Posts tagged ‘xenofobia’

mayo 19, 2014

La memoria amputada

Dice Antonio Manuel Rodríguez Ramos en su magnífico ensayo “La huella morisca” que no hay dos Españas sino tres. A las dos Españas de las polaridades partidistas hay que sumarle la España oculta tras los silencios, la represión, la limpieza étnica y la amnesia programada. Seguramente esto mismo será extensible a otros muchos países, Estados y territorios. En el caso que nos ocupa es indispensable recordar y poner en valor a todos aquellos españoles y españolas que fueron colocados en el centro de la diana por el terrorismo del poder, pero que desde más allá de sus nichos invisibles siguen estando presentes en nosotros, a través de nuestros gestos, nuestras palabras, nuestras costumbres o nuestros silencios. En parte somos ell@s, aún sin saberlo. La tercera España está constituida por musulmanes y moriscos (“moros”), judíos y conversos (“marranos”), gitanos (“quinquis”), homosexuales (“maricones y tortilleras”), comunistas (“rojos ateos”), anarquistas (“radicales antisistema”), prostitutas forzadas (“putas”) y resto de gente de “mal vivir” (“perroflautas”, “jipis” y “piojosos”). Solo el resto, para ellos, son los “buenos españoles”.

En el 1492 los Reyes Católicos decretan la expulsión de los judíos de la península, iniciando una triste fase de limpieza étnica-religiosa en España. Su hijo Carlos I dictó órdenes contra los gitanos, muchos de los cuales terminaron condenados a galeras o a la esclavitud. Otra fecha para la historia negra de la intolerancia en nuestro Estado es la expulsión de los moriscos en 1609, por parte del biznieto de Isabel y Fernando, Felipe III.  Sin embargo las huellas de todas estas colectividades humanas, tan hispánicas como otras muchas, han llegado hasta nosotros en forma de numerosas manifestaciones culturales (como el flamenco:felah-mencub), gastronómicas, arquitectónicas, urbanísticas, lingüísticas o simplemente existenciales. La memoria es dificil de amputar, por mucho que la España racista, xenófoba y excluyente de la limpieza étnica lo haya intentado a lo largo de los siglos.

“Los nazis acabaron con medio millón de gitanos. Y no dudaron en utilizar la estrategia inquisitorial como fuente de su inspiración asesina. Por ejemplo, copiaron la separación de machos y hembras para extinguir la raza, ordenada contra los gitanos por Felipe II en 1594[…]. Felipe V elevó la crueldad hacia el gitano a un infierno que Dante no pudo imaginar. La negación de su condición humana. Les cerró las puertas de los juzgados (como víctima, testigo y culpable), y permitió su caza como a perros dentro de las Iglesias. El más criminal de los asesinos, el parricida violador e incestuoso de un recién nacido, tenía más derecho que un gitano a ser protegido por el catolicismo. Como si el gitano no fuera cristiano. Qué país de locos. A moriscos y judíos les obligaron a entrar en la Iglesia por infieles, y a los gitanos los sacaron de ella por gitanos. Todo en balde” (Pg. 43-44).

Tanto el gitano como el judío o el musulmán siguen amando a Dios y a su cultura. Los tres fueron perseguidos en una cruzada esquizofrénica en nombre de un Dios que también era el suyo, el mismo Dios de Abraham. El gitano, en particular, no era musulmán, ni judío, ni protestante, ni hereje. Era cristiano de otra raza. Algo intolerable en una España integrista que censuraba a sus hijos según el color de su sangre o de su piel, tanto como por el de su credo. El gitano, como el judío, tuvo que radicalizar su esencia nómada y racial como señal de resistencia, solo para sobrevivir. El musulmán los acompañó a ambos en la pena y en el destierro. Al final los tres sobrevivieron, es más, están viviendo en nosotros.

Las religiones, en si mismas, nunca han sido un problema sino una inquietud humana, siempre presente en todas las épocas y lugares, inquietud por religar pasado y futuro a través de una vocación de permanencia que, aún sublimada en un plano simbólico, se superpone con fuerza al deseo, por otro lado imposible, en el plano material. Como diría el propio Juan Carlos Monedero (autor poco sospechoso de clericalismo) es un intento comprensible del ser humano por “morir menos y morir mejor”. El problema surge cuando las élites dominantes instrumentalizan este sentimiento natural como herramienta política y militar para uniformizar los territorios sometidos mediante la apelación al miedo y a la intolerancia contra el diferente. Es así como se intenta amputar la memoria de los pueblos para obligarles a olvidar lo que fueron y tatuarles el relato ficticio de lo que casi nunca han sido. “Si no eres católico no eres español”. ¡Cuánta miseria moral, cuánto dolor y cuanta mentira se esconden tras esa imposición!. Pureza de sangre, pureza étnica, pureza religiosa. Toda una inmensa falacia porque la naturaleza, una y otra vez, nos demuestra que tiene una indomable vocación mestiza, sincrética, impura y rabiosamente diversa. Gracias, Antonio Manuel, por regalarnos este espejo mágico que nos permite mirar con ternura nuestra alma.

