Posts tagged ‘socialismo’

diciembre 21, 2012

La distopía de Caifás

El mensaje del palestino Jesús, distopía para los poderosos de todas las épocas

El mensaje del palestino Jesús, distopía para los poderosos caifases de todas las épocas

José Laguna. ¡Ay de Vosotros…!. Distopías evangélicas. Cristianisme i Justícia

Dice el refrán que nunca llueve a gusto de todos. Eso mismo pensarían los jefes romanos y farisáicos de la Palestina ocupada cuando oían hablar de aquel nuevo profeta que arrastraba a las masas con sus prédicas utópicas. Su problema consistía en que esa eutopía de los pobres era, a la vez, la distopía de Caifás. Así mismo la eutopía de los reyes, los príncipes y los banqueros de la época era, al mismo tiempo, la distopía de los los explotados, los miserables y los parias.

Brillante, José Laguna, en su cuaderno:

Jesús de Nazaret suspendería hoy la carrera de Administración y Dirección de Empresas en cualquiera de nuestras escuelas de negocios. Sus propuestas no superarían la evaluación de los tribunales económicos y jurídicos. Existen argumentos más que razonables para rebatir uno tras otro cada uno de sus anuncios distópicos para los ricos. Dios es un banquero “necio” que perdona a sus deudores, un empresario “injusto” que paga salarios en función de la necesidad y no del trabajo realizado; un padre “insensato” que acoge incondicionalmente al hijo perdido, agraviando al que siempre le fue leal; un pastor “irresponsable” que abandona el redil y sale a buscar la oveja extraviada; un juez “parcial” que toma partido por la causa de huérfanos y viudas, en detrimento de sus acreedores. La concreción de las propuestas del Evangelio crisitiano en el campo de la economía derivaría hacia un comunismo igualitarista, en el campo ético hacia una sociedad de moral asimétrica, en el político hacia la anarquía y en el espiritual hacia una heterodoxia incompatible con cualquier forma de institucionalización religiosa. La razón última para intentar poner el mundo patas arriba es la creencia en un Dios claramente distópico para los ricos y los económicamente privilegiados.

La esencia cristiana sería, por tanto, el insensato sueño de un Dios distópico para el capital. Es, a la vez, una eutopía a la que el profeta galileo entregó su vida. Una promesa de la que depende la existencia de tres cuartas partes de la humanidad, un camino tortuoso que se nos invita a transitar, un proyecto al que Caifás el banquero, el especulador, el gran empresario, el ejecutor de leyes o el lider político de nuestros días tiene declarada la guerra.

Gracias, José Laguna, por el regalo que nos haces en forma de reflexión compartida y gracias al movimiento Cristianisme i Justícia por vuestro excelente y profundo trabajo colectivo.

septiembre 2, 2012

“La Izquierda” como etiqueta: ¿motor de cambio o camisa de fuerza?

Hace mucho que las grandes batallas sociales, políticas y económicas se juegan en el campo del lenguaje. Quién es capaz de imponer su diccionario, con su propio catálogo de términos y definiciones, ha conseguido el triunfo por adelantado. Cuando has logrado que el adversario utilice tu propio repertorio lingüístico para describir y comprender la realidad habrá perdido el combate sin tan siquiera haberse dado cuenta de ello. Más tarde comprobará con angustia su derrota porque habrá quedado cercado, encerrado dentro de un laberinto cognitivo en el que todos los caminos le conducen frente al muro.

