilibrio y felicidad nacional

La lucha contra la desigualdad se constituye en un objetivo político de primera magnitud para conseguir sociedades más sanas, educadas y pacíficas, menos violentas y crispadas, más felices, en definitiva. Existen múltiples formas y recetas para combatir la desigualdad que podrían agruparse esquemáticamente en dos tipos de estrategias: La búsqueda de la igualdad a través de políticas fiscales potentes y progresivas, con un importante papel del estado como agente redistributivo (modelo escandinavo) y la búsqueda de la equidad a través de políticas salariales equilibradoras y de participación progresiva de los trabajadores en la gestión empresarial (modelo japonés). En un caso estaríamos ante un modelo pro-activo y redistributivo, que actúa una vez que los ciudadanos ya han obtenido sus ingresos. En el otro caso se trataría de un modelo más preventivo que intenta evitar las acumulaciones de ingreso y poder desde la propia organización empresarial y la gestión de los salarios. Por supuesto ambos modelos pueden ser combinados, en un enfoque que ya se conoce como Democracia Económica.

En cualquier caso no se trataría tanto de las recetas concretas para conseguir la igualdad como del hecho de plantear dicha búsqueda como un objetivo político fundamental que, con toda seguridad, redundará en beneficios para todo el conjunto de la sociedad.  Ante el fracaso rotundo del modelo neoliberal como doctrina política capaz de reducir la desigualdad y a modo de ejemplo podría plantearse una propuesta transicional de inspiración keynesiana. En este caso viene facilitada por el prestigioso economista Vicenç Navarro, con el objetivo de aproximarnos en el corto plazo a ese objetivo tan incuestionablemente deseable para el bien común, como es la reducción de las desigualdades sociales en la distribución del ingreso:

1.    Aumentar la inversión pública como motor en la creación de emplo.
2.    Reforzar a los sindicatos para poder restablecer pactos sociales más favorables al mundo del trabajo.
3.    Hacer reformas fiscales profundas que determinen una redistribución de la renta orientada hacia la amplia cobertura de servicios y necesidades básicas para las clases populares.
4.    Combatir decididamente contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales
5.    Establecer Bancas Públicas, exigiendo además, como condición de ayudas a la banca privada, que tales ayudas estén asociadas a la provisión de crédito.
6.    Eliminar la independencia del BCE y de los Bancos Centrales respecto a los parlamentos y a los órganos donde reside la soberanía política de los estados.
7.    Coordinar las políticas económicas, fiscales y sociales a nivel europeo, estableciendo unos mínimos obligatorios de recaudación.
8.    Establecer convenios colectivos a nivel de toda la Eurozona y a ser posible de toda la UE.
9.    Imposibilitar el movimiento de capitales para fines especulativos
10.    Establecer un presupuesto de la UE que alcance (como sus fundadores exigieron) un mínimo de un 7% del PIB europeo. Y que tal presupuesto sea aprobado por el Parlamento Europeo.

abril 26, 2011

¿Por qué es indispensable combatir la desigualdad?

1.Las sociedades desiguales generan más problemas de salud en la población. Índices estadísicos como obesidad, abuso de drogas, embarazos adolescentes, riesgo de accidentes o incidencia de enfermedades mentales puntúan con valores más elevados conforme más desiguales son las sociedades. La principal explicación a esta evidencia vendría asociada a la presión social, a la mayor sensación de inseguridad, soledad o desamparo y al estrés inherente a la percepción de quedar inevitablemente rezagado en la carrera hacia el ascenso en la escala social.

2.Las sociedades más desiguales presentan un peor desempeño escolar medio en sus estudiantes. Bolsas grandes de alumnado pertenecientes a grupos sociales con bajos ingresos pueden ejercer un efecto negativo sobre los niveles motivacionales medios de los grupos escolares. Las sociedades más igualitarias y con más tendencia a utilizar metodologías cooperativas de trabajo arrojan mejores resultados en las pruebas de rendimiento escolar.

3.Las sociedades desiguales tienen mayores índices de criminalidad y mayor porcentaje de población en prisión debido a delitos contra la propiedad y violencia. Pareciera como si la obscenidad y la ostentación de la riqueza extrema exacerbara la tendencia hacia el robo en el seno de la sociedad.

