Posts tagged ‘religiones’

abril 5, 2012

Judíos y Shiíes hermanados en la Paz del Viernes Santo

La noche de hoy es muy importante en el calendario cristiano. Nada mejor que un mensaje de paz entre judíos y musulmanes en el Viernes Santo cristiano. Una vez más vuelve a demostrarse que la gente sencilla es capaz de convivir y no quiere la guerra, son las élites sembradoras de odio las únicas interesadas en generarlas. ¿Cómo si no puede explicarse que los judíos de Persia, orgullosos de su milenaria identidad iraní, no quieran irse a vivir a Israel ni aún a cambio de grandes cantidades de dinero?. Pruebas y más pruebas de que no hay guerras de religión sino guerras por petróleo, guerras por dinero, guerras por inconfesables ambiciones promovidas y orquestadas desde la ideología capitalista del egoísmo. Ciudadanos de Irán e Israel lo saben y por ellos están promoviendo a través de las redes sociales miles de pequeñas acciones individuales de apoyo recíproco y reconocimiento mutuo, con el objetivo de desactivar los misiles de odio y desconfianza lanzados desde el poder.

Parece que la iniciativa parte de un padre judío pacifista, Rony Edry, que escribió la siguiente carta en una red social:

“Para el pueblo iraní, a todos los padres, madres, hijos, hermanos y hermanas:

Para que haya una guerra entre nosotros, primero debemos tenernos miedo unos a otros. Debemos odiar. Yo no tengo miedo de ustedes. Yo no te odio. Yo no te conozco. Ningún iraní me dañó”.

Cuando a veces se ve “un iraní” en la televisión hablando de la guerra, escribió, “Estoy seguro de que no representa a todo el pueblo de Irán … Si ves a alguien en tu TV hablando sobre el bombardeo… puedes estar seguro de que no representa a todos los israelíes. A los que sienten lo mismo, os pido compartir este mensaje y ayudarnos a llegar al pueblo iraní”.

Los iraníes, por su parte, han respondido de forma entusiasta. Nos llegan también noticias de musulmanes de EEUU que no han dudado en ofrecer su mezquita a una comunidad judía para celebrar sus cultos hasta encontrar una Sinagoga. “Israelíes, no os odiamos, os amamos. Iraníes, nunca os bombardearemos, os amamos”. Nadie puede negar tajantemente que Cristo no los contempla hoy con aprobación camino del cielo.

diciembre 26, 2011

Ateísmo, Dios y Religión

Dios está en el otro: Religión frente a pseudoreligión

Por sus actos los conoceréis no por sus palabras. Aquel que promueve la agresión contra el otro, contra el diferente, contra la naturaleza, aquel que siembra el odio contra otro ser humano, está volviendo a cometer el pecado original y, por tanto, está matando a la Religión. Cuando la religión es violenta deja de ser religión para convertirse en herramienta terrenal de dominación al servicio de un grupo de poder, de una clase. El ateísmo es la negación de Dios, pero … ¿de qué dios?. La historia de la humanidad ha estado llena de dioses y profetas, portadores de todo tipo de mensajes y representaciones.

Los primeros cristianos fueron unos auténticos ateos, según los parámetros de su época. Locos fanáticos, (unos “perroflautas”, según cierta terminología modernista), que se atrevieron a cuestionar al dios de su momento histórico, el dios imperial, la divinidad del César y de todo su panteón. Esos locos defendían que Dios estaba ahí para salvarnos, no para someternos; que Dios habitaba en el otro, en la naturaleza, en la creación, en la anciana, en el extranjero, en el enfermo, en el pobre  y que su autoridad no era terrenal, no tenía ejércitos, no era ningún rey, no tenía Estado y además carecía de poder material. Por todo ello fueron humillados, ridiculizados, considerados gente peligrosa, herejes, terroristas, enemigos de Roma que debían ser aniquilados sin compasión.

Algunos antiguos profetas ya reclamaban un ateísmo del ídolo, del rey, del poder terrenal, del orden injusto. El nuevo dios cristiano, que desafiaba al dios imperial dominante, representaba a la alteridad, es decir “al otro”, a lo que está fuera de nuestro estrecho horizonte individual de ambiciones y egoísmos. El pecado original no es otra cosa que la negación del otro para encumbrar nuestro yo por encima de todos y todo. Caín mata a su hermano, negándolo, Adán juega a conquistar la omnipotencia, autocoronándose simbólicamente como dios, e instaurando el reíno de la idolatría, el fetichismo y la soberbia. El César es Adán y Caín y el cristianismo primitivo aspira a desenmascar su impostura. Eran, por tanto, ateos del poder imperial, ateos del sistema.