Algo así ha sucedido con esa manida etiqueta política conocida como “Izquierda”. Cuando la supuesta izquierda asume una categoría sociológica fabricada por los ideólogos del estado moderno, juegan a perdedores desde el primer momento. La democracia liberal capitalista creó un concepto, funcional a sus intereses, para definir el arco parlamentario que tomaba asiento en una determinada zona de la cámara de delegados de la Francia post-revolucionaria. Diseñada por los futuros grandes propietarios occidentales de finales del S. XVIII para dar legitimidad a sus revueltas antimonárquicas, aquella cámara nunca atendió las necesidades y anhelos de las clases trabajadoras porque sencillamente no fue creada para ello.  Nadie jamás escucharía a K.Marx o M.Bakunin (por poner como ejemplo las 2 voces de referencia incuestionables del socialismo moderno) definir sus planteamientos como  “de izquierdas”. ¿En qué lugar de los anales que recogen los dabates teóricos de la Primera Internacional puede encontrarse alguna mención a algo expresamente definido como “Izquierda”?. Aquellos importantes revolucionarios no se hubiesen reconocido en esa hueca y difusa categorización. Seguramente ellos se hubiesen mofado de esa etiqueta, tachándola de “invento burgués” o quizás de “juego de bengalas  del reformismo contrarevolucionario”. Esa etiqueta se hubiese quedado inmensamente pequeña para dar cabida a su mensaje y a su propuesta política. Marx y Engels trascendían claramente con su “Manifiesto Comunista” el concepto político que conocemos hoy como “Izquierda”. De hecho expresan en el citado documento la frase “¿Qué oposición, a su vez, no ha lanzado a sus adversarios de derecha o izquierda el epíteto zahiriente de comunista?”. Se autodefinían por tanto como “comunistas” no como “izquierdistas”. Evidentemente la “Lucha de clases” que ellos proclamaban no era cuestión de izquierdas y derechas sino, nada más y nada menos, que la lucha entre los ricos y los pobres, los explotadores y los explotados, los de arriba contra los de abajo. En este sentido, como en tantos otros, el 15M y el movimiento “occupy” han conseguido captar con mucha más precisión el núcleo real de nuestros problemas que los partidos de izquierda. En el caso de los libertarios aún resultaría más ridículo, incluso pueril, definirlos como “gente de izquierdas” porque esa categoría estaba pensada para operar dentro de un juego partitocrático parlamentarista que ellos siempre rechazaron de manera furibunda. Definir a los comunistas marxistas o a los anarquistas como de “Izquierdas” los empequeñece y los desdibuja, en cierta forma casi podríamos decir que los jibariza, los diseca, les clava alfileres en las alas para presentarlos, cual mariposas, en un capitalista panel expositivo de insectos curiosos.

Bajo nuestro punto de vista harían bien los partidos que utilizan esa etiqueta en sus siglas en transformarla ya que de otra forma están adoptando una descripción política creada por sus adversarios para arrinconarlos en un apartado segmento de la línea del posicionamiento electoral, línea en la que el poder y su lenguaje ya han reservado para si mismos el lugar dorado del podium, un lugar de privilegio que define a los “más limpios, puros y eficientes” partidos capitalistas de centro-centro. Un lugar distante de los “extremismos indeseables que siempre terminan por tocarse” según reza en los diccionarios oficiales del pensamiento. Se trata de todo un espacio euclídeo pensado desde, por y para la legitimación de un poder ideológico omnímodo, abarcante e implícito, que no por invisible resulta menos totalitario.

Si la opción de los partidos de esa designada y autoasumida “izquierda”, tales como la “Izquierda Anticapitalista” de Esther Vivas o la “Izquierda Unida” de Cayo Lara, es competir en el mercadeo electoral harían bien, bajo nuestro humilde punto de vista, en cambiar ya el fallido “hashtag”, emulando a otros partidos como los Verdes anticapitalistas, el Synaspismós griego, Pirata sueco o el Bildu-Amaiur de Euskalerría, claros modelos de éxito mercadotécnico más adaptados para participar con soltura en el juego de los partidos que la falsa democracia liberal ha preparado para nosotr@s. Ellos al menos parece que sí pueden llegar a tener opciones de convertirse algún día en “trending topics” de sus respectivos ámbitos geoparlamentarios.