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noviembre 10, 2013

¿Por qué suben los partidos xenófobos en Europa?

golden-dawn-greeceLas relaciones entre fascismo, multiculturalismo y economía de mercado capitalista han sido analizadas en profundidad, a partir de la segunda guerra mundial, por diversos autores como Fromm, Polanyi, Bauman o Zizek entre otros. El tema vuelve a recobrar un preocupante interés en Europa debido al ascenso, en estos últimos años, de partidos y movimientos políticos xenófobos y ultranacionalistas en países como Grecia, Francia, Noruega, Hungría o Rusia entre otros.  Para entender este fenómeno nada mejor que acudir a los especialistas, entre los cuales es necesario citar al siempre agudísimo Slavoj Žižek:

“Para funcionar, la ideología dominante tiene que incorporar una serie de rasgos en los cuales la mayoría explotada pueda reconocer sus auténticos anhelos. En otras palabras, cada universalidad hegemónica tiene que incorporar por lo menos dos contenidos particulares: el contenido particular autentico y la distorsión creada por las relaciones de dominación y explotación. Desde luego la ideología fascista “manipula” el anhelo autentico por parte del pueblo de una verdadera solidaridad comunitaria y social, en contra de la competencia descarada y la explotación; desde luego dicha ideología “distorsiona” la expresión de este deseo con el objeto de legitimar la continuación de las relaciones de explotación y dominación social. Sin embargo, para poder llegar a la distorsión de ese autentico deseo, tiene primero que incorporarlo (…) Para tomar el peor caso imaginable, ¿acaso el antisemitismo nazi no se basaba en el deseo utópico de una vida comunitaria autentica, en el rechazo plenamente justificado de la irracionalidad propia de la explotación capitalista? Nuestra opinión, nuevamente, es que resulta teórica y políticamente incorrecto denunciar este anhelo como una “fantasía totalitaria”, esto es, buscar en él las “raíces” del fascismo. Se trata de un error habitual que comete la critica liberal-individualista del fascismo: en realidad, lo que lo hace “ideológico” es su articulación, es decir, la forma en que se hace funcionar este deseo como legitimador de una determinada concepción acerca de lo que es la explotación capitalista (el resultado de la influencia judía o el predominio del capital financiero sobre el “productivo”, el cual aparecería como el único que establece una relación “armoniosa” con los trabajadores) y del falso modo en que podemos vencer dicha explotación (a través de la eliminación de los judíos)(*)

Se instrumentaliza pues un sentimiento real y justificado, articulando sobre él una explicación reduccionista y finalmente una aberrante “solución” acorde con los disparatados (desde el punto de vista del bien común) intereses de las élites. Lo primero que llama la atención leyendo este fragmento del filósofo esloveno es la inquietante idea de que la estructura profunda del fascismo se nutre de un justificado sentimiento de indignación contra el capitalismo explotador. Sin desigualdad extrema, sin la dominación descarnada e impune de las élites financieras y políticas corruptas sobre el pueblo llano difícilmente podría entenderse el fenómeno del fascismo. Es sobre esta realidad lacerante de la injusticia sobre la que el oportunismo de ideólogos sin escrúpulos puede hacer crecer su falsa solución al problema, su desquiciada vía de escape ante un justo sentimiento de opresión. Por otro lado debemos tener presente que el marco mental imperante en una sociedad capitalista apela a la búsqueda del lucro ilimitado, a la legitimación social de la desigualdad y la culpabilización de las víctimas de la pobreza como responsables indirectos de sus propios problemas, debido a su falta de iniciativa o a su tendencia al vicio o a la vagancia. No es de extrañar, por tanto, que en este caldo ideológico de cultivo las minorías étnicas pobres, presentes en nuestras sociedades multiculturales, sean revestidas con la condición de “chivos expiatorios” en donde descargar la culpa de problemas tan variopintos como la falta de empleos, la delincuencia, el tráfico de drogas o simplemente la suciedad creciente de las ciudades. Las conclusiones a las que no será difícil llegar son:

a) En contextos de crisis económicas como la actual el cóctel entre multiculturalismo y capitalismo deviene desgraciadamente en un aumento casi inevitable del fenómeno de la xenofobia y el ultranacionalismo extremo.

b) Una sociedad multicultural solo tendrá posibilidades de sano desarrollo, convirtiéndose por tanto en intercultural, en un contexto humanista y post-capitalista, en donde los valores de solidaridad humana, colaboración, respeto y apoyo mutuo prevalezcan sobre la búsqueda obsesiva por el lucro monetario individualizado y la acaparación de patrimonio privado sobre cualquier otra consideración.

c) La regresión a lo étnico, a los principios esencialistas, a la identidad religiosa o incluso al fundamentalismo autista, es decir a lo “pre-político”, son reacciones desesperadas y “a la defensiva” del sujeto colectivo e individual ante el empuje de una lógica capitalista despersonalizada, amoral, castradora, transnacional, colonialista y escalofriantemente depredadora de los derechos humanos más elementales.

d) El fascismo puede ser conceptualizado como una reacción telúrica, espasmódica y desadaptada de pueblos cercados por un capitalismo profundamente agresivo y depredador de sus recursos vitales.

