Posts tagged ‘publico’

diciembre 2, 2014

Lo público no es de todos: Mejor hablemos de lo común

Artículo de Francisco Jurado Gilabert, publicado en eldiario.es – ¡Gracias!

Imagínense una comunidad de vecinos cualquiera. Un día, una empresa de telefonía contacta con su presidente y le ofrece colocar una antena en la azotea del bloque de la comunidad. El presidente, que fue elegido por la mayoría de los vecinos, accede al ofrecimiento sin someterlo a ninguna votación y, ante cualquier queja vecinal, se remite a las elecciones, argumentando que, para las próximas, se vote a otro, si se quiere. Pero la antena allí seguirá, en virtud del contrato que se haya firmado con la empresa.

¿Podría pasar esto en la vida real? No, porque la Ley de Propiedad Horizontal, que rige todo lo relativo a las comunidades de propietarios, establece que las decisiones más importantes que afecten a la comunidad deben someterse a votación, no bastando el poder que se confiere a su presidente para que las adopte por su cuenta.

Cuando hablamos de “lo público”, tenemos la falsa sensación de que es algo de todos. La sanidad, la educación, los transportes metropolitanos…, los sentimos como nuestros pues, entre otras cosas, se sostienen con cargo de los presupuestos públicos, que resultan, en gran medida, de los impuestos que pagamos. Sin embargo, puede pasar que un servicio publico sea privatizado por decisión de unos determinados cargos electos, en virtud de su  posición de representantes políticos, sin necesidad de recabar aprobación ciudadana alguna. “Vote usted a otro la próxima vez”, pero el daño ya está hecho.

 Tomemos como ejemplo el caso de Telefónica, empresa pública privatizada entre los años 1995 y 1999. Si telefónica hubiera sido de todos, ¿cómo fue posible que se malvendiera -incluyendo toda la red de infraestructuras- sin que la gente pudiera o tuviera nada que decir?

“Lo público” no es de todos, principalmente porque, como sucede con “lo privado”, su propiedad y su gestión son centralizadas, dependen de por completo, en este caso, de la Administración y están sujetas, por tanto, a la voluntad decisoria de las personas que la gestionan o, en última instancia, a las personas que elaboran las leyes que regulan esa gestión. Se confunde, entonces, la titularidad pública con “lo común” que, históricamente, era un régimen de propiedad y de gestión distribuida, que se daba principalmente sobre los bienes y los recursos naturales que compartía una comunidad. Este régimen de enajenación y explotación impedía que ninguna persona, por sí sola, tuviera ningún control exclusivo sobre el uso y disposición de un bien o recurso común.

Cuando, hoy en día, se debate sobre la necesidad de que determinados sectores estratégicos se mantengan bajo dominio público o se renacionalicen, volvemos a caer en la misma confusión. Dotarnos de una banca pública, incluso si está sujeta a una fuerte regulación, no impide que un nuevo juego de mayorías parlamentarias vuelva a pervertirla. Lo mismo sucede con la sanidad o la educación, que viven en permanente riesgo de privatización, y cuya defensa se convierte en un ejercicio continuo de lucha social y judicial, precisamente, porque su titularidad se restringe a la Administración y su gestión depende y se concentra en manos de los representantes políticos del momento.

Cualquier decisión que afecte a los derechos fundamentales que tenemos, como seres humanos, debería poder ser refrendada por todas las personas, en votación directa, como si de una comunidad de vecinos se tratase. La representación política no puede otorgar un cheque en blanco para que los cargos electos decidan unilateralmente sobre cuestiones que afectan enormemente a nuestra vida. Cambiar el voto en las siguientes elecciones no garantiza que decisiones fatales se puedan deshacer o que las suframos durante largos años.

