Posts tagged ‘puertas_giratorias’

diciembre 21, 2013

Oligopolios, energía y puertas giratorias

puertas_giratorias

El libre mercado en equilibrio gracias a la ley de la oferta y la demanda es un formidable mito. Los precios no dependen de la oferta y la demanda sino de las relaciones de poder entre los distintos grupos de presión. Esto ha quedado palmariamente demostrado en la última “subasta” de la energía eléctrica. En un contexto de menor demanda los precios han subido. La explicación es que los mercados perfectos no existen, son tan utópicos como la sociedad comunista. Lo que realmente existen son oligopolios difusos con políticos profesionales a su servicio. Los agentes de poder pactan de una forma más o menos implícita los precios que quieren imponer en cada momento a su contraparte, en este caso formada por las masas ciudadanas. Los oligopolios representan los intereses de una minoría de personas y, por el momento, se están imponiendo. El libre mercado es una absoluta falacia porque en la realidad todos los mercados tienen grilletes. Cuando la utopía de la sociedad comunista baja a la tierra se convierte en socialismo. Cuando la utopía de los mercados libres baja a la tierra se convierte en la dictadura de las megaempresas y de las élites extractivas con políticos contratados a su servicio.

febrero 19, 2013

Corrupción y “puertas giratorias”

La ‘puerta giratoria’ (como se denomina a la práctica de pasar desde el cargo público al cargo privado en una empresa que se benefició de nuestras decisiones gubernamentales) no deja de girar. El concepto de “Puerta giratoria” hace referencia, en un principio, al hecho de privatizar un sector público, marcharse de la política y fichar por la empresa que gestiona el sector público que uno mismo privatizó. La figura se complementa con los casos de las adjudicaciones de contratos de obras y servicios que debe prestar la Administración a determinadas empresas, de las que luego el político termina formando parte.  Absolutamente inmoral, en el mejor de los casos, este privilegio de la casta dirigente (formada por empresarios-políticos) se ha convertido en tristemente habitual dentro de la vida pública de muchos países llamados democráticos. Mientras este perverso mecanismo exista la intencionalidad real de los gobiernos a la hora de tomar decisiones estará permanentemente bajo sospecha. Ya no se trata solo de lo que los dirigentes ingresen en A o en “B” durante sus mandatos sino, sobre todo, de los suculentos beneficios privados y personales que obtendrán cuando dejen de estar bajo los focos mediáticos. Por supuesto nadie debería olvidar que tan culpable es el corruptor como el corrompido ya que ambos se benefician por igual del expolio. Aquí un pequeño listado, solo de ministros, de los últimos años:

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Otro caso espectacular es el del Ministro de la Guerra Pedro Morenés, que no figura en esa relación. Si ampliáramos la lista con ejemplos tomados de otros ámbitos de la organización territorial del Estado ésta sería interminable. ¿Qué intereses les movían a todos ell@s mientras ejercieron sus cargos?, ¿Buscaban el bien común o simplemente labrarse su propio futuro dorado?. No es imposible luchar contra esto. Una organización política horizontal, transparente y democrática de la sociedad, el repudio colectivo de estos personajes, una potente ley de incompatibilidades que entra en vigor tras abandonar sus cargos públicos o, en su defecto, abultadísimas sanciones para las empresas que incurrieran en tal práctica corruptora constituyen vías de solución. Algo similar puede ocurrir con los casos de fraude y evasión fiscal. A menudo se argumenta que no es posible combatir contra ello porque son decisiones que dependen del acuerdo de muchos países, lo cual trasciende el ámbito de decisión de un solo Estado. Pero ¿No podrían expropiarse automáticamente los bienes que el defraudador posee en, por ejemplo, el estado español, sin posibilidad de prescripción del delito?. Estas castas solo podrán seguir lucrándose mientras nosotr@s se lo permitamos con nuestra resignación, nuestro consentimiento y nuestros votos. Presión popular y conciencia política son las recetas.  Es posible.

enero 2, 2012

¿Qué es un tecnócrata?