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julio 26, 2012

Demolición controlada del Estado Social: Un proyecto político

Los aprendices de brujo del neoliberalismo, en su delirio de omnipotencia, se sienten guiados por las valquirias en el momento histórico actual. Ellos son los elegidos. En su fantasía mesiánica están llamados a una misión trascendente y purificadora de la sociedad en su propio provecho. Creen saber lo que hacen: Necesitan hundir a los países en la miseria para poder aplicar su ideología política. Les resulta muy difícil ocultar su gozo místico mientras aplauden al caudillo de turno y gritan ¡qué se jodan! contra el parado, el empleado público, el autónomo o el ciudadano medio. Aplicando su estrategia de la “doctrina del shock”, ya testada hace años en Chile, Indonesia, Rusia y otros muchos países, pretenden instaurar un nuevo régimen de totalitarismo explotador ahora también en Europa occidental. Su agenda se proyecta en una serie de fases progresivas, con próxima estación en la inevitabilidad del rescate-ahogamiento,  cuyo objetivo final es el control y la dominación del ser humano a través de la mercantilización radical de todos los aspectos básicos para la vida: Educación, Sanidad, Vivienda, Agua y Alimentos. Alguien les enseñó que todo lo que entre en la esfera monetaria del pago directo podrá ser dominado mejor por su gran máquina de expropiación. Saben que los ingentes capitales monetarios ociosos solo pueden encontrar rentabilidad colonizando nuevos espacios de necesidades humanas básicas hasta ahora garantizadas por la carta universal del derecho a la vida, aún recogido en las constituciones europeas. Por supuesto estas recetas solo pueden conducir al aumento de la desigualdad pero para ellos y para la clase a la que pertenecen eso nunca fue problema. El capital insaciable necesita devorarlo todo para alimentarse, empezando por la democracia y la libertad colectiva, para continuar después con el jugo vital de sus propios súbditos y esclavos.

La historia no es nueva. Ya la vimos en SurAmérica en todo su apogeo durante los años 70 y 80, en el Asia tercermundista o en el África rica en recursos naturales pero depauperada casi hasta el exterminio por las mafias bancaria-institucionales del mercado capitalista. En Europa pensábamos que la cosa no iría con nostros porque eso solo afectaba a sociedades hipotéticamente atrasadas e incultas que no habían conseguido adpatarse a los nuevos tiempos y al exigente mundo moderno. Algo así no podría llegar al mundo rico. Ahora vamos a empezar a comprobar con espanto cuan estúpidos e ignorantes hemos sido. Como muchos ya pronosticaron en el pasado el capitalismo depredador no puede detenerse ante nada porque la explotación ilimitada y progresiva del ser humano y de la tierra está escrita en sus propios genes.

Los gobernantes españoles, representados por la muñeca diabólica que suele dar el parte de guerra tras la reunión del consejo con una mezcla maléfica de sádico placer y estupidez dibujada en su rostro, se toman en serio su trabajo sicario al servicio de las oligarquías financieras. Quieren forzarnos a aceptar su agenda política antidemocrática por la vía del miedo y la inevitabilidad de los hechos consumados. Una agenda política repleta de dolor, injusticia, desempleo y expropiaciones de bienes públicos por parte de los que nada producen. “Más pobres seréis más dóciles y trabajaréis mejor”, parecen querer decirnos en su lenguaje de empresa de servicios designada por la teocracia del dinero para dar las noticias de la liquidacición y cierre.

Sin embargo, a pesar de este sombrío panorama, no debemos ser pesimistas. La Historia nos enseña que los grandes avances y revoluciones se producen en este tipo de contextos, en los que se dan las condiciones de crisis apropiadas para la emergencia de nuevos estados de conciencia y nuevos paradigmas de pensamiento. Cada vez con más fuerza cobrarán vigencia ideas, ancladas en la ética de un humanismo socialista y libertario, que nos empujarán a buscar nuevas soluciones comunitarias para los viejos problemas, con la cuestión fundamental de la propiedad de los bienes básicos para la vida, incluyendo al crédito, como telón de fondo.

abril 26, 2011

¿Por qué es indispensable combatir la desigualdad?

1.Las sociedades desiguales generan más problemas de salud en la población. Índices estadísicos como obesidad, abuso de drogas, embarazos adolescentes, riesgo de accidentes o incidencia de enfermedades mentales puntúan con valores más elevados conforme más desiguales son las sociedades. La principal explicación a esta evidencia vendría asociada a la presión social, a la mayor sensación de inseguridad, soledad o desamparo y al estrés inherente a la percepción de quedar inevitablemente rezagado en la carrera hacia el ascenso en la escala social.

