Posts tagged ‘marx’

noviembre 11, 2010

Valor y Precio

¿Es este un producto realmente valioso?

Creo que fue Antonio Machado quien afirmó, hace ya bastantes años, que había una forma infalible de reconocer a un necio: Pedirle que nos explicara la diferencia entre valor y precio. Solo los necios eran incapaces de distinguir entre valor y precio. Desgraciadamente en el mundo actual la proporción de necios ha ido en aumento.

Para que la necedad no termine también por arruinarnos a nosotros puede ser interesante comentar unas pequeñas ideas sobre la cuestión. Lo primero que conviene aclarar, como tema preliminar, es que es la propia ideología política capitalista, extendida como un manto de niebla a nuestro alrededor, la que necesita imperiosamente generar esta confusión en nuestra manera de entender el mundo para mantenerse en el poder. Su mensaje es claro: “el precio es el valor y este se fija mediante leyes matemáticas inamovibles”. Como siempre intentan estrechar nuestra forma de entender el mundo, reducirla, simplificarla hasta la caricatura moldeándola a medida de sus intereses. El objetivo es infantilizarnos, debilitarnos, domesticarnos, hacernos más dóciles a su control. La táctica siempre es parecida: magnificar una pequeña parte de la verdad, poniendo todos los focos sobre ella, a la vez que ensombrecen e invisibilizan otros enormes y fundamentales aspectos de esa realidad. Pero la cara oculta de la luna no deja de existir por no estar iluminada.

El concepto “valor” es mucho más amplio, rico y complejo que el concepto “precio”. Cualquier producto tiene distintos tipos de valores asociados a él. Desde un punto de vista exclusivamente material y prescindiendo de otras consideraciones más trascendentales, podríamos distinguir al menos 4 tipos de valor.

Tomaremos como ejemplo de producto un diamante tallado. El primer tipo de valor que observaremos es el valor de uso. ¿Cuál es su utilidad práctica como objeto en la vida cotidiana? o, dicho de otro modo, ¿Para qué nos serviría este objeto en una isla desierta?. La respuesta es para bien poco: Su valor de uso es muy bajo.

El segundo tipo de valor que conviene analizar cuando estudiamos un objeto es su valor de trabajo. ¿Cuántas horas de trabajo son necesarias para su fabricación?.  Bajo este punto de vista el valor del diamante es más alto ya que ha sido necesaria la colaboración de mineros, transportistas y tallistas para obtener el producto final.

El tercer tipo de valor en el que pondremos nuestra atención es el que podríamos denominar valor de sostenibilidad o valor ecológico. Hace referencia al grado de “amigabilidad ambiental” asociado al producto. ¿Cómo influye la fabricación de este objeto sobre el equilibrio biológico, físico y químico de nuestro planeta?. El análisis de los objetos, bajo este punto de vista se refiere a los “inputs biofísicos” necesarios para su fabricación (impacto medioambiental derivado de la obtención de los materiales brutos necesarios en forma de agua, tierra fertil, minerales y otras materias primas) y “outputs biofísicos” (impacto en términos de contaminación y residuos generados en su proceso de producción). El diamante, en este tercer tipo de valor, puntuaría muy bajo ya que es muy bajo su nivel de “amigabilidad ambiental” o sostenibilidad ecológica medida en relación inversa a la cantidad de impactos ambientales provocados tanto a nivel de “inputs” como de “outputs”.

Ahora, como cuarta cara de este poliedro piramidal, posaremos nuestra mirada en el valor de cambio del producto analizado. Es ahora, y no antes, cuando nuestro producto adquiere su condición de mercancía, es decir su dimensión de objeto intercambiable por otros. Es aquí, y solo aquí, donde aparece el espectro frío e inerte de la especulación. El diamante, mediante un mecanismo de condicionamiento social, ha adquirido un altísimo valor de cambio. El sistema consigue que los otros tres tipos de valor hayan quedado eclipsados, anulados en nuestra percepción de la realidad por este último tipo de valor.

