Posts tagged ‘economia_virtual’

mayo 28, 2012

Insumisión a la economía virtual

¿Conocemos la diferencia entre economía real y economía virtual?.  Cada vez son más los que empiezan a entender en su plenitud las reglas del juego sistémico. Verdades, que hasta ahora permanecían escondidas y veladas ante la ciudadanía, comienzan a hacerse visibles. La rebelión de las conciencias las hace salir de su agujero, obligándolas a enfrentarse con la luz del Sol. Uno de estos sencillos principios es que La deuda no está hecha para ser reembolsada sino para generar sumisión, como bien saben los países “rescatados” del tercer y del primer mundo. Es así como se entiende que los bancos concedan préstamos a gente e instituciones insolventes. La deuda no fue concebida bajo una perspectiva financiera, ni siquiera económica, sino como una herramienta política para el control de las mayorías por parte de las minorías, un instrumento de poder, un mecanismo de ingeniería social. La banca existe porque existe la deuda y el dinero actual es su plasmación visible. Si estás dispuesto a contraer una deuda, el banco te hará entrega de la cantidad correspondiente de billetes de curso legal sin que ningún gobierno tenga que mediar en el trato. Aunque aún pocos lo saben, la Banca ni siquiera posee ese dinero, solo tiene el poder legal de crearlo de la nada, a cambio de tu promesa de vasallaje. Cuando firmas un préstamo asumes algo más que un compromiso de pago, estás aceptando una pérdida personal de soberanía en el uso de tu mayor patrimonio, que no es otro que tu tiempo de vida. Sin apenas ser consciente estás contrayendo un compromiso de fidelidad ante los vampiros que viven del trabajo ajeno. Así es como se crea el 90% del dinero que está en nuestros bolsillos o en nuestras cuentas corrientes. Si la gente cancelara todas sus deudas sin renovarlas, la banca privada no tendría razón de ser y desaparecería. Ese sería el fin del sistema: Fin de la deuda, fin del dinero (tal como lo conocemos hasta ahora), fin de la Banca Privada, fin de los préstamos, fin del capitalismo. Uno de los mayores actos de insumisión que podemos realizar actualmente contra el sistema es la quema del billete, una profunda manifestación de dignidad, autoliberación y desprecio contra la correa del amo, contra la banca y contra su poder de dominación. Así parece haberlo entendido el maestro italiano Andrea de Lotto, del colectivo “Lo Sbarco” cuando nos propone este sencillo experimento sobre la Economía Real:

Enorme el acto sencillo de denuncia y la lección de economía que este ciudadano nos regala. Otro dinero es posible, un dinero bajo control público, ético y democrático. Otras formas de relación entre los seres humanos son posibles, otras fórmulas de organización social, económica y política, sin cúpulas de poder mafiosas y extorsionadoras que nos impongan sus soluciones criminales. Quemar el dinero es una acción simbólica de rebelión contra el poder realmente existente, toda una declaración de independencia, un grito mudo de insumisión.

noviembre 24, 2011

Capialismo oriental gana, capitalismo occidental pierde

Capitalismo oriental, la fórmula del trabajo sin derechos, capitalismo perfecto

En el sustrato de esta crisis sistémica que nos toca experimentar podemos observar un choque entre modelos capitalistas que solo han conseguido imponer unas muy distintas tasas de explotación al trabajo asalariado en sus diferentes contextos geográficos. El capitalismo occidental no ha sido capaz aún de alcanzar unas condiciones máximas de rentabilización de su fuerza laboral debido a las luchas históricas, políticas y sindicales, protagonizadas por sus clases trabajadoras. La acumulación del beneficio necesario para la perpetuación del modelo se ha realizado aquí, durante las últimas décadas, en base a un altísimo nivel de endeudamiento privado (instituciones financieras, empresas y particulares) y a las guerras coloniales de rapiña en zonas periféricas (Iraq, Afganistán, África…), cimentadas en su poder mediático y  militar. El capitalismo oriental, sin embargo, ha crecido fundamentalmente en base a una explotación altísima de su fuerza laboral y a un alto índice de degradación medioambiental. Este segundo modelo se ajusta de una forma muy superior a la auténtica naturaleza del sistema que, en última instancia y salvados todos los fuegos de artificio de la economía virtual, solo es capaz de generar valor a partir del “ordeñamiento intensivo” del trabajo humano. Nuestros hermanos de SurAmérica conocen muy bien como el capital aprieta el tornillo sobre poblaciones desprotegidas, buscando siempre el máximo nivel posible de rendimientos monetarios sin detenerse ante nada.