2.Las sociedades más desiguales presentan un peor desempeño escolar medio en sus estudiantes. Bolsas grandes de alumnado pertenecientes a grupos sociales con bajos ingresos pueden ejercer un efecto negativo sobre los niveles motivacionales medios de los grupos escolares. Las sociedades más igualitarias y con más tendencia a utilizar metodologías cooperativas de trabajo arrojan mejores resultados en las pruebas de rendimiento escolar.

3.Las sociedades desiguales tienen mayores índices de criminalidad y mayor porcentaje de población en prisión debido a delitos contra la propiedad y violencia. Pareciera como si la obscenidad y la ostentación de la riqueza extrema exacerbara la tendencia hacia el robo en el seno de la sociedad.

4.Las sociedades desiguales presentan mayor dificultad para la movilidad entre clases sociales. El “sueño americano” de que un pobre pueda convertirse en millonario o de que el hijo de un pobre pueda tener un futuro socioeconómico desahogado es mucho más improbable en sociedades desiguales que en sociedades igualitarias, debido a la falta de ayudas sociales, a los prejuicios y a la mayor distancia que se precisa recorrer hasta alcanzar la meta deseada.

5.Las sociedades desiguales presentan mayor tendencia a la corrupción y al fraude fiscal debido a que parece existir la percepción de que la mayoría de los ricos lo hacen y … si ellos lo hacen ¿por qué no yo?

6.Las sociedades desiguales presentan una tendencia a la pérdida de calidad en las interacciones sociales, potenciando la indiferencia hacia los problemas ajenos y la posterior invisibilización y culpabilización de las víctimas de la pobreza como merecedoras de su suerte debido a su ineficiencia, vicio, debilidad o falta de competencia socio-profesional.

7.En las sociedades más desiguales la gente suele desarrollar una mayor tendencia hacia el trabajo adictivo debido a la necesidad de mejorar constantemente los niveles de ingreso y consumo para mantener las apariencias. Esto, a su vez, trae aparejado una falta de dedicación a los hijos y a la pareja y menos tiempo para el ocio compartido que suele derivar en más problemas familiares y rupturas matrimoniales.

8.Las sociedades más desiguales suelen desarrollar una mayor tendencia al consumismo y a la generación de residuos, lo que a su vez da lugar a mayores índices de contaminación, pérdida de biodiversidad e insostenibilidad ambiental.

9.Las sociedades más desiguales suelen tener más tendencia hacia la creación de burbujas especulativas e incrementos desmesurados de precios en bienes básicos de consumo como la vivienda debido a masas ociosas de capital que aspiran a conseguir una rentabilidad alta en el corto plazo.

10.Las sociedades más desiguales tienden a puntuar más bajo en el nivel de bienestar y felicidad autopercibida ya que este sentimiento subjetivo se construye en función de un análisis comparativo con la gente que nos rodea y de nuestra capacidad para establecer relaciones empáticas y recíprocas con las personas que forman parte de nuestra comunidad. En general las sociedades igualitarias suelen ser percibidas como lugares más deseables y amigables para vivir.

(*) Los países con mejores niveles de igualdad social (Índice de Gini) en el mundo rico son los países escandinavos, junto con Alemania y Japón. Los países con niveles peores de equidad en contextos  de altos ingresos son EEUU, Reino Unido, China, Hong Kong, Singapur, el ente geopolítico artificial conocido como Israel o las dictaduras del golfo pérsico. Pueden contrastarse los 10 indicadores señalados con las tendencias observadas en la realidad de las últimas décadas para los países citados.