4.Las sociedades desiguales presentan mayor dificultad para la movilidad entre clases sociales. El “sueño americano” de que un pobre pueda convertirse en millonario o de que el hijo de un pobre pueda tener un futuro socioeconómico desahogado es mucho más improbable en sociedades desiguales que en sociedades igualitarias, debido a la falta de ayudas sociales, a los prejuicios y a la mayor distancia que se precisa recorrer hasta alcanzar la meta deseada.

5.Las sociedades desiguales presentan mayor tendencia a la corrupción y al fraude fiscal debido a que parece existir la percepción de que la mayoría de los ricos lo hacen y … si ellos lo hacen ¿por qué no yo?

6.Las sociedades desiguales presentan una tendencia a la pérdida de calidad en las interacciones sociales, potenciando la indiferencia hacia los problemas ajenos y la posterior invisibilización y culpabilización de las víctimas de la pobreza como merecedoras de su suerte debido a su ineficiencia, vicio, debilidad o falta de competencia socio-profesional.

7.En las sociedades más desiguales la gente suele desarrollar una mayor tendencia hacia el trabajo adictivo debido a la necesidad de mejorar constantemente los niveles de ingreso y consumo para mantener las apariencias. Esto, a su vez, trae aparejado una falta de dedicación a los hijos y a la pareja y menos tiempo para el ocio compartido que suele derivar en más problemas familiares y rupturas matrimoniales.

8.Las sociedades más desiguales suelen desarrollar una mayor tendencia al consumismo y a la generación de residuos, lo que a su vez da lugar a mayores índices de contaminación, pérdida de biodiversidad e insostenibilidad ambiental.

9.Las sociedades más desiguales suelen tener más tendencia hacia la creación de burbujas especulativas e incrementos desmesurados de precios en bienes básicos de consumo como la vivienda debido a masas ociosas de capital que aspiran a conseguir una rentabilidad alta en el corto plazo.

10.Las sociedades más desiguales tienden a puntuar más bajo en el nivel de bienestar y felicidad autopercibida ya que este sentimiento subjetivo se construye en función de un análisis comparativo con la gente que nos rodea y de nuestra capacidad para establecer relaciones empáticas y recíprocas con las personas que forman parte de nuestra comunidad. En general las sociedades igualitarias suelen ser percibidas como lugares más deseables y amigables para vivir.

(*) Los países con mejores niveles de igualdad social (Índice de Gini) en el mundo rico son los países escandinavos, junto con Alemania y Japón. Los países con niveles peores de equidad en contextos  de altos ingresos son EEUU, Reino Unido, China, Hong Kong, Singapur, el ente geopolítico artificial conocido como Israel o las dictaduras del golfo pérsico. Pueden contrastarse los 10 indicadores señalados con las tendencias observadas en la realidad de las últimas décadas para los países citados.

(**) La información para la elaboración de esta entrada ha sido extraída básicamnete de estas dos interesantes webs:

http://www.equalitytrust.org.uk/research (Reino Unido)

http://extremeinequality.org/?page_id=9#job (Estados Unidos de América)

abril 23, 2011

Capitalismo y desigualdad, una relación indisociable

Desde los años 80 el capitalismo, en su versión más letal, ha ido extendiendo su lógica depredadora en forma de pandemia globalizada. Con la caída del antiguo modelo de estatalización burocratizada de la vida política en la Europa oriental también desapareció un freno efectivo al desenfreno privatizador, a la voracidad especulativa y a la rapiña explotadora propia del neoliberalismo. El resultado de la aplicación de este nuevo enfoque político dominado por la teocracia bancaria y megaempresarial ha sido en primer lugar el aumento espectacular de la desigualdad en los ingresos entre ricos y pobres. Las evidencias son aplastantes:

* ) En 1976 el porcentaje sobre el total de los ingresos de los EEUU controlado por el 1% más rico de los hogares fue del 8.9%. En 2007 este porcentaje se elevaba al 23.5%. Los 400 estadounidenses más ricos habían llegado a acumular una riqueza combinada similar a la del 50% más pobre de la población. (Fuente: Grupo de Trabajo sobre desigualdad extrema-USA)

* ) El indicador más usado para medir la desigualdad en la distribución del ingreso es el coeficiente de Gini. Cero (“0”) sería la perfecta igualdad donde todos los ciudadanos poseen lo mismo y “1” la perfecta desigualdad, donde un solo ciudadano lo posee todo, mientras los demás no poseen nada. En el interior de los países, el aumento de la desigualdad de ingreso ha sido la norma: ahora hay más países con un coeficiente de Gini alto que en la década de 1980. Por cada país donde la desigualdad ha disminuido en los últimos 20 a 30 años, ésta aumentó en más de dos países. (Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidad del año 2010, pg. 81).