Las tres religiones monoteístas son, en realidad, una sola ya que parten y beben de un tronco común. Las tres originariamente están del lado de la alteridad, de los profetas ateos del falso dios, descreídos del poder material de los reyes, los ejércitos, los faraones, emperadores y becerros de oro. Son religiones ateas de la idolatría, ateas de los fetiches que rinden culto a la guerra, ateas del sistema de dominación que el hombre intenta instaurar en la Tierra para desafiar a todo lo que está fuera de él y ante lo que se siente temeroso, inferior, desvalido.

Conforme la religión se arrima al poder terrenal de reyes, príncipes y banqueros se aleja del dios-amor, del dios-bondad, instaurando una pesudoreligión que intenta matar a ese dios para encumbrar en su lugar al dios-guerrero sediento de sangre y riquezas,  a Moloch, Mammon, al ídolo, al fetiche, al capital. Esta es la pesudoreligión del cainismo sionista israelí que levanta la mano contra su hermano musulmán y contra el propio Judaísmo, es la pseudoreligión del wahhabismo saudí, que levanta el puñal contra el hermano cristiano y, por tanto contra el propio Islám, es la pseudoreligión del colonialismo genocida de la Cruz, que levanta la mano contra el indígena, el judío o el musulmán y, por tanto, contra el propio Cristianismo.

Cuando la religión se convierte en arma asesina contra el otro, contra el diferente o contra la naturaleza vuelve a cometer el pecado original contra el dios-bondad, vuelve a adorar a los dioses del panteón del egoísmo y la soberbia, faltando a su esencia y convirtiéndose en fetiche.

Piensa en tu dios, intenta explicitarlo y podrás saber si eres religioso o no. El ejercicio promete sorpresas porque podrá llevarnos a descubrir Papas y cardenales, supuestamente cristianos, que son en realidad adoradores del dios de la conquista y el exterminio, encontraremos a supuestos judíos que organizan actos terroristas para extender el poder del sionismo, a piadosos jeques árabes, supuestamente musulmanes, que torturan sin piedad a hombres y mujeres pacifistas que piden libertad, y encontrarás a supuestos ateos que hacen auténtica religión ayudando al desconocido y luchando por la instauración del Reino de la Paz en la Tierra.

También Dios puede ser libertario, también Dios puede ser anarquista.

(En homenaje a Leon Tolstoi)

septiembre 23, 2011

Un solo estado llamado Palestina

Rabinos judíos y clérigos musulmanes, reunidos recientemente en Teherán

Desde hace décadas los musulmanes pobres de Palestina están siendo engañados con falsas promesas, expoliados y violentamente reprimidos por las élites financieras que controlan el poder en Oriente Medio. La mayor parte de estos tiranos son sionistas “judíos”, pero también hay sionistas “musulmanes” acaudalados y corruptos (con importantes apoyos de Arabia Saudí), formando parte del equipo de los carceleros. Algunos supuestos negociadores palestinos han destapado, con el paso del tiempo, su condición de cobardes oportunistas y traidores a su pueblo martirizado. Pasaron ya 20 años desde los falsos acuerdos de Oslo y Madrid, artimañas de unos y otros para ganar tiempo a la espera de soluciones mágicas que pudieran desactivar el conflicto sin comprometer el status de poder y privilegio ejercido por las élites neocoloniales y sus capataces de confianza. Gracias a todos ellos la “solución” de los dos estados ya se quedó vieja, sin tan siquiera haber llegado a nacer. Pero el reloj de la historia marca la cuenta atrás para la caida de las oligarquías represoras en Egipto, Libia, Yemen, Túnez, Bahréin, Siria, Arabia Saudí, Israel y tantos otros lugares. La única solución viable de futuro para Palestina es un solo estado pacífico, multiétnico, multirreligioso y desmilitarizado, en el que se garanticen los derechos sociales de ateos, musulmanes, judíos y cristianos, viviendo juntos en pie de igualdad, sin dominadores ni dominados. Los tiempos de los estados racistas, teocráticos y exclusivistas, como el actual Israel, están acabando para dar lugar a nuevos escenarios donde la justicia, la igualdad, la libertad y la democracia real formen la columna vertebral de sociedades plurales y multiculturales. No son izquierdas contra derechas, ni judíos contra musulmanes, ni ateos contra creyentes. La única lucha, la de siempre, ha sido la de los de arriba contra los de abajo, la lucha por la liberación de los humillados.

