Posts tagged ‘ideologia’

febrero 26, 2012

España 2012: Lo privado no funciona, lo público sí

La privatización de la educación puede jugar estas malas pasadas

Esta semana hemos asistido a la noticia del Colegio Privado madrileño que veía como les retiraban los pupitres y pizarras de las aulas, ante el nefasto funcionamiento de un negocio incapaz de hacer frente a sus responsabilidades. Era un centro privado, que suele presentarse como modelo de gestión, eficacia y calidad. El Santa Illa es un colegio bilingüe del madrileño barrio de Chamartín. Homologado por la Cambridge University, tiene un precio de unos 400 euros mensuales sin comedor e imparte los cuatro niveles de enseñanza: enseñanza infantil, primaria, secundaria y bachillerato; desde los tres hasta los 17 años. Parece que la privatización de los servicios básicos puede jugar estas malas pasadas. Para los que estén pensando hacer negocios con estas cosas ya ven que ni la rentabilidad monetaria ni la calidad de la oferta está en absoluto garantizada. Los defensores a ultranza de lo privado frente a lo público quizás prefieran invertir sus ahorros en abrirse un plan de pensiones privado en lugar de gastarlo en un colegio de pago para sus hijos, no vaya a ser que se queden sin muebles a mitad de curso. Sin embargo esta parece que tampoco va a ser una buena idea, ya que la rentabilidad de estos “productos financieros” es inferior a la inflación y a la de los bonos del Estado. Las cifras hablan por sí solas: invertir los ahorros en planes de pensiones privados no sale rentable. Los “derechos consolidados” (gran maravilla de la neolengua)  son un camelo y cuando haces las cuentas resulta que tienes menos dinero del que has metido en el plan. Así, la decadencia de este producto de ahorro continúa: Hoy en día solo se mantienen gracias a unos descabellados incentivos fiscales, pagados con dinero público para sostener el negocio de los banqueros. Tanto en el caso del Colegio, con certificado de Cambridge, como en el de los planes de pensiones del Santander o el BBVA o en el de la promoción inmobiliaria, el que pone su inversión en el sector privado termina perdiéndola. Pero claro, no se preocupen, en los tres casos el dinero público saldrá al rescate de la “magnífica eficiencia” privada. Ya se ha ordenado que devuelvan los muebles al colegio (la comunidad autónoma pondrá mientras tanto el dinero que se debe), el que ha perdido dinero con su plan de pensiones privados tendrá la pensión pública para que no le falte el sustento y los promotores inmobiliarios serán rescatados, ellos “quieren su parte”, para que sus patrimonios no se vean afectados. Respecto a los ahorros mejor las letras del tesoro o los bonos del estado que son más seguros. Ah, y si me pongo malito de verdad nada como ir a un Hospital Público que tienen los mejores medios técnicos. Si es que ya se sabe, lo privado es lo que funciona y lo público es un desastre.

abril 19, 2011

La legitimación social de la desigualdad (II)

Frente a la cortina ideológica que se afana en legitimar la desigualdad pervive una certera percepción de la realidad en millones de ciudadanos libres

En una entrada anterior hemos comenzado a analizar el tema crucial de la legitimación social de la desigualdad. Si queremos entender por qué el mundo funciona de la manera en que lo hace actualmente y no de otra es necesario interrogarse acerca de los mecanismos ideológicos que legitiman la desigualdad social y sobre las premisas erróneas que, a fuerza de ser externamente repetidas de manera masiva, terminan por interiorizarse en el diálogo mental que millones de sujetos mantienen cada día consigo mismo en la intimidad de sus pensamientos.

* ) “Prevenir las muertes causadas por la pobreza conduciría a la superpoblación”. Esta antigua forma malthusiana de legitimación social de la desigualdad se ha convertido en nuestros días en demasiado directa y sólo puede ser abiertamente defendida desde posiciones filofascistas. No obstante sigue ejerciendo una influencia nada desdeñable en el imaginario colectivo de las capas más acomadas e influyentes de la sociedad. La falsedad del argumento queda demostrada ante el hecho de que son precisamente las sociedades más pobres las que tienen los más altos índices de natalidad mientras las que gozan de mayores comodidades materiales tienen una natalidad que a duras penas resulta suficiente para no perder población. Los datos empíricos apuntan justo en la dirección contraria de este aporófobo y predarwinista concepto malthusiano ya que luchar contra la pobreza se convierte precisamente en una de las mejores maneras de controlar el supuesto exceso de población.