* ) Para la inmensa mayoría de los habitantes del mundo el componente más importante de sus ingresos es su salario. Los ingresos provenientes del capital, por el contrario, son la fuente de riqueza fundamental entre los más ricos. La participación relativa de los ingresos del trabajo y del capital es un punto que atañe a cualquier análisis sobre desigualdad. Las investigaciones llevadas a cabo para el citado Informe arrojan una caída de la participación del trabajo en 65 de los 110 países estudiados (casi 60%) en las últimas dos décadas. Algunos países de gran tamaño, en particular Estados Unidos, la Federación de Rusia e India, han registrado descensos considerables, de hasta 5 puntos porcentuales entre 1990 y 2008, lo que impulsó una caída de 2 puntos porcentuales en la participación mundial promedio del trabajo. Dichos descensos coinciden con la menor sindicalización y la mayor apertura comercial y financiera en buena parte de los países desarrollados desde 1970 . (Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidad del año 2010, pg. 82). Las rentas del trabajo (auténtica y primigenia fuente de la riqueza, junto con los recursos naturales) están cayendo mientras las rentas especulativas del capital explotador no dejan de aumentar.

* ) En las dos mayores economías capitalistas del mundo se ha comprobado durante las últimas décadas como el aumento del PIB (crecimiento económico bruto) ha ido aparejado al aumento de la desigualdad, medida por el índice de Gini. Los beneficios y costes de la explotación capitalista se reparten, por tanto, de manera extremadamente injusta y desigual:

En rosa el aumento del PIB y en azul el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso.

Los datos de China también demuestran que el aumento espectacular del PIB no sirve para atenuar las diferencias entre ricos y pobres sino justamente al contrario

La propia esencia del capitalismo se nutre de la desigualdad que es utilizada como motor de crecimiento económico. El mayor incentivo de las clases poseedoras del capital es seguir alejándose de la “plebe”. La conclusión inevitable es que su beneficio creciente solo puede ser obtenido de la explotación de la clase trabajadora (bajada de salarios/aumento de la jornada laboral), de la especulación creadora de miseria (aumento de los precios de los bienes básicos de consumo) y de la degradación acelerada de los recursos medioambientales.

[Los gráficos han sido tomados de un trabajo de Ana Campo Sáenz, Sheila Martín Morillo y Luis Martín Rodríguez sobre “Crecimiento y Desigualdad”, Universidad de Salamanca]

abril 19, 2011

La legitimación social de la desigualdad (II)

Frente a la cortina ideológica que se afana en legitimar la desigualdad pervive una certera percepción de la realidad en millones de ciudadanos libres

En una entrada anterior hemos comenzado a analizar el tema crucial de la legitimación social de la desigualdad. Si queremos entender por qué el mundo funciona de la manera en que lo hace actualmente y no de otra es necesario interrogarse acerca de los mecanismos ideológicos que legitiman la desigualdad social y sobre las premisas erróneas que, a fuerza de ser externamente repetidas de manera masiva, terminan por interiorizarse en el diálogo mental que millones de sujetos mantienen cada día consigo mismo en la intimidad de sus pensamientos.

* ) “Prevenir las muertes causadas por la pobreza conduciría a la superpoblación”. Esta antigua forma malthusiana de legitimación social de la desigualdad se ha convertido en nuestros días en demasiado directa y sólo puede ser abiertamente defendida desde posiciones filofascistas. No obstante sigue ejerciendo una influencia nada desdeñable en el imaginario colectivo de las capas más acomadas e influyentes de la sociedad. La falsedad del argumento queda demostrada ante el hecho de que son precisamente las sociedades más pobres las que tienen los más altos índices de natalidad mientras las que gozan de mayores comodidades materiales tienen una natalidad que a duras penas resulta suficiente para no perder población. Los datos empíricos apuntan justo en la dirección contraria de este aporófobo y predarwinista concepto malthusiano ya que luchar contra la pobreza se convierte precisamente en una de las mejores maneras de controlar el supuesto exceso de población.