Por todo esto, hay que empezar a diferenciar, tanto en el plano lingüístico como en el jurídico, qué es un bien o servicio de dominio común y cuál uno de titularidad pública. Y en este tiempo, en el que parece que es posible redefinir las instituciones, en el que hay nuevos partidos, con vocación rupturista y renovadora, éstos deberían abanderar en sus programas la vuelta lo común, la defensa de lo común, sobre todo, y a pesar de una hipotética victoria, para que en unos cuántos años no nos vuelvan a birlar o a esquilmar lo que, en realidad, es de todos.

enero 27, 2012

¿Quién ha gastado en España el dinero que no tenía? (I)

¿El Estado, las autonomías, los ayuntamientos….? NOOOOO. Fueron las grandes empresas privadas y sus pésimos gestores. Son ellos y ellas las que nos han conducido hasta nuestro actual estado de ruina. La solución: Auditoría de la Deuda y Banca Pública. Solo el control público de los recursos (mediante fiscalización ciudadana) puede garantizar su correcta gestión. En España lo privado nos ha llevado al pozo de las miserias. Analicen esta tabla de datos estáticos y podrán entenderlo. En ella puede apreciarse la deuda actual de los países de la OCDE, expresada en porcentaje de PIB y desglosada en deuda de las administraciones públicas (gobiernos), deuda de las empresas y deuda de los hogares.(*)

Las administraciones públicas españolas (con un 72% de deuda acumulada) hicieron las cosas razonablemente bien, en comparación con los demás países de nuestro entorno. Solo las hicieron mejor que nosotros las administraciones públicas de los países escandinavos y Australia. Los grandes empresarios españoles (esos mismos que ahora nos exigen sacrificios) fueron los que nos llevaron a la quiebra, con 193% de deuda. ¿Quién debe ahora pagar los platos rotos?

Otro dato interesante de la tabla anterior es el umbral de deuda sostenible (“Threshold”). Según el estudio del Banco de Inversiones (BIS) existen unos umbrales, a partir de los cuales la deuda deja de funcionar como un motor de desarrollo para pasar a convertirse progresivamente en una soga en el cuello de los endeudados. El estudio establece este umbral en 85% del PIB para la deuda pública (España está por debajo), 85% para la deuda de los hogares (España estaba ligeramente por encima) y de 90% para la deuda de las corporaciones privadas. Ojo al dato porque la deuda privada es nuestro país estaba ya en 193%, ¡Más de 100 puntos porcentuales por encima del umbral máximo establecido por los expertos para que una deuda pueda considerarse sana!. ¿Quién ha tenido la culpa de nuestra crisis?, ¿El sector público quizás, ¿Quién debe pagarla pués?. Incluso las propias empresas del IBEX-35 (cuyos prestigiosos dueños son convocados como un oráculo de sabios para iluminar a nuestros perdidos presidentes de gobierno) acumulan una deuda muy superior a su capitalización bursátil:

En cuanto a datos evolutivos, la deuda de las empresas privadas en la década transcurrida entre el 2000 y el 2010 fue escalofriante, muy por encima de la de cualquier otro país. Esto ha supuesto una cuchillada directa a la femoral de nuestra posición económica global como Nación:

Mientras esto sucedía nuestro siempre odiado, vilipendiado y escarnecido (por parte del mainstream neoliberal) sector público, hacía sus deberes, llegando prácticamente a detener cualquier tipo de incremento en sus niveles de endeudamiento, como demuestra esta tercera tabla:

¡60% de incremento de la deuda empresarial frente a 1% de incremento de la deuda pública en la última década!

¿Quién tiene la culpa de la actual situación de la economía española?. ¿Las cuentas públicas, la clase trabajadora o la corrupta, inepta y codiciosa gran clase empresarial española?, ¿Quién debe pagar ahora la factura?. Viendo estos datos es perfectamente comprensible el movimiento social conocido con el nombre #yonopago. Nada como ir entendiendo la deuda para actuar colectivamente en consecuencia.

