Posts tagged ‘jesus de nazaret’

diciembre 21, 2012

La distopía de Caifás

El mensaje del palestino Jesús, distopía para los poderosos de todas las épocas

El mensaje del palestino Jesús, distopía para los poderosos caifases de todas las épocas

José Laguna. ¡Ay de Vosotros…!. Distopías evangélicas. Cristianisme i Justícia

Dice el refrán que nunca llueve a gusto de todos. Eso mismo pensarían los jefes romanos y farisáicos de la Palestina ocupada cuando oían hablar de aquel nuevo profeta que arrastraba a las masas con sus prédicas utópicas. Su problema consistía en que esa eutopía de los pobres era, a la vez, la distopía de Caifás. Así mismo la eutopía de los reyes, los príncipes y los banqueros de la época era, al mismo tiempo, la distopía de los los explotados, los miserables y los parias.

Brillante, José Laguna, en su cuaderno:

Jesús de Nazaret suspendería hoy la carrera de Administración y Dirección de Empresas en cualquiera de nuestras escuelas de negocios. Sus propuestas no superarían la evaluación de los tribunales económicos y jurídicos. Existen argumentos más que razonables para rebatir uno tras otro cada uno de sus anuncios distópicos para los ricos. Dios es un banquero “necio” que perdona a sus deudores, un empresario “injusto” que paga salarios en función de la necesidad y no del trabajo realizado; un padre “insensato” que acoge incondicionalmente al hijo perdido, agraviando al que siempre le fue leal; un pastor “irresponsable” que abandona el redil y sale a buscar la oveja extraviada; un juez “parcial” que toma partido por la causa de huérfanos y viudas, en detrimento de sus acreedores. La concreción de las propuestas del Evangelio crisitiano en el campo de la economía derivaría hacia un comunismo igualitarista, en el campo ético hacia una sociedad de moral asimétrica, en el político hacia la anarquía y en el espiritual hacia una heterodoxia incompatible con cualquier forma de institucionalización religiosa. La razón última para intentar poner el mundo patas arriba es la creencia en un Dios claramente distópico para los ricos y los económicamente privilegiados.

La esencia cristiana sería, por tanto, el insensato sueño de un Dios distópico para el capital. Es, a la vez, una eutopía a la que el profeta galileo entregó su vida. Una promesa de la que depende la existencia de tres cuartas partes de la humanidad, un camino tortuoso que se nos invita a transitar, un proyecto al que Caifás el banquero, el especulador, el gran empresario, el ejecutor de leyes o el lider político de nuestros días tiene declarada la guerra.

Gracias, José Laguna, por el regalo que nos haces en forma de reflexión compartida y gracias al movimiento Cristianisme i Justícia por vuestro excelente y profundo trabajo colectivo.

marzo 3, 2012

¿Iglesia cristiana o iglesia capitalista?

Fuente: “La reforma laboral divide a la Iglesia

La polémica por la reforma laboral aprobada por el Gobierno hace 15 días también ha salpicado a la Iglesia. El cardenal Rouco Varela ha desautorizado de forma fulminante la difusión de un comunicado conjunto de dos movimientos de Acción Católica que criticaban la reforma.

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y Juventud Obrera Cristiana (JOC) ha enviado a todas las parroquias un comunicado fechado el pasado 17 de febrero en el que aseguran que las reformas laborales llevadas a cabo en España “están socavando los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias”, “quiebra el derecho constitucional a la negociación colectiva, facilita y abarata la expulsión del mercado laboral y dificulta, cuando no impide o precariza, el empleo juvenil”.

Además, afirman que las reformas llevadas a cabo por los gobiernos de uno u otro signo político sólo han conseguido “incrementar el empleo temporal, abaratar el coste de despido, reducir el incremento de los salarios…”, entre otros puntos.