* ) “Los países pobres siguen siendo pobres a pesar de las ayudas y la cooperación que les prestamos. Esto prueba que la culpa no es nuestra sino de ellos”. El argumento es una de las múltiples formas que adopta el principio general de culpabilización de las víctimas, que ya fue abordado en la entrada precedente. La falsedad en este caso consiste en una simple manipulación política del lenguaje ya que las supuestas ayudas que el mundo desarrollado prestaría a los grupos más desfavorecidos no son tales, sino más bien al contrario: Los “créditos blandos” o las “ayudas para la importación” son un negocio para los bancos y las élites empresariales que controlan la producción mundial al facilitarles nuevos mercados cautivos, aumentar el margen de explotación sobre la fuerza laboral, generar dependencia respecto a las metrópolis y destruir incipientes competidores locales. Llamar a esto “ayuda” es solo una perversión del lenguaje al igual que sucede con el término “rescate” aplicado a las economías de países desarrollados cuando en realidad se está sometiendo a sus ciudadanos a nuevas mermas de soberanía y a nuevas deudas que los convierten en pseudoesclavos de las élites que cuentan con la capacidad legal para crear dinero de la nada en forma de crédito-deuda. Tanto las ayudas como los rescates se dan en realidad en sentido inverso: los pobres ayudan a los ricos y los trabajadores rescatan a los bancos.

* ) “La lucha contra la desigualdad es un problema técnico, no político. La globalización capitalista por si sola y al margen de los partidos políticos, tenderá a reducir la injusticia social“. Esta gigantesca mentira viene asociada a toda una estrategia despolitizadora comandada por los amos del dinero que ya denunció en los años 70 el filósofo Habermas y más recientemente Zizek. La esfera de lo abiertamente político es progresivamente secuestrada, vaciada de contenido y colonizada por una política oculta, por una neopolítica que se redefine en términos supuestamente científicos, empresariales y tecnológicos. Lo que subyace es un discurso totalitario del beneficio privatizado como principio rector de la política. El discurso legitimador de la desigualdad se realiza aquí de manera sutil presentándola como un efecto secundario, temporal y reversible que se correjirá en el futuro si hacemos caso a “los técnicos”. El argumento oculta el hecho de que la Ciencia solo es un instrumento y que, por tanto, no da respuestas acerca de los principios ético-políticos que deben regir una sociedad, solo sirve de manera eficaz a la implementación de aquellos principios que alguien haya previamente establecido de igual forma que ningún ordenador es capaz de autoprogramarse. Aunque está ya empíricamente demostrado que la aplicación práctica del principio rector de la búsqueda del máximo beneficio monetarizado como motor político solo genera cotas cada vez mayores de desigualdad y un aumento de la brecha entre ricos y pobres  el patrón sigue siendo defendido apelando también al plano emocional, no consciente y subjetivo de los individuos, además de a supuestos y completamente falaces “argumentos técnicos”.

La repetición de estos principios de manipulación psicológica va produciendo progresivamente una fuerte bifurcación entre la realidad y la percepción ideológicamente construida de esa misma realidad cuyas consecuencias se visualizan de manera cada vez más dramáticas. Volver a politizar a la sociedad en su sentido más amplio, profundo y responsable es trabajar por la libertad y la democracia. Y hablar de Política es hablar de ideologías y de filosofía no de personajes o de rostros mudables que el poder puede quitar o poner a su antojo. Todo es ideología, hablemos sin miedo de ideologías y de sus consecuencias; identifiquémoslas y contrastémoslas. Frente a la ideología capitalista … la ideología humanista.

(Algunas de las ideas contenidas en esta entrada han sido tomadas de POGGE, T. “La pobreza en el mundo y los derechos humanos”. Ed. Paidos. Barcelona 2005. [Ed. Original, 2002]).

abril 2, 2011

¿Es el conocimiento científico ideológicamente neutral?

Quizás la mayoría de la gente tendería a responder de una manera afirmativa a esta cuestión, sin necesidad de mayores reflexiones. Sin embargo un estudio algo más profundo de la pregunta nos revelará perspectivas discrepantes. Se trata sin duda de un problema largamente debatido desde hace décadas que suele zanjarse, en el mejor de los casos, con afirmaciones del tipo “Debe distinguirse entre ciencia, que siempre será neutra desde el punto de vista político, y aplicaciones del conocimiento científico que sí pueden ser susceptibles de uso perverso por los grupos de poder dominante”. Pero aún esta afirmación, aparentemente juiciosa, sigue siendo muy discutible.

