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noviembre 30, 2015

La herencia de Rajoy explicada en 12 datos

  1. MENOS EMPLEO, MENOS GENTE CON UN TRABAJO REMUNERADO: Según la EPA, a 31 diciembre de 2011 en España trabajaban 18,15 millones de personas y a 30 de septiembre de 2015 lo hacían 18,04 millones, en concreto 104.300 personas menos.
  2. MENOR NÚMERO DE PERSONAS DESEMPLEADAS CON DERECHO A PARO: Ahora, poco más de la mitad de los parados (54%) percibe la prestación por desempleo, cuando al principio de la crisis tres de cada cuatro desempleados estaban cubiertos (72%).
  3. MENOR CUANTÍA DE LA PRESTACIÓN POR DESEMPLEO: La cuantía media de la prestación por desempleo ha bajado desde que el PP llegó al poder. El Gobierno la recortó en julio de 2012; pese a ello en octubre de aquel año la prestación media aún era de 859,3 euros. Tres años después, en octubre de 2015 —último dato conocido—, dicha prestación había bajado hasta los 797,7 euros. Son 61,6 euros menos al mes y casi un 8% menos en términos porcentuales.
  4. DEVALUACIÓN SALARIAL. TRABAJANDO POR MENOS DINERO: El salario medio anual ha caído desde los 19.100 euros anuales a los 18.400.
  5. MÁS TRABAJADORES POBRES: La bajada de salarios auspiciada desde el Gobierno de Rajoy ha tenido como consecuencia un importante aumento del porcentaje de trabajadores pobres entre 2011 y 2014, pasando desde el 11.7% al 14.2%. Trabajar en España ya no garantiza escapar de la pobreza. Lo saben casi uno de cada seis trabajadores.
  6. MENOS DINERO DISPONIBLE POR HABITANTE Y AÑO. La renta media por persona entre 2011 y 2014 ha bajado en unos 450 euros. La crisis se ha cebado sobre todo con las clases medias y bajas; ellas son las grandes perdedoras.
  7. MÁS PERSONAS CON DIFICULTADES PARA LLEGAR A FIN DE MES. Como consecuencia de lo anteriror las personas que declaran que tienen dificultades para llegar a fin de mes pasan de representar el 11.1% en 2011 al 17.5% en 2014.
  8. MÁS PERSONAS QUE NO PUEDEN MANTENER SU CASA CALIENTE EN INVIERNO: El porcentaje de personas que padecen pobreza energética ha pasado del 6.5% de la población en 2011 al 11.1% en 2014.
  9. MAYOR CANTIDAD DE POBLACIÓN EN RIESGO DE POBREZA: El porcentaje de población en riesgo de pobreza ha pasado del 26.7% en 2011 al 29.2 en 2014, casi uno de cada tres españoles.
  10. AUMENTO DE LA DESIGUALDAD O BRECHA ECONÓMICA ENTRE RICOS Y POBRES: El coeficiente de Gini, que es el índice que mide la desigualdad en una sociedad, ha aumentado desde el 34 al 34.7. En España ahora los ricos son más ricos y los pobres son más pobres que en 2011 gracias a Rajoy y al sistema socioeconómico que él ha impulsado.
  11. MENOS PERSONAS AFILIADAS A LA SEGURIDAD SOCIAL: En octubre de 2015 todavía hay 8.500 personas menos afiliadas a la Seguridad Social que cuando Rajoy llegó al poder. Un mal dato, pero si hay menos empleo, lo lógico es que haya menos afiliados… y menos gente para pagar las pensiones.
  12. AUMENTO DE LA DEUDA PÚBLICA O DEL DINERO QUE DEBEMOS COMO PAÍS: La deuda pública ha pasado de suponer el 70% del PIB en 2011 casi al 100% actual. Pese a los amplios recortes sociales, que han supuesto miles de millones de euros, ni Rajoy ni su Gobierno han conseguido mantener la deuda pública bajo control. Dicha deuda no ha dejado de crecer a lo largo y ancho de la legislatura hasta superar el billón de euros y rozar ya el 100% del PIB. España debe mucho más dinero en 2015 que hace cuatro años: en concreto, en septiembre de 2015 la deuda pública era 340.000 millones mayor que el mismo mes de 2011. ¿Cómo es posible ese aumento si se ha recortado el gasto? Pues porque no se gasta mucho menos que antes; simplemente, se gasta en cosas diferentes: antes se invertía más en Educación, pero ahora se dedican más de 100.000 millones a rescatar a los bancos o a la industria armamentística, por ejemplo.