Los datos aportados en las gráficas superiores son congruentes con los de esta otra fuente:

indicadores-economia-mundial

* Esta entrada tiene su continuación aquí: ¿Quién ha gastado en España el dinero que no tenía ? (II)

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(*) El estudio original completo del Bank for Internacional Settlements (BIS) puede descargarse aquí: BIS Working Papers No 352 The real effects of debt 

junio 9, 2010

Mil mentiras sobre los funcionarios

El número de funcionarios en España está por debajo de la media Europea. (Pulsa para ampliar)

La leyenda negra dice que España es un país de funcionarios pero ¿más que Francia, menos que Alemania, igual que Estonia, el doble que Finlandia? La Presidencia francesa de la Unión Europea realizó en 2008 la comparativa más actual que existe sobre los cuerpos de funcionarios en un informe titulado Administration and the Civil Service in the EU 27 Member States. Analiza datos de 25 países del continente europeo entre los que no está España. Tomando los mismos datos de España en 2008, ¿en qué lugar del ranking quedamos?: Pués en la zona media-baja, exactamente en el puesto 16, al mismo nivel que Italia y Alemania. Es mentira, por tanto, que España sea un país de funcionarios. Nuestro nivel está incluso por debajo de la media europea.

Italia tenía hace dos años 3.400.000 empleados públicos, el 5,7% de la población, uno por cada 17 habitantes, una cifra muy similar a la española -5,5%, uno por cada 18- y a la alemana -donde había 4.500.000 funcionarios para más de 82 millones de personas, lo que se traduce en un 5,4%, 18 habitantes por cada empleado público-. El país que lidera la lista es Suecia, donde trabajan para la administración 1.125.000 personas, suponen el 12,3% de la población y tocan apenas a ocho habitantes por funcionario. Le siguen Finlandia, Letonia y Malta, con nueve por cabeza. Bélgica y Francia ocupan los puestos séptimo y octavo, ambos con 12 funcionarios por habitante. Irlanda, Portugal y Países Bajos también ganan a España, los dos primeros con 13 habitantes por cada empleado público y el último, con 16. Con menos funcionarios que España hay 11 países, incluidos Luxemburgo -en el puesto 17, con 21 vecinos por trabajador público-, Reino Unido -en el 19, con 29 por cabeza- y Grecia -el 20o de la clasificación, con un habitante más por funcionario que Reino Unido-. Los tres países de cola son República Checa, donde un funcionario atiende a más de un centenar de habitantes, Rumania, con 127, y Eslovaquia, con hasta 135. La mediana de funcionarios por país está en 5,9%, mientras la de España queda en 5,52%.

Otras mentiras fácilmente desmontables mirando este gráfico son:
– “Los países con graves problemas de deuda tienen muchos funcionarios”: Es mentira, ya que Grecia y Reino Unido tienen unos volúmenes de deuda total altísimos teniendo un porcentaje muy bajo de funcionarios.
– “Los países con muchos funcionarios son ineficientes”: Es mentira, ya que Suecia y Finlandia con porcentajes de empleados públicos que doblan a los de España proporcionan unos excelentes índices de bienestar, calidad de vida y bajo endeudamiento.

Si quieres datos ampliados con los enlaces correspondientes puedes descargar este documento en pdf:

funcionarios.pdf

febrero 20, 2010

Desempoderar al dinero

Los ciudadanos contra los bancos, la lucha que viene

 

¿Tanto tienes, tanto vales?… No te lo creas, es mentira. Uno de los objetivos destacados que abrirá las puertas a la superación de nuestra crisis sistémica es el desarme progresivo de esa fuerza represiva al servicio de las élites llamada DINERO. Cualquier medida tendente hacia la desmonetarización progresiva de nuestras vidas favorecerá a las clases populares que disponen de recursos materiales exíguos, es decir a los pobres, que son el 80% de la población mundial. En este sentido destacamos algunos ejemplos:

– Recuperación de los servicios públicos: Educación, Sanidad y Vivienda. Hay que salir a la calle a gritar fuerte y claro que la Salud es un derecho, no un negocio, como hicieron ayer en Bogotá.