El comentario mejor valorado a esta noticia (usuario VALJEAN)) en la web citada como fuente dice:

Las críticas serán severamente reprimidas por Rouco. Si Jesucristo viniera de nuevo os puedo asegurar que a los últimos que vería sería a esta cúpula de la curia episcopal. Él estaría abajo con los parados, con los indignados, oponiéndose a los desmanes de los poderosos, enfrentándose al poder establecido. La miopía de los Roucos de turno le llamarían “perroflauta, pancartero, violento, revolucionario, comunista peligroso”. NO OS QUEPA DUDA, SERÍA NUEVAMENTE CRUCIFICADO. Es la misma curia de siempre, la aconchabada con el poder buscando su propio poder

agosto 23, 2011

Denuncia contra la violencia policial del Estado

Comando represivo anti-laico en la noche de Madrid. Daniel Nuevo, el fotógrafo, fue agredido solo por tomar imágenes

La policía al servicio de las élites financieras ha vuelto a traspasar las líneas rojas de la dignidad humana. Nos consta que muchas personas pacíficas han sido agredidas simplemente por defender los derechos humanos o por hacer fotos incómodas para el poder, como le sucedió a nuestro compañero Daniel Nuevo. Este texto ha sido íntegramente copiado de la web de madrid.tomalaplaza:

“Se convoca, el martes 23, 19h, en la Plaza de Oriente: asamblea de afectadas por algún tipo de agresión policial, con el objetivo de emprender una denuncia colectiva.

La noche del viernes 19 de agosto, asistimos a la manifestación que se convocó el día anterior en repulsa por la violencia policial de los últimos dos días. La marcha reunió a un gran número de personas y transcurrió sin incidentes hasta que, unas cuatro horas después de que empezara, la policía volvió a cargar contra nosotras. Hasta ese momento, la manifestación fue sorteando todo el rato el potencial conflicto al que la policía, en repetidas veces, parecía querer conducirnos a través de incesantes bloqueos. Finalmente, consiguieron reconducirnos hacia calles cercanas a Alonso Martínez, produciéndose allí una encerrona en la que, ante la violenta carga que emprendieron, algunas nos vimos obligadas a dispersarnos y correr despavoridas por calles pequeñas, sin apenas visibilidad y sin la presencia de cámaras ni de gente que pudiera testimoniar la agresión.

Después del ataque policial, un grupo nutrido de gente nos volvimos a reencontrar en la Plaza de Chueca, e hicimos una asamblea para valorar la situación y pensar colectivamente qué hacer. Decidimos volver a vernos al día siguiente para concentrarnos y seguir visibilizando nuestro absoluto rechazo a la violencia sufrida en las últimas semanas y para emitir un comunicado:

Queremos mostrar nuestro absoluto rechazo y nuestra indignación ante la violencia ejercida por la policía sobre las personas que han participado en las concentraciones y manifestaciones de las últimos días con motivo de la JMJ, así como durante la toma policial y el cierre de la Puerta del Sol de hace unas semanas.

Durante estos días se han producido hechos muy graves y ha quedado al descubierto el carácter represor del estado y de sus fuerzas de seguridad, que han vulnerado, siguiendo las órdenes de las autoridades estatales, incluso derechos recogidos por la Constitución.

Con estas últimas actuaciones ya no nos queda ninguna duda de que este sistema no es una democracia. Pensamos que hay que decirlo de una vez por todas: vivimos en una dictadura, en un sistema represor y autoritario, con toda la crudeza de esos términos.

Los sistemas dictatoriales han adoptado, históricamente, distintas formas. Y la compleja coyuntura actual ha exigido que se desarrolle globalmente un nuevo tipo de dictadura que, revestida de una falsa apariencia de democracia, consiste, en esencia, en lo mismo que el franquismo, el pinochetismo o el absolutismo monárquico: una estructura política, económica y social que está destinada a permitir que una minoría de personas privilegiadas ejerzan todo su poder de opresión sobre el pueblo –especialmente sobre aquéllas que cuestionan el orden imperante–.

Este nuevo tipo de dictadura, como muchas de las anteriores, responde a las necesidades del capitalismo y, con ello, obedece a los dictados de la clase que detenta el poder económico.

Se hace evidente que los movimientos sociales que vienen desarrollándose y luchando ante el actual estado de cosas, han sacado a la luz pública en los últimos meses algo que ya muchas sabíamos y que permanecía silenciado: La violencia de estado.

Los mecanismos de coerción, manipulación y opresión ejercidos sobre todas nosotras han alcanzado grados de sutilidad insospechados, lo cual ha permitido durante años el sostenimiento de la farsa de que en España existe un estado de derecho que protege las libertades civiles.