Entrada relacionada: Carta a los sionistas

marzo 24, 2011

Islám y Anarquismo

Nuevos paradigmas explicativos están emergiendo

La mayoría de los discursos islámicos vigentes están a años luz de su espíritu iniciático y revolucionario, y responden más a la necesidad de mantener las costumbres heredadas.

Están a años luz la mayoría de las instituciones que se presentan como guardines de la tradición, de los jeques y los monarcas, de los ministerios de asuntos religiosos, encargados de velar por la pureza doctrinal de las masas musulmanas. Es decir, por la supremacía de una visión reaccionaria del islam, pietista y alienante, que no cuestione el status quo.

Esta a años luz el salafismo, con su mediocre, anacrónica y alienante idolatría del pasado, su obsesión con la pureza doctrinal y ritual, con su rechazo malsano de la innovación, de la creatividad.

Esta a años luz ese “islam moderado”, “liberal” o “progresista” que los poderes de occidente tratan de promocionar, aparentemente como antídoto del fundamentalismo, pero en realidad como un medio de desactivar las potencialidades revolucionarias del islam, de modo que no interfiera en sus planes de dominio planetario y de expansión del capital.

Sin ocultar las diferencias entre la religión islámica y la tradición libertaria, Abdennur Prado nos muestra que en aspectos como el antiestatismo, la justicia social o el apoyo mutuo, los textos del profeta Muhammad o de ciertos intelectuales islámicos coinciden con la lógica libertaria. El rechazo de la opresión y la lucha contra la injusticia social forman parte de las enseñanzas del islam, así como la prohibición de la usura, de los monopolios, de la acumulación de la riqueza… Todo ello repugna profundamente al musulmán.

La posición de Avempace, el turco sheij Bedreddim o Ibn Jaldún, que «antepuso el ideal ético de la ayuda mutua y la cooperación entre los miembros de una comunidad a la obediencia al Estado», pone en relación algunas de las fuentes clásicas del islam con la lógica antiautoritaria y comunista o colectivista de la tradición libertaria. En este sentido, cuando el autor nos habla de misticismo o de «anarquismo místico», hace referencia a una espiritualidad libre, sin clérigos ni dogmas, que «antepone la experiencia a la creencia», que lejos de abstraerse de la realidad está arraigada a la tierra y a la vida, y que repele cualquier mediación o codificación por parte de la religión instituida.

“Si atendemos a la biografía y a las palabras del Profeta, pocos pueden poner en duda que Muhámmad fue un auténtico revolucionario, que lanzó un mensaje igualitario, en nombre de los oprimidos, en contra de las oligarquías de su tiempo. Un mensaje plenamente vigente, en el cual la liberación colectiva es inseparable de la liberación individual, de la superación del egoísmo y el trabajo de pulimento del ego, para que pueda reflejar las más nobles cualidades. Un mensaje de retorno a nuestra naturaleza más profunda”, comenta Abdennur.

El islám como anarquismo místico

febrero 5, 2011

Cristianos y musulmanes unidos contra la tiranía

Musulmanes y Cristianos rezan juntos en El Cairo

Muchos mitos, de los que tanto agradan a los propagadores del odio, saltan por los aires estos días en Egipto: Primero fue el de la pasividad e irrelevancia política de la mujer musulmana, después el de la superioridad moral europea en la lucha por las libertades y ahora el de la inevitabilidad del choque entre religiones.

“Cristianos y Musulmanes somos uno”. Así declaran los egipcios en la Plaza de Tahrir, donde hoy decenas de miles de manifestantes de ambas fes se han unido con rezos compartidos.

En la oración del mediodía un imán lideró la masa, pidiendo orar por los muertos en la revuelta, y declarando que la revolución no pertenece a una fe, sino a todas.

Aunque los jefes de la minoría copta -que representa un 10% de la población del país- originalmente dijeron que no se pronunciarían acerca de los acontecimientos en la calle, parece ser que sus propios feligreses han tomado la iniciativa; a última hora de la tarde se repitió el fenómeno que se vivió al medidodía, y durante el rezo del Magreb cristianos y musulmanes volvieron a unirse.”

