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marzo 6, 2011

La ficción del crecimiento como génesis del colapso

Mucho se ha escrito sobre la crisis financiera con ayuda de complicados tecnicismos bancarios. Tras la jerga habitual, plagada de términos en inglés, la gente apenas alcanza a entender la magnitud y gravedad del problema con el que nos enfrentamos. La alegre inconsciencia de muchas personas desinformadas les hace vociferar continuamente de manera pueril, siendo incapaces de establecer cadenas de causas y efectos que tengan más de dos eslabones interconectados.

La explicación más certera de la crisis vendría dada por el desacoplamiento entre la economía real y la economía virtual en las últimas décadas. Le emisión descontrolada de activos financieros no guarda una correlación con la cantidad disponible de bienes materiales en circulación, produciendo una profunda confusión entre lo real y lo imaginario en lo que muy bien podríamos denominar la “ensoñación del crecimiento perpetuo”. (*)

El desacoplamiento entre activos financieros y bienes naturales, génesis del colapso

La desmesurada pendiente de la línea roja cabalga sobre la expectativa de crecimiento de la línea azul, pero la materialización de los activos financieros en productos reales requiere un lapso de tiempo futuro cada vez mayor. De esta forma vemos como los bancos, por poner un simple ejemplo, necesitan alargar los plazos hipotecarios para que la gente pueda mantener la aspiración de finalizar los pagos. Y es que nuestra capacidad de trabajo y la capacidad del planeta para producir bienes materiales asciende a una velocidad mucho menor que la creación de activos financieros. La ficción de que los inmensos capitales, bonos y valores que se crean de la nada podrán ser reembolsados con intereses en el futuro no puede seguir manteniéndose por más tiempo. Esta certeza se hace especialmente dramática ante el agotamiento de los recursos naturales, el peak-oil y la crisis medioambiental. La línea azul se irá acercando a la pendiente cero para posteriormente comenzar a caer y la línea roja se quedará “colgando de la brocha”. El colapso está asegurado porque la expectativa de un crecimiento firme y robusto de la línea azul es la “clave de bóveda” sobre la que descansa todo el sistema de pensamiento capitalista. La simple percepción de que este crecimiento no será físicamente posible provocará en pocos años la implosión del sistema. Ante este panorama las medidas de choque pasan por edificar las bases para una economía estacionaria:

1. Los nuevos bancos tendrán que organizarse para prestar sin interés. Las entidades financieras tendrán que pasar a proporcionar  un servicio social sin ánimo de lucro, bajo control público. El dinero, por tanto, no podrá ser emitido como deuda sino exclusivamente como medio de pago, es decir, como moneda social.

2. Habrá que volver a correlacionar la economía real y la economía virtual, de manera que esta última solo sea un fiel reflejo de la primera y esté siempre subordinada a ella. Ello exigirá la destrucción del 90% de los activos financieros disponibles en la actualidad.

3. Las bolsas de valores, junto con los juegos de azar, han desempeñado un papel fundamental como iconos máximos de la ensoñación del crecimiento perpetuo (*) y del lujo ilimitado que tan dañinos están resultando para nuestro presente y nuestro futuro colectivos. En consecuencia deberán cerrar porque sólo sirven para catapultar aún más el crecimiento acelerado de la línea roja y, con ello, para acelerar las crisis energéticas y medioambiental. A estas alturas está claro que han sido el paradigma de la concentración de enormes cantidades de recursos en manos de muy pocos, derrochados en beneficio de esos pocos, y no han dotado a la mayoría de la humanidad de ventaja alguna.

4. La acumulación de dinero, valores, productos financieros e incluso propiedades físicas tiene que estar limitada por individuo y unidad empresarial. Para mantener una economía sostenible el correcto reparto y distribución de los bienes existentes cobra una importancia vital.

5. La producción de bienes deberá acoplarse a la disponibilidad menguante de la energía que los puede poner a disposición de la sociedad. Se acabará el derroche, pues no va a haber cada vez más energía, sino menos. Las distancias que podrán recorrer las mercancías y las personas serán mucho menores y los desplazamientos físicos se realizarán a velocidades muy inferiores a las actuales.