La crisis de la deuda que atenaza a Europa y EEUU es, en última instancia, una consecuencia del “ajuste de cuentas” en el enfrentamiento de los dos modelos. Son esos los ajustes estructurales que se nos venden como inevitables, son esos los deberes y tareas ineludiblemente pendientes que nuestras “clases coordinadoras” (*) deben implementar con angustiosa urgencia. El nuevo equilibrio global, a corto plazo, solo puede imponerse a través de dos vías posibles: O bien la occidentalización de las condiciones laborales chinas o bien la precarización asiática de las condiciones laborales en Occidente. Es esta última la solución que la lógica intrínseca al sistema capitalista globalizado tratará de imponer mediante su conocida “doctrina del shock”, a menos que la estrategia de revueltas, huelgas, contestación social y batalla ideológica, planteada por las clases trabajadoras (fundamental, aunque no exclusivamente asiáticas) sea capaz de ganar el pulso a las élites, forzando un cambio sistémico en las actuales reglas del juego (**). En este contexto resulta crucial para la conservación a corto plazo de las conquistas sociales en Europa, empoderar a los sindicatos asiáticos para que alcancen pronto significativos progresos en materia de derechos humanos y laborales, ya que sus éxitos serán también los nuestros, creando sinergias de oposición contra la tendencia depredadora del gran capital a nivel global. Haríamos bien, desde Occidente, en apoyar por todas las vías posibles (económicas, mediáticas, logísticas, cibernéticas, subversivas…) a las organizaciones de trabajadores en estos países en lugar de gastar energías absurdas en financiar a organizaciones reaccionarias como los grupos salafistas saudíes, organizaciones paramilitares centroamericanas,  la ultraderecha cubana o al sionismo fundamentalista infiltrado en diferentes lugares del planeta.

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(*) Albert, Michael (EEUU) en entrevista publicada por el periódico mensual de la CNT, nº 383 de Noviembre-2011, expone que la dicotomía entre clase capitalista y clase trabjadora es excesivamente esquemática para interpretar la realidad actual. Existe, al menos, una tercera clase, muy importante para comprender el funcionamiento de la sociedad de hoy: la clase coordinadora. Esta clase puede incluso convertirse en la clase dominante, como llega a suceder en el socialismo estatalizado. En las sociedades más occidentalizadas la clase coordinadora está constituida por políticos profesionales y directivos de empresas, que suelen trabajar en conexión directa con la clase capitalista y, habitualmente, bajo su supervisión.

(**) La teoría económica convencional parte de unos apriorismos que se consideran dogmas innegociables: la propiedad privada, la existencia de mercados financieros que pueden funcionar sobre bases especulativas o la organización fuertemente jerarquizada de la sociedad. Todos los demás postulados deben respetar esas bases fijadas previamente, constituyéndose en principios rectores que condicionan la generación de cualquier nuevo “conocimiento” económico. Los dogmas previos son realmente una coraza idelógica cuya función principal es blindar y expandir los privilegios de ese estrato minoritario de la sociedad que acapara la mayor parte de recursos materiales y el control del poder coercitivo. Michael Albert nos propone un nuevo modelo económico post-capitalista, basado en principios libertarios, conocido como “Economía Participativa“.