No es raro encontrar, incluso dentro de la izquierda marxista, quienes defienden la creencia de que hay una contradicción intrínseca entre ciencia e ideología. Bajo este punto de vista el desarrollo científico nos hará cada vez más libres al acercarnos al conocimiento de la verdad. Los que así piensan pasan de largo sobre el hecho de que el relato científico de cada época se pone al servicio del sistema ideológico y político dominante en ese momento histórico, de manera que no solo no existe contradicción entre ambos sino que se establece una relación de dependencia entre ellos, como muy bien puede comprobarse  a través de famosos trabajos que figuran en la Historia de la Ciencia, como On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida) de Charles Darwin, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations de Adam Smith, Social Statics de Herbert Spencer o An Essay on the Principle of Population de Thomas Robert Malthus, por citar solo algunos. La influencia de estas obras en todo el desarrollo posterior de la política y en sus correspondientes justificaciones basadas en argumentos científicos y religiosos ha sido enorme y aún pervive de manera muy potente en la ctualidad.

Un indudable componente clasista y legitimador de la desigualdad subyace en la ciencia creada por Darwin

Entendemos que la ciencia no es neutra respecto a los problemas que analiza. Algunos temas acumularán cientos y miles de horas de investigacion mientras otros apenas obtendrán financiación para un puñado de estudios. Por supuesto tenderán a seleccionarse tópicos y desarrollos tecnológicos susceptibles de ser rentabilizados por grandes compañías, especialmente en Medicina, Química, Biología o Farmacia, cuyo beneficio irá destinado principalmente a sus directivos y accionistas, mientras otros hallazgos no inmediatamente orientados a una explotación económica privada serán relegados. Todo el conocimiento que pueda servir para perpetuar el dominio de las élites sobre las mayorías será favorecido, incluido el desarollo de técnicas para manipular los deseos, opiniones y emociones de la población.

La supuesta “comunidad científica”, entendida como algo neutral y objetivo, suele ser otro mito ideológico más: Ahí está la jerarquía, la división del trabajo, las férreas luchas de ego en el seno de departamentos y universidades, las guerras de autoría o los criterios editoriales en las revistas y periódicos con mayor prestigio y audiencia a la hora de seleccionar qué debe ser publicado y qué grado de difusión deben recibir las distintas producciones. No son raros los “estudios por encargo” en Economía, Sociología o Historia, con el único objeto de reunir evidencia científica que dé sustento y legitimidad a una tesis fijada de antemano, con una orientación claramente política. Si las conclusiones se ajustan a la tesis inicial apoyada por los financiadores la retribución para los investigadores será mucho mayor y los encargos de nuevos proyectos estarán garantizados. Desgraciadamente el conocimiento científico se ha utilizado a lo largo de la historia como excusa para la legitimación de la desigualdad, para devaluar el conocimiento popular o los saberes ancestrales o para dotar de una aureola de infalibilidad a grupos e ideas predeterminadas por el poder económico en función de sus intereses particulares. Los depositarios de la verdad revelada se reservan siempre la última palabra para marcar las tendencias sobre nuestros hábitos y comportamientos deseables o, por el contrario, para sancionar lo ineficiente, lo antiguo o lo irrelavante.

Al igual que podemos hablar de teologías al servicio de la dominación y teologías al servicio de la liberación también es posible hablar de ciencia al servicio de la explotación y ciencia al servicio del humanismo. Ningún conocimiento permanece neutral ni completamente objetivo cuando el ser humano lo sitúa bajo la lupa de sus siempre limitados instrumentos intelectuales de análisis. Dios o el diablo nos libren, por tanto, de esos seres celestiales e hipotéticamente neutrales conocidos como “técnicos” a la hora de planificar políticas económicas, culturales, energéticas o medioambientales ya que tras ellos, seguramente, solo se esconderá la ideología de las élites oculta tras un manto de impunidad.