Este es el camino. El rezo compartido es una importante herramienta hacia el otro mundo posible, haciéndolo extensivo a los judíos no sionistas, a los budistas, a los hindúes y a cualquier ser humano convencido de que sólo a través de la búsqueda incansable de la Justicia, la Igualdad y el Apoyo Mutuo será posible un futuro mejor para nuestra aldea global. Esta práctica debería extenderse por lugares emblemáticos de todo el mundo: Mezquita de Córdoba, Turquía, Estambúl, Paris, Teherán, Túnez, Indonesia, Pakistán, Nueva York… hasta Dákar en el FSM que comienza dentro de unas horas.

enero 13, 2011

Política, Socialismo y Religión

Un conjunto variado de instintos, tendencias, pulsiones y herramientas cognitivas conforman nuestro ser social e individual

Entendemos la Política como el relato de las luchas de los seres humanos por intentar organizar la sociedad en la que viven de manera que les resulte lo más soportable y segura posible. Desde este punto de vista sería muy difícil desligar la historia de la Religión de la historia de la Política. La religión se convirtió en una de las primeras herramientas políticas de la que dispusieron nuestros antepasados al proporcionarles colectivamente un bastón intelectual con el que enfrentarse a los insoportables niveles de incertidumbre vital que se desprendían de su extremada vulnerabilidad. No hay cultura antigua que no disponga de un sistema de símbolos y creencias asociado a la perdurabilidad del alma más allá de los límites y miserias materiales del cuerpo. La religiosidad sería pues algo casi instintivo en el ser humano, estando grabada en la propia memoria genética de la especie, de la misma forma que su pulsión política e inseparablemente unida a ésta.

Cuando las primeras mujeres y hombres se encomiendan a aquellos dioses primitivos, invocando su protección contra los enemigos naturales o implorando a la lluvia, al sol o al viento sus favores, estaban haciendo política. No sólo buscaban seguridad y certidumbre sino que además conseguían cohesión, identidad y vínculación social entre los miembros de sus pequeñas y desvalidas comunidades. Sin saberlo estaban construyendo un destino compartido en torno a unos potentes símbolos comunes.

El uso político de la religión se imprime, por tanto, en su mismo certificado de nacimiento. Aunque estamos aún ante una religiosidad multiforme, animista y claramente vinculada con los fenómenos cotidianos de la naturaleza, constituye ya un potente e indispensable puntal de comunión social y, por tanto, un incuestionable factor político. La utilidad del sentimiento religioso era enorme para aquellas primeras mujeres y hombres, tanto en el plano individual como en el colectivo, ya que en torno a él comienzan a tejerse redes de vinculación afectiva y apoyo mutuo en las luchas contra las múltiples adversidades que el entorno les depara de manera cotidiana.

En algún momento evolutivo de nuestra historia esta religiosidad politeísta, expandida y desbordante comienza a ser encauzada por determinados grupos humanos en un nuevo sentido: ¿Si los dioses y sus símbolos pueden ser tan fuertes y útiles como elementos políticos porqué no concentrarlos, unificándolos y multiplicando así su valor y su potencia social?. Va gestándose así el nacimiento del monoteísmo, una nueva fuerza política arrolladora que poco a poco se impondrá, empujando y arrinconando al antiguo y disperso desfile de divinidades múltiples.

Las culturas semíticas de la antigüedad desarrollan este enfoque político monoteísta con resultados muy positivos desde el punto de vista de la supervivencia de sus primitivas comunidades. Encuentran, en torno a su concepción religiosa de nuevo cuño, un factor aglutinante de resistencia contra grupos rivales muchas veces superiores en fuerza o número. Se dibujan así los primitivos relatos bíblicos en torno a las luchas contra la pétrea y politeísta cultura imperial egipcia por parte de tribus nómadas del desierto o, de manera muy posterior, contra la sólida cultura imperial romana. La herramienta del monoteísmo queda validada históricamente con triunfos parciales sobre enemigos que, a simple vista, pudieran haber parecido invencibles. Comienza a dibujarse un mundo aparentemente configurado en torno a dos opciones: creyentes monoteístas y creyentes politeístas, denominados genéricamente como paganos.

Con la aparación del palestino Jesús de Nazaret y las primeras comunidades cristianas la historia de las religiones toma un nuevo giro. La potencia del monoteísmo deja de asociarse a un determinado movimiento de liberación nacional para reclamar una visión universalista que trasciende a grupos culturales concretos. El mensaje religioso aspira ahora a convertirse en un factor de cohesión dirigido a la humanidad en su conjunto, en lugar de utilizarse en clave de “consumo interno”. Este es un cambio copernicano que, aún en nuestros días, sigue pugnando frente  al enfoque restringido, nacionalista, esencialista y estructuralmente violento defendido por influyentes sectores del poder realmente existente. Daría la impresión de que la religión, alcanzado este punto de inflexión histórico que coincide con el alumbramiento del cristianismo, intentara liberarse del lazo indisoluble que la vincula con la política. Sin embargo, tras este intento, emerge (nada más y nada menos) que la aspiración de hacer política en una nueva y diferente dirección, más internacionalista, igualitarista, pacifista y anclada en la búsqueda de una justicia universal. No podría ser de otra forma porque la religión es intrínsecamente política y, por tanto, nunca podrá desprenderse de su otro yo.