Para muchas, la mentira ya era más que evidente y los hechos de las últimas dos semanas han supuesto una confirmación, ya que, al tomar las calles para denunciar la estafa, al estado no le quedó otro remedio que aplicar mecanismos desesperados y mucho más explícitos de coerción: la represión policial violenta para el silenciamiento del descontento y de la denuncia social.

Cada día somos más las que hemos perdido el miedo a expresar lo que pensamos, pero es imprescindible que mucha más gente tome conciencia activa del estado de cosas en el que vive: el estado está reprimiendo la desobediencia civil legítima con violencia física, real e indiscriminada, para mantener un status quo en el que se encubre que él es el verdadero responsable de la crisis, del descontento, de la ruina y de la indignación social.

Por todo esto, vemos la necesidad, cada día que pasa más que el anterior, de salir a la calle, de seguir tomándolas cada vez con mayor conciencia, con menor miedo y mejor organización, y con mayor efectividad y contundencia. Y, también por ello, para continuar: reunámonos todas aquellas que hayamos sido agredidas en los últimos días, el martes 23 de agosto a las 19h en la Plaza de Oriente. Con el objetivo de hacer una recopilación detallada de todas las injustas agresiones sufridas, para visibilizarlo aún más públicamente, y emprender una denuncia colectiva contra todas las responsables de las mismas.

¡Ni un paso atrás!

¡Frente a las agresiones y los intentos por contener nuestra lucha, avancemos aún más!

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Para una ampliación de esta información consulta las crónicas de varias periodistas agredidas en este enlace de redescristianas.

JMJ: Jesucristo apaleado, detenido e incomunicado en una comisaría de Madrid

mayo 20, 2011

Esta tarde, en una asamblea cualquiera

Una asamblea cualquiera, en una ciudad cualquiera durante esta semana

Acabo de llegar de la asamblea de mi ciudad. El ambiente extraordinario, lleno de esperanza, de ilusión, de dignidad reconquistada. Mientras oía una tras otra las intervenciones de los ciudadan@s anónimos que iban tomando la palabra pensaba en Saramago. El pobre, desde el cielo, debía estar llorando de alegría al ver como el pueblo se despierta y toma las riendas de su destino, lo que él siempre esperó con tantísimo anhelo y que no llegó a contemplar. Nos decía el maestro portugués que el programa político de un partido auténticamente popular era muy simple y estaba escrito ya desde hacía décadas. Este programa se llamaba Declaración Universal de los Derechos Humanos: Derecho a Comer y Beber tres veces al día, Derecho a la Salud, Derecho a la Educación, Derecho a la Vivienda, Derecho a la Participación en las decisiones que afectan a todos. Nada más y nada menos. Toda la política local, nacional, internacional y mundial debe estar supeditada a ese programa. Mientras oía las intervenciones de los ciudadanos anónimos también me acordaba de uno de los mayores revolucionarios de la Historia, un tal Jesús de Nazaret, cuando firmemente se plantó ante los poderosos para decir: “En el templo no hay sitio para los mercaderes”.

enero 13, 2011

Política, Socialismo y Religión

Un conjunto variado de instintos, tendencias, pulsiones y herramientas cognitivas conforman nuestro ser social e individual

Entendemos la Política como el relato de las luchas de los seres humanos por intentar organizar la sociedad en la que viven de manera que les resulte lo más soportable y segura posible. Desde este punto de vista sería muy difícil desligar la historia de la Religión de la historia de la Política. La religión se convirtió en una de las primeras herramientas políticas de la que dispusieron nuestros antepasados al proporcionarles colectivamente un bastón intelectual con el que enfrentarse a los insoportables niveles de incertidumbre vital que se desprendían de su extremada vulnerabilidad. No hay cultura antigua que no disponga de un sistema de símbolos y creencias asociado a la perdurabilidad del alma más allá de los límites y miserias materiales del cuerpo. La religiosidad sería pues algo casi instintivo en el ser humano, estando grabada en la propia memoria genética de la especie, de la misma forma que su pulsión política e inseparablemente unida a ésta.