* ) “Los países pobres siguen siendo pobres a pesar de las ayudas y la cooperación que les prestamos. Esto prueba que la culpa no es nuestra sino de ellos”. El argumento es una de las múltiples formas que adopta el principio general de culpabilización de las víctimas, que ya fue abordado en la entrada precedente. La falsedad en este caso consiste en una simple manipulación política del lenguaje ya que las supuestas ayudas que el mundo desarrollado prestaría a los grupos más desfavorecidos no son tales, sino más bien al contrario: Los “créditos blandos” o las “ayudas para la importación” son un negocio para los bancos y las élites empresariales que controlan la producción mundial al facilitarles nuevos mercados cautivos, aumentar el margen de explotación sobre la fuerza laboral, generar dependencia respecto a las metrópolis y destruir incipientes competidores locales. Llamar a esto “ayuda” es solo una perversión del lenguaje al igual que sucede con el término “rescate” aplicado a las economías de países desarrollados cuando en realidad se está sometiendo a sus ciudadanos a nuevas mermas de soberanía y a nuevas deudas que los convierten en pseudoesclavos de las élites que cuentan con la capacidad legal para crear dinero de la nada en forma de crédito-deuda. Tanto las ayudas como los rescates se dan en realidad en sentido inverso: los pobres ayudan a los ricos y los trabajadores rescatan a los bancos.

* ) “La lucha contra la desigualdad es un problema técnico, no político. La globalización capitalista por si sola y al margen de los partidos políticos, tenderá a reducir la injusticia social“. Esta gigantesca mentira viene asociada a toda una estrategia despolitizadora comandada por los amos del dinero que ya denunció en los años 70 el filósofo Habermas y más recientemente Zizek. La esfera de lo abiertamente político es progresivamente secuestrada, vaciada de contenido y colonizada por una política oculta, por una neopolítica que se redefine en términos supuestamente científicos, empresariales y tecnológicos. Lo que subyace es un discurso totalitario del beneficio privatizado como principio rector de la política. El discurso legitimador de la desigualdad se realiza aquí de manera sutil presentándola como un efecto secundario, temporal y reversible que se correjirá en el futuro si hacemos caso a “los técnicos”. El argumento oculta el hecho de que la Ciencia solo es un instrumento y que, por tanto, no da respuestas acerca de los principios ético-políticos que deben regir una sociedad, solo sirve de manera eficaz a la implementación de aquellos principios que alguien haya previamente establecido de igual forma que ningún ordenador es capaz de autoprogramarse. Aunque está ya empíricamente demostrado que la aplicación práctica del principio rector de la búsqueda del máximo beneficio monetarizado como motor político solo genera cotas cada vez mayores de desigualdad y un aumento de la brecha entre ricos y pobres  el patrón sigue siendo defendido apelando también al plano emocional, no consciente y subjetivo de los individuos, además de a supuestos y completamente falaces “argumentos técnicos”.

La repetición de estos principios de manipulación psicológica va produciendo progresivamente una fuerte bifurcación entre la realidad y la percepción ideológicamente construida de esa misma realidad cuyas consecuencias se visualizan de manera cada vez más dramáticas. Volver a politizar a la sociedad en su sentido más amplio, profundo y responsable es trabajar por la libertad y la democracia. Y hablar de Política es hablar de ideologías y de filosofía no de personajes o de rostros mudables que el poder puede quitar o poner a su antojo. Todo es ideología, hablemos sin miedo de ideologías y de sus consecuencias; identifiquémoslas y contrastémoslas. Frente a la ideología capitalista … la ideología humanista.

(Algunas de las ideas contenidas en esta entrada han sido tomadas de POGGE, T. “La pobreza en el mundo y los derechos humanos”. Ed. Paidos. Barcelona 2005. [Ed. Original, 2002]).

abril 2, 2011

¿Es el conocimiento científico ideológicamente neutral?

Quizás la mayoría de la gente tendería a responder de una manera afirmativa a esta cuestión, sin necesidad de mayores reflexiones. Sin embargo un estudio algo más profundo de la pregunta nos revelará perspectivas discrepantes. Se trata sin duda de un problema largamente debatido desde hace décadas que suele zanjarse, en el mejor de los casos, con afirmaciones del tipo “Debe distinguirse entre ciencia, que siempre será neutra desde el punto de vista político, y aplicaciones del conocimiento científico que sí pueden ser susceptibles de uso perverso por los grupos de poder dominante”. Pero aún esta afirmación, aparentemente juiciosa, sigue siendo muy discutible.

No es raro encontrar, incluso dentro de la izquierda marxista, quienes defienden la creencia de que hay una contradicción intrínseca entre ciencia e ideología. Bajo este punto de vista el desarrollo científico nos hará cada vez más libres al acercarnos al conocimiento de la verdad. Los que así piensan pasan de largo sobre el hecho de que el relato científico de cada época se pone al servicio del sistema ideológico y político dominante en ese momento histórico, de manera que no solo no existe contradicción entre ambos sino que se establece una relación de dependencia entre ellos, como muy bien puede comprobarse  a través de famosos trabajos que figuran en la Historia de la Ciencia, como On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida) de Charles Darwin, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations de Adam Smith, Social Statics de Herbert Spencer o An Essay on the Principle of Population de Thomas Robert Malthus, por citar solo algunos. La influencia de estas obras en todo el desarrollo posterior de la política y en sus correspondientes justificaciones basadas en argumentos científicos y religiosos ha sido enorme y aún pervive de manera muy potente en la ctualidad.