Siglos después será la figura de Mahoma en la península arábiga quien transmitirá un nuevo impulso al desarrollo de una visión transcultural e interétnica de la religión. El Islám incorporará al palestino Jesús como uno de sus profetas y, en gran parte, integrará su doctrina social dentro de su propio cuerpo filosófico. Frente a una visión esencialista de la religión, destinada a un hipotético “pueblo elegido” el Islám y el Cristianismo pretenden dirigir su mensaje a toda la comunidad humana en su conjunto, como única nación, como familia planetaria fraterna. También dentro del judaísmo se erigen voces que defienden una nueva interpretación de ese controvertido sujeto histórico conocido como “Casa de Israel” en un sentido inclusivo, humanista y totalizador.

Sin embargo los poderes políticos instaurados, llámense reyes, papas o banqueros, siempre han aspirado a domesticar este fuerza telúrica, como es el instinto religioso intrínseco al ser humano, en beneficio propio. En gran medida lo consiguieron cuando el imperio romano adopta el cristianismo como religión oficial, comprando a sus líderes jerárquicos con todo tipo de prebendas y privilegios. De la misma forma el imperio económico de nuestros días sigue aspirando a cooptar esta fuerza y a sus supuestos representantes en el golfo pérsico, norte de África, Europa o Norteamérica fomentando enfoques religiosos abiertamente dogmáticos y estructuralmente violentos que sirven de coartada para implementar estrategias decididamente represivas como el terrorismo de estado contra las aspiraciones libertarias de los pueblos.

Bajo nuestro punto de vista los sectores más influyentes del socialismo anticapitalista (tanto marxista como libertario) han cometido un importante error estratégico en las últimas décadas al interpretar la relación entre política y religión de una manera desenfocada. El pretender desentenderse de la dimensión intrínsecamente religiosa del ser humano, conceptualizándola en ocasiones como algo que debe ser extirpado, sólo ha conseguido alejarla de enormes masas de  trabajadores, potenciales receptores de su mensaje. Su visión excesivamente intelectualizada de la realidad no ha sabido o querido entender que el ser humano es consustancialmente religioso, de la misma forma que es instintivamente político y materialmente débil, desvalido y limitado. Su visión de la religiosidad como un factor incapacitante para el desarrollo humano en lugar de como una herramienta psicológica evolutivamente valiosa para su ser social e individual, le ha empujado a ceder un enorme terreno en la batalla política, replegándose y entregando a sus rivales ideológicos enormes extensiones de “tierra fertil” a cambio de nada. Haría bien, bajo nuestro parecer, el nuevo socialismo anticapitalista, en enderezar el rumbo de su discurso entendiendo que el componente religioso de la psique humana está aquí para quedarse (al menos durante algunos cientos de años más) y que no es posible construir un relato político sin incorporar adecuadamente elementos que apunten a una cierta trascendencia mística de nuestros actos, decisiones y pensamientos.

La solución podría venir a través de una apuesta decidida por las visiones universalistas del hecho religioso, existentes en todas las grandes religiones, frente a las versiones esencialistas, agresivas y castradoras de la alteridad del cristianismo, judaísmo, hinduísmo o islamismo. Esas visiones estrechas y sesgadas no son más que la apuesta política de los grandes grupos de poder económico, alimentada con sus propios dólares y euros, por llevar el agua religiosa al molino de sus intereses de clase, es decir, intentos por construir teologías de la dominación. Pero frente a estas visiones existen también las correspondientes teologías de la liberación, ancladas en los conceptos de justicia, equidad, reparto, soberanía respeto o convivencia. El socialismo no debe de tener miedo ni complejos de usar todo este imaginario conceptual en lugar de negarlo. Los miles de millones de musulmanes, cristianos, judíos, hindúes o budistas no van a dejar de serlo, de repente, por mucho que ciertos sectores muy influyentes dentro de eso que algunos llaman “la Izquierda política” europea o norteamericana lo deseen.

octubre 26, 2010

Mezquita interreligiosa de Córdoba: Ideal posible

Según Demetrio esto no debe ser llamado Mezquita

Demetrio Fernández, el actual obispo de Córdoba representante del anti-cristiano movimiento fundamentalista Vaticano, se descolgaba a principios de Octubre con unas declaraciones cargadas de velado rencor islamófobo contra la indeleble huella musulmana presente en el sur de Europa.