Cuando las primeras mujeres y hombres se encomiendan a aquellos dioses primitivos, invocando su protección contra los enemigos naturales o implorando a la lluvia, al sol o al viento sus favores, estaban haciendo política. No sólo buscaban seguridad y certidumbre sino que además conseguían cohesión, identidad y vínculación social entre los miembros de sus pequeñas y desvalidas comunidades. Sin saberlo estaban construyendo un destino compartido en torno a unos potentes símbolos comunes.

El uso político de la religión se imprime, por tanto, en su mismo certificado de nacimiento. Aunque estamos aún ante una religiosidad multiforme, animista y claramente vinculada con los fenómenos cotidianos de la naturaleza, constituye ya un potente e indispensable puntal de comunión social y, por tanto, un incuestionable factor político. La utilidad del sentimiento religioso era enorme para aquellas primeras mujeres y hombres, tanto en el plano individual como en el colectivo, ya que en torno a él comienzan a tejerse redes de vinculación afectiva y apoyo mutuo en las luchas contra las múltiples adversidades que el entorno les depara de manera cotidiana.

En algún momento evolutivo de nuestra historia esta religiosidad politeísta, expandida y desbordante comienza a ser encauzada por determinados grupos humanos en un nuevo sentido: ¿Si los dioses y sus símbolos pueden ser tan fuertes y útiles como elementos políticos porqué no concentrarlos, unificándolos y multiplicando así su valor y su potencia social?. Va gestándose así el nacimiento del monoteísmo, una nueva fuerza política arrolladora que poco a poco se impondrá, empujando y arrinconando al antiguo y disperso desfile de divinidades múltiples.

Las culturas semíticas de la antigüedad desarrollan este enfoque político monoteísta con resultados muy positivos desde el punto de vista de la supervivencia de sus primitivas comunidades. Encuentran, en torno a su concepción religiosa de nuevo cuño, un factor aglutinante de resistencia contra grupos rivales muchas veces superiores en fuerza o número. Se dibujan así los primitivos relatos bíblicos en torno a las luchas contra la pétrea y politeísta cultura imperial egipcia por parte de tribus nómadas del desierto o, de manera muy posterior, contra la sólida cultura imperial romana. La herramienta del monoteísmo queda validada históricamente con triunfos parciales sobre enemigos que, a simple vista, pudieran haber parecido invencibles. Comienza a dibujarse un mundo aparentemente configurado en torno a dos opciones: creyentes monoteístas y creyentes politeístas, denominados genéricamente como paganos.

Con la aparación del palestino Jesús de Nazaret y las primeras comunidades cristianas la historia de las religiones toma un nuevo giro. La potencia del monoteísmo deja de asociarse a un determinado movimiento de liberación nacional para reclamar una visión universalista que trasciende a grupos culturales concretos. El mensaje religioso aspira ahora a convertirse en un factor de cohesión dirigido a la humanidad en su conjunto, en lugar de utilizarse en clave de “consumo interno”. Este es un cambio copernicano que, aún en nuestros días, sigue pugnando frente  al enfoque restringido, nacionalista, esencialista y estructuralmente violento defendido por influyentes sectores del poder realmente existente. Daría la impresión de que la religión, alcanzado este punto de inflexión histórico que coincide con el alumbramiento del cristianismo, intentara liberarse del lazo indisoluble que la vincula con la política. Sin embargo, tras este intento, emerge (nada más y nada menos) que la aspiración de hacer política en una nueva y diferente dirección, más internacionalista, igualitarista, pacifista y anclada en la búsqueda de una justicia universal. No podría ser de otra forma porque la religión es intrínsecamente política y, por tanto, nunca podrá desprenderse de su otro yo.

Siglos después será la figura de Mahoma en la península arábiga quien transmitirá un nuevo impulso al desarrollo de una visión transcultural e interétnica de la religión. El Islám incorporará al palestino Jesús como uno de sus profetas y, en gran parte, integrará su doctrina social dentro de su propio cuerpo filosófico. Frente a una visión esencialista de la religión, destinada a un hipotético “pueblo elegido” el Islám y el Cristianismo pretenden dirigir su mensaje a toda la comunidad humana en su conjunto, como única nación, como familia planetaria fraterna. También dentro del judaísmo se erigen voces que defienden una nueva interpretación de ese controvertido sujeto histórico conocido como “Casa de Israel” en un sentido inclusivo, humanista y totalizador.