Todos los gráficos ilustrativos y las fuentes para contrastar estos datos pueden encontrarse en este enlace: http://www.publico.es/economia/maltrecha-espana-deja-rajoy-graficos.html

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Información adicional en: Quince evidencias económicas que no se deben olvidar

enero 22, 2013

El Poder de la Igualdad

Es un hecho completamente constatable que la polarización de las rentas está en la raíz de una amplia gama de patologías sociales y psicológicas, desde la obesidad a la delincuencia violenta; desde las enfermedades mentales a la muerte prematura; desde la tasa de homicidios a la mortandad infantil; desde la adicción al juego  a la dependencia de drogas, desde el índice de población reclusa hasta los embarazos en adolescentes; desde la baja autoestima a la falta de movilidad entre capas sociales. Los datos indican que no es la renta per cápita o el grado de austeridad material lo que ocasionan estas patologias, sino las diferencias entre los niveles de ingreso de los ricos y los pobres, es decir, la desigualdad dentro de cada sociedad. Una manera de medir el grado de equidad en la distribución del ingreso dentro de un país es el Índice de Gini. (Para disponer resumidamente de este índice y su evolución en muchos países del mundo puedes pulsar aquí.)

En el estado español dicha desigualdad, medida a través del índice de Gini, creció de forma desbocada en los últimos 5 años, fruto de las políticas cobardes, antisociales y profundamente sumisas con la plutocracia, de nuestros gobernantes. El dato no puede ser peor ya que es una antesala casi inevitable para la entrada creciente de las patologías sociales y psicológicas a las que antes aludíamos.

Por otro lado todo parece indicar que las sociedades más avanzadas en cuanto a bienestar material están alcanzando un tope de crecimiento que no será fácil rebasar, como muy bien nos muestra el ejemplo de Japón, un país en estado casi estacionario desde hace décadas. Parece claro que es el momento de que las políticas comiencen a centrarse en la justa distribución de los recursos disponibles, en la calidad de nuestras relaciones sociales y en el desarrollo armónico de nuestras interacciones con el resto de los organismos vivos, y no en el crecimiento imposible de nuestra producción de mercancías.

La lucha contra la desigualdad se convierte, desde un punto de vista científico, en la máxima prioridad política de cualquier gobierno que pretenda ayudar a construir una sociedad más fuerte y más sana. Este gran objetivo ha sido siempre el motor fundamental de los diversos socialismos que han existido en el pasado y el presente. Justo es decir que los caminos trazados y las fórmulas organizativas ensayadas han sido, en ocasiones, profundamente equivocadas porque algunos tuvieron la tentación de pensar que un fin loable podía justificar el uso de medios autoritarios. Pero la historia termina por enseñarnos que tanto el medio como el fin deben basarse en los principios irrenunciables de la justicia, la dignidad y los derechos para todos los seres humanos que forman los pueblos. El camino es muy difícil pero, desgraciadamente, los atajos nos conducen a destinos equivocados. La disminución de la desigualdad debe caminar siempre e indisociablemente unida a la disminución del autoritarismo, al aumento de la horizontalidad política y al máximo reparto de poder a la hora de trazar nuestro inevitable futuro común.

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Entrada relacionada: ¿Por qué es indispensable combatir la desigualdad?

abril 26, 2011

¿Por qué es indispensable combatir la desigualdad?

1.Las sociedades desiguales generan más problemas de salud en la población. Índices estadísicos como obesidad, abuso de drogas, embarazos adolescentes, riesgo de accidentes o incidencia de enfermedades mentales puntúan con valores más elevados conforme más desiguales son las sociedades. La principal explicación a esta evidencia vendría asociada a la presión social, a la mayor sensación de inseguridad, soledad o desamparo y al estrés inherente a la percepción de quedar inevitablemente rezagado en la carrera hacia el ascenso en la escala social.