Su propuesta nos recuerda a los orwelianos diccionarios de neolengua en donde se intenta definir una realidad a medida del poder en contradicción con el dictado de los sentidos y de la evidencia perceptiva. Se hace preciso separar el grano de la espiritualidad tolerante de la paja del fundamentalismo xenófobo para aproximarnos al complejo fenómeno humano de la Religión.

La Mezquita de Córdoba reúne unas condiciones ideales para ser un lugar de encuentro interreligioso pacifista, rebelde y comprometido con la Justicia Universal. Esta sería una apuesta por la libertad para que cada cual pueda rezar según su tradición cultural en cualquier lugar sin que nadie coarte esta forma de expresión espiritual, compartiendo espacios con cualquier no creyente que simplemente quiera deleitarse con la grandiosidad estética de estos lugares. Jesús de Galilea era laico, lástima que las jerarquías católicas gobernantes se empeñen en distorsionar hasta la caricatura su mensaje original con la semilla de sus propios fundamentalismos al servicio de intereses económicos privados.

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No habrá paz sin paz entre las religiones. Sí al rezo compartido.

Mansur Escudero solicita que todos los templos se abran a todos los creyentes

octubre 12, 2010

Espiritualidad antiimperialista

Neozapatismo, un ejemplo de la Izquierda integradora del SXXI

Está muy al uso escuchar una descalificación global de la religiosidad popular como algo que no puede ser propio de la Izquierda. Olvidan los que así hablan que la religiosidad ha sido un potente ariete de resistencia contra el imperialismo, contra el colonialismo y contra el poder de los ricos sobre los pobres a lo largo de la Historia. Ejemplos podremos encontrar muchos y muy variados: Revueltas antiimperialistas contra Roma en la Palestina de Jesús, Revueltas antifeudalistas en la Europa post-medieval de Thomas Müntzer, Movimientos shiitas en Irán para derrocar al dictador Sha Palevi agente de la CIA, movimiento judío antisionista de Neturei Karta, movimiento católico contra el imperialismo británico en Irlanda, movimiento de resistencia de Hamas contra la invasión sionista, Teología antiimperialista de la Liberación en América…

Pensamos que descalificar globalmente a la religiosidad popular es un planteamiento simplista e injusto que en nada beneficia a la Izquierda del siglo XXI. Lo que realmente hay que denunciar son los integrismos que se infiltran en las religiones con objetivos fasciocapitalistas. Estos lobbys políticos, con ingentes cantidades de dinero detrás, se inoculan en el cuerpo de la religiosidad sencilla, natural y auténtica para intentar dirigirla en su beneficio privado. También es fácil encontrar ejemplos: el virus sionista, que pretende infectar el cuerpo del judaísmo, el virus fundamentalista crisitiano que permea toda la jerarquía vaticana o el wahabismo saudí, gran patrocinador junto con el usa-sionismo del terrorismo mundial. En todos los casos es el gran capital internacional el mayor interesado en la propagación de estos virus filoterroristas en el cuerpo de las religiones, para subvertir y diluir sus cosmovisiones radicalmente incompatibles con el capitalismo, así como para crear el necesario enemigo que neutralice el ansia de justicia y libertad existente en las masas ciudadanas.

La crítica demoledora contra las religiones ya ha sido hecha, y muy bien por cierto, por gente como Bakunin hace ya más de un siglo. Pero, bajo nuestro punto de vista, esa es solo una parte de la verdad y no toda la verdad. También es posible realizar desde la Izquierda otro tipo de acercamientos más complejos al fenómeno religioso, como intentó el propio Fidel Castro en diálogos publicados con Frei Betto.

Exhortamos a los movimientos socialistas marxistas y libertarios que beben de las fuentes más clásicas y que están reinventándose a sí mismos en las últimas décadas a que sean capaces de profundizar en su comprensión de las religiosidades populares, matizar, enriquecer sus visiones, a que sean capaces de separar “el grano de la paja” en su comprensión dialéctica de las dimensiones materialistas y espiritualistas existentes en la psique de los pueblos y los individuos. Estas convergencias se nos antojan indispensables para articular respuestas potentes y eficaces contra la matriz de pensamiento único neoliberal que los siniestros “mercados” y sus sicarios pretenden imponernos.

octubre 1, 2010

¿Es compatible con el cristianismo la ideología de Esperanza Aguirre?