¿Es valioso un diamante?. Pues depende. Depende de como jerarquicemos los distintos tipos de valor. Si ponemos en primer lugar el valor de uso diríamos que el diamante es un producto escasamente valioso ya que solo sirve para cortar o para adornar. Hay otros productos que cortan mejor y que adornan igual de bien. Si ponemos en primer lugar el valor de sostenibilidad tendríamos que decir que el  diamante es un producto con valor nulo o negativo ya que su extracción y fabricación implica grandes cantidades de gasto energético e impactos ambientales escasamente sostenibles. Desde el punto de vista del valor de trabajo sería un producto de valor medio-alto ya que requiere un aporte no despreciable de actividad humana. Sólo si privilegiamos el valor de cambio llegamos a la conclusión de que el diamante es un producto muy valioso.

El precio monetario de un producto es una materialización concreta, cuantitativa y socialmente manipulable de algo tan intangible, cualitativo y pluridimensional como el valor. Es necesario entender que el sistema económico imperante privilegia hasta el extremo el valor de cambio y la fetichización de la mercancía como depósito egoísta de valor y como signo de status personal, en detrimento de los otros tres tipos de valores a la hora de establecer mecanismos para la fijación de precios. No es una manera muy inteligente de hacer las cosas si se trata de buscar el bien común, de garantizar unas condiciones de vida mínimas para todos, de perseguir la sostenibilidad medioambiental y de conseguir la generalización del empleo.

¿Cuál es el precio del aire?, ¿a quién pertenece?

Gracias a esta apuesta concreta del sistema, que privilegia sobremanera a un tipo de valor sobre los otros tres, el papel del dinero, mercancía por excelencia capaz de encarnar  el valor de cambio, se magnifica, invisibilizando a todas las otras formas posibles de valor. Este tipo de condicionamiento social posibilita, a su vez, la acumulación de riqueza y poder en manos de aquellos que se han reservado el papel de controladores del dinero dentro de esta opción política para la gestión de la sociedad llamada capitalismo. Pero… ¿hay una sola forma de fijar los precios o son múltiples las posibilidades?, ¿es ético fijar un precio monetario para cualquier tipo de bien, producto o servicio?, ¿es lícito fabricar de todo?.

Cada vez más gente comprende que se hace necesario tener en cuenta los 4 tipos de valores indicados (y no solo el último de ellos) para decidir qué objetos se fabrican, en qué cantidad y cual es su precio deseable. Hay otras opciones diferentes a las que rigen en la actualidad. Según jerarquicemos y ponderemos estos cuatro tipos de valores podremos imaginar mundos y precios totalmente disitintos a los que conocemos hoy. Se trata, simplemente, de apuestas políticas e ideológicas distintas a las habituales. El precio de los productos de bajo valor ecológico (valor de sostenibilidad) debe ser incrementado con tasas fuertes que reviertan sobre la comunidad, hasta llevarlos a precios inasequibles llegado el caso. El precio de los productos con alto valor de uso debe ser aliviado mediante apoyos públicos. El valor laboral de los productos debe hacerse explícito en todos los casos y repercutido en el precio para que todo el trabajo encerrado en él pueda ser justamente recompensado. La especulación criminal, que aleja productos básicos para la supervivencia del alcance de las mayorías, a través de los valores de cambio debe ser combatida sin piedad. Toca ya comenzar a inventar nuevas reglas para fijar los precios, nuevas fórmulas que articulen y materialicen el valor, mediante monedas sociales, de una manera más justa y eficiente para todos. Otros precios son posibles, precios y producciones sujetos al valor de la vida, bajo un control democrático, justo, equitativo, responsable, ecológico y comprometido con el bienestar colectivo.

agosto 29, 2010

¿Es el marxismo una doctrina anticristiana?

Una de las principales conclusiones de “El Capital” es la afirmación de que el trabajo humano es la fuente de todo valor. Si añadimos la materia prima bruta como complemento indispensable al trabajo del ser humano para que éste sea fructífero tendremos las palabras pronunciadas en la eucaristia (“Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida”), palabras a su vez tomadas de viejas citas bíblicas. El pan (junto con el vino) simboliza aquí la riqueza de los dones que nos permiten perpetuar nuestra existencia y su origen está en el trabajo, como fuente de todo valor … ¿No serán el marxismo y el cristianismo dos caras de una misma moneda humanista?

