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enero 16, 2017

El striptease del Estado: Homenaje a Zygmunt Bauman

zygmunt-bauman-tenemos-que-protegernos-del-99-de-la-informacionUna de nuestras voces alterglobalizadoras (altermundistas) más reputadas nos ha dejado en este mes de Enero de 2017. Se trata del intelectual polaco Zygmunt Bauman. Este autor nos ha servido de inspiración y fuente de conocimiento para elaborar algunos de los textos que podrás encontrar en este blog. Nos sentimos deudores de su pensamiento y, por ello, vamos a realizar una breve reseña sintética de alguna de sus ideas.

* Durante las últimas décadas del siglo XX la “modernidad sólida”, que ofrecía a las personas un cierto sentido de pertenencia y una identidad social estable (a través de elementos como la familia, el trabajo, el barrio o la cultura propia, entre otros) pasa a convertirse en una “modernidad líquida” donde muchas coordenadas vitales se tambalean y la incertidumbre parece inundarlo todo. En este contexto se impone la volatilidad, la temporalidad y la provisionalidad de gran parte de los compromisos y certezas que en otro tiempo aportaban cierta raigambre identitaria a las vidas de millones de personas. La modernidad líquida propia de la globalización capitalista choca, sin embargo, contra dos potentes muros: el tiempo y el espacio. La aniquilación del tiempo y el espacio constituyen un objetivo primordial para el modelo consumista propio de este tipo de modernidadad ya que constituyen los principales “muros naturales” para su expansión.

* En el entorno de “modernidad líquida”, propio de la globalización capitalista, la identidad puede llegar a convertirse en un producto más de consumo. Las clases acomodadas tienden a encontrar “identidades líquidas” o fabricadas a medida de sus propias necesidades. Se mueven libremente, viajan y escogen las etiquetas que más le gustan o les conviene en cada caso: “Mi Dios es judío, mi pizza italiana, mi coche japonés, mi democracia griega, mis números aŕabes, mis letras latinas… solo mi vecino es extranjero”. El poder se vuelve “ingrávido” y aspira a “desterritorializarse”. A la vez un segundo estrato de población, mucho más numeroso que el anterior, tiene que aceptar identidades forzadas de las que le resulta casi imposible desembarazarse. Estas clases subalternas tienden a ser encerradas en demarcaciones territoriales, raciales o culturales cada vez más estrictas y rígidas. Por último podría hablarse de un tercer grupo a los que se les niega la identidad, son la “no-personas”, las invisibles, aquellas que ni siquiera pueden llegar a aspirar a una identidad impuesta y forzada. Estamos ante una globalización asimétrica y tramposa, diseñada a la medida de las élites económicas que manejan a su antojo los “semáforos” de los flujos migratorios, y las fronteras, dando siempre luz verde a los “turistas” y luz roja a los “vagabundos”. La solidaridad con el excluido no es una opción razonable en esta “modernidad líquida”, solo la evitación y la separación. No es cuestión de amar u odiar al prójimo sino de mantenerlo inmóvil y a distancia, así se anula el dilema y la elección se vuelve innecesaria. En la mesa de la globalización capitalista no hay sillas para estas colectividades, obligadas permanentemente a “esperar fuera”, de forma estática, un turno de entrada que nunca llega. Además debe  soportar mientras tanto pesadas identidades y condiciones existenciales no libremente elegidas. La inmovilidad es la derrota mientras el movimiento es el único camino hacia la victoria.

* Los “inversores”, sin embargo, exigen entornos fiables, predecibles y estables para desplegar sus mecanismos de acción, “generadores de riqueza”. La contrapartida es un entorno cada vez menos fiable, predecible y estable para la trabajadora/trabajador condenada a soportar sobre sus espaldas la molesta carga de la incertidumbre, el miedo al futuro o los riesgos crecientes para sus expectativas vitales. (Sobre este tema concreto escribimos esta entrada). Otros autores, como Wallerstein, ya hablaron de estos mecanismos de desplazamiento del riesgo, que pueden ser espaciales, temporales o intersociales, generando entornos de alta desigualdad con concentraciones progresivas de poder, capital y de capacidad de libre elección.

* En este contexto la maquinaria política de los estados tiende a especializarse en la represión y el control social de sus poblaciones, mediante dispositivos jurídicos, policiales y mediáticos diseñados al efecto. El resto de las funciones tradicionalmente vinculadas a los gobiernos y al estado del bienestar, tales como suministrar soporte vital mínimo a sus poblaciones en forma de servicios sanitarios, educativos, de vivienda, de crédito o energéticos, son ignorados y no aceptados como parte de su campo de acción o responsabilidad. “En el cabaret de la globalización capitalista el Estado realiza un striptease y al final de la función solo queda lo mínimo: el poder de su maquinaria represiva”. Los estados rivalizan entre ellos para servirles a las élites globales masas de trabajadores/as dóciles y dispuestas a ser explotadas/fecundadas por el salvífico capital nómada. A estas élites financieras les interesa estados débiles desde el punto de vista de su soberanía política-económica pero fuertes desde el punto de vista de su capacidad policial y propagandística.