El histrionismo capitalista pseudocristiano de la señora Aguirre: Todo un monumento a la esquizofrenia ideológica

La presidenta de la Comunidad de Madrid declara que está a favor de liberalizar el tráfico de servicios sexuales y el consumo de drogas. En las mismas declaraciones también abogaba implícitamente por una suspensión del derecho de Huelga. Los fasciocapitalistas, en su delirio mercantilizador, piensan que todo es susceptible de comprarse y venderse. Olvidan que el cuerpo y los sentimientos de las mujeres no son mercancías comparables a los relojes o los teléfonos móviles. Olvidan que la legalización de las drogas lanza a los ciudadanos el mensaje de que su consumo es una actividad tan aceptable como dar un paseo en bicicleta con tu hijo. Olvidan que la pastoral obrera crisitiana de base lleva décadas luchando a su modo por los derechos de los trabajadores en medio mundo.

Los neoliberales fasciocapitalistas se encojen de hombros ante la explotación y el tráfico de mujeres procedentes de países pobres, se encojen de hombros ante los destructores efectos colaterales de la adicción a las drogas sobre la sociedad en su conjunto y se encojen de hombros ante la explotación del trabajador y del inmigrante por parte de las mafias patronales y del terrorismo financiero.

La adicción al dinero de estos individuos termina por trastornar de manera absoluta su escala de valores. Su moralidad queda invertida de una forma patológica, carcomida por un egoísmo individualista que convierte en materia muerta todo lo que toca.

Su ideología se parece a la ideología del crisitianismo primigenio tanto como un tanque a un olivo.

septiembre 7, 2010

Kropotkin, la ayuda mutua y el origen de las religiones

Kropotkin, un gigante del pensamiento que nos propone una antropología siempre vanguardista

(Textos tomados del Prólogo y las conclusiones de la obra “El Apoyo Mutuo: Un factor de la Evolución”, del científico anarquista Piotr Kropotkin:

“En el mundo animal nos hemos persuadido de que la enorme mayoría de las especies viven en sociedades y que encuentran en la sociabilidad la mejor arma para la lucha por la existencia, entendiendo, naturalmente, este término en el amplio sentido darwiniano, no como una lucha por los medios directos de existencia, sino como lucha contra todas las condiciones naturales, desfavorables para la especie. Las especies animales en las que la lucha entre los individuos ha sido llevada a los límites más restringidos, y en las que la práctica de la ayuda mutua ha alcanzado el máximo desarrollo, invariablemente son las especies más numerosas, las más florecientes y más aptas para el máximo progreso. La protección mutua, lograda en tales casos y debido a esto la posibilidad de alcanzar la vejez y acumular experiencia, el alto desarrollo intelectual y el máximo crecimiento de los hábitos sociales, aseguran la conservación de la especie y también su difusión sobre una superficie más amplia, y la máxima evolución progresiva. Por lo contrario, las especies insaciables, en la enorme mayoría de los casos, están condenadas a la degeneración.

Pasando luego al hombre, lo hemos visto viviendo en clanes y tribus, ya en la aurora de la Edad Paleolítica; hemos visto también una serie de instituciones y costumbres sociales formadas dentro del clan ya en el grado más bajo de desarrollo de las primeras comunidades humanas. Y hemos hallado que los más antiguos hábitos y costumbres tribales dieron a la humanidad, en embrión, todas aquellas instituciones que más tarde actuaron como los elementos impulsores más importantes del máximo progreso. Del régimen tribal de los salvajes nació la comuna aldeana de los “bárbaros”, y un nuevo círculo aún más amplio de hábitos, costumbres e instituciones sociales, una parte de los cuales subsistieron hasta nuestra época, se desarrolló a la sombra de la posesión común de una tierra dada y bajo la protección de la jurisdicción de la asamblea comunal aldeana en federaciones de aldeas pertenecientes, o que se suponían pertenecer a una tribu y que se defendían de los enemigos con las fuerzas comunes. Cuando las nuevas necesidades incitaron a los hombres a dar un nuevo paso en su desarrollo, formaron el derecho popular de las ciudades libres, que constituían una doble red: de unidades territoriales (comunas aldeanas) y de gremios surgidos de las ocupaciones comunes en un arte u oficio dado, o para la protección y el apoyo mutuos. También hemos considerado cuán enormes fueron los éxitos del saber, del arte y de la educación en general en las ciudades medievales que tenían derechos populares.

