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diciembre 19, 2011

Cristianismo y Capitalismo

El filósofo de la liberación Enrique Dussel, profesor de la UAM en Ciudad de México

Es sabido que el fraile Bartolomé de Las Casas dedicó la mayor parte de su vida a denunciar la explotación y dominación de los poderosos sobre los humildes como algo completamente contrario al espíritu del evangelio cristiano. El pobre, el humillado, el débil, encarnado perfectamente en el indio americano, es el hijo predilecto de Dios y el daño que a él se le causa queda indisolublemente asociado al daño causado a su hijo Jesucristo. Bartolomé ponía los cimientos de una moderna y universal teología de la liberación frente a la teología de la dominación imperante en su época.

Cinco siglos después está lucha entre dos concepciones diametralmente diferentes de la religión, la política, la economía y la vida en su conjunto, sigue dramáticamente viva. La teología de la dominación en nuestros días se llama “capitalismo” y la teología de la liberación se encarna en miles de iniciativas emancipadoras que pugnan por hacerse cada vez más presentes en el recién estrenado siglo XXI.  Mateo dice en su evangelio que no es posible servir al mismo tiempo a Dios y al dinero. No es posible hacer una teología liberadora y opresora a la vez, no es posible ser cristiano y defender al capitalismo simultáneamente sin incurrir en una flagrante contradicción.

Este dilema solo podría ser aparentemente resuelto mediante la recreación de una religiosidad gélida, disecada, descontextualizada, cobarde, idolátrica, sacralizada, convertida en fetiche, despojada de su mensaje revolucionario, arrancada de su apuesta radical por la Justicia y finalmente transformada en arma asesina. Una religiosidad que optaría por el Cristo muerto frente al Cristo vivo, por la connivencia con el opresor y el poderoso en lugar de la defensa del débil, del humillado y el explotado, a la que nos exhortan los mensajes de los libros proféticos. Esta tarea de re-creación ha sido dirigida por el sanedrín vaticano, con la colaboración de las tradiciones calvinistas y de gran parte de las jerarquías eclesiales en los últimos siglos, con algunas pequeñas y honrosas excepciones.

A la vez se hacía necesario, para hacer frente al enorme dilema que nos plantea Mateo, construir una economía política que busque la reconciliación imposible entre el Cristo y el anticristo, entre el Amor y el Dinero, solapándolos tramposamente en un solo cuerpo y haciéndonos ver, a través de los ojos de Hobbes, Smith, Friedman y su ejército intelectual de ángeles mercenarios, como la mano invisible de “Dios” nos conduce por el camino de un  “egoísmo salvador”. La religión transformada en fetiche, espada y mercancía corría a abrazarse con la economía del trabajo muerto erigida ya en maquinaria de control, explotación y sometimiento del pueblo sencillo. El ídolo exigirá sacrificios humanos, como un nuevo Moloch, fabricados con la sangre del obrero, del indígena, del africano, de la mujer esclavizada.

Pero esta falsa religión y esta economía mentirosa, con sus máscaras, sus tambores de guerra, sus amenazas y sus sicarios no consiguen acallar el sonido limpio del Humanismo, de la religiosidad liberadora y de la economía al servicio de la vida. La Historia de la emancipación sigue su curso, con miles de millones de mentes que paulatina pero inexorablemente comienzan a conectarse en red alumbrando una nueva inteligencia colectiva que repite, cinco siglos después, las palabras de Müntzer “Todo es de todos”.

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Muchas de las ideas contenidas en esta entrada son deudoras del filósofo de la liberación Enrique Dussel.

marzo 15, 2010

Thomas Müntzer y el anarco-comunismo religioso

El Sermón a los príncipes y La novela "Q" del colectivo Luther Blisset (Wu Ming)

En Agosto de 1524, el cristiano Thomas Müntzer llegó a ser uno de los líderes de la sublevación que posteriormente fue conocida como la Guerra de los Campesinos. Uno de sus “gritos de batalla” fue Omnia sunt communia, o “todo es de todos”, todas las cosas nos son comunes. Müntzer tuvo el valor de afirmar ante los príncipes que laicos y campesinos pobres vivían oprimidos bajo el yugo de gobernantes corruptos guiados por malos sacerdotes. Lo más destacado de su mensaje fue su interpretación revolucionaria del evangelio, llegando a la conclusión de que, cuando las autoridades no cumplen rectamente su papel, “la espada les será quitada”. Thomas Müntzer fue un anarco-comunista religioso, uno de los peores crímenes que, antes y hoy, puede ser cometido contra el poder, como bien saben muchos teólogos de la liberación.

Müntzer no se limitó a predicar: fundó una organización clandestina revolucionaria y finalmente el 7 de agosto se unió a la rebelión de los campesinos. El 15 de mayo de 1525, en la batalla de Frankenhausen, al menos 6.000 campesinos perdieron la vida aplastados por el poder combinado de los príncipes, los banqueros y los terratenientes. Müntzer fue capturado, azotado, torturado y decapitado el 27 de mayo de 1525.

Su ejemplo no obstante ha servido de impresionante testimonio a numerosas comunidades pacifistas y anarco-religiosas diseminadas hoy por todo el mundo. Su mensaje y su lucha entronca con otros movimientos revolucionarios espiritualistas (cristianos, islámicos, judáicos, budistas, hinduístas) ferozmente perseguidos por el capitalismo de los príncipes, banqueros y terratenientes que aspiran a seguir conservando sus privilegios cinco siglos después.

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