La voz de Bauman, en definitiva, accesible a través de su abundante producción intelectual en forma de libros, ensayos, artículos o conferencias, constituye una herramienta relevante para entender el mundo en que vivimos y para encontrar líneas de actuación que nos ayuden a transformarlo.

julio 20, 2011

Seguridad para los inversores significa angustia para los trabajadores

Gallinas ponedoras de plusvalía en una fábrica fasciocapitalista china, el sueño dorado de los especuladores y banqueros para EuroAmérica

Cada día se nos explica desde los mass-media que los mercados y los inversores necesitan ambientes políticos estables y predecibles para desarrollar todo su potencial. La contrapartida de esta estabilidad es un entorno social cada vez más incierto y precario para el trabajador y la trabajadora. Parece ser que la molesta carga asociada con el miedo al futuro, con la imposibilidad de fijar unas expectativas vitales, un lugar estable de residencia o a los riesgos existenciales crecientes debe ser asumida en exclusiva por aquellos/as que verdaderamente generan la riqueza y no por los que están destinados a parasitarla. Es evidente que la estabilidad de unos se consigue a costa de la inseguridad de los otros y las otras. Miedo y angustia inoculadas al trabajador/a serían hipotéticamente positivas para su rendimiento, mientras seguridad, estabilidad y predictibilidad deben estar reservadas para los grandes propietarios. Todo muy coherente, equilibrado y racional según la lógica capitalista. Dar estabilidad a la minoría especuladora, cuyos intereses siempre irán en contra de la mayoría trabajadora, significa que los Estados deben competir entre ellos para generar entornos cada vez más represivos, más policiales, menos democráticos y más restrictivos en cuanto a derechos laborales, sindicales y de participación política efectiva. Esto es lo que ellos llaman “entornos políticamente estables y predecibles”, con garantías para el inversor. Estas son las “reformas necesarias” de las que nos hablan cada día nuestros grandes líderes políticos. Solo de esta forma podrán someter a la fuerza trabajadora a las nuevas condiciones de incertidumbre que exigen los amos para conseguir ellos su óptimo estado de sosiego y estabilidad “inversora”. Como muy bien nos apuntaba Zygmunt Bauman (1), en el cabaret de la globalización capitalista el Estado realiza un strip-tease y al final de la función sólo le queda lo mínimo: El poder de la represión, la coerción y la imposición del dogmatismo ideológico sobre la ciudadanía, en una nueva forma de dictadura.

 En este contexto debemos entender el alzamiento de China, como nueva gran potencia capitalista, en detrimento de EEUU y Europa, sumidas en el profundo pozo de la deuda y el descrédito institucional. El Estado que más eficazmente reprime, somete y esclaviza a sus trabajadores y trabajadoras es el ganador del juego bajo estas reglas, ofreciendo el máximo nivel de atracción para aquellos que viven exclusivamente de hacer dinero a partir del dinero. El fasciocapitalismo oriental se impone claramente al sociocapitalismo occidental, como una simple consecuencia lógica de la dinámica de funcionamiento inherente al sistema político vigente a nivel mundial.

La respuesta ante este panorama no puede ser otra que la rebelión, la insumisión y la disidencia por parte de las mayorías sometidas frente al poder de la minoría explotadora. No hay otro camino. Discrepamos con las tesis originales del marxismo en los métodos más apropiados para desarrollar esta confrontación (no así con la mayor parte de sus estudios analíticos sobre los mecanismos internos que rigen el sistema), ya que la violencia directa, que sus padres fundadores defendieron históricamente, sitúa hoy a la mayoría explotada en una clara posición de inferioridad frente a la minoria explotadora, la cual detenta un control absoluto de todos los mecanismos represivos directos (ejércitos, policías, terrorismo inducido, fuerzas paramilitares y empresas privadas de seguridad). Es en el plano de los mecanismos de represión indirectos (medios de comunicación, medios económicos, medios culturales, medios de ocio) donde podemos librar la batalla más efectiva ya que es ahí donde el sistema empieza a mostrarse más vulnerable y donde las grietas se están haciéndo más visibles y evidentes. El pulso ideológico tenaz, la indignación, la reivindicación de nuestras soluciones, el boicot, la toma pacífica de la calle y del espacio publico, y el establecimiento de redes para el desarrollo de acciones  colectivas intercomunitarias (con un especial énfasis en el apoyo a las luchas de los trabajadores asiáticos) se revelan hoy en día, bajo nuestro punto de vista, como las estrategias de acción con grandes posibilidades de éxito en el medio plazo.

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(1) BAUMAN, Z. “La globalización. Consecuencias humanas”. Fondo de Cultura Económica. México, 1999

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