Sin embargo los poderes políticos instaurados, llámense reyes, papas o banqueros, siempre han aspirado a domesticar este fuerza telúrica, como es el instinto religioso intrínseco al ser humano, en beneficio propio. En gran medida lo consiguieron cuando el imperio romano adopta el cristianismo como religión oficial, comprando a sus líderes jerárquicos con todo tipo de prebendas y privilegios. De la misma forma el imperio económico de nuestros días sigue aspirando a cooptar esta fuerza y a sus supuestos representantes en el golfo pérsico, norte de África, Europa o Norteamérica fomentando enfoques religiosos abiertamente dogmáticos y estructuralmente violentos que sirven de coartada para implementar estrategias decididamente represivas como el terrorismo de estado contra las aspiraciones libertarias de los pueblos.

Bajo nuestro punto de vista los sectores más influyentes del socialismo anticapitalista (tanto marxista como libertario) han cometido un importante error estratégico en las últimas décadas al interpretar la relación entre política y religión de una manera desenfocada. El pretender desentenderse de la dimensión intrínsecamente religiosa del ser humano, conceptualizándola en ocasiones como algo que debe ser extirpado, sólo ha conseguido alejarla de enormes masas de  trabajadores, potenciales receptores de su mensaje. Su visión excesivamente intelectualizada de la realidad no ha sabido o querido entender que el ser humano es consustancialmente religioso, de la misma forma que es instintivamente político y materialmente débil, desvalido y limitado. Su visión de la religiosidad como un factor incapacitante para el desarrollo humano en lugar de como una herramienta psicológica evolutivamente valiosa para su ser social e individual, le ha empujado a ceder un enorme terreno en la batalla política, replegándose y entregando a sus rivales ideológicos enormes extensiones de “tierra fertil” a cambio de nada. Haría bien, bajo nuestro parecer, el nuevo socialismo anticapitalista, en enderezar el rumbo de su discurso entendiendo que el componente religioso de la psique humana está aquí para quedarse (al menos durante algunos cientos de años más) y que no es posible construir un relato político sin incorporar adecuadamente elementos que apunten a una cierta trascendencia mística de nuestros actos, decisiones y pensamientos.

La solución podría venir a través de una apuesta decidida por las visiones universalistas del hecho religioso, existentes en todas las grandes religiones, frente a las versiones esencialistas, agresivas y castradoras de la alteridad del cristianismo, judaísmo, hinduísmo o islamismo. Esas visiones estrechas y sesgadas no son más que la apuesta política de los grandes grupos de poder económico, alimentada con sus propios dólares y euros, por llevar el agua religiosa al molino de sus intereses de clase, es decir, intentos por construir teologías de la dominación. Pero frente a estas visiones existen también las correspondientes teologías de la liberación, ancladas en los conceptos de justicia, equidad, reparto, soberanía respeto o convivencia. El socialismo no debe de tener miedo ni complejos de usar todo este imaginario conceptual en lugar de negarlo. Los miles de millones de musulmanes, cristianos, judíos, hindúes o budistas no van a dejar de serlo, de repente, por mucho que ciertos sectores muy influyentes dentro de eso que algunos llaman “la Izquierda política” europea o norteamericana lo deseen.

febrero 13, 2010

Jesús y el Judaísmo

Jesús, el palestino, inasible objeto de deseo para los ideólogos del choque de civilizaciones

En la última década hemos asistido a la llegada de una multitud de publicaciones cuyo único objetivo es afirmar, de manera compulsiva, que Jesús de Nazaret era incuestionablemente judío. Punto final, asunto concluído, no se admiten preguntas. (Ni siquiera la pregunta … vale, bien, pero … ¿qué es un judío?). Parece evidente que las élites que detentan el poder económico mundial están tremendamente interesadas en fijar de manera indisoluble un pacto o alianza entre los lobbys sionistas y los fundamentalismos cristianos, tratando de apropiarse del icono “Jesús de Nazaret”, como patrimonio exclusivo, como nexo estratégico ideal para ser  utilizado de ariete contra el Islám, en su interesada ideología del “choque de civilizaciones”. El sionismo agresor, completamente deslegitimado en el plano popular internacional, precisa para su supervivencia a corto plazo secuestrar este tipo de símbolos, con la connivencia del fundamentalismo cristiano neoliberal.