Un indudable componente clasista y legitimador de la desigualdad subyace en la ciencia creada por Darwin

Entendemos que la ciencia no es neutra respecto a los problemas que analiza. Algunos temas acumularán cientos y miles de horas de investigacion mientras otros apenas obtendrán financiación para un puñado de estudios. Por supuesto tenderán a seleccionarse tópicos y desarrollos tecnológicos susceptibles de ser rentabilizados por grandes compañías, especialmente en Medicina, Química, Biología o Farmacia, cuyo beneficio irá destinado principalmente a sus directivos y accionistas, mientras otros hallazgos no inmediatamente orientados a una explotación económica privada serán relegados. Todo el conocimiento que pueda servir para perpetuar el dominio de las élites sobre las mayorías será favorecido, incluido el desarollo de técnicas para manipular los deseos, opiniones y emociones de la población.

La supuesta “comunidad científica”, entendida como algo neutral y objetivo, suele ser otro mito ideológico más: Ahí está la jerarquía, la división del trabajo, las férreas luchas de ego en el seno de departamentos y universidades, las guerras de autoría o los criterios editoriales en las revistas y periódicos con mayor prestigio y audiencia a la hora de seleccionar qué debe ser publicado y qué grado de difusión deben recibir las distintas producciones. No son raros los “estudios por encargo” en Economía, Sociología o Historia, con el único objeto de reunir evidencia científica que dé sustento y legitimidad a una tesis fijada de antemano, con una orientación claramente política. Si las conclusiones se ajustan a la tesis inicial apoyada por los financiadores la retribución para los investigadores será mucho mayor y los encargos de nuevos proyectos estarán garantizados. Desgraciadamente el conocimiento científico se ha utilizado a lo largo de la historia como excusa para la legitimación de la desigualdad, para devaluar el conocimiento popular o los saberes ancestrales o para dotar de una aureola de infalibilidad a grupos e ideas predeterminadas por el poder económico en función de sus intereses particulares. Los depositarios de la verdad revelada se reservan siempre la última palabra para marcar las tendencias sobre nuestros hábitos y comportamientos deseables o, por el contrario, para sancionar lo ineficiente, lo antiguo o lo irrelavante.

Al igual que podemos hablar de teologías al servicio de la dominación y teologías al servicio de la liberación también es posible hablar de ciencia al servicio de la explotación y ciencia al servicio del humanismo. Ningún conocimiento permanece neutral ni completamente objetivo cuando el ser humano lo sitúa bajo la lupa de sus siempre limitados instrumentos intelectuales de análisis. Dios o el diablo nos libren, por tanto, de esos seres celestiales e hipotéticamente neutrales conocidos como “técnicos” a la hora de planificar políticas económicas, culturales, energéticas o medioambientales ya que tras ellos, seguramente, solo se esconderá la ideología de las élites oculta tras un manto de impunidad.

(Esta entrada es deudora de Adolfo Olea, Máximo Sandín y quintaesencia)

Para un análisis más detallado de la cuestión puede consultarse este artículo de Adolfo Olea publicado hace ya décadas pero aún plenamente vigente:

¿Es la Biología un discurso de dominación?-Adolfo Olea

febrero 9, 2010

¿Xenofobia o Aporofobia?

El concepto de xenofobia es el velo que nos oculta la realidad de la aporofobia

Los conocidos términos “xenofobia” y “racismo” se están convirtiendo en herramientas conceptuales enmascaradoras de una realidad oculta mucho más potente. Las apelaciones a la tendencia xenófoba (“miedo a lo diferente”) de los pueblos como explicación para la aparición de ciertas corrientes políticas esconden lo que en realidad es una aporofobia (“odio al pobre”), producto del patrón conductual egoísta e individualista que nos impone la ideología capitalista. Nuestra sociedad no es xenófoba en absoluto: Basta ver como incorporamos identitariamente sin ningún tipo de miedo o problema nuestro coche alemán, nuestra pizza italiana, nuestro Cristo palestino, nuestro reloj suizo, nuestra “democracia” griega, nuestra pantalla de plasma japonesa, nuestros números árabes, nuestros soldados colombianos, nuestra estanteria sueca, nuestro viaje caribeño… ¿Sociedad xenófoba o aporófoba?

La realidad, como en tantas ocasiones, permanece convenientemente velada ante los focos mediáticos con objeto de desactivar nuestra capacidad de entender las auténticas causas de nuestros problemas. Lo diferente, lo “de fuera”, lo extranjero sólo inspira miedo u odio cuando es pobre. Analizado bajo este punto de vista el auge puntual de los mal llamados partidos xenófobos en ciertos países europeos sólo es un síntoma de efervescencia capitalista (o lo que es igual, de la ideología aporófoba del egoísmo) en el seno de nuestras sociedades. También es fácil llegar a comprender que el capitalismo y el fascismo tienden a confluir de manera natural como dos caras de una misma pauta de pensamiento que bien podría llamarse fascio-capitalismo.

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