(Esta entrada es deudora de Adolfo Olea, Máximo Sandín y quintaesencia)

Para un análisis más detallado de la cuestión puede consultarse este artículo de Adolfo Olea publicado hace ya décadas pero aún plenamente vigente:

¿Es la Biología un discurso de dominación?-Adolfo Olea

marzo 24, 2011

Liberarnos de los juegos de azar: Una medicina social

los juegos de azar, una pieza estratégica para el mantenimiento de la hipnosis colectiva

La legitimación social de la desigualdad constituye un puntal estratégico para el mantenimiento del actual modelo suicida de producción y distribución de los bienes conocido como capitalismo. En otra entrada se analizó esta cuestión fundamental para entender el estado de apatía, sumisión y confusión que parece atenazar a las sociedades hipotéticamente avanzadas en su intento de articular soluciones a la gravísima crisis sistémica que nos asola. Todos somos capaces de ver que las cosas van mal: Guerra, violencia, racismo, explotación, contaminación, adicciones, pobreza, paro… . La lista de los males es interminable pero una férrea tenaza mental nos impide implementar remedios que vayan a la raíz de los problemas. La explicación a esta desconcertante enfermedad social es la legitimación social de la desigualdad y, muy  especialmente, el papel desempeñado por los juegos de azar como mecanismo privilegiado para la perpetuación de esta parálisis colectiva. Ya en otras ocasiones hemos escrito sobre esto.

¿Que pasaría si hicieramos el experimento político de abolir por completo los juegos de azar en, por ejemplo, el estado español?. Nuestra sociedad, repentinamente privada de su principal opio psicológico, sufriría un shock de tal envergadura que, en cuestión de pocos años, quedaría profundamente transformada. En un primer momento la reacción sería de ira y agresividad, como la que experimenta un adicto cuando se le retira la sustancia que le proporciona una falsa “esperanza para vivir”. Superada esta fase la sociedad quedaría sumida en el abatimiento, el dolor y la depresión al comprender que su vida, muy posiblemente, se enfrenta a unas expectativas bastante lúgrubes circunscritas a un universo de explotación. La tercera etapa sería la del empoderamiento, la soberanía y  la liberación a través del entendimiento de que solo mediante el apoyo mutuo, la cooperación y la fuerza colectiva podemos alcanzar la verdadera plenitud individual.

La sociedad ecuatoriana, silenciada en los medios de comunicación al igual que la islandesa, nos da una auténtica lección de profundización democrática y de libertad al plantear esta cuestión en un referéndum popular, junto con otras importantes preguntas. ¿Logrará Ecuador convertirse en uno de los primeros países de nuestro entorno libres de juegos de azar?

marzo 15, 2011

La legitimación social de la desigualdad (I)

El desmontaje de los mecanimos de legitimación social de la desigualdad es una tarea prioritaria para afrontar el futuro de nuestra especie

El sistema capitalista se ha revelado en las últimas décadas como una formidable máquina generadora de desigualdad. Es un elemento vital en la supervivencia del sistema implementar mecanismos sociales capaces de legitimar dicha desigualdad, de manera que sea incorporada por la psicología individual de los sujetos como algo normal, inevitable o incluso deseable. No es fácil conseguir este efecto en la mente de los ciudadanos ya que se trata de una tendencia que se revela contraria a la memoria genética de la especie, conservada por mujeres y hombres de una manera instintiva. A ningún político de ningún partido se le ocurriría confesar abiertamente que su programa no está orientado por los valores de Justica e Igualdad debido a que estos valores apuntan hacia nuestra supervivencia colectiva, siendo algo innato y natural en el ser humano. Por tanto la legitimación social de la desigualdad solo puede ser impulsada mediante “mecanismos indirectos” y nunca de manera frontal por el rechazo instantáneo que nos produciría. Pero … ¿cuáles son algunos de estos mecanismos sutiles para la fabricación de un consenso que opera en contra de nuestros propios intereses colectivos?. Destacaremos 4 principales:

* Culpabilización de las víctimas: Los mensajes que se lanzan desde los sistemas de creación de opinión tienden a establecer que el nivel de riqueza de cada individuo está estrechamente relacionado con su nivel de esfuerzo,  laboriosidad y sacrificio. Por supuesto solo se trata de un tópico que no mantiene relación con los hechos cotidianos. La pobreza, desde este punto de vista, solo sería la consecuencia lógica de la falta de capacidad de trabajo, de la ausencia de ambición, de la vagancia, el vicio o la depravación. Según esta perspectiva “cada uno recibe lo que se merece” y, por tanto, las víctimas de la explotación o la pobreza son, en una buena parte, culpables de su realidad. Bajo este prisma de análisis los ricos quedan liberados de cualquier responsabilidad sobre la situación miserable de las masas desposeídas y la desigualdad queda legitimada como resultado de un sistema lógico de premios y castigos.