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(*) Zizek, S. Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional.

+ Navarro, V. Los orígenes del fascismo en Europa. Antes y ahora.

diciembre 13, 2010

Los colmillos del capital buscan el cuello del trabajador inmigrante, ¿…y después?

La discriminación de un trabajador termina por afectar a todos. Su lucha es nuestra lucha

La nueva normativa que el capitalismo europeo prepara contra los trabajadores inmigrantes hace recordar los pasajes previos a los más oscuros episodios del pasado siglo XX. El Parlamento de la UE, comandado por grupos políticos sicarios de los grandes intereses patronales, trata de colocar un golpe directo sobre el hígado del Estado Social de Derecho. Los fantasmas de la globalización se quitan las caretas y desnudan su rostro tenebroso anunciando que la Europa del bienestar solo fue el breve periodo transitorio de una Historia que ahora es indispensable revertir según el desarrollo de la lógica del capital. El mantenimiento de la tasa de ganancia de banqueros y especuladores requiere necesariamente una drástica disminución en los derechos de los trabajadores, los pensionistas y la ciudadanía europea. Los aconteciminetos demuestran con una claridad meridiana que el neoliberalismo y el fasciocapitalismo son la continuidad de una misma pendiente. Parafraseando el famoso poema de Martin Niemöller cualquiera hoy puede comenzar a imaginar algo así:

Cuando el capital vino a expulsar a los inmigrantes

guardé silencio

porque yo nací en un país desarrollado.

Cuando encarcelaron a los huelguistas

guardé silencio

porque yo defiendo los derechos del usuario.

Cuando arremetieron contra los empleados públicos

no protesté

porque yo no era uno de esos privilegiados.

Cuando apalearon a los manifestantes

no dije nada

porque nunca me gustó la Política.

 

Cuando me quedé sin trabajo, sin dinero y sin ayudas

ya no hubo nadie que saliera en mi defensa

 

Nadie, excepto nosotros mismos, va a mover un dedo por las clases trabajadoras sin distinción de nacionalidades, oficios, etnias o religiones. Sólo de nosotros depende que este sombrío panorama no llegue a consumarse. Mienten de manera criminal los que dicen que los ataques contra la red europea de servicios públicos son inevitables. Mienten cobardemente porque saben que el camino necesario para empezar a construir un futuro mejor para todos es justo el opuesto al que nos quieren vender. Aún estamos a tiempo.

febrero 9, 2010

¿Xenofobia o Aporofobia?

El concepto de xenofobia es el velo que nos oculta la realidad de la aporofobia

Los conocidos términos “xenofobia” y “racismo” se están convirtiendo en herramientas conceptuales enmascaradoras de una realidad oculta mucho más potente. Las apelaciones a la tendencia xenófoba (“miedo a lo diferente”) de los pueblos como explicación para la aparición de ciertas corrientes políticas esconden lo que en realidad es una aporofobia (“odio al pobre”), producto del patrón conductual egoísta e individualista que nos impone la ideología capitalista. Nuestra sociedad no es xenófoba en absoluto: Basta ver como incorporamos identitariamente sin ningún tipo de miedo o problema nuestro coche alemán, nuestra pizza italiana, nuestro Cristo palestino, nuestro reloj suizo, nuestra “democracia” griega, nuestra pantalla de plasma japonesa, nuestros números árabes, nuestros soldados colombianos, nuestra estanteria sueca, nuestro viaje caribeño… ¿Sociedad xenófoba o aporófoba?

La realidad, como en tantas ocasiones, permanece convenientemente velada ante los focos mediáticos con objeto de desactivar nuestra capacidad de entender las auténticas causas de nuestros problemas. Lo diferente, lo “de fuera”, lo extranjero sólo inspira miedo u odio cuando es pobre. Analizado bajo este punto de vista el auge puntual de los mal llamados partidos xenófobos en ciertos países europeos sólo es un síntoma de efervescencia capitalista (o lo que es igual, de la ideología aporófoba del egoísmo) en el seno de nuestras sociedades. También es fácil llegar a comprender que el capitalismo y el fascismo tienden a confluir de manera natural como dos caras de una misma pauta de pensamiento que bien podría llamarse fascio-capitalismo.

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