(**) La información para la elaboración de esta entrada ha sido extraída básicamnete de estas dos interesantes webs:

http://www.equalitytrust.org.uk/research (Reino Unido)

http://extremeinequality.org/?page_id=9#job (Estados Unidos de América)

enero 13, 2011

Política, Socialismo y Religión

Un conjunto variado de instintos, tendencias, pulsiones y herramientas cognitivas conforman nuestro ser social e individual

Entendemos la Política como el relato de las luchas de los seres humanos por intentar organizar la sociedad en la que viven de manera que les resulte lo más soportable y segura posible. Desde este punto de vista sería muy difícil desligar la historia de la Religión de la historia de la Política. La religión se convirtió en una de las primeras herramientas políticas de la que dispusieron nuestros antepasados al proporcionarles colectivamente un bastón intelectual con el que enfrentarse a los insoportables niveles de incertidumbre vital que se desprendían de su extremada vulnerabilidad. No hay cultura antigua que no disponga de un sistema de símbolos y creencias asociado a la perdurabilidad del alma más allá de los límites y miserias materiales del cuerpo. La religiosidad sería pues algo casi instintivo en el ser humano, estando grabada en la propia memoria genética de la especie, de la misma forma que su pulsión política e inseparablemente unida a ésta.

Cuando las primeras mujeres y hombres se encomiendan a aquellos dioses primitivos, invocando su protección contra los enemigos naturales o implorando a la lluvia, al sol o al viento sus favores, estaban haciendo política. No sólo buscaban seguridad y certidumbre sino que además conseguían cohesión, identidad y vínculación social entre los miembros de sus pequeñas y desvalidas comunidades. Sin saberlo estaban construyendo un destino compartido en torno a unos potentes símbolos comunes.

El uso político de la religión se imprime, por tanto, en su mismo certificado de nacimiento. Aunque estamos aún ante una religiosidad multiforme, animista y claramente vinculada con los fenómenos cotidianos de la naturaleza, constituye ya un potente e indispensable puntal de comunión social y, por tanto, un incuestionable factor político. La utilidad del sentimiento religioso era enorme para aquellas primeras mujeres y hombres, tanto en el plano individual como en el colectivo, ya que en torno a él comienzan a tejerse redes de vinculación afectiva y apoyo mutuo en las luchas contra las múltiples adversidades que el entorno les depara de manera cotidiana.

En algún momento evolutivo de nuestra historia esta religiosidad politeísta, expandida y desbordante comienza a ser encauzada por determinados grupos humanos en un nuevo sentido: ¿Si los dioses y sus símbolos pueden ser tan fuertes y útiles como elementos políticos porqué no concentrarlos, unificándolos y multiplicando así su valor y su potencia social?. Va gestándose así el nacimiento del monoteísmo, una nueva fuerza política arrolladora que poco a poco se impondrá, empujando y arrinconando al antiguo y disperso desfile de divinidades múltiples.

Las culturas semíticas de la antigüedad desarrollan este enfoque político monoteísta con resultados muy positivos desde el punto de vista de la supervivencia de sus primitivas comunidades. Encuentran, en torno a su concepción religiosa de nuevo cuño, un factor aglutinante de resistencia contra grupos rivales muchas veces superiores en fuerza o número. Se dibujan así los primitivos relatos bíblicos en torno a las luchas contra la pétrea y politeísta cultura imperial egipcia por parte de tribus nómadas del desierto o, de manera muy posterior, contra la sólida cultura imperial romana. La herramienta del monoteísmo queda validada históricamente con triunfos parciales sobre enemigos que, a simple vista, pudieran haber parecido invencibles. Comienza a dibujarse un mundo aparentemente configurado en torno a dos opciones: creyentes monoteístas y creyentes politeístas, denominados genéricamente como paganos.

Con la aparación del palestino Jesús de Nazaret y las primeras comunidades cristianas la historia de las religiones toma un nuevo giro. La potencia del monoteísmo deja de asociarse a un determinado movimiento de liberación nacional para reclamar una visión universalista que trasciende a grupos culturales concretos. El mensaje religioso aspira ahora a convertirse en un factor de cohesión dirigido a la humanidad en su conjunto, en lugar de utilizarse en clave de “consumo interno”. Este es un cambio copernicano que, aún en nuestros días, sigue pugnando frente  al enfoque restringido, nacionalista, esencialista y estructuralmente violento defendido por influyentes sectores del poder realmente existente. Daría la impresión de que la religión, alcanzado este punto de inflexión histórico que coincide con el alumbramiento del cristianismo, intentara liberarse del lazo indisoluble que la vincula con la política. Sin embargo, tras este intento, emerge (nada más y nada menos) que la aspiración de hacer política en una nueva y diferente dirección, más internacionalista, igualitarista, pacifista y anclada en la búsqueda de una justicia universal. No podría ser de otra forma porque la religión es intrínsecamente política y, por tanto, nunca podrá desprenderse de su otro yo.