El debate es casi tan antiguo como el propio marxismo. No será difícil encontrar acérrimos defensores de posiciones completamente antagónicas al respecto dentro del universo heterogéneo de la Izquierda. En este caso queremos aportar un par de citas elaboradas en forma de comentarios por el compañero Juancho,  en esta entrada de la web kaosenlared:

“En Latinoamérica se puede hacer una Revolución sin los Cristianos pero nunca contra los cristianos (aprox. el 90% de la población latinoamericana es cristiana). Mitificado y divinizado por la Iglesia Católica, Apóstolica y Romana, se despoja a Jesús de su dimensión ética y humana, convirtiéndolo en un fetiche, en una figura inofensiva que ayuda a legitimar el consenso capitalista.

Considero importante liberar a Cristo de la fetichización, hacerlo pueblo y reconocerlo como lo que fue: Revolucionario.

Algunos dogmáticos marxistas suelen citar a Marx a medias, momificarlo y convertirlo en teoría metafísica… A continuación, presento la cita completa cuando Marx habla sobre la religión como opio de los pueblos,  para aclarar el sentido que Marx le da a la frase, que expresa, más allá de un ataque a la religión, una crítica a la religión entendida como felicidad ilusoria

“La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo.”

“Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real. La exigencia de renunciar a las ilusiones sobre su condición es la exigencia de renunciar a una condición que necesita de ilusiones. La crítica a la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas, cuyo halo lo constituye la religión”

Para Marx y Engels, la crítica del cielo se transforma así en crítica de la tierra; el objetivo es transformar las condiciones sociales reales y no la lucha “unilateral” contra la religión. Estaban interesados en entender y explicar formas históricas y sociales concretas de religión. Intentaron una visión dialéctica de los fenómenos religiosos: si criticaban reiteradamente el papel ideológico en favor del sistema económico y político, cumplido por las religiones y los jerarcas religiosos, apreciaban a la vez el aspecto reivindicativo de las aspiraciones religiosas y la forma como una y otra vez se convirtió en factor de resistencia y lucha de los oprimidos para cambiar el sistema social.

Rosa de Luxemburgo también expresa su opinión al respecto en su escrito El Socialismo y las Iglesias  y señala:

La flagrante contradicción que existe entre las acciones del clero y las enseñanzas del cristianismo debe ser materia de reflexión para todos. Los obreros se preguntan por qué, en su lucha por la emancipación, encuentran en los siervos de la Iglesia enemigos y no aliados. ¿Cómo es que la Iglesia defiende la riqueza y la explotación sangrienta en vez de ser un refugio para los explotados?

Los revolucionarios quieren el “comunismo”; eso es principalmente lo que el clero les reprocha. En primer lugar es evidente que los curas que hoy combaten al “comunismo” en realidad combaten a los primeros apóstoles. Porque éstos fueron comunistas ardientes.

En cambio, los servidores de la Iglesia sólo llevan al pueblo palabras de humillación y desaliento. Y si Cristo reapareciera hoy sobre la tierra seguramente atacaría a los curas, obispos y arzobispos que defienden a los ricos y explotan a los desgraciados, así como antes atacó a los mercaderes, a quienes echó del templo para que su innoble presencia no manchara la Casa del Señor.

Si los principios revolucionarios del Cristianismo, censurados y ocultados por la cúpula eclesiástica, sirven para hacer Política Revolucionaria con el 90% de los latinoamericanos, bienvenidos sean”.

PD. La frase de Marx está en Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1844), la frase de Luxemburgo está en El socialismo y las iglesias (1905).