octubre 28, 2011

Humanismo: La necesidad agónica de alcanzar un nuevo paradigma

“En un mundo en el que el dinero se ha convertido en el valor central de la existencia, no debieran sorprendernos las consecuencias de semejante negación del sentido de la vida humana. No puede sorprendernos la creciente inequidad en la distribución de la riqueza, ya que se trata de una competencia individualista en la que necesariamente debe haber ganadores y perdedores. No pueden sorprendernos las sucesivas crisis financieras y su correlato de recesión, en un sistema que solo puede sostenerse mediante el endeudamiento creciente. No pueden sorprendernos las guerras por los recursos naturales escasos, en un mundo depredado por el consumismo de los más beneficiados. No puede sorprendernos la violencia social, cuando cada vez más gente se siente marginada y fracasada, al contrastarse con ese mundo paradisíaco ofrecido por la publicidad consumista y no puede sorprendernos el nihilismo, la locura y el suicidio, cuando se ha perdido el sentido de la existencia, al pretender cambiarlo por el exitismo materialista.

Hay quienes creen que, por el solo hecho de que las crisis económicas afectan a mucha
gente, habrá entonces mayorías convencidas de cambiar al sistema económico. Y eso no es así, porque el individualismo ha calado hondo, y el hecho de que ante una crisis generalizada muchas individualidades converjan en una protesta, no significa que se haya trascendido el individualismo, y por eso no es tan sencillo pasar a otras instancias organizativas que realmente puedan reemplazar al sistema. De modo que la propuesta de una transformación en el sistema económico, no puede plantearse solamente en términos de factibilidad técnica, ni en términos de conveniencias mayoritarias. Debe ser planteada desde una mística social que tenga como bandera la ética de la coherencia, que en lo económico significa anteponer la resolución de las necesidades básicas de todos los habitantes del mundo, antes de cualquier otro interés sectorial o individual”.

(Extracto tomado del documento elaborado por Equipo de Coordinación Internacional del PHI).

¿Cómo sorprendernos del aumento del desempleo cuando los beneficios monetarios de las grandes empresas y sus cotizaciones en bolsa aumentan en consonancia a las reducciones de plantilla?. No son los malos gobiernos sino las reglas intrínsecas al propio sistema quien nos conduce a la situación de crisis estructural en la que nos encontramos. Humanismo y Capitalismo son ideologías y paradigmas conceptuales completamente irreconciliables. Como nos dice Leonardo Boff “El capital financiero se desenganchó de la economía real; la economía en su conjunto, de la sociedad; y la sociedad en general de la naturaleza”. El cambio debe ser profundo, radical y debe empezar por aquellos que se consideran más revolucionarios o comprometidos ya que, como muy bien nos recuerda el movimiento decrecentista con sus verdades incómodas, gran parte de nuestros estándares de confort propios del estado del bienestar occidental solo son posibles en un contexto de explotación brutal de la naturaleza y de los trabajadores de otras zonas del planeta. Que nadie dude de que el modelo que defendemos y anhelamos implicará profundas renuncias en cuanto a ciertas comodidades materiales en las que necesariamente nosotros y nosotras deberemos ser punta de lanza.

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(Encontré la foto aquí: http://elladonaranja.blogspot.com/2010/04/andamos-full.html)

marzo 6, 2011

La ficción del crecimiento como génesis del colapso

Mucho se ha escrito sobre la crisis financiera con ayuda de complicados tecnicismos bancarios. Tras la jerga habitual, plagada de términos en inglés, la gente apenas alcanza a entender la magnitud y gravedad del problema con el que nos enfrentamos. La alegre inconsciencia de muchas personas desinformadas les hace vociferar continuamente de manera pueril, siendo incapaces de establecer cadenas de causas y efectos que tengan más de dos eslabones interconectados.

La explicación más certera de la crisis vendría dada por el desacoplamiento entre la economía real y la economía virtual en las últimas décadas. Le emisión descontrolada de activos financieros no guarda una correlación con la cantidad disponible de bienes materiales en circulación, produciendo una profunda confusión entre lo real y lo imaginario en lo que muy bien podríamos denominar la “ensoñación del crecimiento perpetuo”. (*)

El desacoplamiento entre activos financieros y bienes naturales, génesis del colapso