2.Las sociedades más desiguales presentan un peor desempeño escolar medio en sus estudiantes. Bolsas grandes de alumnado pertenecientes a grupos sociales con bajos ingresos pueden ejercer un efecto negativo sobre los niveles motivacionales medios de los grupos escolares. Las sociedades más igualitarias y con más tendencia a utilizar metodologías cooperativas de trabajo arrojan mejores resultados en las pruebas de rendimiento escolar.

3.Las sociedades desiguales tienen mayores índices de criminalidad y mayor porcentaje de población en prisión debido a delitos contra la propiedad y violencia. Pareciera como si la obscenidad y la ostentación de la riqueza extrema exacerbara la tendencia hacia el robo en el seno de la sociedad.

4.Las sociedades desiguales presentan mayor dificultad para la movilidad entre clases sociales. El “sueño americano” de que un pobre pueda convertirse en millonario o de que el hijo de un pobre pueda tener un futuro socioeconómico desahogado es mucho más improbable en sociedades desiguales que en sociedades igualitarias, debido a la falta de ayudas sociales, a los prejuicios y a la mayor distancia que se precisa recorrer hasta alcanzar la meta deseada.

5.Las sociedades desiguales presentan mayor tendencia a la corrupción y al fraude fiscal debido a que parece existir la percepción de que la mayoría de los ricos lo hacen y … si ellos lo hacen ¿por qué no yo?

6.Las sociedades desiguales presentan una tendencia a la pérdida de calidad en las interacciones sociales, potenciando la indiferencia hacia los problemas ajenos y la posterior invisibilización y culpabilización de las víctimas de la pobreza como merecedoras de su suerte debido a su ineficiencia, vicio, debilidad o falta de competencia socio-profesional.

7.En las sociedades más desiguales la gente suele desarrollar una mayor tendencia hacia el trabajo adictivo debido a la necesidad de mejorar constantemente los niveles de ingreso y consumo para mantener las apariencias. Esto, a su vez, trae aparejado una falta de dedicación a los hijos y a la pareja y menos tiempo para el ocio compartido que suele derivar en más problemas familiares y rupturas matrimoniales.

8.Las sociedades más desiguales suelen desarrollar una mayor tendencia al consumismo y a la generación de residuos, lo que a su vez da lugar a mayores índices de contaminación, pérdida de biodiversidad e insostenibilidad ambiental.

9.Las sociedades más desiguales suelen tener más tendencia hacia la creación de burbujas especulativas e incrementos desmesurados de precios en bienes básicos de consumo como la vivienda debido a masas ociosas de capital que aspiran a conseguir una rentabilidad alta en el corto plazo.

10.Las sociedades más desiguales tienden a puntuar más bajo en el nivel de bienestar y felicidad autopercibida ya que este sentimiento subjetivo se construye en función de un análisis comparativo con la gente que nos rodea y de nuestra capacidad para establecer relaciones empáticas y recíprocas con las personas que forman parte de nuestra comunidad. En general las sociedades igualitarias suelen ser percibidas como lugares más deseables y amigables para vivir.

(*) Los países con mejores niveles de igualdad social (Índice de Gini) en el mundo rico son los países escandinavos, junto con Alemania y Japón. Los países con niveles peores de equidad en contextos  de altos ingresos son EEUU, Reino Unido, China, Hong Kong, Singapur, el ente geopolítico artificial conocido como Israel o las dictaduras del golfo pérsico. Pueden contrastarse los 10 indicadores señalados con las tendencias observadas en la realidad de las últimas décadas para los países citados.