Siglos después será la figura de Mahoma en la península arábiga quien transmitirá un nuevo impulso al desarrollo de una visión transcultural e interétnica de la religión. El Islám incorporará al palestino Jesús como uno de sus profetas y, en gran parte, integrará su doctrina social dentro de su propio cuerpo filosófico. Frente a una visión esencialista de la religión, destinada a un hipotético “pueblo elegido” el Islám y el Cristianismo pretenden dirigir su mensaje a toda la comunidad humana en su conjunto, como única nación, como familia planetaria fraterna. También dentro del judaísmo se erigen voces que defienden una nueva interpretación de ese controvertido sujeto histórico conocido como “Casa de Israel” en un sentido inclusivo, humanista y totalizador.

Sin embargo los poderes políticos instaurados, llámense reyes, papas o banqueros, siempre han aspirado a domesticar este fuerza telúrica, como es el instinto religioso intrínseco al ser humano, en beneficio propio. En gran medida lo consiguieron cuando el imperio romano adopta el cristianismo como religión oficial, comprando a sus líderes jerárquicos con todo tipo de prebendas y privilegios. De la misma forma el imperio económico de nuestros días sigue aspirando a cooptar esta fuerza y a sus supuestos representantes en el golfo pérsico, norte de África, Europa o Norteamérica fomentando enfoques religiosos abiertamente dogmáticos y estructuralmente violentos que sirven de coartada para implementar estrategias decididamente represivas como el terrorismo de estado contra las aspiraciones libertarias de los pueblos.

Bajo nuestro punto de vista los sectores más influyentes del socialismo anticapitalista (tanto marxista como libertario) han cometido un importante error estratégico en las últimas décadas al interpretar la relación entre política y religión de una manera desenfocada. El pretender desentenderse de la dimensión intrínsecamente religiosa del ser humano, conceptualizándola en ocasiones como algo que debe ser extirpado, sólo ha conseguido alejarla de enormes masas de  trabajadores, potenciales receptores de su mensaje. Su visión excesivamente intelectualizada de la realidad no ha sabido o querido entender que el ser humano es consustancialmente religioso, de la misma forma que es instintivamente político y materialmente débil, desvalido y limitado. Su visión de la religiosidad como un factor incapacitante para el desarrollo humano en lugar de como una herramienta psicológica evolutivamente valiosa para su ser social e individual, le ha empujado a ceder un enorme terreno en la batalla política, replegándose y entregando a sus rivales ideológicos enormes extensiones de “tierra fertil” a cambio de nada. Haría bien, bajo nuestro parecer, el nuevo socialismo anticapitalista, en enderezar el rumbo de su discurso entendiendo que el componente religioso de la psique humana está aquí para quedarse (al menos durante algunos cientos de años más) y que no es posible construir un relato político sin incorporar adecuadamente elementos que apunten a una cierta trascendencia mística de nuestros actos, decisiones y pensamientos.

La solución podría venir a través de una apuesta decidida por las visiones universalistas del hecho religioso, existentes en todas las grandes religiones, frente a las versiones esencialistas, agresivas y castradoras de la alteridad del cristianismo, judaísmo, hinduísmo o islamismo. Esas visiones estrechas y sesgadas no son más que la apuesta política de los grandes grupos de poder económico, alimentada con sus propios dólares y euros, por llevar el agua religiosa al molino de sus intereses de clase, es decir, intentos por construir teologías de la dominación. Pero frente a estas visiones existen también las correspondientes teologías de la liberación, ancladas en los conceptos de justicia, equidad, reparto, soberanía respeto o convivencia. El socialismo no debe de tener miedo ni complejos de usar todo este imaginario conceptual en lugar de negarlo. Los miles de millones de musulmanes, cristianos, judíos, hindúes o budistas no van a dejar de serlo, de repente, por mucho que ciertos sectores muy influyentes dentro de eso que algunos llaman “la Izquierda política” europea o norteamericana lo deseen.