– Promoción de monedas locales, alternativas a las grandes divisas, como el SUCRE o las pequeñas monedas que están poniendo en marcha las transitiontowns en Irlanda, Escocia, Inglaterra y otras partes del mundo.

– Recuperación del derecho a la libre difusión y distribución del conocimiento. En este sentido se están ganando importantes batallas ideológicas contra los lobbys que pretenden encarcelar los contenidos culturales para su disfrute restringido. Cada día es más evidente que los ciudadanos toman libremente la información y el software, apropiándose de él sin tener que pedir permisos y rebelándose contra los mercaderes que pretenden prohibírselo. Cada vez hay más instituciones y administraciones públicas que han tomado partido por una política de código abierto y libre acceso al software, la información y la cultura.

Denuncia de los juegos de azar como estrategia ideológica al servicio del poder para encapsular al ciudadano dentro de un mundo de deseos y fantasias materiales que lo individualiza, lo despersonaliza y lo desconecta de su entorno social.

Denuncia contra los mercados financieros, las bolsas, la economía de casino y la ideología especulativa como grandes motores generadores de la crisis sistémica que agrede a la clase trabajadora mundial.

Hasta el inquisidor Ratzinger ha apostado por recuperar el “don de la gratuidad” en su última “Hoja parroquial”.

Poco a poco…¡saquemos el dinero de nuestras vidas!

febrero 4, 2010

Nada es nuestro, todo es prestado

El carbono que nos presta la naturaleza de forma temporal permite que la vida nos habite

La propiedad privada es una ficción, una creación ideológica. Nada es nuestro ya que todo cuanto tenemos es un préstamo que la naturaleza nos hace. El carbono es el ladrillo de la vida. Gaia nos ha prestado millones de estos pequeños tesoros inmortales con la única condición de que solo dispongamos de ellos por un tiempo limitado. Procedentes de otros entes deben continuar en breve su infinito viaje hacia nuevos e insospechados lugares. El judío Primo Levi nos deja la historia de uno de estos átomos quizás alojado hoy en una recóndita neurona dentro de tu cerebro.

Nuestro átomo de carbono, yace durante millones de años unido a tres átomos de oxígeno y uno de calcio, en forma de piedra caliza no lejos de la superficie de la tierra. En cierto momento un golpe de pico lo separa y lo envía al horno de cal, introduciéndolo en el mundo de las cosas que cambian. Es calcinado, y todavía colgado de sus compañeros de molécula, es expulsado por la chimenea y sale al aire. Su historia, antes inmóvil, se vuelve ahora tumultuosa. Llevado por el viento, precipitado hacia la tierra, y elevado diez kilómetros, es respirado por un halcón, bajando hasta sus pulmones. No penetra en su sangre y es expelido. Se disuelve tres veces en el agua del mar, una en el agua de un torrente, y nuevamente es forzado a viajar. Transita con el viento durante ocho años: ahora arriba, ahora abajo, sobre el mar o entre las nubes, sobre bosques, desiertos e ilimitadas extensiones de hielo… y entonces pasa a ser capturado para la aventura orgánica.
El átomo del que estamos hablando fue llevado por el viento a lo largo de una fila de vides. Tuvo la buena suerte de rozar a una hoja, penetrarla y ser cosido allí por un rayo de sol. Ahora nuestro átomo forma parte de una molécula de glucosa. Viaja de la hoja al tronco, y desde allí es bombeado hacia un racimo casi maduro que es cosechado por el agricultor para, posteriormente, ser ingerido en forma de uva por una mujer gestante que lo guardará en su seno.

Lo público, lo común, lo compartido es el estado natural de todo cuanto somos y vemos. Lo demás son construcciones ideológicas al servicio de las élites. Nada es realmente nuestro excepto, en todo caso, ese soplo de vida inmaterial que algunos sabios bautizaron como alma.

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