PD2: Para un estudio completo de las complicidades entre el pensamiento anticapitalista de Marx y el pensamiento cristiano originario puede acudirse a la obra de Enrique Dussel “Las metáforas teológicas de Marx“.

diciembre 22, 2009

La lotería dispara a quemarropa contra la conciencia de clase proletaria

El bueno de Carlos Marx murió convencido de que la clase proletaria estaba predestinada, debido a una especie de determinismo sociológico, a levantarse contra la minoría capitalista para acabar derribándola. André Gorz realizó un análisis crítico sobre este acto de fe protagonizado por el materialismo histórico marxiano. Sus pronósticos revolucionarios, hasta el momento, se han cumplido de una forma extremadamente parcial. No sabemos bien si este resultado se produce por importantes errores de análisis y cálculo o por una simple cuestión de insuficiente horizonte temporal histórico para la correcta evaluación de su teoría. Lo que si parece claro es que el capitalismo y su élite intelectual dirigente estudiaron con atención el pensamiento de Marx, tomando muy en serio sus planteamientos como una amenaza directa sobre su control hegemónico de la sociedad. En consecuencia era necesario implementar toda una serie de estrategias de ingeniería social, cultural y mediática diseñadas específicamente con el objetivo de conseguir que sus pronósticos no se hicieran realidad. Sería una tarea enciclopédica analizar toda la panoplia de mecanismos sociales desplegados por el capital para revertir, hasta la fecha, la profecía marxista. Me limitaré a señalar uno, a mi juicio fundamental en Occidente: Las loterías y apuestas patrocinadas por el poder.

La lotería nacional, junto con otras numerosas formas de los juegos de azar, ha sido un misil directo contra la línea de flotación de una hipotética conciencia de clase proletaria. Se trata de un mecanismo extremadamente poderoso, a la vez que sutil, para colonizar y formatear la mente de los trabajadores en la dirección apropiada a los intereses del sistema capitalista ya que:

– Legitima la acumulación privada de riqueza como un logro asequible y deseable para cualquier individuo. El hecho de que esa acumulación para unos pocos se produzca como consecuencia de privar a muchos de parte de sus bienes se presenta de forma que sortea con magnífica eficacia cualquier reticencia ética, sea atea o cristiana, al respecto, desmantelando por la vía de los hechos el mensaje político del socialismo.

– Consigue crear en el imaginario colectivo un potente vínculo entre riqueza material y felicidad personal. El papel salvífico otorgado al “Dios Dinero” queda magnificado hasta el punto de que la palabra sagrada “euros” se repite como una oración salmódica durante interminables horas en el famoso macro-sorteo de diciembre. Si la desmonetarización progresiva de la vida es contemplada por el ecosocialismo, el cristianismo o el anarquismo como uno de los remedios imprescindibles para superar la actual crisis sistémica, la lotería es justamente su anatema.

– Sitúa al trabajador ante un objetivo vital que consiste precisamente en pasar a formar parte de la clase rica y especuladora, rompiendo cualquier vínculo de sintonía, solidaridad, unión o metas compartidas de lucha por la justicia económica con los pobres y los explotados. Su mensaje es “No hay salvación para los de tu clase. Si quieres ser feliz solo te queda pasarte al enemigo”.

Lo que la lotería nos propone en realidad es una completa reversión del ideal socialista de igualdad, solidaridad y justicia, pasando a sustituirlo por un nuevo credo inverso basado en la acumulación, la insolidaridad y el egoísmo como bases de la existencia. Mientras el socialismo propone repartir de manera que se eviten bolsas de acumulación, la lotería nos dice, con palabras llenas de “bondad navideña”, que lo realmente deseable es lo contrario, es decir, quitar a los muchos para concentrar la riqueza en unos pocos agraciados, generando nuevas bolsas de acumulación en detrimento de las mayorías que pasarán a ser un poco más pobres. El órdago capitalista contra la conciencia colectiva de clase proletaria ha sido tan demoledor  que no es raro contemplar en los locales de hipotéticos partidos de izquierda el número que los miembros del comité están jugando para el próximo sorteo. Con la lotería el capitalismo ha conseguido colocarle al socialismo y al cristianismo un gol antológico por toda la escuadra, con tal potencia y precisión que el portero ni siquiera se ha enterado.

Creemos modestamente que en la sociedad madura del futuro no habrá sitio para la lotería, ni para ningún tipo de actividad especulativa de casino, incluyendo “en el lote” a la Bolsa.  Quizás mi pronóstico se reúna con el del bueno de Carlos Marx en el limbo de las causas etéreas o quizás algún día ambos puedan revestirse con el ropaje de la realidad. Sólo el tiempo tiene la respuesta.

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