A pesar del enorme esfuerzo económico, mediático e intelectual invertido en fabricar “verdades históricas” para dar soporte ideológico a esta alianza neo-colonial, la realidad es tozuda y no siempre se deja domesticar. La relación entre Jesús y el Judaísmo es mucho más compleja, ambigua y contradictoria de lo que, de manera insistente e hiperreduccionista, se nos intenta hacer entender. Basta una breve revisión del tema para darnos cuenta de las realidades escondidas tras el discurso burdamente simplista y lleno de trampas que la cultura del imperio intenta colocarnos:

1. En la época de Jesús el término judío tenía un sentido completamente diferente al que tiene en la actualidad. Judío era entendido, desde un punto de vista religioso, como “creyente en la unicidad de Dios” (monoteísta), en contraposición de los gentiles/paganos que, o bien no creían o bien tenían otros dioses relacionados con tradiciones helenísticas (politeístas) o cultos panteístas. En este sentido amplio Jesús era judío… al igual que lo serían todos los seguidores de cualquiera de las tres grandes religiones abrahámicas en la actualidad, incluídos los cientos de millones de musulmanes que habitan la Tierra. No debemos olvidar que el Islám rinde culto a las enseñanzas de Jesús de Nazaret, así como a los profetas del Antiguo Testamento que es el libro fundacional del Judaísmo. ¿Habrá sitio en el “hogar nacional judío” para tanta gente?.

2. El término judío en la actualidad tiene un sentido muy diferente al original ya que sólo incluye a los seguidores de la tradición talmúdica (menos de un par de decenas de millones de personas en el mundo, es decir menos del 1% de la población mundial). A diferencia de los musulmanes,  los judíos de la actualidad no aceptan la figura de Jesús de Nazaret como un referente de autoridad religiosa. (¿Serán los judíos actuales  menos “judíos” que los propios musulmanes, que sí creen en las enseñanzas de Jesús de Nazaret?). La trampa que nos tienden los “think tanks” sionistas es crear una sensación de identidad entre el judaísmo abierto, inclusivo y pacifista de Jesús (que abarcaría actualmente a casi el 60% de la población mundial, creyentes en las tres grandes religiones abrahámicas) con el actual judaísmo sionista israelí que es cerrado, exclusivista, violento y pseudofascista (menos del 0,1% de la población mundial, un pequeño porcentaje sobre el total de los judíos, ya de por sí un grupo muy minoritario a escala mundial). Cualquier parecido entre ambos conceptos es pura coincidencia, exceptuando la utilización manipuladora del adjetivo “judío”.  El pensamiento único al servicio de las élites tendría una supuesta potestad para manejar el concepto en un sentido abierto,  inclusivo y universalista o profundamente excluyente,  etnocrático y nacionalista según la conveniencia en cada momento y situación.

3. Ni siquiera en la época de Jesús de Nazaret el término “judío” tenía un sentido unívoco. Una vez superado el punto de acuerdo sobre la unicidad de Dios se abrían enormes brechas entre el protocomunismo esenio (corriente en la que, muy posiblemente, estaba encuadrado Jesús de Nazaret), el dogmatismo farisaico o el legalismo saduceo. Hasta tal punto llega la ambigüedad del término que en el propio evangelio se refleja una visión negativa de los judíos como “asesinos de Jesús” y otra visión más positiva como pueblo depositario del mensaje revelado a Moises. La propia prédica de Jesús es una crítica continua a la visión del judaísmo defendida en su época por las autoridades políticas y religiosas, críticas que afectan a núcleos esenciales de la creencia judaica y que, en último extremo, le cuestan la vida acusado de blasfemia. Lo que olvidan decir los intelectuales a sueldo de Israel es que si usamos la acepción restringida del término judío (esa que maneja el sionismo para definir lo que ellos llaman “hogar nacional”), como seguidor de las tradiciones y preceptos talmúdicos… Jesús no era judío.