octubre 1, 2010

Correa, amigo, el pueblo está contigo

septiembre 15, 2010

Huelga General 29-S

No al Capital, Huelga General. Las fuerzas de progreso comienzan por fin a unirse.

septiembre 9, 2010

Socialismos

El impulso de apoyo mutuo, la alianza social por la supervivencia de la especie, una fuerza telúrica que siempre renace

El Socialismo, entendido en un sentido genérico, es la lucha por la Justicia y la dignidad completa de la Tierra, los pueblos y las personas. También podría afirmarse, desde un punto de vista abstracto, que se trata de un impulso que persigue la creación de una sociedad de iguales, sin excluidos y con democracia real.

Pero esta fuerza intemporal toma múltiples formas cuando comunidades humanas afincadas en distintos espacios y momentos de la historia, tratan de llevarla al suelo, de ponerle “ojos, boca y piernas”. Nacen así múltiples materializaciones no siempre coincidentes en sus rasgos físicos concretos, aunque sí en sus aspiraciones finales.

Es así que dentro del Socialismo caben muchos socialismos: socialismo libertario, socialismo ecologista, socialismo cristiano, socialismo indigenista, socialismo marxista, socialismo feminista, socialismo cubano, socialismo islámico, socialismo zapatista, socialismo bolivariano….

Es indudable que cada uno tiene sus propias peculiaridades pero todos son extremadamente valiosos, todos (en diferente grado) han dejado compañer@s por el camino, todos son expresiones vivas de rebelión.

Es mucho lo que nos une. Sumemos y no restemos, multipliquemos y no dividamos. Seamos críticos cuando la situación lo requiera pero no destructivos hacia aquellos que pelean contra nuestro mismo rival.

marzo 15, 2010

Thomas Müntzer y el anarco-comunismo religioso

El Sermón a los príncipes y La novela "Q" del colectivo Luther Blisset (Wu Ming)

En Agosto de 1524, el cristiano Thomas Müntzer llegó a ser uno de los líderes de la sublevación que posteriormente fue conocida como la Guerra de los Campesinos. Uno de sus “gritos de batalla” fue Omnia sunt communia, o “todo es de todos”, todas las cosas nos son comunes. Müntzer tuvo el valor de afirmar ante los príncipes que laicos y campesinos pobres vivían oprimidos bajo el yugo de gobernantes corruptos guiados por malos sacerdotes. Lo más destacado de su mensaje fue su interpretación revolucionaria del evangelio, llegando a la conclusión de que, cuando las autoridades no cumplen rectamente su papel, “la espada les será quitada”. Thomas Müntzer fue un anarco-comunista religioso, uno de los peores crímenes que, antes y hoy, puede ser cometido contra el poder, como bien saben muchos teólogos de la liberación.

Müntzer no se limitó a predicar: fundó una organización clandestina revolucionaria y finalmente el 7 de agosto se unió a la rebelión de los campesinos. El 15 de mayo de 1525, en la batalla de Frankenhausen, al menos 6.000 campesinos perdieron la vida aplastados por el poder combinado de los príncipes, los banqueros y los terratenientes. Müntzer fue capturado, azotado, torturado y decapitado el 27 de mayo de 1525.

Su ejemplo no obstante ha servido de impresionante testimonio a numerosas comunidades pacifistas y anarco-religiosas diseminadas hoy por todo el mundo. Su mensaje y su lucha entronca con otros movimientos revolucionarios espiritualistas (cristianos, islámicos, judáicos, budistas, hinduístas) ferozmente perseguidos por el capitalismo de los príncipes, banqueros y terratenientes que aspiran a seguir conservando sus privilegios cinco siglos después.