En su lucha por la vida -dice Kropotkin- el hombre primitivo llegó a identificar su propia existencia con la de la colectividad, y sin tal identificación jamás hubiera llegado la humanidad al nivel en que hoy se halla. Si los pueblos “bárbaros” parecen caracterizarse por su incesante actividad bélica, ello se debe, en buena parte al hecho de que los cronistas e historiadores, los documentos y los poemas épicos, sólo consideran dignas de mención las hazañas guerreras y pasan casi siempre por alto las proezas del trabajo, de la convivencia y de la paz. Gran importancia concede a la comuna aldeana y la propiedad compartida de la tierra, institución universal y célula de toda sociedad futura, que existió en la gran mayoría de los pueblos y sobrevive aun hoy en algunos. En ella no sólo se garantizaban a cada campesino los frutos de la tierra común sino también la defensa de la vida y el solidario apoyo en todas las necesidades de la vida. Enuncia una especie de ley sociológica al decir que, cuanto más íntegra se conserva la obsesión comunal, tanto más nobles y suaves son las costumbres de los pueblos. De hecho, las normas morales de muchos pueblos pre-románicos eran muy elevadas y su derecho penal relativamente humano frente a la crueldad del derecho romano o bizantino.

Sin embargo, la gran importancia del principio de ayuda mutua aparece principalmente en el campo de la ética, o estudio de la moral. Que la ayuda mutua es la base de todas nuestras concepciones éticas, es cosa bastante evidente. Pero cualesquiera que sean las opiniones que sostuviéramos con respecto al origen primitivo del sentimiento o instinto de ayuda mutua -sea que lo atribuyamos a causas biológicas o bien sobrenaturales- debemos reconocer que se puede ya observar su existencia en los grados inferiores del mundo animal. Desde estos grados elementales podemos seguir su desarrollo ininterrumpido y gradual a través de todas las clases del mundo animal y, no obstante, la cantidad importante de influencias que se le opusieron, a través de todos los grados de la evolución humana hasta la época presente.

Aún las nuevas religiones que nacen de tiempo en tiempo nunca fueron más que la afirmación de ese mismo principio. Hallaron sus primeros continuadores en las capas humildes, inferiores, oprimidas de la sociedad, donde el principio de la ayuda mutua era la base necesaria de la vida cotidiana; y las nuevas formas de unión que fueron introducidas en las antiguas comunas budistas y cristianas, en las comunas de los hermanos moravos, etc., adquirieron el carácter de retorno a las mejores formas de ayuda mutua que se practicaban en el primitivo período tribal. Cada vez que se hacia una tentativa para volver a este venerado principio antiguo, su idea fundamental se extendía. Desde el clan se prolongó a la tribu, de la federación de tribus abarcó la nación, y, por último -por lo menos en el ideal-, toda la humanidad. Al mismo tiempo, tomaba gradualmente un carácter más elevado.

En el cristianismo primitivo, en las obras de algunos predicadores musulmanes, en los primitivos movimientos del período de la Reforma y, en especial, en los movimientos éticos y filosóficos del siglo XVIII y de nuestra época se elimina más y más la idea de venganza o de la “retribución merecida”: “bien por bien y mal por mal”. Llegamos así a la más elevada concepción moral: -No vengarse de las ofensas-, y el principio: “Da al prójimo sin contar, da más de lo que piensas recibir”. Estos principios se proclaman como verdaderos principios rectores de la ética, como principios que ocupan más elevado lugar que la simple “equivalencia”, la imparcialidad, la fría justicia, como principios que conducen más rápidamente mejor a la felicidad. Incitan al hombre, por esto, a tomar por guía, en sus actos, no sólo el amor, que siempre tiene carácter personal o, en el mejor de los casos, carácter tribal, sino la concepción de su unidad con todo ser humano, por consiguiente, de una igualdad de derecho general y, además, en sus relaciones hacia los otros, a entregar a los hombres, sin calcular la actividad de su razón y de su sentimiento y hallar en esto su felicidad superior. En la práctica de la ayuda mutua, cuyas huellas podemos seguir hasta los más antiguos rudimentos de la evolución, hallamos, de tal modo, el origen positivo e indudable de nuestras concepciones morales, éticas, y podemos afirmar que el principal papel en la evolución de la humanidad fue desempeñado por la ayuda mutua y no por la lucha mutua”.

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