Para una exposición más ampliada de la cuestión puede consultar se el texto de Pedro Prieto y Manuel Talens:

http://www.decrecimiento.info/2011/03/colapso-energetico-y-financiero.html
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(*) La “ensoñación del crecimiento perpetuo” o “Pensamiento lechera” del tipo “Haz crecer tu dinero” , es la piedra angular sobre la que descansa toda la ideología capitalista. Esta forma de razonamiento, propio de un funcionamiento cognitivo fabulatorio e infantilizado, ha calado en importantes masas de la población y es asumido de manera acrítica por nuestros dirigentes políticos neoliberales. La confusión entre lo real y lo imaginario en la proyección a largo plazo de nuestra riqueza material, tan intrínseca a los juegos de azar y los mercados financieros, está en la misma esencia del engranaje intelectual capitalista. El crecimiento de los activos monetarios (dinero, acciones, bonos, letras, pagarés, obligaciones, promesas de pago…) es crecimiento virtual, en contraposición con el crecimiento real siempre limitado, modesto y asociado con las biocapacidades humanas y medioambientales.

marzo 4, 2011

Economía estacionaria

La economía del crecimiento, un callejón sin salida

Cada vez son más las asociaciones internacionales interesadas en el diseño político de un nuevo modelo alternativo al actual sistema capitalista, que cada día se revela más insostenible. Un ejemplo es el “casse” (Centro para la anticipación de una economía de estado estacionario) que ha publicado este interesante extracto de informe: EnoughIsEnough_Summary_ES.

Las dinámicas actuales de la globalización capitalista ponen de manifiesto, dramáticamente, la insuficiencia teórica del modelo ideológico dominante desde el punto de vista de la cobertura de necesidades básicas para la población mundial. Como ya hemos reseñado en otros textos las contradicciones y callejones sin salida del sistema basado en el crecimiento se hacen ya muy difíciles de ocultar. El progreso pasa obligatoriamente por la emergencia radical de un nuevo paradigma que se construya sobre la lógica del reparto y la distribución, en sustitución de la actual lógica de la concentración y la acumulación.

El indicador por antonomasia para medir la salud de la economía en el actual y decadente modelo ideológico es el PIB, es decir, la suma del valor (a menudo en dólares) de todos los productos y servicios generados/comercializados en un país durante el año. En el modelo emergente este indicador no será ya válido, debido a su demostrada insuficiencia para evaluar de manera mínimemente satisfactoria el conjunto de variables impicadas en el bienestar biosocial, desde una perspectiva global.

A partir de los desastres ecológicos provocados por el desfrenado crecimiento económico, surge una reflexión para mejor medir el progreso económico. El Índice de Progreso Genuino (IPG) es un concepto que se deriva de una fusión entre la economía ecológica y de la economía del bienestar. El IPG supone que el crecimiento del PIB tiene costos y beneficios. Supone, pues, que determinado crecimiento económico más allá de un punto puede ser dañino, o sea, antieconómico. El índice procura cuantificar tanto los beneficios como los costos. No hay crecimiento en el IPG si los costos de contaminación equiparan al crecimiento del PIB. Más allá hay un momento de inflexión donde el crecimiento económico se torna antieconómico. El concepto de IPG es políticamente más aceptable que el PIB ya que toma en cuenta más aspectos como la mayor o menor bio-capacidad así como la distribución más o menos desigual de los ingresos. De esta forma brinda información sobre el bienestar natural y humano. Estos aspectos apuntan mejor al bienestar real y su futuro.

Para medir el IPG se tomarán en cuenta una serie de factores que restan o suman valor al PIB. Cuando hay pérdida de recursos naturales o contaminación del agua y del aire se resta valor al PIB. El IPG contempla y cuantifica otros factores que se suman al PIB: El trabajo doméstico o el tiempo libre son valores que se suman al PIB; conforme aumenta la desigualdad del ingreso y alza el gasto de defensa se resta valor al PIB. Si disminuye en cambio la desigualdad se suma valor al PIB. Cuando aumenta la vida media de los productos de consumo y de la infraestructura se suma valor al PIB y se resta valor si sucede lo contrario, etc. Un producto con una vida larga suma valor al PIB ya que nos acompaña más tiempo y por lo tanto genera menos residuo. La evolución positiva del IPG sugiere un progreso genuino de la vida, la negativa más bien un deterioro.  El IPG muestra que mundialmente hubo un incremento en el bienestar hasta principios de los años setenta. A partir de entonces el IPG decrece, es decir hubo crecimiento antieconómico. Un fuerte crecimiento económico medido por el PIB, no garantiza para nada un aumento en el IPG.

Hacia_una_economia_estacionaria – Win Dierckxsens (Holanda)

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