Posts tagged ‘mutualismo’

mayo 30, 2010

La cultura del esfuerzo

Conseguir esto no es cuestión de azar, sino de trabajo y esfuerzo colectivo

En todo tipo de tertulias comprobamos a diario un clamor general que coincide en afirmar la pérdida de la cultura del esfuerzo como uno de los principales problemas que hay que resolver para mejorar nuestras expectativas de desarrollo social. Se sostiene, en este caso con plena razón, que ha habido un cierto declive en la motivación intrínseca de los individuos hacia la realización de tareas que sólo se vean recompensadas tras un largo lapso de tiempo. Entender porqué se produce este efecto en la sociedad actual nos llevará a formular las propuestas adecuadas para comenzar a revertir la situación:

1) Uno de los orígenes principales de esta pérdida de motivación hacia el esfuerzo como medio de obtener objetivos vitales es la fuerte ludopatización de la sociedad. En la vida cotidiana se nos bombardea con múltiples mensajes que nos inducen a pensar que el azar es nuestra esperanza principal de progreso personal: loterías del estado, cupones, quinielas, primitivas, bono-lotos, casas de apuestas on-line, sorteos como incentivo de venta, salones de juego directo, máquinas tragaperras, bingos y un sinfín de propuestas similares nos inundan por doquier. El mensaje es “la vida es una tómbola, juega porque es la principal  y casi única vía para escapar de tus problemas y de tu anodina existencia”. La dramática ludopatización de la sociedad es un auténtico torpedo en la línea de flotación de la “cultura del esfuerzo” y es quizás una de las principales causas de su declive. En consecuencia la primera medida efectiva a tomar sería la fuerte reducción o eliminación del asfixiante ambiente ludopatizante que nos envuelve, es decir la práctica prohibición de los juegos de azar. El propio funcionamiento de la economía se ha revestido de este halo de imprevisibilidad, azar, especulación o casino. Grandes fortunas se hacen o deshacen en bolsa en cuestión de minutos a partir de determinadas “apuestas” sobre un determinado valor. ¿Qué sentido tiene esforzarse si hay tantas maneras de hacerse millonario de manera rápida, contundente y sin grandes incomodidades?

2) La sociedad hiperconsusmista que el capitalismo ha construido necesita placeres rápidos e instantáneos. Esperar no entra en el vocabulario del márketing directo y agresivo que nos ahoga. ¿Te gusta? ¡Pués consíguelo ya!. Si no tienes dinero para pagar no te preocupes, te damos crédito. Fruto de esta patologización consumista del individuo nos vemos sumidos en una gigantesca deuda privada. El 85% de la deuda española, así como en el resto del mundo, es deuda privada. Aunque este dato suele permanecer convenientemente velado, las familias deben más que las propias administraciones públicas. Sin embargo esto no parece ser problema para los ideólogos del sistema que siguen induciendo a la gente hacia el consumo y endeudamiento compulsivo. La segunda medida podría ser, por tanto, gravar con un fuerte impuesto todos los gastos publicitarios de las grandes empresas. El nuevo mensaje sería: Consume sólo los productos que necesites y procura ahorrar primero, mediante tu esfuerzo, antes de adquirirlos para no tener que endeudarte. El crédito, tanto para empresas como para particulares, debe ser administrado con gran responsabilidad por instituciones bajo control público. La pura lógica de la cultura del esfuerzo nos dice: “Si quieres gastar ahorra primero”.

3) La cultura del esfuerzo no es solo un logro individual sino también colectivo. El sentirse parte integrante de un proyecto compartido constituye un potente factor motivacional añadido para los indivíduos en su propio desempeño individual, como ha demostrado en innumerables ocasiones la Psicología Social. Las comunidades que más han conseguido progresar trabajan de manera cooperativa en la búsqueda de objetivos comunes. Cuando los elementos colectivos se ponen en valor los individuos creamos más y mejor con la ilusión de no defraudar el esfuerzo de los compañeros y la expectativa que estos depositan sobre la calidad de nuestra aportación. En la naturaleza tenemos innumerables ejemplos de este tipo de esfuerzo colectivo, desde la construcción de una colmena por parte de las abejas hasta la elaboración de una enciclopedia del conocimiento humano a partir de una red de unidades colaborativas. La tercera medida para recuperar esta cultura del esfuerzo es la puesta en valor del concepto de laboriosidad colectiva, tan propio de las culturas orientales o de autores clásicos como Kropotkin, que debería ser de lectura obligatoria en los centros educativos.

La ludopatización de la sociedad y la economia, la facilitación compulsiva del consumismo mediante deuda,  junto con el fomento de la despreocupación individualista son las principales causas del socavamiento de la cultura del esfuerzo en Occidente. Nada como la reversión de estos factores desencadenantes para fortalecer este pilar necesario para la construcción de una nueva sociedad más sana, potente, cohesionada y esforzadamente comprometida con su futuro.

mayo 24, 2010

El altruismo como núcleo de la construcción social

El altruismo y el apoyo mutuo, piedras angulares para el futuro de la especie

A lo largo de la historia de la humanidad la familia ha constituido una céleula de importancia radical para el futuro de los individuos y de la especie. Son ya clásicos los estudios de Engels y otros autores al respecto. Por supuesto entendemos aquí el concepto familia en un sentido amplio y milenario, en una secuencia mutable a lo largo de las épocas y los lugares, en donde la variante tradicional occidental es sólo una de las múltiples alternativas posibles. Lo que define de manera esencial a la institución familiar, entendida ésta de una manera tan abierta y pluriforme como seamos capaces de imaginar (poliándrica, poligámica, sindiásmica, comunal, tradicional, monoparental, homosexual…), es el componente ALTRUISTA en la prestación de servicios que se establece entre cuidadores y prole. La relación, hasta que el indivíduo alcanza unas mínimas capacidades para llevar una existencia independiente, es plenamente desinteresada, desprovista de cualquier componene relacionado con la búsqueda del lucro o el beneficio ante un futuro lejano y completamente incierto. Sólo un intangible sentimiento de “solidaridad intergeneracional” puede explicar una conducta tan poco sujeta a recompensas materiales inmediatas como los cuidados que los adultos proporcionan a sus descendientes. Gracias a este vínculo los sujetos jóvenes desarrollan una “urdimbre afectiva” (siguiendo el concepto acuñado hace décadas por el médico español Rof Carballo) que les dará la seguridad psicológica necesaria para desarrollar una vida futura satisfactoria. La familia transmite al infante, mediante transacciones genuinamente altruistas, las herramientas mentales y conductuales necesarias para seguir manteniendo la cadena social sobre la que se edifica la propia supervivencia de la especie.

Nadie “se ha hecho a si mismo”, ninguna persona “ha conseguido todo lo que tiene sin que nadie le regale nada”. Estas afirmaciones tan propias del individualismo neoliberal son intrínsecamente falsas. Somos lo que somos porque hemos tenido una familia biológica y social que nos ha regalado prácticamente todo sin exigirnos ninguna compensación monetaria o material a cambio. Como decía el propio Rof  “el hombre está constituido de manera esencial por su prójimo“. A buen seguro que un gigante del pensamiento llamado Piotr Kropotkin, autor de esa imprescindible obra titulada “el apoyo mutuo“, hubiera compartido dicha afirmación. Cualquier sistema económico que olvide esta realidad altruista y mutualista constitutiva de toda especie viva, despreciando este pacto fundacional y atávico contraido para con sus semejantes, lleva en su seno la semilla de su propia destrucción.

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