diciembre 22, 2009

La lotería dispara a quemarropa contra la conciencia de clase proletaria

El bueno de Carlos Marx murió convencido de que la clase proletaria estaba predestinada, debido a una especie de determinismo sociológico, a levantarse contra la minoría capitalista para acabar derribándola. André Gorz realizó un análisis crítico sobre este acto de fe protagonizado por el materialismo histórico marxiano. Sus pronósticos revolucionarios, hasta el momento, se han cumplido de una forma extremadamente parcial. No sabemos bien si este resultado se produce por importantes errores de análisis y cálculo o por una simple cuestión de insuficiente horizonte temporal histórico para la correcta evaluación de su teoría. Lo que si parece claro es que el capitalismo y su élite intelectual dirigente estudiaron con atención el pensamiento de Marx, tomando muy en serio sus planteamientos como una amenaza directa sobre su control hegemónico de la sociedad. En consecuencia era necesario implementar toda una serie de estrategias de ingeniería social, cultural y mediática diseñadas específicamente con el objetivo de conseguir que sus pronósticos no se hicieran realidad. Sería una tarea enciclopédica analizar toda la panoplia de mecanismos sociales desplegados por el capital para revertir, hasta la fecha, la profecía marxista. Me limitaré a señalar uno, a mi juicio fundamental en Occidente: Las loterías y apuestas patrocinadas por el poder.

La lotería nacional, junto con otras numerosas formas de los juegos de azar, ha sido un misil directo contra la línea de flotación de una hipotética conciencia de clase proletaria. Se trata de un mecanismo extremadamente poderoso, a la vez que sutil, para colonizar y formatear la mente de los trabajadores en la dirección apropiada a los intereses del sistema capitalista ya que:

– Legitima la acumulación privada de riqueza como un logro asequible y deseable para cualquier individuo. El hecho de que esa acumulación para unos pocos se produzca como consecuencia de privar a muchos de parte de sus bienes se presenta de forma que sortea con magnífica eficacia cualquier reticencia ética, sea atea o cristiana, al respecto, desmantelando por la vía de los hechos el mensaje político del socialismo.

– Consigue crear en el imaginario colectivo un potente vínculo entre riqueza material y felicidad personal. El papel salvífico otorgado al “Dios Dinero” queda magnificado hasta el punto de que la palabra sagrada “euros” se repite como una oración salmódica durante interminables horas en el famoso macro-sorteo de diciembre. Si la desmonetarización progresiva de la vida es contemplada por el ecosocialismo, el cristianismo o el anarquismo como uno de los remedios imprescindibles para superar la actual crisis sistémica, la lotería es justamente su anatema.

– Sitúa al trabajador ante un objetivo vital que consiste precisamente en pasar a formar parte de la clase rica y especuladora, rompiendo cualquier vínculo de sintonía, solidaridad, unión o metas compartidas de lucha por la justicia económica con los pobres y los explotados. Su mensaje es “No hay salvación para los de tu clase. Si quieres ser feliz solo te queda pasarte al enemigo”.

Lo que la lotería nos propone en realidad es una completa reversión del ideal socialista de igualdad, solidaridad y justicia, pasando a sustituirlo por un nuevo credo inverso basado en la acumulación, la insolidaridad y el egoísmo como bases de la existencia. Mientras el socialismo propone repartir de manera que se eviten bolsas de acumulación, la lotería nos dice, con palabras llenas de “bondad navideña”, que lo realmente deseable es lo contrario, es decir, quitar a los muchos para concentrar la riqueza en unos pocos agraciados, generando nuevas bolsas de acumulación en detrimento de las mayorías que pasarán a ser un poco más pobres. El órdago capitalista contra la conciencia colectiva de clase proletaria ha sido tan demoledor  que no es raro contemplar en los locales de hipotéticos partidos de izquierda el número que los miembros del comité están jugando para el próximo sorteo. Con la lotería el capitalismo ha conseguido colocarle al socialismo y al cristianismo un gol antológico por toda la escuadra, con tal potencia y precisión que el portero ni siquiera se ha enterado.

Creemos modestamente que en la sociedad madura del futuro no habrá sitio para la lotería, ni para ningún tipo de actividad especulativa de casino, incluyendo “en el lote” a la Bolsa.  Quizás mi pronóstico se reúna con el del bueno de Carlos Marx en el limbo de las causas etéreas o quizás algún día ambos puedan revestirse con el ropaje de la realidad. Sólo el tiempo tiene la respuesta.

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