Los tecnócratas, peligrosos ladrones al mando de la economía

Siempre nos habían contado que los grandes empresarios son individuos que sufren cuando sus empresas van mal y se deprimen mucho cuando quiebran. Desde luego eso no puede aplicarse a los directivos de Lehman Brothers. Según el muy recomendable documental “Inside Job” los cinco mayores ejecutivos de este Banco transnacional ingresaron más de mil millones de dólares en sus cuentas corrientes personales entre 2000 y 2007, mientras la empresa se deslizaba por la pendiente de la insolvencia. El banco quebró en Septiembre de 2008. La noticia fue recibida con pesadumbre pública y alborozo privado ya que se les garantizaba nuevas indemnizaciones por su despido. Estos individuos y similares, como los de la asguradora AIG y otras innumerables firmas, se dedicaron meticulosamente a apostar (en privado) contra sus popias compañías, engañando a los clientes, a los pequeños accionistas y finalmente a los contribuyentes que son los que tendrán que soportar en última instancia con sus impuestos, pensiones y salarios el coste de los desfalcos.

Son los llamdos tecnócratas, especialistas en quebrar empresas, garantizar sus rescates con dinero público y asegurar por el camino la adición de varios ceros a sus cuentas corrientes personales. El sistema de las “puertas giratorias” entre actividad privada y responsabilidades temporales de gobierno, les garantiza una cómoda operatoria en tres pasos:

1) Dentro del gobierno promueven legislaciones favorables a los intereses de las compañías privadas para las que trabajaron y/o trabajarán en el futuro. En ocasiones su tarea consiste en bloquear, desde su puesto de mando, medidas de control político-judicial a las actividades opacas o cuasi-delictivas de esas mismas compañías.

2) Cuando a los pocos años o incluso meses abandonan su responsabilidad política directa, son contratados como asesores por la compañía en cuestión, recogiendo así los frutos de los favores y servicios realizados en su época de mandatarios públicos. En ocasiones incluso ayudarán a dinamitar los balances de la propia empresa, apostando en privado contra ella mientras la defienden en conferencias de prensa, informes y documentos. Un ejemplo muy ilustrativo de esta forma de proceder es el de Henry Paulson, dirigente político estadounidense y directivo de Goldman Sachs que consiguió forrarse cobrando polizas de cobertura sobre riesgo de quiebra de grandes bancos, manejando siempre información privilegiada.

3) Nuevamente dentro del gobierno maniobrarán para que se inyecte dinero público en esas empresas quebradas, argumentando el “riesgo sistémico” o la “dolorosa pérdida de puestos de trabajo” en el caso de que no se proceda a realizar el ansiado rescate o a proporcionar avales públicos que se tomarán directamente de los impuestos ciudadanos.

El tecnócrata tiene habilidad para caer de pié. A pesar de su muy dudosa moralidad suele salir mejor parado que otros compañeros directos de desmanes, como sucede en el caso de nuestro conocido Luis de Guindos (ex-jefe de Lehman Brthers en Europa) , respecto a su socio directo Richard Fuld, en la estrepitosa (y muy rentable para ellos) bancarrota de su empresa bancaria. Según el analista Robert Gnaizda habría fundamentos más que suficentes para procesarlos.

Otros conocidos tecnócratas (¿o quizás sería más apropiado decir “estafadores con intachable reputación”?) son los multimillonarios economistas y profesores universitarios Frederic Mishkin, Glen Hubbard, Martin Feldstein o Larry Summers, grandes ejemplos de un cleptocapitalismo en cuyo diccionario no figura el concepto “conflicto de intereses”. ¿Tecnócratas españoles?, ¡por supuesto, también los tenemos!. Solo es necesario buscar en bancos y cajas intervenidas y rescatadas con dinero público.

Entrada relacionada: Heidi y el capitalismo financiero

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