4. Es muy posible que en la versión original del Evangelio se estuviera apelando a un gentilicio con el término “judío” como natural de Judea, al igual que se usan otros muchos gentilicios en las Escrituras (samaritano, galileo, idumeo, nabateo…). En este sentido hubiese sido menos ambigua la traducción “judeano”. Basta ojear este pasaje de Jn 11, 7-8: “Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. Le replicaron: “Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y otra vez quieres ir allí” para comprender el valor gentilicio del término. En este sentido Jesús tampoco sería judeano (judío) ya que está más que atestiguado que su matriz social, familiar y cultural era Galilea, no Judea. En Jn 7, 52: “Estudia mejor las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas” o en Jn 7, 41: ¿…acaso puede el Mesías venir de Galilea?.

5. A pesar de que continuamente se intenta deslizar interesadamente la idea contraria no hay nada de étnico en la condición de judío. Hay judíos etíopes, sudafricanos, neozelandeses, argentinos, rusos, austríacos… Como ha sucedido en cualquiera de las otras religiones ha habido históricamente una “captación de adeptos”,  que se traduce en “conversiones” realizadas en multiplicidad de nichos étnicos y geográficos, muy diferentes entre si. No en vano la gran mayoría de los judíos que habitan actualmente en Israel no son étnicamente semitas ya que proceden de centro-europa y Europa del Este, constituyendo lo que se conoce como la “nación yiddish”. Los yiddish o judíos askenazíes (el 80% sobre el total de los judíos) son convertidos a lo largo de la historia y por tanto carecen de ningún tipo de vínculo étnico con los originarios judíos semitas. Nunca, jamás los tatarabuelos de estos askenazíes vivieron en Palestina. Si consideramos que, desde un punto de vista étnico y teniendo en cuenta su abrumadora superioridad demográfica, son los askenazíes los que controlan de manera casi completa el manejo, el concepto y el destino del pueblo judío también podría afirmarse que Jesús no es un yiddish (judío). En este sentido el historiador judío contemporáneo Shlomo Sand, antes citado, llega a afirmar que desde el punto de vita étnico los actuales palestinos serían descendientes mucho más directos de los judíos que vivían en Canaán en el siglo I que los que actualmente ocupan Palestina, procedentes originariamente de Europa Oriental.

Canaán, cuna del multicultural pueblo palestino

6. Aún aceptando un lejano y dudoso parentesco entre la mayoría yiddish y la minoría hebrea es necesario recordar que el origen del pueblo hebreo es Mesopotamia, actual Iraq. Los hebreos invaden Canaán (la actual Palestina) entrando en guerra con los habitantes de aquella tierra, que ya venía siendo habitada por los cananeos (ascendientes de los palestinos) desde al menos 10 siglos antes. Las tribus hebreas se organizan en una alianza militar que recibirá el nombre de Israel. Canaán es rebautizada como “Palestina” por los romanos, en honor de los filisteos (Palestina=Tierra de los filisteos), otro pueblo invasor procedente del Mar Egeo y enemigo de los israelitas. Hay pobladores cananeos previos a las invasiones filisteas y hebreas,  que siguen viviendo allí durante milenios, durante la época de Jesús (Mt. 15, 21-28),  tras siglos de dominación romana y hasta la actualidad.

7. En calidad de invasores temporales los israelitas tendrían los mismos derechos sobre tierra cananea que los egipcios, los sirios, los iraníes, los turcos o incluso los británicos, como podemos comprobar en esta sinópsis cronológica. Los habitantes más legitimados para vivir en esa tierra serían los cananeos, es decir los palestinos y sus descendientes. El nombre de ese país no tendría que ser otro que Palestina o Canaán. Dentro de ese país, en justicia histórica, deberían convivir palestinos ateos, palestinos musulmanes, palestinos judíos, palestinos cristianos y palestinos panteístas. Como cuna de religiones debería ser una nación de paz, completamente desmilitarizada.

Respecto a la cuestión ¿Jesús judío, Jesús Galileo o Jesús Palestino? y sus implicaciones existe una discusión abierta en la entrada de la wikipedia sobre Jesús de Nazaret.

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