(**) La información para la elaboración de esta entrada ha sido extraída básicamnete de estas dos interesantes webs:

http://www.equalitytrust.org.uk/research (Reino Unido)

http://extremeinequality.org/?page_id=9#job (Estados Unidos de América)

abril 23, 2011

Capitalismo y desigualdad, una relación indisociable

Desde los años 80 el capitalismo, en su versión más letal, ha ido extendiendo su lógica depredadora en forma de pandemia globalizada. Con la caída del antiguo modelo de estatalización burocratizada de la vida política en la Europa oriental también desapareció un freno efectivo al desenfreno privatizador, a la voracidad especulativa y a la rapiña explotadora propia del neoliberalismo. El resultado de la aplicación de este nuevo enfoque político dominado por la teocracia bancaria y megaempresarial ha sido en primer lugar el aumento espectacular de la desigualdad en los ingresos entre ricos y pobres. Las evidencias son aplastantes:

* ) En 1976 el porcentaje sobre el total de los ingresos de los EEUU controlado por el 1% más rico de los hogares fue del 8.9%. En 2007 este porcentaje se elevaba al 23.5%. Los 400 estadounidenses más ricos habían llegado a acumular una riqueza combinada similar a la del 50% más pobre de la población. (Fuente: Grupo de Trabajo sobre desigualdad extrema-USA)

* ) El indicador más usado para medir la desigualdad en la distribución del ingreso es el coeficiente de Gini. Cero (“0”) sería la perfecta igualdad donde todos los ciudadanos poseen lo mismo y “1” la perfecta desigualdad, donde un solo ciudadano lo posee todo, mientras los demás no poseen nada. En el interior de los países, el aumento de la desigualdad de ingreso ha sido la norma: ahora hay más países con un coeficiente de Gini alto que en la década de 1980. Por cada país donde la desigualdad ha disminuido en los últimos 20 a 30 años, ésta aumentó en más de dos países. (Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidad del año 2010, pg. 81).

* ) Para la inmensa mayoría de los habitantes del mundo el componente más importante de sus ingresos es su salario. Los ingresos provenientes del capital, por el contrario, son la fuente de riqueza fundamental entre los más ricos. La participación relativa de los ingresos del trabajo y del capital es un punto que atañe a cualquier análisis sobre desigualdad. Las investigaciones llevadas a cabo para el citado Informe arrojan una caída de la participación del trabajo en 65 de los 110 países estudiados (casi 60%) en las últimas dos décadas. Algunos países de gran tamaño, en particular Estados Unidos, la Federación de Rusia e India, han registrado descensos considerables, de hasta 5 puntos porcentuales entre 1990 y 2008, lo que impulsó una caída de 2 puntos porcentuales en la participación mundial promedio del trabajo. Dichos descensos coinciden con la menor sindicalización y la mayor apertura comercial y financiera en buena parte de los países desarrollados desde 1970 . (Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidad del año 2010, pg. 82). Las rentas del trabajo (auténtica y primigenia fuente de la riqueza, junto con los recursos naturales) están cayendo mientras las rentas especulativas del capital explotador no dejan de aumentar.

* ) En las dos mayores economías capitalistas del mundo se ha comprobado durante las últimas décadas como el aumento del PIB (crecimiento económico bruto) ha ido aparejado al aumento de la desigualdad, medida por el índice de Gini. Los beneficios y costes de la explotación capitalista se reparten, por tanto, de manera extremadamente injusta y desigual:

En rosa el aumento del PIB y en azul el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso.

Los datos de China también demuestran que el aumento espectacular del PIB no sirve para atenuar las diferencias entre ricos y pobres sino justamente al contrario

La propia esencia del capitalismo se nutre de la desigualdad que es utilizada como motor de crecimiento económico. El mayor incentivo de las clases poseedoras del capital es seguir alejándose de la “plebe”. La conclusión inevitable es que su beneficio creciente solo puede ser obtenido de la explotación de la clase trabajadora (bajada de salarios/aumento de la jornada laboral), de la especulación creadora de miseria (aumento de los precios de los bienes básicos de consumo) y de la degradación acelerada de los recursos medioambientales.

[Los gráficos han sido tomados de un trabajo de Ana Campo Sáenz, Sheila Martín Morillo y Luis Martín Rodríguez sobre “Crecimiento y Desigualdad”, Universidad de Salamanca]

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