La desmesurada pendiente de la línea roja cabalga sobre la expectativa de crecimiento de la línea azul, pero la materialización de los activos financieros en productos reales requiere un lapso de tiempo futuro cada vez mayor. De esta forma vemos como los bancos, por poner un simple ejemplo, necesitan alargar los plazos hipotecarios para que la gente pueda mantener la aspiración de finalizar los pagos. Y es que nuestra capacidad de trabajo y la capacidad del planeta para producir bienes materiales asciende a una velocidad mucho menor que la creación de activos financieros. La ficción de que los inmensos capitales, bonos y valores que se crean de la nada podrán ser reembolsados con intereses en el futuro no puede seguir manteniéndose por más tiempo. Esta certeza se hace especialmente dramática ante el agotamiento de los recursos naturales, el peak-oil y la crisis medioambiental. La línea azul se irá acercando a la pendiente cero para posteriormente comenzar a caer y la línea roja se quedará “colgando de la brocha”. El colapso está asegurado porque la expectativa de un crecimiento firme y robusto de la línea azul es la “clave de bóveda” sobre la que descansa todo el sistema de pensamiento capitalista. La simple percepción de que este crecimiento no será físicamente posible provocará en pocos años la implosión del sistema. Ante este panorama las medidas de choque pasan por edificar las bases para una economía estacionaria:

1. Los nuevos bancos tendrán que organizarse para prestar sin interés. Las entidades financieras tendrán que pasar a proporcionar  un servicio social sin ánimo de lucro, bajo control público. El dinero, por tanto, no podrá ser emitido como deuda sino exclusivamente como medio de pago, es decir, como moneda social.

2. Habrá que volver a correlacionar la economía real y la economía virtual, de manera que esta última solo sea un fiel reflejo de la primera y esté siempre subordinada a ella. Ello exigirá la destrucción del 90% de los activos financieros disponibles en la actualidad.

3. Las bolsas de valores, junto con los juegos de azar, han desempeñado un papel fundamental como iconos máximos de la ensoñación del crecimiento perpetuo (*) y del lujo ilimitado que tan dañinos están resultando para nuestro presente y nuestro futuro colectivos. En consecuencia deberán cerrar porque sólo sirven para catapultar aún más el crecimiento acelerado de la línea roja y, con ello, para acelerar las crisis energéticas y medioambiental. A estas alturas está claro que han sido el paradigma de la concentración de enormes cantidades de recursos en manos de muy pocos, derrochados en beneficio de esos pocos, y no han dotado a la mayoría de la humanidad de ventaja alguna.

4. La acumulación de dinero, valores, productos financieros e incluso propiedades físicas tiene que estar limitada por individuo y unidad empresarial. Para mantener una economía sostenible el correcto reparto y distribución de los bienes existentes cobra una importancia vital.

5. La producción de bienes deberá acoplarse a la disponibilidad menguante de la energía que los puede poner a disposición de la sociedad. Se acabará el derroche, pues no va a haber cada vez más energía, sino menos. Las distancias que podrán recorrer las mercancías y las personas serán mucho menores y los desplazamientos físicos se realizarán a velocidades muy inferiores a las actuales.

Para una exposición más ampliada de la cuestión puede consultar se el texto de Pedro Prieto y Manuel Talens:

http://www.decrecimiento.info/2011/03/colapso-energetico-y-financiero.html
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(*) La “ensoñación del crecimiento perpetuo” o “Pensamiento lechera” del tipo “Haz crecer tu dinero” , es la piedra angular sobre la que descansa toda la ideología capitalista. Esta forma de razonamiento, propio de un funcionamiento cognitivo fabulatorio e infantilizado, ha calado en importantes masas de la población y es asumido de manera acrítica por nuestros dirigentes políticos neoliberales. La confusión entre lo real y lo imaginario en la proyección a largo plazo de nuestra riqueza material, tan intrínseca a los juegos de azar y los mercados financieros, está en la misma esencia del engranaje intelectual capitalista. El crecimiento de los activos monetarios (dinero, acciones, bonos, letras, pagarés, obligaciones, promesas de pago…) es crecimiento virtual, en contraposición con el crecimiento real siempre limitado, modesto y asociado con las biocapacidades humanas y medioambientales.

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