* Naturalización de la búsqueda del lucro personal como fundamento social: Los mecanismos de conformación de la opinión llevan décadas transmitiendo la idea de que la acumulación ilimitada de beneficios no sólo es legítima sino incluso deseable como motor de la actividad económica. Los grandes ideólogos del sistema desde Smith hasta Friedman intentan manipular el afán de justicia universal a través del establecimiento del axioma que consagra la potenciación del egoísmo como el mejor principio distributivo y la mano invisible del mercado como fuerza equilibradora aliada del bien. Esta teleología, que recuerda inevitablemente al teorema ultraconservador del “diseño inteligente”, actúa en la práctica como un principio dogmático-teocrático que debe creerse a pesar de que toda la evidencia empírica apunta en sentido inverso. Si el lucro personal es el principio máximo que debe impulsar el funcionamiento de una sociedad se tenderá a aceptar como normal que los ricos sean cada vez más ricos ya que son los que demuestran más habilidad en el manejo de las reglas naturales que rigen la interacción social.

* Manipulación de la teoría darwiniana de la “lucha por la existencia”: Los estudios originales de Darwin llegaban a la conclusión de que las especies más capaces de adaptarse al medio se imponen a las menos aptas. La manipulación aquí consiste en transmitir la idea de que la lucha por la supervivencia se produce entre individuos de una misma especie cuando, en realidad, esa lucha se produce contra las duras condiciones externas que el medio les plantea, actuando los individuos de una misma especie de manera colectiva, solidaria y cooperativa en la gran mayoría de las ocasiones. Las especies raramente desaparecen en lucha contra otras especies sino al verse doblegadas por circunstancias climáticas, químicas o atmosféricas hostiles. Tampoco tienden a acumular recursos sino a utilizarlos de manera racional. Sin embargo el neodarwinismo y el darwinismo social deforman las tesis originales de Darwin para fabricar un imaginario colectivo de lucha mortal entre iguales y de competencia cruel por el acaparamiento de bienes estratégicos. La teoría neoliberal adopta esta visión envenenada de la evolución natural para aplicarla de una manera altamente reduccionista al mundo de la economía, aspirando así a legitimar la desigualdad social como una consecuencia de la natural diferencia de aptitud de los grupos sociales a la hora de “adaptarse” al medio, entendiendo por tal la capacidad para generar plusvalías monetarias siempre crecientes.

* Potenciación indiscriminada de los juegos de azar: Los mecanismos anteriores quedan perfectamente plasmados de manera tangible en la ludopatización de la sociedad a través de un continuo bombardeo promocional de todo tipo de sorteos, loterías, rifas, casinos y cupones que nos prometen ingentes premios a cambio de prácticamente nada. Basta escuchar 1 hora de radio en algunas de las principales cadenas comerciales para darnos cuenta de la enorme envergadura de este lavado de cerebro permanente que penetra en la psique de los individuos dentro del contexto de las sociedades capitalistas. El mensaje codificado es claro: La acumulación de riqueza no es solo legítima y deseable sino que además se constituye en el ideal máximo de felicidad para cualquier individuo en “su sano juicio”. No importa que se transfiera riqueza de muchos a los bolsillos de pocos porque, en última instancia, esa captación desmesurada de bienes debe ser el objetivo final de cualquiera de nosotros, tanto a nivel individual como en términos de clan, peña, tribu, familia o clase.

A nadie debe extrañar que estas ideas y mecanismos, operando a pleno rendimiento, conduzcan hacia la “elección democrática” de partidos abiertamente neoliberales y neofascistas.

Sin embargo la hipnosis colectiva que estas psicologías deformes producen en un porcentaje importante de ciudadanos tienden a revertirse de manera inevitable ante nuevas fuerzas contrasistémicas que desmonten sus argumentos y los sustituyan por fundamentaciones humanistas y racionales. Esto ya se está produciendo con la emergencia de los nuevos paradigmas ecologistas, decrecentistas, libertarios, feministas, pacifistas, indigenistas y por multitud de movimientos sociales y ciudadanos que reclaman el apoyo mutuo como única vía para enfrentarnos a las graves amenzas medioambientales que actualmente acechan a nuestra especie. La legitimación de la desiguladad, en este contexto, equivale a la legitimación del suicidio colectivo. La historia de la vida demuestra que sólo la cooperación radical constituye un pasaporte para el futuro.

[Esta entrada ha sido ampliada con argumentos adicionales en La legitimación social de la desigualdad (II)]

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